Táner es una ciudad al norte de Marruecos, en el oeste del Estrecho de Gibraltar. La primera impresión al salir del puerto es que la visita por Tánger va a ser intensa y que esa cultura es más desconocida de lo que uno cree. Resulta fascinante ver en los bares que rodean el puerto, los hombres con sus túnicas y pipas viendo el atardecer y ahí nomás, a unos pasos, empieza el camino a la medina (barrio antiguo), símbolo máximo de la cultura que predomina en la ciudad. Alrededor de la medina, o en sus cercanías, están las edificaciones más importantes: mercados, palacios públicos y otros monumentos vitales de la vida e historia de Tánger.
Quizá lo más curioso de esta ciudad es que mezcla estos edificios propios con otros ultramodernos –con aire cosmopolita y muy europeos– y eso se traduce también en la sociedad, donde los niveles de riqueza y pobreza están fuertemente marcados. Dentro del grupo acomodado están los extranjeros, que encuentran en Tánger su negocio o el lugar ideal para llevar adelante sus transacciones comerciales, pero son muy pocos los que se instalan allí definitivamente.
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El lugar indicado para poder apreciar la diversidad de esta ciudad es el Boulevard Pasteur y el resto de las calles principales, donde la arquitectura es un reflejo fiel de las distintas etapas de Tánger. Así, pueden encontrarse edificios ingleses, franceses, españoles y, por supuesto, islámicos. Pero la diversidad también se muestra en los templos que, como el resto de las construcciones, son de distintos orígenes y religiones.
Tánger, en una época no muy remota, fue la elección de muchos refugiados, exiliados y discriminados, que se trasladaron a esta ciudad para recomenzar su vida y encontrar su lugar en el mundo. Muchos se vieron atraídos por la diversidad permitida en estas tierras y quizá sea esta una de las razones por las que la melancolía se respira en sus calles.
Tánger es una ciudad de dos orillas. Pero no dos orillas cualquiera: allí se escuchan los rumores de las aguas meditarráneas y la brisa del Atlántico. Y este no es un dato menor, ya que gran parte de la belleza de la ciudad tiene algo que ver con los vientos marinos. Sus playas ofrecen posibilidades de elección, siempre hermosas son uno de los máximos atractivos de esta urbe marroquí.
Cultura
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Tánger –al igual que el resto de Marruecos y de otros países del norte africano– perteneció antiguamente a los cartagineses y posteriormente a los romanos, cuando éstos colonizaron esas tierras. Sin embargo, en el siglo VII a.C. los árabes musulmanes invadieron esta colonia. Una invasión que fue a la vez política, religiosa, comercial y cultural. Los árabes mantuvieron el dominio en el territorio durante cuatro siglos, hasta que los bereberes –naturales del lugar– lograron crear sus propios imperios: el almorávide y el almohad, los mismos que luego invadieron España y que fueron expulsados allí con la reconquista.
Para el siglo XVII, los sultanes prefirieron hacer una alianza con los franceses y expulsar del territorio a ingleses y españoles. Esta situación se vio trastocada recién en el siglo XIX cuando una guerra civil debilitó la defensa y España logró apoderarse de parte del Sahara marroquí. Los aires de libertad tardaron en llegar a estas tierras. Fue recién en 1956 –y después de una resistencia feroz por parte de los bereberes del Rif– que Marruecos obtuvo su independencia.
Como resultado de esta mezclada historia, la población es en su mayoría bereber, pero con una fuerte influencia árabe –tanto étnica como cultural– que impuso al islamismo como la religión oficial, aunque también hay una fuerte presencia judaica. El idioma oficial también es el árabe, pero en Tánger muchos hablan francés.
Las festividades que se celebran en la ciudad son varias. Desde ya que se respetan todas las fechas y ritos del islamismo, pero fuera de esto, en agosto se llevan a cabo exposiciones y conciertos como parte de un festival. La gran feria de Tánger también es muy esperada; alló los protagonistas principales son burros.
Recorriendo Tánger
Pocas ciudades en el mundo tienen esa mezcla hipnotizante entre la cultura africana y la europea. El Mar Mediterráneo y la cercanía de Tánger con Europa han fomentado todo tipo de intercambios entre una zona y la otra, todo gracias a los escasos 14,5 km que separan a Tánger de la ciudad más austral de España: Algeciras. Tánger tiene muchos atractivos que te maravillarán. Atractivos que no muchos conocen, pero que enamoran a primera vista:
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Boulevard Pasteur
Para empezar el recorrido de esta maravillosa ciudad, nada mejor que su calle principal: el Boulevard Pasteur. Allí se aprecian todas las particularidades de Tánger: su gente, sus mujeres cubiertas de velos, otros viajeros, los balcones y las edificaciones variadas. Una sola caminata y ya irás conociendo poco a poco de qué se trata estar en Tánger.
