Oaxaca
Huaxiacac, de allí Oaxaca, significa en mixteco “la nariz de la calabaza”, y es sin duda una de las ciudades más bellas e interesantes de México. A 1700 metros de altura y en el fondo del valle central de la Sierra Madre del Sur, la ciudad colonial cautiva con su magia precolombina y bohemia, su atmósfera relajada que permea cafecitos, patios sombreados y plazas.
Hace unos años –no tantos– Oaxaca era una especie de reliquia viviente, bellísima y cayéndose a pedazos. Tanto que casi daba miedo caminar bajo sus balconcitos barrocos y coloniales. Sin embargo, tal vez gracias a la mirada extranjera siempre maravillada, los oaxaqueños, que aman y se enorgullecen de su ciudad, trabajaron para detener el deterioro; y, lo que es bastante raro y por eso se aprecia, lograron restaurar lo agonizante con extraordinaria sutileza y buen gusto, sin caer en lo “antiguo auténtico kitsch”, sin mostrar la mano del restaurador ni buscar dar un “efecto” donde no lo había. El resultado es una ciudad gloriosa, más bella que nunca, que quita el aliento en cada esquina.
|
 |
| |
La ciudad de Oaxaca se distingue por la belleza y armonía de su arquitectura virreinal, la riqueza de sus costumbres y tradiciones, la extensa variedad de su comida típica y la templada suavidad de su clima primaveral. El Centro Histórico de la ciudad es un festín de cantera verde, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. La Plaza de la Constitución o "Zócalo", una de las más hermosas de México, es el corazón desde donde vibra la ciudad; el andador Macedonio Alcalá o "Andador Turístico" es una calle peatonal sede de museos, de antiguas casas coloniales, galerías, restaurantes y las más distinguidas tiendas de artesanía y joyería.
El Templo y Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán destaca por el esplendor del barroco mexicano, con su altar mayor recubierto de hoja de oro y su impresionante decoración interior. En el Ex Convento de Santo Domingo, tal vez la construcción virreinal más grande de México y probablemente de toda América, se ubica el Centro Cultural Santo Domingo el cual reúne al Museo de las Culturas de Oaxaca, La Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, el Jardín Histórico Etnobotánico y áreas dedicadas a conferencias, congresos, exposiciones y conciertos.
En la colonial y barroca ciudad de Oaxaca, el arte se respira en las plazas y las calles, y se funde con la belleza de este extraordinario lugar, impregnado de magia precolombina y bohemia. Es la tierra de zapotecos, mixtecos y mazatecos, la que viajeros europeos y artistas de todo México eligieron para vivir. Imaginería indígena y chamanes; tapices, pinturas y museos, y el desbordante delirio de los alebrijes.
El espíritu de Oaxaca Frente a Santo Domingo, quizás la iglesia del barroco indígena más extraordinaria de México, los paseantes esperan el anochecer bajo la sombra roja de los framboyanes en flor. La gente se reúne aquí; personas de diferentes regiones del país parecen reencontrarse casualmente en las calles de Oaxaca, cada tanto. Artistas, viajeros, incluso el mítico Carlos Castaneda y el “brujo” Don Juan muchas veces se encontraban “casualmente” en Oaxaca. Los que cuenten con tiempo y un respetable dominio de las “casualidades” podrán encontrar su propio chamán, que siempre aparece ante quien lo espera. De hecho María Sabina, la chamana más famosa de la historia mexicana –visitada por científicos, escritores, Beatles, presidentes y papas–, habitaba en un pueblito mazateco al norte de Oaxaca, del que nunca salió hasta su muerte.
Así es esta ciudad: a la ya variada mezcla de idiomas que viaja en el aire desde la conquista de América (el español y las lenguas indígenas), desde hace unos años se suman el inglés, el italiano, el alemán, y quién sabe qué más. De hecho, una de las magias –aquella urbana– de Oaxaca viene de su ambiente intrínsecamente cosmopolita. Dos tercios de la población es de origen latino español; el otro tercio es indígena, formado por quince etnias, cada una con su propia lengua y sus diferentes tradiciones, formas de arte y vestimentas según la región de origen; los grupos indígenas más importantes son los zapotecos, mixtecos y mazatecos. Con ellos convive hoy esta inmigración reciente de europeos que se enamoraron de la ciudad y una población estable de artistas de todo México que eligió Oaxaca para vivir, porque aquí en verdad el arte se respira.
