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Zimbabwe: África en su esencia
Entre escarpadas montañas y valles escondidos las pinturas rupestres de sus primeros moradores recuerdan que este es un país antiguo, lleno de contrastes culturales. Bosques profundos se alternan con llanuras fértiles, hoy convertidas en tierras de cultivo, páramos desolados y exuberantes cataratas se combinan con modernas ciudades y ríos de enorme caudal y un subsuelo rico en oro, platino, carbón y cobre. Sin embargo su patrimonio más importante son los casi 50.000 kilómetros cuadrados de parques nacionales.
Zimbabwe: África en su esencia

Un territorio con todo el potencial de crecimiento

Situado en el cono sur del continente africano Zimbabwe utiliza sus accidentes geográficos para mantenerse aislado de sus vecinos: al norte, el río Zambeze hace de frontera natural con Zambia, mientras su otro gran río, el Limpopo, marca al sur el límite con Sudáfrica. El desierto del Kalahari, en el este, lo separa de Botswana y la cordillera Oriental, en el oeste, de Mozambique.

Con una situación política un poco inestable, un índice de desempleo crónico altísimo y algunos problemas de salud, especialmente por el estrago que causa el SIDA (se presupone que un 40 % de la población se encuentra afectada por el virus), Zimbabwe está tratando de levantar sus alas dentro del continente más golpeado del planeta.

A pesar de los problemas que aquejan a esta nación, las ciudades son prósperas y bien organizadas. Y si se toman los recaudos necesarios en cuanto a temas de salud (alguna que otra vacuna y cuidados durante la estadía), este país regalará al visitante un número significativo de destinos de un interés turístico excepcional.

Zimbabwe: África en su esencia

La gente de Zimbabwe es de una hospitalidad que asombra. Por ejemplo, no es raro recibir una invitación callejera a algún evento cultural fortuito, como una feria rural, un casamiento tradicional, algún aniversario o a una fiesta nacional, donde compartir con los nativos sus costumbres y tradiciones.

Como en la gran mayoría de los países africanos, en Zimbabwe se encuentran reservas y parques nacionales donde convive gran cantidad de animales de distintas especies: elefantes, leones, rinocerontes, chitas, y los más autóctonos nyala junto con los monos de samango, por nombrar algunos.

Cultura Milenaria

El arte rupestre en Zimbabwe merece un capítulo aparte. Aunque hasta el momento se han catalogado más de 4.000 enclaves, los expertos esperan descubrir muchos más tesoros de la Edad de Piedra.
Los bosquimanos, pobladores prehistóricos de la región, dejaron en todo el país muestras de un arte único y extraordinario cuyo tema recurrente fue siempre la relación entre el hombre y los animales. En la misma época en la que los artistas prehistóricos de Francia y España escondían su legado en lo más recóndito de las cuevas, los bosquimanos trabajaron a la intemperie con materiales sorprendentemente tersos y duraderos, en las caras lisas de las rocas de granito, que usaron como si se tratara de lienzos.

La escultura shona es una de las formas artísticas africanas más relevantes de este siglo. De los diez escultores en piedra más importantes del mundo, siete proceden de Zimbabwe. La tradición escultórica moderna comenzó con iconografía religiosa en las escuelas misioneras de los años cuarenta. No tardó en desarrollarse, dando lugar a temas abstractos y expresionistas de gran espiritualidad que han atraído la atención de críticos, marchantes, coleccionistas y galerías de todo el mundo.

La música ha sido siempre un elemento importante en la tradición cultural de Zimbabwe. Los cantos en grupo son una constante en actividades tan diversas como la batalla con la tribu vecina o la recogida de la cosecha. Además, las historias y leyendas, de tradición oral, van puntuadas por coros en los que la audiencia participa activamente.

En cuanto a los instrumentos musicales autóctonos, hay que destacar el marimba, o xilófono, cuyas teclas, fabricadas con la dura madera del mweje, consiguen una resonancia óptima. Otro instrumento muy interesante para los coleccionistas es el mbira, una tabla de madera sobre la que se montan 24 teclas de hierro que el gwenyambira hace sonar con sus pulgares. El más popular de los elementos de percusión es el mjejeje, cuyo nombre en inglés es “stone bells”. Se construye con piedras de granito que, al chocar entre sí, producen un magnífico sonido de campanas.

Harare


Es el aroma de los jacarandás en flor, la pura y simple alegría de vivir. Es una ciudad que transporta, invade con su música, su magia africana, sus antiguas casas coloniales y sus paseos bajo el sol.

