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Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
En esta segunda parte podrás conocer y alucinar con el resto de las islas de este archipiélago de ensueño. Entre plantaciones de frutas tropicales, buceo entre corales milenarios y peces de todos los colores y formas, descubrirás el tesoro del que vive gran parte de su población: la perla negra. Y si te queda tiempo, puedes surfear un rato, o simplemente caminar y llenar tu alma con las delicias y paisajes de este rincón del mundo.
Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)

Huanine

Menos conocida, compite en belleza con Moorea y es uno de esos escenarios típicos de los Mares del Sur. En realidad está formada por dos islas separadas por un istmo. Su capital es Fare donde se encuentra el puerto principal. La isla es verde y bellísima y uno de los santuarios para los aficionados al surfing pues sus olas son perfectas para este deporte. Aquí se celebra la Hawaiki Nui, una regata de canoas que empieza en Fare y termina en Bora Bora. Huahine es también un importante centro arqueológico.

Bora Bora

Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
 

Es otro de los nombres mágicos en occidente. Ha servido también de escenario cinematográfico por su extraordinaria belleza, rodeada por dos picos volcánicos. Se ha convertido en un mito para los millonarios de todo el mundo. Aquí residieron los dioses de la mitología polinesia y hoy residen los adinerados americanos en lujosos hoteles formados por bungalows con suelo de cristal que permite contemplar el fondo marino desde la cama. Sus playas son increíblemente blancas y su laguna profundamente azul.

Los jardines estallan con los colores y aromas de las buganvillas, las gardenias, los hibiscos y los frangipanis. Una carretera de 32 kilómetros rodea toda la isla, y es fácil hacer un recorrido de medio día. Al tomar las carreteras laterales se llega a miradores desde donde se ve parte de la isla a vista de pájaro.

Pero Bora Bora es, sobre todo, mar. Su laguna exterior, rodeada por el anillo de coral, es la piscina natural más espectacular del mundo. Para disfrutarla lo mejor es contratar una excursión de un día, en la que se pasa por diferentes lugares. La primera parada es para dar de comer a los tiburones y las mantas, pero los pasajeros no miran desde el barco, sino desde dentro del agua. Los tiburones no son muy grandes, pero tragan las piezas de carne de un bocado. Y a un par de metros de distancia. De vuelta al barco se pone proa hacia un verdadero jardín de coral, en el que se vuelve a bucear. Así se entra en un mundo de colores inimaginables y se nada entre nubes de peces que te miran con la misma curiosidad que tú a ellos. Luego el barco se dirige a un motu donde hay tiempo para otro baño mientras se prepara la comida. Desde allí, los pilares basálticos de Bora Bora son el mejor telón de fondo para una playa que se pueda imaginar.

Maupiti


Es una pequeña y tranquila isla a 40 kilómetros al oeste de Bora Bora, considerada como una de las más bellas de los mares del sur. Su isla principal está rodeada por una impresionante laguna abierta hacia el mar. Sus playas de arena blanca son impresionantes, un paraíso para amantes del submarinismo.

Tetiaroa

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Otra de las famosas islas de la Sociedad es Tetiaroa, un conjunto de 13 islas situado a unos 40 kilómetros al norte de Tahití, en torno a una laguna a la que protegen de forma natural. Estaban deshabitadas hasta hace poco. Allí disfrutaban de sus vacaciones los reyes tahitianos. En 1966

Marlon Brando decidió comprarlas para retirarse definitivamente a su amada Polinesia. Tetiaroa es una atracción turística, no sólo por el actor sino por su enorme riqueza ornitológica.

Raiatea


Está entre Huahine y Bora Bora. En realidad se trata de dos islas gemelas (Raiatea y Taha) que comparten una magnífica laguna. Son paisajes en estado casi virginal. Raiatea tiene también el único río navegable de toda la Polinesia Francesa, el Faroa. Es el centro cultural, religioso e histórico de las Islas de la Sociedad. Tahaa es conocida como la isla Vainilla por las numerosas plantaciones de esta planta.

