Corría el año 640 dC. Era uno de los últimos días del mes de agosto. Todo era normal en una pequeña aldea maya. Algunos cuidaban de sus plantaciones de maguey, maiz, y ayote; la curandera de la aldea realizaba sus rituales curativos; otras mujeres se purificaban en el temashcal de la zona. Llegaba el atardecer y despues de las labores diarias era hora de regresar a casa. A menos de un kilómetro y cerca de las 6 de la tarde, el volcán Lomas Caldera parecía estar inquieto ese día, desatando una serie de sismos y –finalmente– lanzando una columna de ceniza volcánica.
La ceniza cayó sobre la aldea, pero no todo se detuvo alli: los sismos cada vez mas fuertes derribaron algunas de las paredes de bahareque de las casas y sus habitantes aterrorizados empiezaron a huir del lugar, dejando atrás todas sus pertenencias y plantaciones. En cuestión de horas, el volcán depositó una sobre otra 14 capas de ceniza volcánica, sepultando por completo la aldea y borrándola definitivamente de la faz de la tierra.
|
 |
| |
Desenterrando el pasado
1336 años despues, en las cercanias de la aldea Cerén –en el departamento de La Libertad, en El Salvador– una antigua empresa estatal dedicada a la distribucion de granos básicos, comenzó a realizar trabajos de ampliación en un complejo de almacenamiento de granos. Un tractor que realizaba trabajos de nivelación para construir la base de tres nuevos graneros de gran capacidad, repentinamente chocó contra dos columnas sepultadas en el terreno. Despues de mucho tiempo, la pequeña aldea maya –ahora llamada Joya de Cerén– resurgía de entre las cenizas para contarnos la historia nunca contada: cómo vivía la gente común y corriente de la gran civilización Maya.
Por mucho tiempo habíamos desentrañado el misterio de cómo vivían sus gobernantes y sacerdotes. Admiramos sus grandes ciudades y sus monumentales templos, conocimos sus avances científicos y la crueldad de algunos de sus más sangrientos rituales. Pero Joya de Cerén nos abrió los ojos de una forma diferente. Por primera vez en la historia de los Mayas, pudimos contemplar con detalle la vida cotidiana de los habitantes de una pequeña aldea maya.
|
 |
| |
Los científicos y estudiosos de los Mayas consideran a Joya de Cerén el descubrimiento más importantes de los últimos 50 años. Por su particularidad e importancia, la UNESCO le otorgó el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad hace algunos años, como una pieza clave para conocer esta ancestral cultura y descubrir el pasado Maya y salvadoreño.
Ruinas que hablan
Joya de Cerén era una aldea dedicada a la agricultura. Se han descubierto plantaciones de maíz, maguey ((utilizado para la construcción de viviendas, la confección de indumentaria, en platos típicos y para hacer papel) y ayote (incorporado a la dieta como verdura, en la preparación de salsas, tartas o como forraje para los animales. La pulpa se utiliza también como tópico contra las quemaduras).
Gracias a las excavaciones practicadas en las ruinas de la aldea, han sido recuperados los más variados objetos tales como: cuencos de cerámica policroma (incluyendo uno con restos de frijoles y evidencia de haber sido limpiado con los dedos), cuchillos de obsidiana, el cráneo de un venado utilizado con fines ceremoniales, conchas marinas que dan cuenta de una actividad comercial con otras aldeas, figurillas de cerámica y vasijas ceremoniales. Sin embargo, no fue encontrado ningún resto humano en la aldea por lo que se deduce que huyeron del lugar antes del cataclismo.
|
 |
| |
Cada una de las estructuras que fueron halladas se destinaban a distintos usos. Se ha logrado identificar que el complejo habitacional de una familia constaba de tres estructuras: la cocina, la bodega y la habitación. La Estructura 1, contra la que chocó el tractor, era la habitación y junto a ella se encontraron dos estructuras más: la bodega y la cocina, además de una plantación de maíz, de la cual sólo sobrevivieron los surcos en la tierra.
Las estructuras 10 y 12 eran respectivamente la casa de habitación y la casa de trabajo de la curandera la aldea. Son las dos únicas estructuras hasta ahora excavadas que muestran rastros de pintura en sus paredes. En ellas se encontraron objetos relacionados con ritos ceremoniales.
La Estructura 4 es la más grande hasta ahora descubierta y pudo haber sido una casa comunal o la casa de una persona pudiente. Es la única que muestra el concepto moderno de ventana.
|
 |
| |
Finalmente, las ruinas más notables corresponden a la Estructura 9, quizás la más interesante de todas. El temashcal era un baño de vapor utilizado para la purifiacion del cuerpo antes de ciertos rituales como el comercio, el parto, etc. Es una estructura única en su tipo, que nos habla de cierta faceta cultural maya casi desconocida hasta el momento. El temashcal aún conserva la cúpula. En él, los mayas colocaban piedras y luego les aplicaban calor a través de una fogata a leña. Más tarde se rociaba agua sobre las piedras para que produjeran vapor. A pesar de su antigüedad, esta estructura ya poseía el concepto moderno de un termostato, que consiste en un agujero circular donde era colocada un piedra. Cuando el calor era excesivo retiraban la piedra para liberar vapor. A su vez, cuando necesitaban más calor colocaban la piedra de nuevo en su lugar.
Joya de Cerén –como su propio nombre lo indica– es una joya, no únicamente para El Salvador, sino para la humanidad entera. Gracias a ella podemos apreciar un faceta distinta de la fascinante cultura Maya. Sin lugar a dudas, Joya de Cerén es un lugar imperdible dentro de la Ruta Maya, un sitio donde los misterios son revelados. |