Su pequeña extensión encierra infinidad de bellezas naturales: planicies, ríos, cascadas, selvas, sabanas, arrecifes, incluso, restos de actividad volcánica. El paisaje está dominado por las tierras bajas tropicales, las llanuras pantanosas y una densa selva habitada por multitud de especies animales y vegetales. Hacia el oeste dominan las montañas Maya, con alturas que llegan a los mil metros.
En la costa predominan los manglares pantanosos con pocas playas de arena. Frente al litoral se extiende la barrera de coral más larga del hemisferio occidental y la segunda del planeta después de la australiana; todo un paraíso para los amantes del submarinismo. Estos arrecifes emergen en forma de islotes o cayos que dan al azul de sus aguas infinitas tonalidades cristalinas.
|
 |
| |
Cuando los españoles llegaron a México y Centroamérica, la estructura económica y política de los mayas se había colapsado y sólo unos cuantos de ellos permanecieron en lo que hoy se conoce como Belice.
Durante la época de la Conquista, este territorio no atrajo a los españoles pues su población era mínima y la poca profundidad de sus aguas no permitía que sus embarcaciones navegaran por ellas.
Lo que para los españoles era una desventaja fue aprovechado por piratas ingleses y escoceses, quienes consideraron a la barrera de arrecifes como una protección natural.
Para el fin del siglo XVIII, el gobierno británico ya había tomado posesión de Belice, cuya principal actividad eran los aserraderos, sobre todo la explotación de caoba.
La gran demanda de este producto provocó que Belice se convirtiera en una próspera colonia. Esclavos africanos fueron traídos para ayudar en la producción. Posteriormente, y debido a la Guerra de las Castas en la Península de Yucatán, muchos mayas y mestizos se refugiaron en Belice; durante el siglo XIX algunos británicos se mudaron a Belice.
La diversidad de razas que habitan en esta pequeña porción de tierra es testigo de los diversos acontecimientos que han conformado el país. En sus tierras habitan criollos, mayas, mestizos, garifunas (negros con sangre de indios caribs) y menonitas.
No fue sino hasta 1981 cuando Belice reconoció oficialmente su independencia y soberanía. Después del auge maderero de los siglos XVI y XVII, Belice no ha logrado recobrar la opulencia económica de esos años.
La primera sorpresa del viajero es comprobar cómo la mayoría de los beliceños, una salsa mixta de africanos, latinos y europeos, habla español. Belice, por su clima, vegetación y atractivos representa algo muy parecido al paraíso. La auténtica capital turística es San Pedro, un pueblo de calles de arena y coloridas casas de madera, en la Isla de Ambergris. Este cayo es un manglar pantanoso e inhabitable en su mayor parte, pero a lo largo de la costa oriental se suceden una serie de hotelitos y bungalows, la mayoría accesibles únicamente por mar.
La ciudad apenas tiene media docena de bares tropicales y la mayoría de sus hoteles se distribuyen por la miríada de islas, cayos y atolones deshabitados del mayor arrecife del hemisferio norte, que corre paralelo a las costas de Yucatán y Belice. Quienes llegan hasta estos apartados lugares saben perfectamente lo que quieren. Por eso, pocos son los que vienen aquí solos. Lo hacen en parejas para bucear, leer, amar... incluso, casarse.
|
 |
| |
San Ignacio, en el fértil valle del río Macal, a sólo 10 kilómetros de la frontera con Guatemala, es una próspera ciudad de 8.000 habitantes, la segunda en importancia del país, casi completamente hispana, en la que han recalado gran número de refugiados políticos y miembros de la guerrilla de El Petén. Muy cerca se encuentran las ruinas de Xunantunich, una antigua ciudad maya que controlaba el camino que va de Tikal al Caribe, a lo largo del río Mopan.