Pinturas, tapetes y alebrijes
|
 |
| |
La especialidad de Oaxaca es el arte popular, aunque también produjo artistas individuales renombrados en el mundo como los pintores Rufino Tamayo y Rodolfo Morales. Cada 20 metros hay una exposición de plástica o escultura, aunque no hace falta meterse en las galerías. El arte se exhibe en la calle, o en las tiendas especializadas que son como pequeños museos de joyitas elegidas. Entramos en La Mano Mágica sobre la calle peatonal Alcalá. Allí entre libros sobre arte mexicano, todo tipo de artesanía textil, máscaras, cerámica, madera laqueada, imaginería religiosa “de autor”, polvos para encantamientos y gualichos varios (del tipo “Cómo dominar a tu hombre”), se ven las famosas alfombras o “tapetes” –tejidos en telar– del artista zapoteco Arnulfo Mendoza. Este maestro tejedor, originario del poblado de Teotitlán del Valle, comenzó a crear sus diseños alucinados en base a sueños, en los que veía los dibujos y colores como eran en el tiempo precolombino, según cuenta. Hoy sus tapetes y pinturas se exponen en Europa y cada tapete puede costar varios miles de dólares. Otra producción única de Oaxaca son los enigmáticos alebrijes, invención del arte local. Son animales mitológicos o pesadillescos, pero a la vez muy irónicos y simpáticos, hechos de papel maché o madera y pintados con diseños alucinatorios y colores psicodélicos. Gárgolas resonadas por la imaginación indígena.
También existen museos más formales, imperdibles, como el Museo Rufino Tamayo, con la colección privada de piezas precolombinas del pintor, elegidos en base a su originalidad artística más que a su valor arqueológico; el Museo de las Culturas de Oaxaca, en el magnífico ex convento dominico restaurado junto a la Iglesia de Santo Domingo. Y muchos etc.
Siempre en domingo En el zócalo, de cara a la acción, miles de espectadores se sientan a tomar algo en las mesitas de los bares que rodean la plaza, repletos a toda hora y en toda ocasión, flanqueados muchas veces por mariachis de voces tronantes. Cualquiera es un buen punto para comenzar a admirar la prodigiosa vida que anima a esta ciudad, como toda vida, llena de paradojas.
Allí día tras día, desde siempre, las mujeres indígenas se sientan en el piso ofreciendo sobre un pedazo de tela las camisas hechas con telar, las blusas bordadas, los ponchos de lana. Aquí todos los días parecen domingo. Los niños pasean con sus madres, gente de todas las edades se sienta en los bancos a charlar o simplemente a contemplar cómo el sol tiñe de rojo el frente claro y barroco de la catedral. Caminamos un poco por Alcalá, la callecita flanqueada de casas coloniales bajas y exquisitas. Los jacarandaes están en flor y mucha gente disfruta el fresco de la noche después de una tarde calurosa. En un lugar todos se detienen. Un grupo de charros muñidos de guitarras cantan a coro canciones de amor, boleros en su mayoría, y algún que otro tema robado a los Buena Vista. Hay una atmósfera invulnerable de armonía perfecta.
Ruta a Mitla
|
 |
| |
Partiendo de la ciudad de Oaxaca puedes visitar la Ciudad de las Canteras, antiguo yacimiento convertido en centro recreativo; a sólo 12 kilómetros de ahí admirará una de las más extraordinarias bellezas naturales: el Árbol del Tule, guardián del poblado de Santa María el Tule. Adelante encontrarás el conjunto religioso de Tlacochahuaya, del Siglo XVI, la zona arqueológica de Dainzú, Teotitlán del Valle -primer asentamiento zapoteco y centro artesanal de tapetes de lana; la zona arqueológica de Lambytieco; Santa Ana del Valle, donde se elaboran fines textiles de lana, el tianguis dominical de Tlacolula y Yagul, contemporáneo a la zona arqueológica de Mitla.
