Muchas Posadas, bares, clubes y restaurantes en su mayoría con una decoración estilo Tailandesa o Bali. Es un balneario relativamente pequeño con calles sin asfaltar, lo cual permite moverse sin la necesidad de automóvil, mucha vegetación. Por su distribución hace que la posada que esté más lejos de la playa se encuentre a 400 metros de ésta. Tiene un centro dispuesto sobre la calle principal, paralela al mar de unas 5 cuadras de extensión, donde además de restaurantes y bares, podemos encontrar un complejo integrado por 3 boliches lo cual lo convierte en el destino más atrayente para la gente joven, que alojándose en Ferrugem pueden acceder de día a las otras playas de la zona. La playa es una bahía de unos tres km. con una muy linda arena y en sus dos puntas limita con dos morros y gigantes piedras apostadas frente al mar. Al tener más opciones de alojamiento, se hace más fácil trabajar este destino que los otros.
Ferrugem
A 80 kilómetros de Florianópolis, entre el mar y los morros, Ferrugem es una de las playas más buscadas por los fanáticos del surf. Muchos jóvenes se acercan hasta el lugar para disfrutar del sol, la arena, los deportes y una noche que no termina hasta las primeras horas de la madrugada.
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La playa se recuesta en los morros (Municipalidad de Garopaba). Para comenzar a describir Ferrugem es necesario aclarar que se trata de una bahía, delimitada por dos morros, uno grande al norte y otro pequeño al sur. Estas elevaciones protegen la bahía y la forma de las olas que se erigen ayudadas por los vientos del Norte, noreste, sur y sureste. De ahí, su mayor atractivo: el surf.
Con olas que intimidan, Ferrugem se muestra como un canal que la separa de la Playa de la Barra y que le dio el nombre al lugar debido a la tonalidad dorada que algunos días tienen sus aguas, muy parecido al color de herrumbre.
La región se caracteriza por un clima subtropical sin estación seca, donde el verano adquiere días largos, húmedos y muy calurosos, que propician maratónicas jornadas de playa. Sin embargo, durante las tardes, las nubes procedentes de montañas cercanas ofrecen una ansiada pero breve llovizna, que no alcanza a bajar la temperatura.
En plena temporada y en los días de mucho sol la arena de Ferrugem se llena de hermosas chicas y esbeltos muchachos que acompañan el mar de surfistas que inunda la playa.
La consistencia y variedad de sus olas alcanzan medidas de entre uno y tres metros, que se coronan con un rompimiento no tubular (a excepción de los días en que se forman bancos de arena).
Para quienes gustan de bañarse en las cálidas aguas, el consejo es que no desafíen mucho a las olas, y que busquen aquellos sitios con menor cantidad de surfistas y alejados de las rocas, porque no hay servicio de guardavidas y el centro asistencial más cercano se encuentra a diez kilómetros.
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La vida nocturna también es interesante en este paraje. Los bares rústicos sobre la arena que forma la calle principal lucen repletos de gente bailando en bermudas, bikinis, playeras, sandalias o simplemente descalzos.
Para soportar el ritmo, el calor y la sed, los principales brebajes son la cerveza bien helada (vale unos dos reales - por cada peso se obtiene cerca de 1,09 reales-) o la caipirinha (4 reales), que permite extender el baile hasta los primeros rayos solares de la mañana.
Existen varios locales gastronómicos (ninguno del estilo comida rápida norteamericana), algunos muy accesibles, incluso para el delicado bolsillo de los argentinos. Se pueden comer pizzas por 10 reales y, por menos dinero, platos compuestos por arroz, papas fritas, ensalada, pollo, pescado o carne, con los típicos porotos negros.
En Ferrugem, si bien la infraestructura aún no está muy desarrollada, pueden alquilarse cabañas para cuatro personas por 15/25 reales cada uno (por día), con alguna comida incluida, o una habitación de posada (ver guía de posadas) por 30 reales (base doble, por día), con desayuno y servicio de mucama. También hay campings en localidades cercanas, que cobran cinco reales el día (ver guía de alojamientos en Garopaba).