El más famoso de los Parques Nacionales de Belice, el Mountain Pine Ridge, hermoso espacio de espesos bosques, dramáticos valles y turbulentos ríos, fue el lugar elegido por Francis Ford Coppola para instalar el Blancaneaux Lodge, un hotel de jungla, en el que las lujosas cabañas, engañosamente rústicas, se esconden entre flores y exóticas plantas tropicales en lo alto de una arriscada ladera, por cuyo fondo brincan jubilosas y saltarinas las aguas del río Preservación. Es impresionante contemplar desde lo alto el ancho lecho de granito por el que las aguas van cincelando sus caminos.
Actualmente, gracias a sus bellezas naturales, el turismo es parte fundamental de la economía de Belice.
Cultura y festividades
Durante el periodo preclásico de la cultura maya, entre el 1.500 a. C. y el 300 d. C, prosperaron en Belice importantes ciudades que, sin embargo, no llegaron a alcanzar la importancia que tuvieron en el periodo clásico (300 a 900 d.C), como las de Lubaantún y, sobre todo, Altun Ha, cuyos restos se pueden admirar en la actualidad.
Las etnias que habitan Belice realizan diversos trabajos: en la región que rodea Dangriga, los nativos elaboran muñecas garifunas vestidas de forma tradicional. Artesanías elaboradas con caoba, tambores de cedro, así como una gran variedad de sombreros y canastas de paja, son algunas de las labores que realizan manos beliceñas.
Por otro lado, la influencia del pasado maya en la región de Punta Gorda es evidente en los vestidos bordados que aquí se confeccionan. En el pueblo costero de Placencia no hay mejor forma de pasar el día que recostarse en una de las hamacas hechas a mano. Belice también es conocido por la talla en zericote, las piezas de mimbre y joyería hecha de conchas.
|
 |
| |
La principal aportación cultural beliceña, en el campo musical, es el «brokdown», su música tradicional, que es una variación del calipso, género, a su vez, ampliamente extendido por todo el Caribe anglófilo. La instrumentación habitual del «brokdown» está compuesta de banjo, guitarra, acordeón y diversas percusiones, fundamentalmente el tambor.
De entre las principales celebraciones que el viajero puede vivir durante su estancia en Belice destaca el Garifuna Settlement Day, que tiene lugar el 19 de noviembre en Dangriga para conmemorar el asentamiento de los indios garífuna en la zona. Los festejos comienzan el día anterior y durante toda la noche la ciudad queda sumergida en un continuo tronar de tambores, a cuyo ritmo se baila por todas partes hasta el amanecer. Al día siguiente, las canoas de los lugareños se engalanan con hojas de palmera y llevan a cabo una representación de la llegada a la playa de los primeros garífunas procedentes de Honduras a principios del siglo XIX.
Si se llega a Belice durante las fiestas de septiembre, disfrutará acercándose hasta St. George Caye, donde se conmemora la batalla que tuvo lugar el 10 de septiembre de 1798 en que los españoles fueron derrotados por un ejército formado por esclavos negros y soldados británicos. Para recordar este acontecimiento se celebran durante varios días en el Cayo desfiles, bailes de carnaval, castillos de fuegos artificiales, competiciones deportivas, bailes y conciertos de música tradicional.
En San Pedro se celebra, durante la tercera semana de julio, el International Costa Maya Festival, en el que durante siete días se suceden en la ciudad actos culturales y conciertos de agrupaciones musicales de México, Guatemala, Honduras y Belice, en lo que resulta una de las mayores exaltaciones de su cultura que hoy pueden admirarse en el territorio del antiguo imperio maya.
Especialmente interesante resulta también la celebración en San Pedro de la festividad del Santo Patrón que da nombre a la ciudad, durante la cual tiene lugar, poco después del amanecer, un vistoso desfile de todas las embarcaciones que amarran en sus muelles, durante el transcurso de la cual barcos y pescadores son bendecidos para auspiciar suerte y buenas capturas durante el resto del año.
