Valdivia es una bella ciudad, en medio de un paisaje exuberante de canales y bosques lluviosos, ofreciendo al viajero la posibilidad de volver a ser niño, de soñar con disparar cañones y levar anclas en un viaje de ensueño al pasado.
Ciudad frente al río
Hoy, a pesar de los cambios producidos por el progreso y los desastres naturales, Valdivia mantiene un interesante balance entre naturaleza y desarrollo humano que le convierten en un paraje de características únicas en Chile.
La ciudad se ubica a 15 kilómetros del mar y se comunica con éste a través del río que lleva el mismo nombre. Este río –que se forma por la confluencia de los ríos Calle-Calle y Cruces– posee numerosas islas de variados tamaños, entre las que destacan la Isla Teja, frente al centro de la ciudad; la Isla del Rey, ubicada al sur del Río Valdivia; y la isla San Fernando. El río desemboca en el mar en una bahía de cerca de 4 kilómetros de ancho y de 6 kilómetros hacia el interior, con la Isla Mancera protegiendo la bahía.
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La salida es intrincada, llena de ensenadas y múltiples desembocaduras. A esto se suma que el río Valdivia hace un giro en forma de "U" en su camino al mar, por lo que la ciudad no está directamente expuesta al Pacífico. Estas características supieron hacer de Valdivia un lugar de mucha importancia estratégica en el pasado. Hoy, Valdivia es una ciudad comercial e industrial, famosa por su excelente cerveza de artesanía alemana, su universidad, sus actividades culturales y la Semana Valdiviana, fecha en la que se realiza el gran carnaval de barcos alegóricos.
Orígenes de Valdivia
Santa María La Blanca de Valdivia, capital de la provincia del mismo nombre, fue fundada por Don Pedro de Valdivia el 9 de febrero de 1552. Durante tres siglos fue la avanzada española más importante en los territorios de Sudamérica.
Su posición fue factor determinante para que a mediados del siglo pasado, se iniciara desde Valdivia la colonización alemana de la Región de los Lagos de Chile. Desde aquella época se produjo un intenso desarrollo de la actividad industrial, convirtiéndose en uno de los principales centros de población del sur del país.
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Visto el Gobernador tan buena comarca y sitio para poblar una ciudad y ribera de tan buen río, y teniendo tan buen puerto, fundó una ciudad, he intituló la ciudad de Santa María la Blanca de Valdivia, he hizo alcalde y regimiento. Fundóse en 1552. ...el río pasa junto a ella y los navíos entran a la ciudad por él. Adaptación de Jerónimo de Vivar.
Se constituyó en un eslabón inapreciable entre la capital de Chile y el estrecho de Magallanes. Así, el puerto llegó a ser el baluarte más codiciado del Pacífico, llamado Antemural y llave del Mar del Sur. Un río y una ciudad de plata, asentada sobre el mismo río y encima de una torre de la misma ciudad, una bandera blanca con una cruz roja.
Por su situación fluvial cercana al Océano Pacífico, existía la necesidad de defenderse de corsarios que llegaban desde el mar y de los continuos ataques indígenas desde el interior. Así, el colonizador debió levantar un complejo sistema defensivo de fuertes y castillos en torno a Valdivia y a la bahía Puerto de Corral, dando origen en 1645 a los castillos de Mancera, Corral, Niebla, Amargos y Cruces, y las fortalezas San Carlos, El Molino, Chorocamayo, Baides, El Inglés, Piojo y Carboneros.
Valdivia y su gente: mapuches, españoles, alemanes
Durante miles de años, el hombre americano ocupó las tierras de la región de lagos y volcanes donde está Valdivia. De la mezcla entre el pueblo mapuche –originario de la zona– y los conquistadores españoles –sumado a las migraciones europeas– surgió el pueblo Chileno, independiente desde principios del siglo XIX.
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Si bien la mayoría de los chilenos son de raíz hispánica, Valdivia y otras ciudades de la zona se caracterizan por la presencia de descendientes de inmigrantes alemanes que se establecieron en el área desde la segunda mitad del siglo XIX. Allí, a fuerza de duro trabajo, se enriquecieron y aportaron sus costumbres y tradiciones a la ciudad.
Esta influencia europea en la región de Los Lagos se advierte tanto en la arquitectura, como también en la gastronomía y varias costumbres, como la cervecera. De hecho, la cerveza valdiviana que hoy se produce bajo nombres alemanes, es de tan alta calidad que se exporta incluso a la propia Alemania.
