Las 118 islas de la Polinesia Francesa son como pequeñas partículas en el vasto Océano Pacífico del Sur. Están divididas en cinco grupos: Islas Sociedad (donde se encuentra Tahití) Islas Tuamotus, Islas Marquesas, Islas Australes y las Islas Gambiers. Solamente seis de estas islas tienen una superficie aproximada de 100 km2 y la distancia entre la más septentrional, Hatutu, y la que se encuentra más al sur, Rapa es de 2.000km. Las masas de tierra continental más cercanas son Australia, 5.200km al oeste, y Sudamérica, 6.000km al este. El territorio vecino más cercano del Pacífico son las Islas Cook, al oeste.
Polinesia es una mezcla de altas islas volcánicas y atolones coralinos. Las altas islas tienen un suelo rico y fértil con una extensa y variada vegetación. Las magníficas flores tiares tahitianas crecen abundantemente en las altas islas y son trenzadas en leis o entrelazadas en el cabello.
La historia de casi siempre
|
 |
| |
Hace unos 4000 años, algunos navegantes alcanzaron las islas de la Polinesia desde el Sudeste Asiático. Sin embargo, los primeros asentamiento se remontan a unos 300 años d.C. Eran magníficos marineros que conocían bien las estrellas, las corrientes y el movimiento de las olas para navegar por el Pacífico. La evidencia de esta cultura común son los Marae, templos al aire libre que se encuentran en todos los rincones de las islas de la Sociedad.
Algunos de los primeros habitantes europeos fueron Samuel Wallis (1767), Louis-Antoine de Bougainville (1768) y James Cook (1769), quienes regresaban a sus tierras con historias de un paraíso terrenal habitado por "nobles salvajes" y mujeres venus que brindaban favores sexuales a los visitantes. Cuando Bougainville regresó a París las historias de un refugio tropical de amor libre se desparramaron rápidamente por toda Europa, y este mito atrajo el interés de Herman Melville, Robert Louis Stevenson y Paul Gauguin.
Pero el acontecimiento más famoso de la historia reciente de esta zona fue el motín de Bounty. El mismo se produjo en Tahití y en la isla austral de Tubuai donde Fletcher Christen y sus amotinados buscaron refugio, en cambio el 28 de abril de 1789, William Bligh y los fieles miembros de su tripulación salieron a la deriva en una pequeña canoa en las inmediaciones de las islas Toga. Por último en Tahití, el largo brazo de la justicia británica cayó sobre los amotinados que no pudieron escapar a la isla Pitcairn, condenándolos.
|
 |
| |
En la época en la cual se produjo el motín, las islas de la Polinesia estaban regidas por las familias más importantes. Durante mucho tiempo sus habitantes fueron sometidos bajo las armas europeas, debiendo acceder a alianzas de lealtad para suavizar los conflictos regionales por el poder. Mientras que el Capitán Cook y Bougainville se resistían a esto, los amotinados de Bounty ofrecían sus servicios como mercenarios. Los Pomares, una de las familias más poderosas de Tahití, se fortalecieron de esta manera y como consecuencia adquirieron el control del resto de las islas.
Rápidamente comenzaron a llegar a las islas los balleneros y los mercaderes intercambiando armas por comida fresca, introduciendo la prostitución y dispersando las enfermedades europeas a las que los nativos no estaban naturalmente inmunizados.
Los misioneros protestantes pusieron fin a todo esto, comenzando por prohibir la desnudez, las danzas eróticas, el sexo licencioso y la religión pagana, por lo cual la cultura polinésica fue dejada de lado rápidamente. La población isleña decayó considerablemente, los tiránicos misioneros protestantes derribaron los templos nativos (maraes) prohibiendo cualquier tipo de actividad que no fuera cristiana.
|
 |
| |
Luego llegaron los franceses, tomaron el control del Archipiélago de las Marquesas hacia el noreste y después de mucha piratería y de una política amenazante e intimidatoria lograron desalojar a los británicos conformando la Polinesia Francesa en el año 1842. La Reina Pomare IV, quien tuvo mucho que ver en la unificación de las islas, fue obligada a rendirse a los franceses y a reinar durante 50 años solo como una figura decorativa.
A la llegada del siglo XX, las islas de la Polinesia se convirtieron en parte de los establecimientos del Pacífico Francés (Établissements français d`Océanie) siendo introducido un programa de rápida expansión comercial. Obreros chinos llegaron para trabajar en las plantaciones de vainilla y algodón, siendo además la producción de madre-perlas el puntal de la economía de la Polinesia Francesa.
Los franceses testeaban armas en el desierto de Sahara, pero la independencia de Argelia anunciada por el General de Gaulle en 1963 dio por resultado que los diminutos atolones de Moruroa y Fangataufa en las Tuamotus sirvieran como nuevo lugar para el testeo de tan nefastas armas.
