¿Cuántas veces hemos escuchado que Tierra del Fuego es el confín del mundo, el fin del continente americano, el extremo sur del mundo poblado? Sin embargo, durante una visita a esta isla remota, a sus montañas y estepas, sus comarcas desérticas y sus ciudades, sus bosques y costas azotadas por los vientos, es posible descubrir que en realidad, en el extremo sur es tal vez donde todo empieza. Este rincón del globo fue uno de los últimos en ser poblados, cuando ya los misterios del planeta habían sido develados uno a uno por los exploradores a fines del siglo XIX. Luego del tiempo de los aventureros, llegó el de los pioneros, que sin temer al clima inhóspito decidieron hacer de la isla su hogar y su riqueza. Para ellos Tierra del Fuego –el lugar donde para otros termina el mundo– fue y será el comienzo.
La caprichosa topografía ha generado una ciudad sumamente pintoresca que combina colores y desniveles con la silueta de los Andes como fondo. Es apreciable el contraste edilicio entre sus modernos edificios y las casas de madera con techos de chapa a dos aguas, que le dan una particular característica.
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El clima en Ushuaia no es tan riguroso como se cree, ya que las montañas y el mar lo suavizan. Es muy cambiante, y puede hacerlo de un día para otro, e incluso durante una misma jornada, por lo cual se recomienda siempre contar con la posibilidad de agregarse o quitarse abrigo. Por su ubicación cercana al polo sur, en verano hay aproximadamente dieciocho horas de luz, mientras que en invierno solo siete u ocho horas.
En invierno el paisaje nevado cambia su fisonomía, y los días en general son claros y brillantes. Existen varios centros invernales para la práctica del esquí de fondo, y en el de Cerro Castor se puede practicar esquí alpino.
El verano permite realizar actividades de turismo aventura como trekking, cabalgatas, mountain bike, pesca deportiva y los paseos más espectaculares por el Canal Beagle, e inclusive la Antártida Argentina. En esta estación del año, arriban muchos cruceros al puerto de Ushuaia trayendo numerosos grupos de turistas deseosos de conocer todas estas atracciones.
La ciudad cuenta con una muy buena infraestructura hotelera y gastronómica, en donde se puede degustar la tradicional centolla fueguina, la merluza negra, el abadejo y el besugo, exquisitos mariscos, como así también el cordero patagónico a la cruz.
Su gente, sus orígenes, su mística, su naturaleza se descubren en la danza, la pintura, la cerámica, las artesanías, la fotografía, y el teatro; que se puede admirar en centros culturales, salas de espectáculos y en ocasiones al aire libre.
El nombre del mundo es bosque
El Parque Nacional Tierra del Fuego está surcado por varios cordones montañosos paralelos, separados entre sí por profundos valles que alguna vez ocuparon inmensos glaciares. Los hielos se han retirado lentamente, hace miles de años, y queda en su lugar un paisaje de montañas con un intenso verde en sus faldeos bajos. En el sector medio esas moles cordilleranas presentan una franja negra de piedra al desnudo –donde se ha derretido el hielo en primavera–, y en lo alto la cumbre mantiene desde siempre un blanco inmaculado. Esta clase de montañas se suceden una tras otra por casi toda la Isla Grande, repitiendo un mismo paisaje que no se encuentra en ninguna otra parte de la Patagonia.
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El parque está ubicado 12 kilómetros al oeste de Ushuaia, y fue creado en 1960 para proteger un área de 63 mil hectáreas de bosques subantárticos, muy castigados desde la llegada del hombre blanco. La mayor parte de los viajeros ingresa al parque a bordo del Ferrocarril Austral Fueguino, un trencito a vapor de trocha angosta con elegantes vagones de caoba pulida, que conforman una verdadera joya ferroviaria.
El paseo comienza en la estación llamada –igual que casi todo en la zona– Fin del Mundo. El maquinista toca una campana, hace sonar el ensordecedor silbato de la locomotora y la chimenea comienza a echar vapor a toda máquina. El tren recorre la misma vía que se utilizaba para trasladar a los reclusos del Presidio de Ushuaia –que funcionó hasta 1947–, a quienes traían hasta aquí para talar los árboles que mantenían caliente aquella prisión ubicada en lo que sería el equivalente a la Siberia argentina.