El archipiélago de las Tuamotu


Está formado por 78 islas y atolones, en dos alineaciones paralelas al este de las Sociedad. Treinta de estas islas se encuentran en el interior de la laguna central. La isla más conocida es Rangiroa, el segundo atolón más grande del mundo (sólo superado por Kwajalein, en Micronesia)una excelente opción para quienes buscan la soledad. Un atolón coralino perfecto con un hotel de lujo y un par de hoteles algo más sencillos, donde la única ocupación del visitante es bucear en sus aguas cristalinas y disfrutar de la paz más absoluta.

Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
 

Rangiroa produce soledad, alejamiento, de todo eso hay lo que se quiera, bellezas naturales sin cuento, pero ni una brizna de lo superfluo. Los fletes encarecen los vinos, o la ropa, aunque lo que se precisa de verdad es un bañador y un pareo. Si te conformas con la vida de los isleños, los paumotu, es otro cantar. El agua de coco cuesta la voluntad de agujerear una nuez. Y el agua de mar no hace más que pedir que le pesquen sus tremendos excedentes de peces y mariscos.

¿Quiere estar uno rodeado de peces de colores por todas partes y sentir sus pellizcos? Nada más fácil que sumergiéndose un poco en un simple trozo de mar que llaman El Acuario. ¿Se desea emular a Robinson por un día? El Lagon Bleu, la parte de la laguna de Rangiroa que congrega con más intensidad el turquesa del mar y la blancura cegadora de playas vacías, tiene palmitos, cocos, cangrejos, y la lluvia que pueda caer. Lo difícil no es llegar al Lagon Bleu, estando a una hora en barco de Avatoru, sino despedirse de sus arenas, fondos marinos y charranes. La perfección del mundo antes de que empezaran los deseos humanos.

Playas, después de todo, es lo que no falta en Rangiroa. Casi todo el óvalo del atolón dispone de arenales, aunque si alguien se aburre de sus habituales colores blancos como harina siempre puede rizar el rizo en Les Sables Roses. Eso queda en la otra punta de la laguna, a más de dos horas en lancha desde Avatoru, pero cuál no será tu sorpresa al pisar una arena de color rosado, producto de la finísima erosión de conchas y corales, y no encontrar las huellas de Viernes.

El único problema puede ser disponer de tiempo y dinero. El espacio está más que garantizado, es único y prácticamente inabarcable. La laguna de Rangiroa, la segunda mayor del mundo después de la de Kwajalein en las Islas Marshalls, podría contener Tahití de sobra. Su anillo coralino de 75 kilómetros de este a oeste, y de 25 kilómetros de norte a sur, encierra 1.640 kilómetros cuadrados de mar, demasiado tal vez para ser tildado de laguna. En cambio, Avatoru, el mayor pueblo del atolón, se despliega en una cinta de coral que a menudo no llega a cien metros de anchura. Puedes plantarte en instantes desde el océano en la laguna y conocer pronto de vista, y casi de nombre, a sus menos de dos mil habitantes.

Objeto de deseo

Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
 

Luego están las perlas de Rangiroa. Tienen los cambiantes colores de las nubes y su precio también anda por ahí. Primero hay que cultivarlas, una tarea delicada. No hace mucho visité una granja perlífera llamada Paul Gauguin y pude apreciar el extraordinario grado de limpieza y mimo que ponen en todas las operaciones, desde injertar un núcleo en la gónada reproductiva de una ostra de la especie Pinctada margatifera, hasta cuidar la ristra donde crían la perla para que no acabe en el estómago de un tiburón, sino en el cuello de una mujer.

El viajero cuenta sus francos del Pacífico para ver si llega a una perla negra perfecta. Si lo consigue, sacará todo el mar de las Tuamotu encerrado en una bolita. Siempre podrá ver ahí el humor de la persona agraciada por el regalo, aparte de las iridiscencias de que son capaces esas perlas, y recordará las Tuamotu, las Islas Peligrosas de antaño, como si fuesen un desprendimiento de arena y palmeras del mismo paraíso.