Mucho para hacer
Sandboard: caminando por la playa, hacia el sur se llega a un morro grande cubierto de selva. Ahí empieza un sendero de arena, y después de media hora de caminata se llega a unos medanos gigantes, de buenas pendientes para practicar esta actividad. Es un desierto en miniatura, y desde lo alto se contempla toda la costa y las montañas. Los equipos se alquilan por día en Ferrugem.
Excursiones ecológicas: en Garopaba. La Entidad Ecológica "No stress" organiza cabalgatas y caminatas hacia playas cercanas.
Snorkel: en días de mar calmo se puede practicar en varias de sus playas. Las aguas son transparentes y los bordes de los morros tienen formaciones rocosas sumergidas con una rica vida submarina. Se alquilan equipos en Ferrugem.
Garopaba: pueblo ubicado en la altura de un morro, desde donde se observa la bahía, la plaza central y la iglesia colonial. Por las tardes se instala ahí la feria Artesanal, que se extiende por las estrechas calles irregulares, junto a antiguas casas de pescadores.
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Las Cachoeiras: A veinte minutos de Garopaba. En el medio de la selva virgen de una reserva natural, se encuentran un conjunto de cascadas.
Cementerio Indígena: al sur de la Playa de Ferrugem, en la divisa con la Playa de la Barra, hay un cerro que entra en el mar. Allí, en el pasado, los indígenas que habitaban la región sepultaban sus muertos. Un "*sambaquí" bien cerca de la playa, localizado a la izquierda del canal también se torna un lugar interesante. Se trata de un cementerio de indios Carijós, de la época de la colonización del litoral. Observando con atención se pueden encontrar indicios de antiguos esqueletos de indios enterrados en el área. Los habitantes locales la otorgan al cementerio indio una fuerza mística. De lo alto del morro del cementerio se puede observar la playa de la Barra, y sus espumosas piscinas naturales de formaciones rocosas con el suave toque del mar.
Siriu: playa preservada y solitaria con dunas de hasta 40 metros de altura, ideales para la práctica de sandboard. Forma parte del Parque Estatal de la Serra de Tabuleiro, área de preservación ecológica.
Silveira: playa vecina a Garopaba, una de las más lindas de la región. Reconocida internacionalmente por ser atractiva para la práctica de surf. Ya ha tenido campeonatos con olas de hasta 4m de altura.
Barra: separada de Ferrugem por la desembocadura de la "laguna encantada" y por el "morro del indio", un antiguo cementerio, la playa da Barra es una playa tranquila con una vista espléndida de la bahía.
Praia de Rosa
En el sur del estado de Santa Catarina existen playas muy populares como Garopaba e Imbituba, que atraen a más de 100.000 turistas en temporada alta. Pero muy cerca de estos centros masivos –a 70 kilómetros de Florianópolis– hay un exótico lugar llamado Praia de Rosa, semiescondido en una bahía de 2 kilómetros que traza una larga “U” de arena al pie de una cadena de morros.
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Praia do Rosa permanece ajena a las grandes multitudes y hasta hace apenas pocos años era una simple aldea de pescadores y campesinos perdida en el mapa de Brasil. En los ‘90 la playa floreció turísticamente hasta convertirse en una de las más prestigiosas del país debido a su notable nivel de preservación de la naturaleza. En los hechos, Praia do Rosa sigue siendo una aldea de pescadores donde el único cambio ha sido la aparición de unas 30 posadas escondidas entre la vegetación de las montañas. A diferencia de otros destinos de playa en Brasil –que crecieron perjudicando el entorno y la estética del lugar–, aquí son los mismos hoteleros quienes cuidan celosamente las cualidades naturales que distinguen a esta playa, donde no hay ni siquiera un centro comercial. A tal punto se ha respetado el entorno que, por ley, en la playa no hay un solo parador o barcito, ese componente básico de toda playa brasileña, por muy alejada que sea. Pero las mejores posadas están sobre la ladera de los morros, a 30 metros de la playa.
