El Kremlin
El mapa que Moscú dibuja es como una fina tela de araña que va perfilando los círculos concéntricos de una ciudad en continuo crecimiento. Un entramado de grandes y frías calles que sortean impresionantes edificios, grandes y lujosos comercios y pequeñas tienditas... y allí, en el corazón de todos ellos, se encuentra el epicentro de la ciudad, el Kremlin. Un majestuoso edificio que parece, aún hoy, controlar a la ciudad, desde lo alto de la colina de Borovítskaya (del Pinar). El edificio nació en 1156 con la intención de ser una poderosa fortaleza toda construida de madera. Pero con el paso de los años ha sido mucho más, es el corazón latente de Moscú.
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El Kremlin de Moscú es el conjunto arquitectónico central de la ciudad, el resultado de la actividad de muchas generaciones. Como núcleo de la "villa de Moscú" el Kremlin es mencionado en las crónicas del año de 1331. A fines del siglo XIV ya en el Kremlin había una estrechez a causa de variadas construcciones. Las iglesias, monasterios, fincas ocuparon su territorio. Bajo el reinado del príncipe Iván III se emprendió una reconstrucción grandiosa del Kremlin.
Las murallas cuentan con 18 torres-pasos, las almenas con estrechas ranuras-aspilleras protegen la plazoleta de combate de 2 a 4 m de ancho que va por la parte superior de la muralla. Todo el Kremlin estaba rodeado por el agua de los ríos Moscova y Neglínnaya así como por un foso con un ancho de 32 y una profundidad de 12 m, del lado de la actual Plaza Roja. Al principio las torres eran bajas, sus terminaciones picudas con techumbre piramidal las obtuvieron en el siglo XVII. La puerta en la torre Spásskaya (del Salvador) provista de un reloj servía de entrada principal en el Kremlin. La característica de las otras torres se contiene en sus nombres, por ejemplo, Vodovzvódnaya (la que sube agua), Arsenálnaya (la que sirve de arsenal), Nabátnaya (la de campana de alarma). Las torres están decoradas con entallado de piedra blanca. En el año de 1937 las águilas doradas zaristas fueron sustituidas por estrellas de cinco puntas, de rubí.
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Todos los siglos han dejado sus huellas en el Kremlin. A principios del siglo XVII, en el período de la guerra contra los suecos, a lo largo de sus murallas fueron construidos bastiones y fosos. Cuarenta años después se hizo un palacio para la zarina Elisaveta según el proyecto de V.Rastrelli. En 1780 M.Kazakov construyó un magnífico edificio del Senado. Después de la Guerra Patria de 1812 se levantaron el Gran Palacio del Kremlin y el edificio de la Armería.
La catedral Uspenski (de la Asunción) /1475-1479/ se halla en el lugar que ocupaba el primer templo de piedra de Moscú de siglo XIV, construido por Iván Kalita, el cual fue precedido por las iglesias moscovitas más antiguas - la de madera del siglo XII y la de piedra del siglo XIII. Dicha catedral fue creada por el arquitecto italiano Aristóteles Fioravanti según el modelo de la Catedral de la Asunción del siglo XII que se encuentra en antigua Vladímir.
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En el curso de cuatro siglos la Catedral Uspenski era el principal templo de Rusia. En la misma se coronaban los zares, se celebraban las ceremonias solemnes, se ascendían al rango y se sepultaban a metropolitanos y patriarcas moscovitas (sus sepulcros se encuentran a lo largo de las paredes). El iconostasio de cinco pisos de la Catedral es del siglo XVII. Su altura es de 16 m. A finales del siglo XIX fue cubierto de enchapado de plata con doradura. Aquí se habían coleccionado iconos desde el siglo XI hasta el siglo XVII, los cuales representan un inmenso valor artístico e histórico. En la pintura mural participó el gran pintor de aquella época Dionisio con sus discípulos. Entre los monumentos de las artes aplicadas figura el trono del siglo XVI del primer zar ruso Iván el Terrible. Es una muestra singular de la maestría de los tallistas en madera rusos, con un magnífico pabellón horadado.
Para el año de 1489 los artífices de Pskov terminaron la construcción de la Catedral de la Anunciación (Blagoveschenski) - uno de los mejores monumentos del Kremlin de Moscú. Al principio fue tricéfalo y de tamaño reducido, pues servía de iglesia de la casa del gran príncipe. En el siglo XVI bajo Iván El Terrible fueron agregadas dos cabezas más, luego cuatro altares laterales pequeños. El número de cabezas aumentó hasta nueve. De modo que la Catedral de la Anunciación se convirtió de una modesta iglesia de la casa de príncipes moscovitas en el templo principal de la familia del zar. Los frescos más antiguos de la catedral se hicieron muy famosos.