En esta última observarás la variada ornamentación de los edificios, basándose en grecas únicas en el país, pues a diferencia de otras estructuras prehispánicas ancestrales los uros de esta ciudad están hechos de mosaicos de piedra empotrados, adornados con forma totalmente abstractas.
Santa María el Tule
Entre las bellezas naturales en la entidad, contamos con este gigantesco y singular sabino: el Árbol del Tule, que se encuentra a 12 km de la capital, sobre la carretera que conduce a Tehuantepec, junto al templo de Santa María el Tule. Este maravilloso ejemplar, tiene 40 m de altura, un diámetro de 52.8 m, un peso de 509 toneladas y aproximadamente 2000 años de vida. Se sugiere visitar el mercado de artesanías de la comunidad y la variedad de antojitos típicos de la región.
Teotitlán del Valle
A 28 kms de la ciudad de Oaxaca sobre la carretera no. 190 rumbo al istmo y tras 2 kms sobre una desviación se ubica esta población. Ahí se elaboran tapetes de lana en telares domésticos y empleando para su coloración tintes naturales, como el añil, el musgo de roca y la grana cochinilla. Recomendamos especialmente visitar las casas de los artesanos.
Lambityeco
Sobre la carretera 190 y a 28 kms de la ciudad capital, se encuentran estas edificaciones de reciente descubrimiento, que fueron habitadas en la época IV de Monte Albán (600-750 d.C) y cuyo nombre significa "montículos de Alambique". Existen otras construcciones, levantadas parte en piedra y parte en adobe, con excepción de la pirámide donde probablemente habitó un mercado zapoteca, casi totalmente erigida en piedra labrada y que, en su parte superior, ostenta una hilera de grecas toscamente labradas.
Tlacolula
Ubicada a 30 kms de la ciudad de Oaxaca, cuenta con un gran conjunto arquitectónico dominico del siglo XVII donde hay una extraordinaria capilla barroca dedicada al Señor de Tlacolula. Los domingos se realiza el más grande tianguis indígena de los valles centrales donde venden todo tipo de objetos artesanales y exquisita comida regional. El mezcal que se vende es de gran calidad y pureza.
Yagul
Situado a 36 kms de la ciudad de Oaxaca, este importante centro prehispánico, cuyo nombre significa literalmente "Palo o Árbol Viejo" cuenta, entre sus monumentos con el más grande juego de pelota de la región oaxaqueña y el segundo en Mesoamérica. La estructura más interesante de Yagul es el llamado Palacio de los Seis Patios, enorme edificación compuesta por numerosos aposentos, con una complicada distribución e intercomunicación, que hace pensar en que pudo ser una residencia para la clase gobernante.
Ruta Monte Albán - Zaachila
|
 |
| |
Esta ruta comprende la zona arqueológica de Monte Albán, la ciudad más representativa de la cultura zapoteca por su desarrollo cultural y su arquitectura monumental, así como la población de Atzompa, donde se elaboran hermosas piezas de barro natural y verde vidriado. De regreso a la ciudad, la carretera 131 lleva a Arrazola, famosa por sus tallas de madera de copal y policromadas; en Cuilapan de Guerrero existe un conjunto conventural del siglo XVI que sobresale por su capilla abierta; la ruta termina en Zaachila, donde tras la visita a la zona arqueológica se disfruta la exquisita gastronomía oaxaqueña y la alegría de su mercado dominical.
Ruta de Ocotlán
El principal atractivo de este recorrido es la alfarería de barro negro de San Bartolo Coyotepec. Cerca de allí, San Martín Tilcajete ofrece bellas figuras de madera tallada y policromada; en Santo Tomás Jalieza se elaboran tejidos de algodón, y en Ocotlán de Morales visite el Museo de Santo Domingo, los tallers artesanales de cuchillería y alfarería, así como la casa del pintor Rodolfo Morales.