Moneda
|
 |
| |
La moneda oficial en Belice es el dólar beliceño (BZ$), cuyo tipo de cambio está ligado al dólar norteamericano con un valor de 2 a 1. No obstante, lo más recomendable es viajar con dólares americanos, puesto que esta moneda es admitida en todos los establecimientos del país. Si bien hay que recomendar, con el fin de evitar desagradables sorpresas para el viajero, que antes de efectuar un pago se deje bien claro si el precio ha sido fijado en dólares americanos o de Belice.
A la hora de confeccionar un presupuesto, habrá que tener presente que Belice es el país más caro de toda Centroamérica, siendo sus precios un 40% superiores a los del resto de la zona. Además, se aplica una tasa del 6% sobre comidas, bebidas y alojamiento.
Transporte
En Belice City existen dos aeropuertos, el Phillip Goldston International Airport, que también atiende vuelos internacionales, y el Municipal Airport, exclusivamente dedicado a los vuelos domésticos. Hay dos rutas cubiertas por los vuelos locales: Belice City – Caye Chapel – Caye Caulker – San Pedro – Corozal, y Belice City – Dangriga – Placencia –Big Creek – Punta Gorda. En ambas rutas los aviones funcionan como los autobuses de línea, es decir, si no hay pasajeros que quieran apearse, el piloto no aterriza, por lo que si se piensa tomar el avión en alguno de los puntos intermedios de su recorrido, es conveniente que haga la reserva de su vuelo con la antelación suficiente. Este medio de transporte es rápido y eficiente.
El autobús es la forma más barata de moverse por el país. Son limpios, espaciosos y poseen horarios fijos de salida y llegada, además de operar casi todos los días de la semana.
Las principales compañías son Battys, Venus y Novelos. Si el viajero decide viajar en autobús, un consejo: no pierda de vista en ningún momento su equipaje.
Diversas compañías unen Belice City, Caye Chapel, Caye Caulker y Caye Ambergris. En todas ellas el viajero puede elegir entre ir en la proa, seco pero recordando con cariño las peores montañas rusas en las que haya subido, o ir en la popa, mucho más tranquilo pero absolutamente empapado.
Gastronomía
|
 |
| |
En Belice siempre se pueden paladear los más frescos mariscos: langosta caribeña a la mantequilla de ajo, cangrejo piedra en salsa de mostaza y camarón estilo criollo, huachinango, o el exquisito ceviche de caracol.
La carne de res, cerdo y pollo también forman parte del menú beliceño, las cuales se preparan y aderezan en una gran variedad de formas, debido a la mezcla étnica del país.
Como en México, y a través de todo el Caribe, en Belice ambos ingredientes se cocinan y preparan con leche de coco.
Otros platillos regionales son arroz y frijol (el famoso "rice and beans" preparado con leche de coco), el pollo guisado, la ensalada de papa y el plátano frito.
Sin embargo, al amante de exóticas degustaciones le será posible encontrar (después de no poco esfuerzo) platos confeccionados a base de armadillo, venado o paca, una especie de hámster de sabor difícilmente catalogable.
Belice City
Es la ciudad más grande del país con casi 100.000 habitantes. Belice City, la antigua capital, tiene la virtud de hacer sentir al viajero enfrentadas sensaciones de irresistible atracción por sus desvencijados edificios de madera y las gentes que por entre ellos deambulan y, al mismo tiempo, la molesta impresión de que a cada paso puede suceder algo desagradable. Lo normal es que el viajero llegue a Belice City sólo de paso, pero si tiene tiempo, tal vez disfrute de una caminata desde el puente Swing hasta el Paseo Marítimo a través de Regent Street, principal arteria de la ciudad, para acabar visitando la catedral de St. John's, construida a mediados del siglo XIX.