Su nombre deriva de la expresión shona «Ne Harawe»: «El que no duerme», en honor a un jefe Mbare. La llegada de los británicos impuso nuevas normas y el viejo asentamiento perdió su nombre a favor de Salisbury hasta su independencia en 1980.

Zimbabwe: África en su esencia

Con una población de un millón y medio de habitantes, Harare es la capital y corazón de Zimbabwe en casi todos los aspectos. Es el centro comercial más importante de la nación con rascacielos, tráfico y todos los condimentos de una gran ciudad, entre ellos el crimen y los robos. Por esto último, se aconseja no caminar por sus calles y transitar exclusivamente en taxis oficiales por las noches. La Galería Nacional de Zimbabwe es la última palabra en cuanto a arte y material cultural africano se refiere, un imperdible en el calendario de su viaje. La mayoría de las actividades se concentran en Mbare Musika, el mercado más importante de la ciudad y terminal de ómnibus a la vez. La colina de Kopje es el lugar indicado para visitar y disfrutar de una vista espléndida de Harare.

Actualmente la capital de Zimbabwe es una ciudad tremendamente vital y al mismo tiempo misteriosa como el África que espera a pocos kilómetros.

Hwange

Situado al borde de las arenas del Kalahari, este parque era en sus orígenes tierra de bosquimanos, la despensa salvaje de los nómadas del desierto. Más tarde, durante el siglo XIX, sus sabanas salpicadas de animales se convirtieron en la reserva de caza de los reyes Ndebele. Declarada parque nacional en 1929, debe su nombre a un antiguo rey de esta tribu.

El Parque Nacional de Hwange, al sur de las míticas Victoria Falls, es la zona más visitada de Zimbabwe, que todavía goza de no tener aglomeraciones turísticas. Las zonas húmedas que hay en los 14.650 kilómetros cuadrados que forman el parque se concentran en pocos puntos, a los que se dirigen los animales en busca de agua. Estos son los mejores lugares para ver cómo los leones, ñus, elefantes y algún que otro guepardo marcan su jerarquía para poder sobrevivir hasta el día siguiente.

Como el objetivo de los visitantes es captar las mejores imágenes de los animales, hay que madrugar, subirse al todo terreno, armarse con la cámara, pasar un poco de frío y prepararse para seguir los pasos de algunos animales durante el día. La oferta hotelera es amplia a pesar de que el turismo no es abundante. Hay quien prefiere alojarse en el campamento de Makalolo, una zona privada con 16 tiendas de campaña con todos los lujos y servicios, incluso sirven la comida en vajillas de Bohemia. Pero también hay cabañas más sencillas y «camps», donde se montan las tiendas alrededor de una fogata y se duerme intuyendo la presencia de animales salvajes.

Cuando el visitante entra en Hwange, penetra en una de las zonas más ricas en fauna de todo el continente. Praderas recubiertas de acacias en el este ceden paso a un paisaje de colinas y bosques de Mopane al oeste. A través de sus 14.000 kilómetros cuadrados vagan libremente jirafas, cebras, búfalos, leones, leopardos, enormes manadas de elefantes y rinocerontes, hoy en día los únicos soberanos del territorio.

Bulawajo


Fundada en 1881 por el último rey Ndebele, Lobengula, es la segunda ciudad en importancia del país. Grande para los parámetros africanos, esta villa de más de 900.000 habitantes posee una arquitectura lineal un tanto fría e impersonal. Sin embargo cuenta con todo el confort y las facilidades occidentales. Pero lo verdaderamente importante de Bulawajo es su historia, aún patente en sus alrededores, donde todavía se percibe el África tribal.

Kariba

Zimbabwe: África en su esencia

Es el destino turístico por excelencia para los zimbabwenses. La carencia de costa convierte a Kariba en la playa del país. Como escribe Moravia en su libro Paseos por África: «Decir que su superficie es de 500.000 hectáreas es decir poco; pero decir que por su longitud cubre una distancia igual a la que hay de Roma a Florencia es decir bastante».
Los batonka, la tribu ribereña del Zambeze, cuentan una leyenda: durante la construcción de la presa, que convertiría su río en un lago, suplicaron al dios de las aguas Nyaminyami que los salvara. Este los oyó y durante cinco años abatió sobre las obras sequías, inundaciones y tormentas hasta que al fin, desalentado, trasladó su morada río arriba desde donde sigue vigilando su reino, hoy en día, invadido por viajeros.