En 1995 el presidente Jacques Chirac anunció que una nueva serie de testeos subterráneos sería llevada a cabo; inmediatamente el mundo estalló en protestas y condenas. Las calles de Papeete fueron el escenario de grandes concentraciones de manifestantes, dando como resultado cientos de autos volcados, y edificios desmantelados como muestras de protesta. Los embajadores de Chile y Nueva Zelanda se retiraron de París. Se realizaron finalmente a comienzos de 1996 y el gobierno francés desde entonces ha declarado que el programa de testeos nucleares ha terminado. Después de más de 150 testeos intercalados de casi 200 kilotones (con un poder 10 veces mayor que el de la bomba de Hiroshima), sus residuos se han diseminado alrededor de los atolones de Moruroa y Fangataufa, se piensa que sus efectos se harán sentir durante largo tiempo.
|
 |
| |
En la actualidad se escuchan rumores independentistas de Francia, pero los poderes de la política ortodoxa comandados por el presidente Gaston Flosse, dejan en claro que esto no sucederá al menos a corto y a mediano plazo. Además Francia no tiene en mente renunciar a sus territorios oceánicos. La Polinesia Francesa cuenta con una Asamblea Territorial de 41 miembros elegidos cada 5 años por voto popular. La República Francesa es representada en el territorio por un alto comisionado que ella misma designa. Los asuntos de defensa, ley y orden, asuntos exteriores, inmigración, justicia, economía, educación e investigación son administrados por los apoderados de la república en el territorio.
Cultura
Desde que los primeros navegantes europeos pisaron las islas, se quedaron impresionados por la «felicidad» de estos pueblos que satisfacían fácilmente sus necesidades de vestido, alimento y vivienda. Nació así la leyenda del «feliz salvaje» que tanto atraería en los siglos posteriores en Europa.
Los pueblos polinesios ignoraban las artes del hilado y del tejido y fabricaban sus vestimentas con la suave corteza de algunas plantas, cuyas fibras batían y encolaban hasta formar una especie de papel. Las casas se construían con caña y tejados de hoja de palmera. El canto, el baile y los juegos (boxeo, lucha libre, andar sobre zancos, tiro con arco y surf) eran sus formas de expresión.
Las danzas son probablemente lo más llamativo. Forman parte de la vida social de los polinesios, a quienes les encanta reunirse. En las festividades indígenas (basadas siempre en criterios religiosos), destaca la vahine, la típica muchacha joven, que al son del tamure (la danza tradicional) o la kaina porinetia (música contemporánea polinesia), se contornea en un rito del que participa todo el pueblo. Los europeos vieron siempre en esta danza un fuerte componente sensual que sin embargo no existía en la intención de los polinesios. Entre las danzas se distinguen las llamadas timorodee, las upaupa (que se bailan en parejas), el otea (de connotaciones guerreras), el aparima (de aire cómico) y el hivinau (que se baila en grupo).
|
 |
| |
Las tallas de madera son un arte importante en las Australes y las Marquesas, y representan feroces motivos. Otro rasgo importante de la cultura polinesia es la ausencia de tabús en cuanto a prácticas sexuales. Son un pueblo hospitalario que cree profundamente en el significado de la familia (que incluye primos, tipos, sobrinos, e incluso hijos naturales o adoptados..). Existe una gran igualdad de sexos excepto en la pesca, restringida al sexo masculino.
Dentro de sus instrumentos músicos tradicionales se encuentran. el pahu, el tambor toere, las caracolas de viento conocidas como la p, y la curiosa flauta nariz llamada "vivo". Guitarras y ukuleles han recorrido un importante camino desarrollando localmente un estilo único que se asemeja en forma a la música western y a la country pero con características propias y distintivas del Pacífico Sur.
La vida en Polinesia es muy tranquila y relajada. La vestimenta es informal inclusive en los restaurants más sofisticados, la ropa de playa se encuentra a la orden del día incluyendo el topless.
Cocina
La Polinesia Francesa tiene una tradición culinaria única, soliendo combinar viejos métodos de cocción polinesios con influencias de la cocina francesa, italiana y china. Estas manifestaciones no se ven en los restaurantes de moda, si en cambio en los económicos snack-bar a los costados de las rutas, les roulottes. Los alimentos son cocidos en los tradicionales hornos huecos, que son comunes a lo largo de toda la Polinesia. Estos hornos consisten en un hueco cavado en la tierra, el cual se rellena con piedras calentadas directa-mente al fuego. La comida es envuelta en hojas de banana y colocadas sobre las piedras, para ser tapada nuevamente con la tierra. El proceso de cocción tarda unas cuantas horas. En la Polinesia Francesa este tipo de horno es llamado ahimaa y el banquete que se cuece en él, tamaaraa.
Como postre, destaca el poi (pudding de taro, plátano o papaya) y los pomelos de las islas.
Las bebidas se basan sobre todo en los zumos de frutas, en particular el jugo de coco (pape haari), muy natural y económico. Entre las bebidas alcohólicas, se consume mucha cerveza (pia), así como una gran variedad de vinos y licores y una especialidad local, el maitai, consistente en un cóctel de ron blanco, piña, granadina, coco, jugo de lima y cointreau.
|
 |
| |
La cocina polinesia tiene muchos rasgos comunes con la del resto del Pacífico Sur, por ejemplo, su forma de cocinar en hornos consistentes en agujeros en la tierra con piedras calientes. La comida se envuelve en hojas de banana y se ponen sobre estas piedras calientes. Luego el agujero se cubre mientras que la comida se hace, en varias horas. En Polinesia Francesa, este tipo de horno se llama «ahimaa» y el guiso resultante se conoce como «tamaaraa».