La Medina
Parada obligatoria en Tánger es la Medina, el barrio antiguo de la ciudad. Para recorrerla se requiere tiempo porque cada rinconcito guarda una sorpresa. El mercado es una de las paradas obligatorias, donde tendrás la posibilidad de comprar dátiles, frutas y especias. Tampoco faltan los tejidos y textiles típicos del norte africano y, por supuesto, objetos de plata. Déjate llevar por este intrincado laberinto de escaleras y ochavas.
La Kasbah
Se llega por la Medina y es el sitio ideal para tener una panorámica de la ciudad, desde allí se ven la Mezquita, la catedral y toda la zona costera.
El mercado Fondouk
Este completísimo mercado ofrece las frutas y verduras más frescas de Tánger, la característica menta de la ciudad y artesanías típicas de esta maravillosa cultura.
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El gran Zoco
En este parque se alza la mezquita de Sidi Bou Abid, de una belleza artística incalculable. Pero no es lo único que ofrece: además hay mercados y rastros históricos. No te lo pierdas.
El Zoco pequeño
Núcleo de la Medina, para describir este sitio no existen palabras, su aire y su mística son únicos: todo lo que uno esperaba al llegar a Marruecos, y más.
Café Hafa
Este café es uno de los lugares típicos de la ciudad, donde las personalidades más importantes se reúnen para tomar un aperitivo característico y disfrutar de la excelente vista que ofrece.
Café de París
Otro de los sitios legendarios de Tánger es este café, que queda en la Plaza Francia. Cuenta la leyenda que allí se juntaban los espías de la Segunda Guerra Mundial.
Plaza de la alcazaba
Lo maravilloso de esta plaza es que desde ella se tiene una vista total de la Bahía y de la zona portuaria. Imperdible al atardecer.
El Estrecho
Este curioso lugar concentra una serie de tumbas fenicias. No hay indicaciones del lugar, pero los pobladores sabrán darte las instrucciones necesarias.
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Dar el Makhzen
Convertido en un Museo, este ex palacio público cuenta con muchos objetos que relatan la historia de la región. Aquí podrán enterarte de muchos datos a través de los guías del museo. Se pueden solicitar visitas en varios idiomas.
Museo de antigüedades
Ubicado también en un ex palacio, este museo guarda lo mejor de las excavaciones arqueológicas que se hicieron en el lugar. Desde los cartagineses, pasando por los romanos y por todos los que dominaron estas tierras, cada uno tiene su espacio en este fascinante museo.
El Barrio Marshan
El Barrio Marshan resalta por sus pintorescas calles y fachadas, allí se encuentran la mayor parte de las atracciones de la ciudad. Calles entre terrazas de flores.
Cabo Malabata
Una de las características más importantes de este cabo es su faro, desde el que se tiene una vista completa de la costa, el estrecho de Gibraltar y pequeñas partes de la costa de España. Ideal para una panorámica.
Cabo Espartel
Lo maravilloso de este cabo es su paisaje: bosques con palmeras y una fauna increíblemente bella se combinan a la perfección con las olas atlánticas, que le dan color y sonido.
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Las grutas de Hércules
La erosión –producto de las olas y el viento– han abierto estas grutas que, sin duda, son uno de los lugares más bellos del mundo.
Playas
La zona costera es maravillosa tanto cerca del puerto como alejándose. Allí la vegetación se mezcla con pequeñas villas y edificios con aire palaciego, todo bordeado por hermosas playas de arenas blanquísimas.
Asilah
Entre las pequeñas villas que hay en la zona, sobresale este encantador pueblo, un lugar perdido donde se puede conocer otra faceta de Marruecos: la interior y más tradicional. Vale la pena alejarse de Tánger para visitar este pueblo.
Tánger de noche
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La calle principal de Tánger concentra los lugares propicios para pasar una noche encantadora. Allí se mezclan las discotecas, los bares y las salas de conciertos, que llenan la noche de sonidos y colores.
Estilos varios, para un público siempre distinto.
En Tánger verás muchos sitios de etiqueta, debido a su gran clase comercial y por los extranjeros que tienen negocios allí. Sin embargo, si quieres pasar una noche informal, El Godspell es tu lugar. Este antro es el ideal para los que viajan por placer y sin mucho dinero, allí se vive la informalidad que no se ve en las calles de la ciudad.
La guía
Lo ideal para trasladarse dentro de la ciudad es el taxi, pero en los lugares laberínticos, caminar es lo mejor porque hay mucha gente y resulta incómodo.
Tánger recibe vuelos de grandes ciudades y a su puerto arriban ferris de las costas europeas.
Hay bastante delincuencia menor y por lo general se hacen pasar por guías turísticos para asaltar a los viajeros, así que hay que manejarse con cuidado. No andes de noche por lugares que no conoces.
En zonas urbanas, la salud pública funciona pero no es de excelente nivel. De todas formas, su cercanía a la costa española es una tranquilidad al respecto.
Hay hoteles para todas las posibilidades económicas. Si vas de camping, hay varios recreos e instalaciones en las afueras de la ciudad. |