Matopos National Park


32 kilómetros al sur de Bulawajo se alzan las enigmáticas colinas graníticas de Matopos, que con su multitud de antiguas pinturas rupestres parecen verdaderamente la morada de los dioses.

En la colina llamada «the view of the world» se encuentra la tumba de Cecil Rhodes. Un sendero empinado conduce hasta las enormes rocas que custodian el monumento. Sobre el suelo, una sencilla lápida. El paraje ofrece una belleza sobrecogedora que logra intimidar.

Las cataratas Victoria


Mosi-o-tunga ("el humo que truena"), como lo bautizaron las tribus del Zambeze, mucho antes de su descubrimiento oficial por Livingston en 1855, transmite una sensación de majestuosidad sin limites civilizados, es la naturaleza en estado puro que todos los viajeros buscan en Zimbabwe.
Circundadas por una densa selva pluvial donde la luz apenas se filtra, un sendero embarrado serpentea hasta su borde y allí, de golpe, frente al visitante, el Zambeze se desploma al vacío en una caída de 122 metros, dos veces la altura del Niágara, mientras nubes de vapor ascienden rociando a todo y a todos en medio de un ruido ensordecedor.

Las mundialmente conocidas cataratas o caídas de Victoria son una atracción que no se puede dejar de visitar, ya que miles y miles de rollos de foto y cintas de video atrapan cada año los 5 millones de litros cúbicos que caen por minuto desde los picos más altos. El pueblo de Victoria fue construido sobre la base del turismo, lo que da una idea de la magnificencia de esta atracción. Zambesi, una de las caminatas que se realizan sobre las cataratas, tiene la particularidad de combinar los peñones, el agua que cae sin parar y una variedad importante de vida salvaje. Es común ver elefantes, hipopótamos y cocodrilos bañarse en las aguas de poca profundidad.

El Gran Zimbabwe

Zimbabwe: África en su esencia

Como ocurriera con las famosísimas ruinas de Machu Pichu, el Gran Zimbabwe desde su descubrimiento por Carl Mauch el 5 de septiembre de 1871, ha sido una inagotable fuente de inspiración para aventureros y soñadores.

Las ruinas se dividen en tres grupos: el templo, con dos magnificas torres cónicas de 10 y tres metros, en un conjunto rodeado lo largo de casi tres kilómetros por un muro de más nueve metros de altura y seis de ancho. Aún se ignora la función que desarrollaba, lo que ha dado lugar a teorías para todos los gustos. A lo lejos y en lo alto de una colina se encuentra la Acrópolis, una imponente fortificación que seguramente sirvió como centro ceremonial y defensivo. Aquí se encontraron los misteriosos pájaros, tallados en piedra de jabón, que hoy son el símbolo del país.

Mana Pools National Park


El encanto de Mana Pools reside en su relativo aislamiento y en su naturaleza inalterada, pero sobre todo en su río, cuyas riberas forman pequeñas piscinas donde la fauna se da cita al atardecer. Este escenario propicia uno de los safaris más bellos de África. Desde las gargantas de Kariba hasta la frontera con Mozambique los recorridos en canoa, de cinco a diez días de duración (según presupuesto), permiten observar el ritmo del río, los paisajes cambiantes del Zambeze y la vida salvaje, en un silencio vedado a cualquier otro medio de transporte. Al anochecer se montan campamentos en sus orillas y alrededor de las fogatas se cena, se cuentan las anécdotas del día y tal vez se espera que el viaje no acabe nunca.

Chizarira National Park


Es la reserva más salvaje del país. Chizarira –que en Batonka significa barrera cerrada– hace honor a su nombre. El difícil acceso a este parque es uno de sus principales alicientes. Está fuera de las rutas turísticas, y no sería extraño encontrarnos como los únicos humanos del territorio. Sus 192.000 hectáreas se dividen en tres áreas de paisajes completamente diferentes.

Zimbabwe: África en su esencia

En el norte, al otro lado de los taludes rocosos del Zambeze, se extienden las riberas de los ríos Mucheni y Lwizilukulu con una vegetación exuberante. Las tierras del este, dominadas por los 1.500 metros del pico Tandezi, ceden paso a una llanura famosa por su fauna. Este es uno de los últimos reductos del rinoceronte negro, emblema del parque.