El paseo en tren dura una hora con cuarenta minutos, y recorre el Cañadón del Toro bordeando el Río Pipo, en cuyos alrededores habitan manadas de caballos salvajes. En la estación Cascada de la Macarena el tren se detiene y todo el mundo baja a pasear un rato. Hacia la ladera de la montaña parte un sendero corto que conduce hasta la cascada. Y en la dirección opuesta un breve caminito lleva hasta una sencilla recreación de un asentamiento de los indios yámanas. Pero hay que elegir un solo sendero, porque a los 15 minutos el silbato avisa que se va el tren. Por último los vagones ingresan al parque nacional y termina el recorrido pasando por un denso bosque de lengas y coihués, las especies predominantes en la isla. Quien tenga contratada una excursión tendrá a su guía esperándolo allí para seguir viaje por el parque. El resto volverá al punto de partida.
El Parque Nacional Tierra del Fuego tiene ocho circuitos por donde el viajero puede internarse libremente (un día entero no alcanza para explorarlos todos). Uno de los más visitados –por ser representativo y fácil de acceder– es la Senda Laguna Negra. El circuito mide un kilómetro, y es ideal para ver la formación de un turbal, un fenómeno muy característico de Tierra del Fuego. La Laguna Negra es un turbal, formado en una depresión creada por un glaciar que ya no existe. En su lugar queda un terreno muy húmedo donde debido a las bajas temperaturas la materia orgánica casi no se descompone, ya que la acción de las bacterias queda reducida al mínimo.
Allí crecen juncos, algunas gramíneas y por sobre todo musgo, que al morir se acumula sobre el terreno sin descomponerse, apilándose hasta tapar la laguna y convertir la zona en un acolchonado terreno anegadizo. A pocos metros de la Senda Laguna Negra, cruzando el puente sobre el río Ovando, el recorrido empalma con el Paseo del Mirador, que ofrece una espectacular vista desde lo alto de la Bahía Lapataia. Hasta El Mirador se recorren 500 metros a pie, y luego nos espera un trecho similar en bajada conocido como Paseo del Turbal. Finalmente se desemboca en la famosa bahía, uno de los lugares más hermosos del parque. Allí tomamos contacto con la fauna autóctona como los cauquenes, esos gansos salvajes emblemáticos de la Patagonia que siempre andan en pareja: el blanco es el macho y la hembra es de color negro. En la Bahía Lapataia un significativo cartel nos advierte sobre la verdadera dimensión del lugar donde estamos parados: “Aquí termina la Ruta Nacional 3. Buenos Aires 3063 km. Alaska 17.848 km”. Un poco más allá, se termina el mundo.
Viviendo el camino
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Más íntimamente aún se puede visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego si se elige la opción de sus senderos de trekking, que son en general de mediana dificultad y no demandan más de medio día de caminata. El primero se puede emprender desde bahía Ensenada, donde se llega con auto. Hay un muelle del que parten excursiones a la isla Redonda y al embarcadero de bahía Lapataia en verano (consultar por este servicio en otoño), y una pequeña cabaña que sirve a la vez de punto de información, oficina de correos, negocio de recuerdos y lugar para compartir un buen mate con una charla sobre la isla y el Parque. Este circuito se conoce como sendero de Pampa Alta, y demanda una hora para caminantes con experiencia. Son 5 kilómetros de mediana dificultad.
De bahía Ensenada sale la segunda opción: un camino de 6,5 kilómetros, el circuito de la costa, que bordea toda la orilla de la bahía Ensenada y luego de la bahía Lapataia, hasta llegar a la ruta 3 a la altura del puesto de guardaparques, cerca del terreno de camping del lago Roca. El tercer camino sale del terreno de camping y bordea el lago Roca para llegar hasta el Hito XXIV, que marca la frontera entre la Argentina y Chile. Es el más fácil de todos estos caminos, y se necesita un poco más de tres horas para cubrir los 8 kilómetros de ida y regreso.
El cuarto recorrido es el más difícil de todos. Se trata de ascender hasta la cumbre del cerro Guanaco, bordeando el arroyo del mismo nombre, hasta unos 970 metros de altura. Son 4 kilómetros, y los guardaparques calculan que se necesitan 4 horas de ascenso para personas entrenadas. El esfuerzo es recompensado por una vista espléndida sobre toda la cordillera fueguina, la costa de ambos lados del Beagle, las islas chilenas, el lago Roca y los valles con turbales.
Con un poco de suerte, el sol del otoño habrá hecho el viaje también. La luz de esta época del año es muy especial en esta latitud, y da más volumen a las montañas y las selvas. Los rojos de las lengas ponen fuego a los paisajes de todo el parque, y la afluencia —menor que durante el verano— permite disfrutar de este lugar como corresponde, en silencio, con respeto delante de las fuerzas gigantescas de una de las naturalezas más preservadas del mundo. Allí donde terminan la Argentina y el planeta todo, pero también donde empiezan.
