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Escribe: mariposadefuego, desde: España

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Brujas: un viaje a la Europa medieval
La ciudad más romántica de Bélgica sorprende con edificios antiquísimos, plazas arboladas y canales que duplican su belleza. Elegantísima y sofisticada, pero accesible y juvenil, Brujas se encuentra al noroeste de Bélgica. Esta urbe hanseática del siglo XIII es un auténtico museo al aire libre. Cada año son numerosos los visitantes que se acercan a la ciudad a recorrer su trazado medieval, sus impresionantes iglesias, sus espléndidas casas con frontones, sus idílicos canales y puentes y sus pintorescas callejuelas.
Brujas: un viaje a la Europa medieval

Desde la cúspide del campanario, la bella Brujas, el tesoro de Bélgica y quizás una de las ciudades más seductoras de Europa, aparece en toda su dimensión de canales y callejuelas empedradas, iglesias y casonas de fachadas escalonadas, un paisaje al que es difícil acostumbrarse a pesar de los años.

Los condes de Flandes fortificaron la ciudad en el siglo IX, cuando sus canales aún estaban conectados con el mar por el río Zwyn. En 1340 la ciudad fue un importante puerto lanero y fue sede de terribles enfrentamientos entre campesinos y señores feudales. Cuando en el siglo XVI el puerto se arruinó por el taponamiento del río con sedimentos, la ciudad entró en una decadencia que la rebautizó: "Brugge la Mort". De 1695 a 1814 fue francesa, hasta 1831 fue holandesa y luego fue recuperada por Bélgica. En el siglo XX se construyó el canal que la une con el mar y la ciudad renació como centro industrial.

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

Brujas es una castellanización de la palabra flamenca brugge, que significa puente: un nombre que le calza perfecto a esta pequeña Venecia. Además de su encanto personal, la historia de Brujas es ya parte de la atracción. Se remonta al 862, cuando un personaje llamado Balduino raptó a Judit, hija preferida del rey Carlos el Calvo y la llevó al norte de la Galia, tierra pantanosa y sometida a frecuentes invasiones de los vikingos.

Muy cerca de ese lugar, en el estuario del río ''''t Zwin, Balduino levantó una fortaleza alrededor de la cual se comenzó a formar la ciudad.
Hoy, la capital de Flandes occidental vive un auge turístico que la hace ser parada obligada en cualquier viaje a Bélgica. Su encanto, su magia medieval, sus cervezas, su cocina y su vida tranquila -a pesar de los visitantes- la cubren de un aire fascinante que encanta y que transporta: rígidas leyes de construcción impiden que nuevas arquitecturas amenacen la armonía del estilo flamenco o barroco de los edificios, lo que finalmente provoca que todo parezca tal y como fue hace cientos de años. Justamente, los belgas han captado que ésa es una de las razones por las cuales los visitantes regresan una y otra vez desde todos los lugares del mundo.

Un recorrido en el tiempo


La ciudad no es muy grande y puede ser recorrida a pie. Está rodeada de canales y los parques que constituyen un adorno sin igual. Desde el Muelle del Rosario y el Puente de Juan Nepomuceno se observan las mejores vistas. La Gran Place es el centro de la ciudad, allí se puede ver el Beffroi, la torre más alta de Bélgica, cuyo campanario alberga 47 campanas. En el centro está el monumento a dos héroes de la ciudad. Los Halles, que se encuentran en la plaza eran mercados en épocas medievales. También allí se encuentra el Palacio Provincial.

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

En el centro del Markt se encuentra la estatua en honor a Pieter de Coninck (artesano que lideró la insurrección contra los comerciantes que gobernaban la ciudad en 1302) y, justo a los pies del campanario, una réplica de la construcción en miniatura ha sido colocada para que los ciegos tengan una idea táctil de la torre. Los otros tres han sido destinados a restaurantes turísticos cuyas terrazas se colman de visitantes en los días de sol, en almuerzos que se demoran hasta media tarde.

Para planificar un buen tour por Brujas existen varias posibilidades según sean los intereses, pero un recorrido por las iglesias es fundamental.
Se debe partir entonces por la basílica de la Santa Sangre en el Burg (a mano izquierda del campanario, por la calle Breidelstraat). Según cuenta la historia, Thierry de Alsacia, conde de Flandes, trajo de Tierra Santa durante las Cruzadas unas gotas de la sangre de Cristo que regaló a la ciudad.