Generalmente se trata de bungalows muy separados uno del otro, con una hamaca frente al mar. Y cuando uno desea ir a la playa basta con descender por un senderito entre la vegetación hasta alcanzar las arenas doradas.
La variedad hotelera de Praia do Rosa incluye desde un “Albergue de la Juventud” con habitaciones compartidas, hasta lujosos bungalows cuatro estrellas con habitaciones equipadas con hidromasaje. Y para comer alta cocina de mar está el restaurante Casa de Barco, ubicado en la Avenida dos Pescadores en Garopaba, inaugurado recientemente por un reputado chef local llamado Paulo Mederos, quien ha estudiado cocina asiática en Bangkok y la isla de Bali. En medio de una decoración muy marítima, se sirven sofisticados platos que incluyen ostras gratinadas al roquefort, congrio con leche de coco y curry y salmón a la salsa de siete hierbas.
No por pequeña, Praia do Rosa carece de una interesante vida nocturna. En primer lugar hay que tener en cuenta que no estamos ante un destino exclusivo para enamorados que buscan intimidad en la playa. Por el contrario, también llegan –en menor medida– grupos de jóvenes que alquilan una casa para cinco y a la noche salen en busca de diversión. A pesar del crecimiento de la playa en los últimos años, los surfistas siguen siendo mayoría entre los jóvenes y son quienes imponen la moda.
Jamaica, Pico da Tribo y Mar del Rosa fueron los lugares de baile más animados durante la temporada pasada, y se espera que vuelvan a serlo en este verano. Están uno al lado del otro y por lo general se escucha rap, funk y reggae interpretados por bandas en vivo. Quienes busquen ritmos más auténticamente brasileños, tendrán que ir hasta el balneario Ferrugem –a 25 kilómetros– que se caracteriza por un masivo público adolescente.
Praia da Pipa
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En el punto más oriental de América latina, sobre el litoral del estado de Rio Grande do Norte, la ciudad de Tibao do Sul alberga una de las playas exóticas mejor reputadas de Brasil. Ubicada justo bajo la línea del Ecuador, Praia da Pipa y sus arenas blancas arden bajo el tiránico sol brasileño que obliga a todo visitante a refrescarse varias veces por día en las aguas turquesas del mar. Si bien Praia da Pipa es la más conocida, el destino turístico en sí es Tibao do Sul, un municipio en el cual hay varias playas, entre las cuales está Pipa.
En Tibao do Sul todo parece hecho en pequeña medida: los restaurantes tienen pocas mesas, las posadas pocas habitaciones y las calles pocos autos. No hay nada a lo grande, salvo las playas, que se suceden una tras otra repitiendo el mismo motivo de una media luna de arena blanca como si las hubiesen hecho con un molde. Las principales playas, de norte a sur, son las de Tibao do Sul, Madeiro, Pipa, do Amor, Sibaúma y algunas intermedias que permanecen intocadas por el hombre que son lugar de desove de las tortugas marinas.
Los turistas que quieren tranquilidad y descanso no suelen hospedarse en los hoteles del centro de Pipa –la playa más popular–, sino en alguna de las posadas más alejadas, que están sobre la playa de Tibao do Sul. Desde allí los viajeros pueden recorrer una playa distinta cada día hasta que eligen su preferida. Cada hotel dispone de transporte propio para llevar a sus huéspedes a la playa e irlos a buscar a la hora convenida.
La actividad nocturna de Tibao do Sul se concentra en la calle Bahía de los Golfinhos, anterior a la playa. Allí hay numerosos negocios de ropa y artesanías, así como barcitos donde se escucha rock y reggae en vivo y en una pantalla gigante junto al mar. |