En la tierra yámana
En los alrededores de la Bahía Lapataia existen acumulaciones circulares de restos de moluscos que demarcan la ubicación de las antiguas chozas de los habitantes originales de esta zona de la isla. Se ha comprobado que, a pesar del clima frío, Tierra del Fuego está habitada desde hace por lo menos 10 mil años. Dentro de la compleja variedad étnica que llegó a haber, en la zona costera del Canal de Beagle habitaron los yámana.
Las acumulaciones de cholgas y mejillones llamadas “concheros” que se observan aquí son los restos de la alimentación diaria de los yámanas, quienes eran canoeros nómades que pasaban la mayor parte de su tiempo navegando. En sus angostas canoas cazaban lobos marinos, pingüinos y hasta ballenas, y en el centro de la embarcación ardía siempre un fogón sobre un piso de tierra con piedras. Sus principales armas eran el arpón de hueso de ballena y la honda.
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Con la llegada de los colonos criollos y europeos en 1880 aparecieron las epidemias y las matanzas. Según crónicas de la época, eran normales los ejercicios de tiro por parte de los exploradores y el envenenamiento de indios que los estorbaban para la caza del lobo marino. De los 3 mil yámanas que existían en aquel momento, en 1890 sólo quedaba un millar. Y hacia 1910 su número apenas rozaba el centenar.
La Laguna Esmeralda
Las simples caminatas son consideradas la forma ideal para compenetrarse con un paisaje sin mediación alguna, permitiendo captar así la esencia de un lugar con la totalidad de los sentidos. También es la alternativa más cansadora. Una excursión que ningún amante del trekking debería perderse desde Ushuaia es la que llega hasta la Laguna Esmeralda. Pero hay que decirlo con todas las letras: son cinco horas de caminata pasando por algunos terrenos anegadizos, aunque al final el esfuerzo es compensado con creces.
El trayecto comienza 20 kilómetros al norte de Ushuaia, en el Valle de Tierra Mayor, al pie de la Cordillera de los Andes. Al internarse en el bosque, hay que sortear arroyos sinuosos donde las truchas se ven a simple vista. Más adelante se avanza por un bosque centenario de lengas y guindos para desembocar en un turbal formado en la depresión que dejó un antiguo glaciar. El turbal es un terreno húmedo donde las bajas temperaturas no permiten que la materia orgánica se descomponga. Allí crecen algunas gramíneas y por sobre todo mucho musgo, que al morir se va acumulando en capas sobre la laguna y convierte la zona en un acolchonado terreno anegadizo. Como hay momentos en que se camina casi por el agua, los prestadores que organizan estas excursiones suelen proveer botas de goma a los turistas.
Pasando el turbal, el sendero recorre el filo de un cerrito rocoso de unos 30 metros de altura y de repente el paisaje se abre y aparece sin aviso, en el centro de una descomunal hoyada montañosa, el círculo perfecto de una laguna inmóvil de color esmeralda. Antes de emprender el regreso, se disfruta de un almuerzo en la orilla de esa laguna casi prodigiosa.
El Glaciar Ojo de Albino
Aquellos que busquen una aventura mayor pueden doblar la apuesta y extender el trekking de Laguna Esmeralda hasta el Glaciar Ojo de Albino. En este caso la excursión es de un día completo caminando río arriba junto al principal afluente de la laguna. Al llegar al glaciar, el guía entrega los correspondientes grampones para evitar resbalones sobre el hielo, y sólo resta avanzar por ese paisaje intensamente blanco hasta el Mirador del Bebán. La excursión –que incluye la visita a la Laguna Esmeralda– sólo se realiza entre diciembre y Semana Santa.
Hay un tercer trekking que muchos guías locales consideran el más interesante de todos. Comienza también en el Valle de Tierra Mayor y el destino final son las Cuevas del Alvear, un lugar donde hay grandes hoyos de 4 metros de altura que se abren en las paredes de un glaciar. La excursión continúa dentro de las cuevas, cuyo interior es como un túnel transparente de color azul muy luminoso con enormes grietas en el techo que permiten ver el cielo.