Monumentos fabulosos


Brujas creció alrededor de sus plazas. En el centro histórico, las dos más importantes están muy cerca una de la otra: la Burg y la Markt. En la Markt (Plaza del Mercado) se halla la Torre del Campanario o Belfry, de 82 metros de altura, que además posee un carillón de 47 campanas. Puedes subir 366 escalones hasta la cima de su estructura octogonal, que es un espléndido mirador de la ciudad.

En la plaza Burg, junto a Les Halles -antiguos mercados que datan del siglo XIII- hay un campanario de 108 metros coronado por un potente carrillón. En el centro de la plaza se alza el monumento a Jan Breydel y Pieter de Coninch, héroes del siglo XIV. También hay monumentos góticos como la Catedral de San Salvador (siglos XIII y XIV), el hospital de San Juan (siglo XII), el Hôtel de Ville, el ayuntamiento más antiguo, del siglo XIV, y la Iglesia de la Santa Sangre.

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

La Iglesia de la Santa Sangre guarda la "Sangre de Cristo", que según la tradición, fue traída por Dietrich de Alsacia, conde de Flandes, a su regreso de Tierra Santa durante la Segunda Cruzada. Todos los años, para recordar este hecho, se realiza la imponente Procesión de la Sagrada Sangre, uno de los eventos turísticos más importantes de Brujas, con cofradías religiosas y grupos con trajes y personalizaciones que evocan episodios históricos y bíblicos.

El edificio más alto de la ciudad se encuentra a unas cuadras más al sur y es la Iglesia Gótica de Nuestra Señora, cuya aguja principal tiene 122 metros y alberga un tesoro del arte universal: la escultura de mármol blanco de "La Madonna con el Niño" de Miguel Ángel.

Belfry


En la Markt Platz está la torre o Belfry del siglo XIII, con un campanario de 82 m de altura y un carillón de 47 campanas, que ofrece conciertos en verano a las 21 h. Las belfrys eran el símbolo horario de la ciudad, y no podía pasarle nada peor a un ciudadano que el rey se enojara con sus súbditos y mandara a derrumbar el campanario. La plaza central se conserva como en los viejos tiempos con un vistoso conjunto de edificios de techos a dos aguas, como los antiguos tribunales, el Ayuntamiento y la Basílica de la Sagrada Sangre, que guarda la reliquia de la sangre de Cristo traída por Dietrich (Tierry) de Alsacia, conde de Flandes, desde Jerusalén durante las Cruzadas. Cada año, el lunes siguiente al 2 de mayo una enorme procesión lleva la sangre a través de las calles y puentes en una ceremonia impresionante. Si se pretende conocer el corazón de la ciudad, hay que ir al viejo mercado de pescado, de 1821, escondido detrás de la plaza mayor. Un jolgorio de mujeres rodea los puestitos peleándose por las aromas marinas, entre mejillones, anguilas y langostas. Brujas tiene su encanto en cualquier época del año, pero el clima es más benigno en primavera y verano, de mayo a agosto.

Museos

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

Si lo que buscas es arte flamenco -Van Eyck, Van der Weyden, Bosch y Hans Memling- los mejores museos son el Groeninge y el Memling.
Visitar el campo deportivo Boudewijnpark, centro cultural, deportivo y de esparcimiento. Tiene hermosas piletas de natación, una pista de hielo olímpica, galerías de arte y un delfinario que brinda espectáculos al aire libre desde marzo hasta octubre.

Brujas fue en la Edad Media la cuna de las finanzas. Puedes visitar la casa de la familia Ter Beurze, que data del 1400 y que dio origen a la palabra "bolsa" para designar a los mercados de valores.

Notre Dame


El monumento más notable es la iglesia de Notre Dame, un fabuloso edificio gótico con una altura de 122 metros y cuyo más preciado tesoro es una pequeña estatua de Miguel Ángel representando a la Virgen con el Niño.

La plaza central se conserva como en tiempos medievales con un vistoso conjunto de edificios de techos a dos aguas, como los antiguos tribunales, el Ayuntamiento, y la basílica de la Sagrada Sangre, que guarda la reliquia de la sangre de Cristo traída por Dietrich (o Tierry) de Alsacia, conde de Flandes, desde Jerusalén durante las Cruzadas. Cada lunes siguiente al 2 de mayo una enorme procesión lleva la sangre a través de calles y puentes en una ceremonia estremecedora.