Caye Caulker
Es una pequeña isla cubierta por una espesa capa de vegetación tropical –fundamentalmente manglares y cocoteros– y de apenas ochocientos habitantes en la que se tiene la agradable sensación de haber olvidado que algún día conocimos algo que se llamaba reloj y que solía ser sinónimo de prisa. A unos precios económicos, podrá tumbarse al sol, beber cerveza en el Reef Bar y espantar mosquitos. Aparte de eso, no hay gran cosa que hacer en Caye Caulker para el viajero que no disfrute con los deportes acuáticos. Por el contrario, si el visitante es amante del submarinismo, le será muy difícil tener que abandonarlo.
San Pedro (o Ambergis)
|
 |
| |
Al bajar de la avioneta en el minúsculo aeropuerto de San Pedro, lo primero que se piensa es en cómo atravesar la pista hasta la caseta que hace las veces de terminal sin caer en alguno de sus baches.
Conseguido esto, el viajero se encontrará con un cartel que resume el espíritu del encantador pueblecito al que acaba de llegar: «Las leyes de San Pedro: Sin zapatos, sin camisa, sin problemas». Sus calles y la mayoría de sus bares y restaurantes están cubiertos de arena para facilitar el cumplimiento de la primera ley, el calor se encarga de imponer la segunda y sus habitantes siguen a rajatabla la tercera, consiguiendo que el visitante se encuentre en San Pedro como en su casa, con la sensible diferencia de que en su casa, seguramente, no podrá disfrutar de un mar cristalino, de unas increíbles puestas de sol bajo las palmeras al arrullo de las olas que retan al arrecife, ni de una conversación tranquila e inolvidable con alguno de los asiduos parroquianos del imprescindible Tackle Box Bar. Los precios, algo más elevados que en Caye Caulker, y el ambiente, más turístico.
Placencia
Está unida a la península por una pequeña carretera que, a pesar de todos sus baches, justifica totalmente la molestia. Dispone también de pista de aterrizaje. Es un lugar ideal para perderse: sol, playa, submarinismo, observación de aves y manatíes, excursiones... el ambiente de los Cayos en estado puro.
Belice se caracteriza por tener una enorme extensión de playas vírgenes de arena blanca donde también desaguan muchos ríos formados, principalmente, en las Montañas Mayas. Paraíso para los caminantes, su tranquilidad se nota incluso en aquellas reas donde hay poblados cercanos, como son las playas de Placencia, en la península del mismo nombre. Independence, Seine Bight y Placencia, situados a las orillas, son morada de pescadores que hablan el creóle.
Reserva de Jaguares de Cockscomb Basin
Son 40.000 hectáreas consagradas desde hace 15 años a la conservación en su hábitat natural de especies tan escasas como el jaguar, el ocelote, el armadillo, el puma, el oso hormiguero o el tapir. Un recorrido que merece la pena no perderse siempre que se lleve el calzado adecuado y se tenga cuidado con las inevitables serpientes.
Crooked Tree
Si el viajero es amante de la vida salvaje y disfruta con la contemplación de los animales en su hábitat natural, le conviene llegar hasta el pueblecito pesquero de Crooked Tree para visitar su reserva animal, en la que encontrará todo tipo de aves, desde garzas reales hasta águilas pescadoras, además de monos aulladores, tortugas, iguanas y cocodrilos.
Hopkins
Llegar a Hopkins, el más garífuna de los pueblos beliceños, es como entrar en otro mundo: numerosas casas destartaladas construidas, sin orden alguno, sobre pilotes de madera, se esparcen entre la solitaria carretera y la inacabable playa de arenas blancas de coral. Allí suena la marimba, mientras los negros bailan la punta, arrastrando los pies y moviendo frenéticamente las caderas.
La comida, el idioma, de resonancias africanas, el color de la piel y las voluminosas redondeces de las matriarcas garífuna nos hablan de otros tiempos y nos regalan la inapreciable estampa viva de una cultura que apenas suma 8.000 individuos repartidos en pequeñas comunidades por el golfo de Honduras y que la UNESCO ha declarado recientemente Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
|