Allí no hay serpientes. Ni siquiera muerden los tiburones de la laguna, o al menos no lo hacen los pequeños escualos de punta negra. Esos amigos, llamados mauri vaki, a diferencia de los tiburones limón y otras especies oceánicas, dejan que los alimentes sin que se les ocurra que tu mano forme parte del menú. Lo cual reconcilia mucho con la naturaleza salvaje y pone en la dimensión verdadera de este atolón: hay que dejar una y otra vez que el mar te entre en la piel, ser parte de él.

Manihi


Es otro atolón de las Tuamotu, con sólo 300 habitantes que se dedican al cultivo de las perlas. Cuenta con un hotel desde donde se puede participar en salidas con buceadores locales para recoger ostras. Es un verdadero paraíso natural.

Las Islas Marquesas


Fueron así bautizadas por los españoles. Están divididas en dos grupos de islas y están a 1400 kilómetros al noreste de Papeete. Las principales islas volcánicas son las de Nuki-Hiva, ua-Pou, Ua-Huka, Hiva-Oa, Tahuata y Fatu-Hiva. En la isla de Hiva-Oa se encuentran enterrados los restos del pintor Paul Gauguin y el cantante Jacques Brel que encontraron en estas islas su propio paraíso. Nuku Hiva es la más grande de las Marquesas, y su capital es Taihoae. Son lugares que viven de la pesca, la caza y la escultura para ceremoniales, como los tikis y ukuleles. En la Bahía Hatiheu, en Taiohae, se encuentra el que fue refugio del escritor Robert Louis Stevenson.

Fatu Hiva

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Siendo la isla más remota de las Marquesas se distingue a su vez por ser la más húmeda, exuberante y tradicional del grupo. No cuenta con pista de aterrizaje y raramente es visitada por botes, esto hace que sea casi tan virgen y prístina como lo fue una vez la Polinesia. Thor Heyerdahl, de las famosas expediciones Kon Tiki, pasó un año y medio en Fatu Hiva sentando las bases de su libro Fatu Hiva, the Return to Nature (El Retorno a la Naturaleza). Mangos, bananas, naranjas y limones florecen en las pendientes de la isla gracias a las abundantes precipitaciones. Esta isla es además el hogar de los más finos artesanos de las Marquesas.

Las islas Australes


Son un archipiélago a 1047 kilómetros al sur de Tahití. La población se dispersa en las islas de Rurutu, Tubuai, Rimatara, Raivavae y Rapa. Son islas fértiles, con un excelente clima tropical. Sus habitantes son famosos por la artesanía tradicional. La principal población es Mataura, en la isla Tubuai. La religión protestante ha marcado la vida de la isla, aunque aún se pueden encontrar restos de tikis gigantes de piedra, y de fortalezas maoríes (pa) construidas en las zonas más altas de la isla.

Las Tuamotu y las Gambier


Son dos de los cinco archipiélagos en que se divide la Polinesia Francesa, dos grupos de islotes desperdigados en la inmensidad del océano más extenso del mundo. Las Tuamotu son un conjunto de 78 atolones dispersos en una extensión de más de 1.200 kilómetros de largo y 600 de ancho, pequeños brotes de coral que apenas sobresalen de la superficie del agua. A uno de ellos, Raroia, llegó Thor Heyerdahl y su tripulación en 1947 a bordo de la Kon Tiki, en su fabuloso viaje desde las costas de Perú. No es exagerado afirmar que son la quintaesencia de las islas perdidas del trópico, unos someros anillos de arena y palmeras perdidos en el océano tropical.

Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
 

Los primeros navegantes europeos que recorrieron estas soledades no apreciaban estos obstáculos casi ocultos. En 1722 Roggeveen, el explorador holandés que venía de descubrir Isla de Pascua, perdió uno de sus barcos en Takapoto, y llamó a las Tuamotu Islas Perniciosas. Poco después, en 1768, Bougainville las bautizó como Archipiélago Peligroso. Por estas aguas desconocidas ya habían pasado Magallanes y Quirós, y pasarían Wallis, Cook y Boenechea, pero los europeos centraron su interés en las islas grandes, de las que podrían obtener mayores beneficios. De este modo el archipiélago de las Tuamotu quedó casi abandonado, y sólo se hizo un recuento definitivo de sus islotes, arrecifes y atolones en la década de los 50.