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

Viendo tan majestuosas construcciones, uno se pregunta por qué tanta ostentación de riquezas en un perdido pueblito del campo flamenco. Lo que sucede es que Brujas nunca tuvo un pasado anónimo. En tiempos feudales, se hizo famosa por haber sido escenario de sangrientas contiendas entre terratenientes y campesinos.

También fundo una liga hanseática y manejó muy bien los comercios en su puerto, durante la Edad Media. Mas tarde fue un centro financiero mundial. La familia Van der Beurze originó, en el 1400, el sistema de especulación en la Bolsa de Valores y acabó donando su casa para que siguiera funcionando a tal efecto. Hoy el edificio Ter Beurze se puede visitar como reliquia arquitectónica. La riqueza de que gozó esta ciudad se aprecia tanto recorriéndola a pie como en los paseos en cruceros por los canales y en carruajes tirados por caballos.

Al norte del centro histórico se halla el distrito de Sint Annakwartier, que es el centro mundial del encaje, la artesanía belga más famosa. Unos tras otros, los ventanales de casitas bajas muestran damas de variadas edades la mayoría de ellas ancianas ataviadas con la típica ropa flamenca de terciopelo negro o bordó, cuellos de encaje y cofia, tejiendo intrincadísimos motivos con fino hilo de lino de algodón con los que se arman manteles, cortinados, cubrecamas, carpetal y preciosos cuellos y puños para ropas. Tratándose de trabajos tradicionales y netamente artesanales, nada de esto es barato.

En el mismo barrio se puede visitar la Jeruzalemkerk, un templo que es copia fiel de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Otra zona también interesante de los alrededores es el Boudewijnpark. Se trata de un centro cultural, deportivo y de esparcimiento, que tiene una pista de hielo olímpica, piletas de natación, galerías de arte y un delfinario que brinda espectáculos al aire libre hasta octubre.

Molinos de viento

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

Otra de las atracciones de Brujas son los viejos molinos de viento (en perfecto estado de conservación) , que se encuentran junto al río que rodea la ciudad y a los que se puede llegar dejando de pedalear y disfrutando la brisa fresca con la mirada llena del verde de los prados salpicados de amapolas silvestres.

Si uno va solo a Brujas, nota que enseguida se le acaban los rollos de fotos. Si va en pareja, se vuelve a enamorar entre puentes, cisnes y callejuelas empedradas. Si va en verano, la frescura de la brisa, el agua omnipotente y las plazas arboladas aseguran un descanso agradable. En invierno, el aroma del café molido, de los finísimos chocolates belgas y de la manteca derretida en la que se doran los crépes hace que el desfrute de esta ciudad sea completo.

Cultura y rutas alternativas


Brujas también tiene un aspecto actual y dinámico: en 2002 fue Capital Cultural Europea, lo que sirvió para revitalizar la ciudad y poner en marcha una serie de proyectos de la máxima actualidad, como su nuevo Auditorio o Concertgebouw, una impresionante sala de conciertos, con un variado programa de actuaciones y conciertos.

Brujas te sorprenderá por su nutrido calendario de acontecimientos culturales. Uno de los más llamativos es la Procesión de la Santa Sangre, al final de la primavera. También valen la pena las Fiestas de los Canales, o "Reiefeesten", que se celebran cada tres años y rememoran la época medieval en Brujas. Durante el famoso Cactus Festival, que tiene lugar en el romántico parque Minnewater, se pueden escuchar conciertos de blues, reggae y música étnica.

Y si buscas una alternativa a las rutas más frecuentadas, en las afueras de Brujas encontrarás tranquilos senderos, verdes prados y coloridos paisajes. No te pierdas la pequeña localidad de Damme, a sólo 30 minutos en barco por uno de los canales más bellos de Flandes.

Gastronomía

Brujas: un viaje a la Europa medieval
 

Y como para dar con todos los gustos, la gastronomía de Brujas incluye un buen número de restaurantes (como De Snippe, Manoir Stuivenberg, ''''t Pandreitje y De Lotteburg), donde se puede comer desde bien hasta muy bien (dicen que los belgas inventaron las papas fritas, pero su gastronomía va mucho más allá).

No se pueden perder los choritos al vapor acompañados de papas fritas (Mosselen met Frieten) o los tomates rellenos con camarones (Tomaat met Garnalen). Sin contar las chocolaterías, donde los pralinés (o bombones) son toda una experiencia.

Si entra a una de esas tiendas, pida una cajita con una selección de chocolates. Sin saberlo, volverá con algo de ese sabor de Brujas que es, sin duda, un pequeño toque de seducción para todos los sentidos.


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