Ruta Etla - El Mogote
El Ex convento de Etla del Silgo XVI es digno de una visita, así como el mercado, donde podrás saborear el quesillo y el queso de Oaxaca; en San José El Mogote, relevante sitio prehispánico, se ubica la Hacienda del Cacique, un verdadero monumento histórico.
Ruta de los Dominicos
Nos lleva al corazón de la Mixteca para visitar los templos y ex conventos de Yanhuitlán, Tamazulapam, Teposcolula y Coixtlahuaca, de enorme belleza arquitectónica. Se puede visitar asimismo la zona arqueológica de Huamelulpan y el Cerro de las Minas, importante zona arqueológica de Huajuapam de León.
Huatulco
A sólo 148 kilómetros de la capital del Estado se encuentra uno de los lugares más bellos de la costa del Pacífico mexicano: Huatulco, que posee nueve bahías con playas de fina y suave arena sobre la que le esperan lujosos hoteles. Huatulco está considera como uno de los complejos turísticos más ambiciosos del país, porque en todos sus megaproyectos se ha buscado proteger la belleza natural del lugar y conservar su ecología. Actualmente se ofrecen múltiples actividades para disfrutar la luz del sol o la luna, como éstas: recorridos por las bahías, descenso de ríos, paseos en bicicleta o cuatrimotor, buceo en arrecifes de coral o cerca de embarcaciones hundidas, deportes acuáticos (jet ski, windsurf o kayac de mar), golf en uno de los mejores campos del mundo, pesca deportiva, caminatas, paseos a caballo y mucho más.
Agua petrificada por los siglos
|
 |
| |
"Hierve el Agua" es uno de los más extraordinarios parajes naturales de Oaxaca, donde el agua que brota en la cumbre de un ramal montañoso ha dejado su huella en una cascada de sal petrificada. Aquí existe un parador turístico para estar cerca de la naturaleza. La enorme biodiversidad de esta región nos ofrece la oportunidad de disfrutar el turismo alternativo por impresionantes bosques de montaña, practicando campismo, ciclismo de montaña, caminatas y observación de paisajes, flora y fauna, y visita a poblados típicos como Benito Juárez, Latuvi, La Nevería, Cuajimoloyas, Yavesía, Llano Grande y otras localidades. Santiago Apoala, en la Mixteca, así como las fincas cafetaleras cercanas a la costa, entre las que destacan La Gloria, Pacífico y Alemania, complementan esta oferta en el Estado. Por todo y más, Oaxaca es un destino turístico completo para un viaje inolvidable con la familia o los amigos.
En las nubes de monte alban
Si estamos unos días en Oaxaca, no podemos dejar de dedicar una mañana o una tarde a visitar Monte Albán, uno de los sitios arqueológicos más importantes de México, a sólo 8 kilómetros de la ciudad. Alrededor del año 500 a. C. los zapotecos comenzaron a nivelar la cima de una montaña. Allí construyeron una magnífica ciudad y un imperio que duró hasta el 700 d. C., ejerciendo el control político, económico e ideológico sobre otras comunidades en la región.
Las pirámides, plazas y templos están alineados con el sol y las estrellas, materializando la unión mística entre el cielo y la tierra. El emplazamiento es privilegiado, en la cumbre de un cerro con vistas a todo el paisaje y las sierras circundantes. Lo mejor es llegar al amanecer para ver la niebla matutina. Esta perdura sobre el valle como un velo nocturno y se eleva cuando sale el sol. Quizás sea la razón por la que los zapotecos suelen autonombrarse la “gente de las nubes”.
Aquí se han encontrado 190 tumbas, entre ellas la famosa Tumba nº 7. Las increíbles piezas talladas en cristal, hueso y oro que se hallaron en esta tumba se exhiben en el Museo del Oro de Monte Albán, en el centro de Oaxaca.
|