La guía

  • Clima

Tropical y muy agradable todo el año. El clima se ve suavizado por los vientos aliseos que consiguen una temperatura media anual de 25ºC.
Se diferencias dos estaciones: una húmeda y cálida, entre noviembre y abril y una seca entre mayo y octubre. Para elegir la fecha del viaje no sólo hay que tener en cuenta el clima, sino también las festividades.
Una buena época puede ser Julio, que es cuando se celebra el Heiva i Tahití una especie de carnaval Octubre es también una buena fecha aunque en este momento estén sobre las islas los vientos maraamu que pueden dar un tiempo inestable. El tiempo es más húmedo y cálido entre noviembre y el final de mayo. Por otro lado, conviene evitar el periodo de vacaciones del hemisferio norte (Julio y agosto) porque los vuelos suelen estar llenos y todo resulta más caro.

  • Moneda

La moneda oficial es el Franco del Pacífico (CFP). El cambio aproximado es de 90 CFP por dólar americano. Se puede cambiar fácilmente en los hoteles, bancos y oficinas de cambio. Hay abundantes bancos e incluso muchos cajeros automáticos en los que se puede sacar con las principales tarjetas de crédito.

Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)
 

Generalmente se puede pagar con tarjeta de crédito en casi todos los hoteles y restaurantes turísticos. Se aceptan las principales tarjetas de crédito pero no en todas partes, y lo mismo pasa con los cheques de viaje.

Las propinas no son obligatorias pero son bien recibidas. La Polinesia francesa es un lugar particularmente caro. Todo o casi todo es importado, con lo que cuesta el doble, los hoteles son carísimos y la comida a veces prohibitiva, sobre todo en los grandes hoteles internacionales.

  • Cómo moverse en el interior

Viajar entre las islas de la polinesia no es problema, aunque algunas islas remotas llegan a ser casi inaccesibles. Gracias al apoyo del gobierno francés, cuenta con una buena infraestructura de transportes y con líneas aéreas domésticas que no resultan tan caras como uno se imagina a priori, debido a que están subvencionadas.

Las islas principales cuentan con una red de carreteras asfaltadas, aeropuertos, ferries y barcos, así como un sistema de autobuses. Air Tahití y Air Moorea, las líneas locales, tienen varios vuelos diarios entre Papeete y Bora Bora, Moorea, Huahine, Raiatea, Rangiroa y muchas de las Islas Tuamotu. Hay que tener en cuenta que los vuelos entre islas el equipaje está limitado tanto en peso como en tamaño. Las islas cuentan con un total de 29 aeropuertos, entre los cuales el principal está en Tahití.

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También hay servicios regulares en catamarán y ferry entre las islas con varias frecuencias diarias entre Tahití y Moorea, y con servicios frecuentes a Bora Bora, Huahine, Rangiroa etc. El principal servicio es el gran catamarán que enlaza Tahití y Moorea y el moderno Ono-Ono que realiza servicios con el resto de las Islas de la Sociedad.
También existen botes para ir a muchas islas deshabitadas, muy baratos aunque lleva su tiempo llegar. No son muy confortables pero son la mejor forma de visitar las más remotas islas de la Polinesia.
Para moverse por las islas, hay servicios de autobuses locales conocidos como le Truck que es lo más popular y práctico, sobre todo en Tahití, con asientos de madera. Otra posibilidad son los taxis que cuentan con taxímetro y siempre queda la opción del alquiler de automóviles, scooters y bicicletas. En las Marquesas, muchos de sus habitantes y sus turistas optan por el caballo para moverse por las islas.

  • Salud

Las instalaciones sanitarias son muy buenas, pero no está de mas viajar con un buen seguro médico. Se puede tomar tanto el agua como los alimentos frescos, aunque siempre es mejor tomar precauciones y tomar agua embotellada. Los hospitales están en la isla de Tahití y en Mooerea. En las principales ciudades encontrará medicamentos básicos pero siempre se recomienda viajar con sus medicamentos habituales y con un botiquín básico.

No se requiere ninguna vacuna para ingresar en el país, a no ser que se provenga de alguna zona infectada.


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