El Calafate es un poblado a orillas del lago Argentino de 14 mil habitantes, y un gran crecimiento contando que hasta hace 4 años su población rondaba las 7 mil personas. Su crecimiento desordenado, no le hace perder el encanto, aunque preocupan a sus habitantes la escasez y los altos precios de las viviendas. Las casas son cabañas, de construcción rápida, con algunos sectores de madera o piedra y techo de zinc negro a dos aguas. La avenida principal del Libertador con un cantero de álamos en el medio, está poblada de tiendas de venta de artesanías, parrilladas y restaurantes, que generalmente lucen fachadas de troncos de madera, al estilo de los refugios de montaña. No todo es armónico y acorde con el paisaje, pero se nota el intento por embellecer los escaparates y los carteles de los comercios. En definitiva, el pueblito es sólo un refugio para dormir y comer.
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Las excursiones al Glaciar salen generalmente desde los hoteles, alrededor de las 9 de la mañana, de diciembre a marzo, que es la época de mayor hora de exposición solar (17 horas de sol) y regresan a las 5 de la tarde. Después los viajeros optan caminar un poco por el centro, tomar un chocolate caliente en alguna de las pequeñas chocolaterías de la avenida principal y buscar un lugar para cenar temprano ya que la siguiente excursión a todos los glaciares se realizan en barco y sale a las 7 y media de la mañana.
Desde El Calafate, hasta el Parque Nacional Los Glaciares, son aproximadamente 70 km . de variado paisaje, desde la semidesértica estepa patagónica, circundada de mesetas de la precordillera andina, hasta la zona de bosques de ñires y lengas. La fauna de la estepa, aunque no es visible, es más abundante que la del bosque patagónico: patos macuás, garzas rosadas, cóndores y pumas. Estos últimos son el terror de los rebaños de ovejas. La matanza de ovejas por las madres pumas y sus crías, llega a ser tan grande, que los estancieros contratan cazadores, llamados leoneros a quienes pagan fuertes sumas contra la exhibición de las pieles.
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La carretera corre por tramos paralela al lago Argentino, el lago más grande del país, cuyas aguas tienen un particular color verdoso, conocido como leche glaciar, proveniente de las partículas minerales suspendidas en el agua. Al aproximarnos al Parque Nacional (entrada $10 para los argentinos y $30 para los extranjeros), las laderas de los montes se pueblan de ñires, originales árboles de troncos y ramas retorcidos, a los que se suman después las lengas, ambos de hojas caducas que enrojecen en otoño, tiñendo el paisaje de brillantes tonalidades que van del rojo al ocre y amarillo. Entre los ñires, lengas y coihues, tapizan el suelo pequeños arbustos con flores rojas como el ceibo, los notros y calafates, arbustillos de frutas rojas que le dan el nombre al lugar. Dice una leyenda que quien come un calafate, vuelve a la Patagonia.
Después de ingresar al Parque, la carretera asfaltada se termina y comienzan 30 km . de ripio, en la Península de Magallanes, bordeando el Lago, hasta llegar al primer mirador. Allí, majestuoso y colorido, se extiende el Glaciar, que cae como en cascada sobre el lago. Ninguna descripción alcanza para imaginar lo que es este curioso fenómeno de la naturaleza, formado por almacenamiento y compactación de milenarias nevadas que cubren los valles de las montañas, cayendo como acantilado sobre el lago.
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El hielo del glaciar no es blanco inerte, ni liso, ni mudo: es una mole blanca, surcada de grietas de distintos tonos de azul que ruge por momentos como los truenos en una noche de tormenta. Para acercarse más al glaciar, un barco nos lleva a 300 mts. de su frente, navegando por el canal de los Témpanos. Allí, desde la cubierta del barco, se pueden tomar las más lindas fotografías, escuchar el rugido del glaciar y ver los desprendimientos que en todo momento ocurren. Los hay pequeños y espectaculares, emergiendo del fondo del lago, recostándose contra la pared del glaciar y quebrándose en varios témpanos, que luego flotan en el lago, luciendo las más variadas tonalidades del verde. La pasarela de 1000 metros de altura, circunvala el cerro frente al glaciar y desde allí se puede contemplar durante dos horas esta magnífica estampa.
No hay más que un restaurante en la zona, por lo que es recomendable llevarse comida, cargar con la bolsista de papel reciclado y traerla de vuelta al hotel, ya que en el Parque no hay cubos de basura para evitar justamente la acumulación de residuos y la contaminación del medio ambiente.
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Al día siguiente, se puede elegir entre un mini-trekking por la cima del glaciar, con calzado e indumentaria que proporcionan los guías, o una travesía en barco por el Lago Argentino para navegar frente a los Glaciares Upsala, Onelli y Spegazzini, desembarcando en la bahía de Onelli, para atravesar a pie un típico bosque andino patagónico, bordeando el lago Onelli, sembrado de témpanos de hielo. Desde el extremo del bosque, se divisa el Glaciar Agassiz que debe su nombre al científico suizo, creador de la glaciología.
Durante la navegación de más de 8 horas, se puede contemplar una enorme cantidad de témpanos de hielo que se dispersan a lo largo del Lago Argentino llevados por el viento y las corrientes. Sus formas variadas, colores y tamaños hacen de este recorrido, un viaje inolvidable.
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Contrariamente a lo que se cree, en el Calafate no suele hacer demasiado frío, ni nieva demasiado. Basta tener una buena campera impermeable forrada con algún tejido abrigado, un gorro, un par de guantes impermeables, bufanda y calzar un par de zapatos cómodos con suela de goma, para estar perfectamente ataviado para estas excursiones. Durante las travesías en barco, como obligatoriamente se debe salir a cubierta para poder contemplar mejor el paisaje y sacar mejores fotos, conviene estar bien protegido del viento y del frío del hielo glaciar.
Todos los lugareños coinciden al decir que los mejores meses son marzo y abril, cuando los árboles se tiñen de rojo, y septiembre, cuando florecen y los precios están en baja. En cualquiera de estas temporadas podrás descubrir la imponente naturaleza de la patagonia argentina, ser testigo de uno de los más excitantes espectáculos del mundo y disfrutar de bonitos paseos por bosques y lagos. El panorama se hace insuperable. |