A caballo
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Una cabalgata por los faldeos del Monte Susana es una buena forma de acercarse a lo más representativo de los paisajes fueguinos. En apenas dos horas se recorren segmentos de costa, montaña, bosques nativos y se obtienen vistas panorámicas de la ciudad de Ushuaia, el Canal
de Beagle y las islas Navarino y Hoste, pertenecientes a Chile. Se parte desde el Centro Hípico del Fin del Mundo, vadeando el río Pipo con rumbo al Canal de Beagle. Al subir por el faldeo del Monte Susana se recorre un sector talado por los antiguos presos del Penal de Ushuaia. Luego se llega a un típico bosque subantártico de lengas, ñires, guindos y ese arbusto tan característico de la Patagonia que es el notro. Desde lo alto de la montaña se divisa la forma de la península de Ushuaia y la cerrada bahía que alberga a la ciudad. Al descender hacia la costa, aparece la avifauna local (patos, cauquenes, avutardas y bandadas de bandurrias). La cabalgata es sencilla y dura dos horas.
Una cabalgata un poco más completa es la que se realiza en Los Valles, con una duración de dos días y una noche, durmiendo en un campamento. Esta opción recorre bosques muy densos en el Cañadón de la Oveja, zonas pantanosas con kilométricos turbales, pronunciadas subidas y senderos rocosos de piedra laja. El tiempo de marcha diario es de 6 horas, recorriendo 30 kilómetros por jornada.
Existen distintos circuitos de variada duración. Puede optarse por cabalgar a solas en un circuito predeterminado o tomar una excursión que le permita acceder, en compañía de un baqueano, a lugares inaccesibles de otra manera. Cerca de la ciudad, se transitará por el faldeo de la montaña o la costa del Canal Beagle, disfrutando siempre del silencio del bosque y la compañía del viento.
Se pueden organizar recorridos en los alrededores o travesías con pernocte en diferentes sitios de la Isla, como Península Mitre o el Corazón de la Isla. En este caso se debe tener en cuenta que la duración puede alcanzar los diez días, en los cuales no solo se podrá disfrutar del paisaje insular sino que además podrá compartir la vida de campo visitando las estancias de la zona. Esta clase de circuitos deben ser organizados con antelación.
En bicicleta
Esta modalidad deportiva puede ser desarrollada a pleno en los alrededores de Ushuaia, ya que es posible alquilar bicicletas en la ciudad por un par de horas o por varios días. Resulta ser una propuesta original para los amantes de la naturaleza, con ansias de concretar recorridos diferentes y con la suficiente resistencia física como para sortear las irregularidades del suelo.
Existe la posibilidad de coordinar la entrega y devolución del equipo de alquiler (bicicletas, cascos, accesorios de protección, etc.) en el lugar de partida del circuito elegido, en el caso que éste se encuentra fuera de la ciudad.
En canoa
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Una de las formas más recomendables de conocer el Parque Nacional Tierra del Fuego es navegar en una silenciosa canoa canadiense de fibra de vidrio. Por lo general se parte desde el Lago Roca para tomar luego el río Lapataia. Durante todo el trayecto, se ven numerosas aves de la región: cauquenes, ostreros negro y austral, bandurrias, albatros de ceja negra y patos vapor. Finalmente, las canoas desembocan en el Canal de Beagle para recorrer la Bahía Lapataia, uno de los paisajes emblemáticos de Tierra del Fuego. Allí se visitan algunos vestigios arqueológicos de asentamientos de los indios yámana, como los “concheros”, acumulaciones de conchas de las cholgas y mejillones que comían diariamente los indígenas. Los yámana eran canoeros nómadas que pasaban la mayor parte de su tiempo navegando. Desde sus angostas canoas cazaban lobos marinos, pingüinos y hasta ballenas, y en el centro de la embarcación ardía siempre un fogón sobre un piso de tierra con piedras. Sus principales armas eran el arpón de hueso de ballena y la honda.
En trineos
Además de navegar, en Tierra del Fuego se pueden tomar otros medios de locomoción (autos, aviones y autobuses exclusivos). El más conocido es el tren. Pero también se pueden hacer paseos en trineo con perros, una actividad que se desarrolla con éxito desde los años ‘90.
Desde Ushuaia, luego de atravesar el paso Garibaldi, que permite cruzar la Cordillera de los Andes, se transita hacia el Valle de Tierra Mayor. En esta llanura que se abre entre las montañas se concentra la mayoría de los criadores de perros de trineo que ofrecen paseos en la nieve durante el invierno. Frente al éxito obtenido por estos servicios, algunos están desarrollando trineos con ruedas para realizar paseos el resto del año, cuando el valle no tiene más nieve. |