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Desde su creación ha ido viendo crecer la ciudad, desde los edificios próximos, que ya se alzaban sobre mármoles, a los rascacielos modernos que hoy en día coronan la ciudad. Es así, como un perfecto voyeur, como se ha mantenido majestuoso e ilustrado contemplando cómo va cambiando la vida en esa parte de Rusia donde hoy se respira modernidad. Sólo hay que darse una vuelta por el interior, por el que rodea los 2.235 metros de longitud de su muralla, para ver reflejada la historia de seis siglos en el Palacio de Congresos, el edificio del Arsenal y el antiguo Senado.
La Plaza Roja
Sin duda, el orondo cinturón de 695 metros de longitud y 130 metros de ancho de la Plaza Roja es uno de los puntos más bellos de la ciudad y un vivo hervidero de gente, culturas, razas... Es, en esencia, el corazón latente no sólo de Moscú sino de toda Rusia. Es la puerta de entrada, desde las diversas calles que parten de sus extremidades, a los rincones que aún hoy recuerdan el Moscú histórico y a los que reflejan una ciudad que crece hacia la modernización. Es, en definitiva, la invitación a descubrir, con calma, un Moscú diferente.
La Plaza Roja de Moscú era allá por el año 1234 el corazón más vivo de la ciudad, el centro de transmisión y difusión de las noticias que venían tanto del interior como del exterior del país, porque allí durante siglos sucedían todo tipo de eventos (tanto religiosos como laicos) como, en la época soviética, las fiestas de la Revolución Socialista de Octubre y de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial se conmemoraban con desfiles militares. Por aquel entonces, la circunferencia que traza la Plaza estaba salpicada de pequeños puestitos de venta construidos en madera. Las numerosas veces que éstos se incendiaban provocaban que los moscovitas comenzaran a llamarla, familiarmente, la plaza del incendio. Pero en los escritos más antiguos hacían mención de este espacio como la plaza de El Comercio.
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Con el paso del tiempo, La Plaza Roja fue destacando por su personalísima belleza. Y buena culpa de ello es por el empeño de Iván el Terrible, allá por el año 1555-1561, por construir una basílica donde poder conmemorar sus victorias sobre la Horda de Oro (los tártaros). Así, tras varios años, surgió la Catedral de San Basilio. La terrible historia que recuerda su arquitectura, se une a la coquetería de sus nueve capillas, sus 57 metros de altura y sus bulbos multicolor coronados por pequeñas crucecitas.
Frente a la catedral podrá refrescar la memoria histórica con el monumento a Minin y Pozharski, un recuerdo escultórico de quienes tomaron el mando del ejército popular para liberar a Moscú del invasor polaco en el año 1612.
En el rincón noreste de la Plaza se ubican dos edificios interesantes, derribados en los años 30 y reconstruidos en 1993-1995. Se trata de la Puerta Voskresenskiye (de la Resurrección) con la capilla del icono de la Madre de Dios de Iver, y de la pequeña y bella Catedral de Kazán cuyo prototipo es fechado en el siglo XVI. Por el norte la Plaza Roja es limitada por el majestuoso edificio del Museo Histórico construido en los años de 1874-1883 por el arquitecto Sherwood en el estilo que se asemeja a la arquitectura de las torres del Kremlin.
En el lateral derecho de la Plaza Roja, junto a uno de los muros del Kremlin, se encuentra el mausoleo de Lenin. Fue construido en 1930 y hoy son muchas las personas que guardan cola para ver el cuerpo embalsamado de Lenin. En invierno la espera en el exterior es dura. Nada mejor que vencer al frío con el mejor remedio de los moscovitas: un café bien caliente (que podrá comprar en cualquier puesto callejero) y un chorrito de coñac (que la mayoría lleva en sus petacas).
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Al otro lado de la Plaza está la Iglesia de la Virgen de Kazán y frente a esta se encuentra el centro comercial más grande de Rusia, El Gum. Un enorme loft con tres pisos, inaugurado en 1893, en el que se distribuyen 160 tiendas, muchas de ellas con más de un siglo de historia. Es la mejor sugerencia para vencer los fríos helados del invierno ruso.
El metro, o el laberinto moderno
Otra gran aventura es salir del metro. Lo primero que se debe hacer es no tener miedo a perderse y encarar todo como un juego. Al final, uno puede extraviarse. Perderse, jamás. Sólo demorará más en llegar al lugar al que se dirige.
Pero habrá conocido uno de los metros más impresionantes del planeta, no sólo por sus mármoles y esculturas, sus dimensiones de catedral, sino por su carácter casi laberíntico.
Tiene más de 140 estaciones. Conviene aprender lo básico del alfabeto ruso, en cirílico, ya que casi no hay nada escrito en otro idioma, salvo Coca Cola, McDonalds o cosas por el estilo. Entregan buenos planos en los hoteles y en caso de extraviarse, basta salir a la superficie y aplicar el viejo sistema del mapa y el papel. |