Naturaleza entretenida
En este lugar del mundo existe una vida silvestre próspera y libre, donde el aire es tan puro que la vista se pierde en el horizonte y sólo se interpone su bosque milenario, auténtico Bosque Húmedo Valdiviano. El Notro, el Arrayán y el Coihue entre otros, llegan a más de 200 especies que han conseguido espacios propios para su supervivencia, en pleno equilibrio con la vida en la ciudad y en el campo.
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Las aguas interminables que bañan sus riberas son tan impresionantes que donde sea observes, verás con sorpresa cómo los ríos reaparecen mágicos en la búsqueda del esplendor de su descubrimiento. Valdivia es sin duda una de las provincias más hermosas del sur del mundo. Con una naturaleza exuberante y una gran cantidad de flora y fauna nativa, el visitante puede extasiarse con el milagro natural, y descubrir en cada momento los escenarios ideales para la práctica de deportes, que ponen su imaginación en íntimo contacto con la naturaleza.
A pocos kilómetros de la ciudad aparecen el Curiñanco, el Monumento Natural Alerce Costero, el Jardín Botánico, el Parque Saval, el Santuario de la Naturaleza, el Parque Natural Isla Huapi y el Fundo Teja Norte.
Si visitas esta zona de Valdivia, tendrás también la oportunidad de practicar deportes y actividades como rafting, trekking, bicibleta, cabalgatas, fotografía, ornitología y montañismo, en diferentes niveles de dificultad.
Pero la ciudad y sus alrededores no es lo único que se puede visitar en Valdivia. Desde la Cordillera de los Andes hasta el mar, miles de travesías se abren paso a través de expeditos caminos pavimentados y de ripio que te llevarán a lugares de ensueño. En cada ruta que elijas, saldrán a tu encuentro el mar, los ríos, lagos, islas, volcanes, bosques nativos, grandes praderas y hasta aguas termales. Para descubrirlos sólo deberás estar dispuesto a caminar, abrir los ojos y llevar indumentaria cómoda, un sombrero y todos los implementos necesarios para practicar deportes y cazar imágenes para siempre.
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En Valdivia existe la tradición termal. Tanto es así que en las cercanías de Panguipulli, incrustado en la Cordillera de los Andes, existe un escenario inmejorable para hacer de lado el stress, las afecciones articulares y el cansancio. Con excelentes centros termales inmersos en paisajes exóticos, el clima cordillerano y un variado servicio de hotelería y gastronomía, tu descanso y reposo están asegurados.
La cordialidad de la gente de esta región es sorprendente, como de un tiempo pasado en el que la anonimia de las ciudades era un término desconocido, y donde siempre existía la mano amiga que se acercaba a desearte un buen día y ayudarte en lo que se pueda.
Lo mejor de Valdivia
Quizás una de las más entretenidas y mejores formas de conocer el pasado de Valdivia sea abordando alguno de los barcos fluviales que hacen el recorrido completo entre los canales de Valdivia hasta los fuertes de Corral, Mancera y Niebla. El trayecto toma cerca de seis horas, se puede almorzar a bordo y efectuar caminatas en cada una de las paradas en las fortalezas.
En el viaje podrás salir del embarcadero fluvial, admirar una vegetación y fauna plena de aves de río –tales como cormoranes, patos y otras especies más exóticas–. También se pueden ver los famosos cisnes de cuello negro nadando plácidamente entre totorales.
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Si la travesía parecida un recorrido únicamente natural, pronto aparecerán los restos de embarcaciones hundidas durante el maremoto de 1960. Los barcos son de tamaño nada despreciable, lo cual da una idea del cataclismo que los destruyó. Más allá se observan los transbordadores que llevan autos desde niebla a corral.
En los fuertes, llaman la atención las baterías e historias que cuentan los guías. En Niebla hay un museo donde se puede conocer la vida de los ejércitos españoles de la época. En Corral, hasta tengas la suerte de toparte con la representación de alguna batalla de los ejércitos españoles, con disparos de salva y todo, interpretada por la gente del pueblo. En Mancera se pueden visitar los calabozos donde vivían los presos, lugar realmente tenebroso que recoge el espíritu del visitante sensible.
Y si aún tienes alguna gota de energía guardada después de este tour realmente agotador, podrás continuar conociendo la ciudad de Valdivia, una de las más bonitas del sur del continente, donde sus playas entre el río y el mar es sólo el comienzo de una aventura inolvidable entre lagos, volcanes, cordilleras... |