Souvenirs
Son caras y no hay demasiados souvenirs de interés. Destacan desde luego el coral negro y las perlas negras y para economías más modestas, los pareos, los sellos de las islas, siempre originales, los perfumes de aceite de coco, las flores y los sombreros de paja.
No se suele regatear, ni siquiera en los mercadillos callejeros (destaca el mercado de Papeete).
En las islas menos turísticas y en los poblados más alejados, se puede encontrar artesanía tradicional de verdad y más económica..
Tahití
De todas las islas de la Polinesia Francesa, Tahití es la mayor y más conocida, donde se encuentra la capital, Papeete. Tahití es una isla de volcánica y de exuberante vegetación, rodeada por arrecifes de coral que bordean tranquilas lagunas de color azul turquesa. Papeete, la capital, defrauda un poco con su tráfico denso y la occidentalización de las costumbres, pero sólo hay que salir un poco a recorrer la isla para encontrar lugares mágicos como los manantiales de Marraa Grotto, o Pointe Venus. Una carretera de circunvalación rodea toda la isla y permite recorrerla por completo. La isla está formada por una zona montañosa (Tahití Nui o Gran Tahití), y una pequeña península (Tahití Iti o pequeño Tahití), que están unidas por un camino interior que ofrece una magnífica vista panorámica en el Plateu de Taravao.
Mientras la actividad se concentra en el este, las formas de vida polinesia más auténticas permanecen en la zona occidental. Un recorrido turístico básico por la isla lleva hasta los paisajes abruptos de la costa norte, a las cascadas y profundos valles de toda la costa hasta llegar al museo Gauguin que guarda alguna de las obras menores del pintor y recuerdos de su vida en la isla. En Papeete, la capital de la isla, merece la pena visitar el Museo de Tahití, uno de los mejores del Pacífico, dedicado a la historia y la cultura de las islas, y el Mercado central, colorista y típico.
Papeete tiene algo así como un problema de imagen. La capital de la Polinesia es un activo puerto comercial con grandes edificios de concreto y en las horas pico largas congestiones de tránsito. Pero a su vez, cuenta con un hermoso muelle en el que anclan lujosos yates, ferrys y barcos de carga que van y vienen en el marco de una próspera atmósfera mercantil. También abundan los cafés, los snack-bar móviles y los puestos de comidas en las calles recreando una pintoresca y encantadora escena para disfrutar.
|
 |
| |
El legado histórico de ésta región marítima se traduce en los fantasmas de Bougainville, el Capitán Cook y sus leyendas omnipresentes en cada uno de los lugares a lo largo de la costa de esta isla.
El mercado, Marché du Papeete, es un vibrante y colorido lugar que los domingos por la mañana se encuentra atestado de gente. Este mercado cubre toda una manzana, justo detrás del muelle, La construcción original fue levantada en 1847, aunque luego de una serie de expansiones y mejoras el mercado fue destruido por el bombardeo de un barco alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde fue reconstruido dos veces y en la actualidad conforma una doble estructura bien iluminada y abierta con venta de verduras, frutas, carnes y pescados en la planta baja, y vestimenta y artesanías en el primer piso.
Unos pocos kilómetros isla adentro, se encuentran los famosos Bain Loti (el baño o la pileta de Lioti). La novela The Marriage (El Matrimonio) escrita en 1880 por Pierre Loti relata el encuentro de su héroe y de la bella Rarahu en esta pileta ubicada en los verdes alrededores del río Fautaua. Ha transcurrido mucho tiempo desde aquellos días, sin embargo este sigue siendo uno de los lugares más placenteros y uno de los favoritos entre los lugareños para nadar.
El exuberante y áspero interior de Tahití ofrece infinitas posibilidades para los amantes de las caminatas y los escaladores de montañas, revelando un paisaje maravilloso con picos elevados siendo el punto culminante el Monte Orohena de 2.241metros. Completan el marco de belleza las mesetas, las cascadas, los tubos de lava y las reliquias polinesias que incluyen los templos en ruinas, los tikis y los petroglifos de Marae Arahurahu.
Moorea
Más exótica resulta Moorea, a escasos kilómetros de Tahití,. Es una isla hermosa cubierta por un exuberante bosque tropical. Hay que ascender a los picos volcánicos, escuchar las cascadas ocultas y contemplar desde la cima de Rotu Uni las bahías gemelas de Oponohu y Capitán Cook. La isla cuenta con varios complejos hoteleros de lujo a base de palafitos junto a las cristalinas aguas y presenta paisajes más tranquilos alejados del ajetreo de Tahití, profundas bahías ligadas a la historia del Capital Cook y una visión que todos recordamos, la del volcán.
|