Al sur el paisaje desciende suavemente sobre el valle del Busi. Es la región de los elefantes, los leones, los leopardos y también la preferida por los visitantes, que encuentran en su belleza salvaje y solitaria un lugar especial.

La Guía

  • Clima

Con una altitud media de 1000 metros sobre el nivel del mar, Zimbabwe posee un clima benigno durante la mayor parte del año, que no corresponde a su carácter de país entre trópicos.

Los inviernos van de mayo a septiembre, con temperaturas moderadas, días soleados y noches frescas, incluso frías y escarchadas en los puntos de mayor altitud. Sin duda, es la mejor fecha para ver a los animales que se concentran alrededor de los pans –pequeñas lagunas– en busca de agua.

  • Dinero

La moneda oficial es el dólar de Zimbabwe. Las tarjetas de crédito más comunes, Visa, American Express, Master Card, etc. y los cheques de viaje, se admiten sin problemas en la mayoría de tiendas, bancos y hoteles.

En los taxis, restaurantes y servicios turísticos es habitual añadir al importe total un 10% de propina, aunque ésta se incluye a menudo en la factura.

  • Transporte

En coche

De los 78.400 kilómetros de pistas que recorren el país, 5.000 son carreteras asfaltadas de dos carriles, mientras que el resto son pistas de gravilla de un solo carril. Todos los centros turísticos de interés están comunicados entre sí por buenas carreteras. En el país existen numerosas compañías de alquiler de coches. Avis y Hertz operan desde el aeropuerto internacional de Harare.

En autobús


Hay un servicio diario de autobuses entre las principales ciudades del país, lo que los hace medio de transporte muy recomendable.

En tren

La variedad de trayectos y tarifas hace del tren un espléndido sistema para viajar por el país.

  • Gastronomía

La gastronomía del país no puede negar sus raíces británicas, pero tampoco las africanas, mezcla que nos puede deparar sorpresas muy agradables.

Zimbabwe: África en su esencia

Igual que sus vecinos, Zimbabwe es, gastronómicamente hablando, el reino de la caza. Búfalos, cebras, elands y sobre todo impalas son, de forma inequívoca, los protagonistas de cualquier menú. Para los vegetarianos, la oferta también es imaginativa: una extensa variedad de productos subtropicales se suman a los de origen occidental.

El cocodrilo se está convirtiendo en uno de los platos más populares del país. Ya sea en guiso, sopa o en las inevitables albóndigas es una opción a tener en cuenta. Su discutido sabor a pescado, pollo o res merece ser descubierto, aunque sólo sea por saber a qué bando nos apuntamos.
Procedente del lago Kariba, el pescado es abundante y sabroso.

La cocina étnica aporta experiencias desconocidas a paladares inquietos: los gusanos del mopane, las hormigas voladoras o las babosas ahumadas constituyen otra forma de viajar a la aventura de olores, texturas y sabores de un mundo diferente.

El porridge se alza con la categoría de plato nacional, aunque enriquecido por la imaginación africana no es, ni mucho menos, la desoladora papilla de su origen. Aquí se sirve con abundante salsa y acompañado de vegetales. Si se tiene la ocasión de probarlo en las áreas rurales, no hay que dudar poner manos a la obra porque es con las manos como se debe comer. El biltong (carne seca) traído de Sudáfrica, está muy extendido, y como aperitivo supone todo un cambio.

En el capítulo bebidas, la cerveza local de tipo lager es más que aceptable. El vino, antaño una broma de mal gusto, es hoy una respetable opción.

  • Salud

No está de más llevarse un botiquín básico. La mayoría de los medicamentos se pueden encontrar en las farmacias, pero éstas no dispensan nada sin receta médica, con la excepción de los tratamientos contra la malaria.

Para entrar en Zimbabwe es preciso haberse vacunado contra la fiebre amarilla si se viene de un país del norte de África. Las vacunas normalmente recomendadas para viajar al sur del continente son la del tifus, el tétanos, la polio y la meningitis, más una gamma globulina para protegerse contra la hepatitis.

Es esencial tener cuidado con la comida y la bebida. Aunque muchos países africanos tienen problemas, en Zimbabwe el agua del grifo es perfectamente potable. Sin embargo, no es recomendable beberla en zonas rurales, donde sólo es apta para el ganado. El agua de ríos y lagos puede estar contaminada por la bilarzia, por lo que es recomendable no ingerirla ni bañarse en ella.

El SIDA, como en el resto de los países africanos, merece una llamada especial a la precaución.

  • Souvenirs

Caer en la fascinación de los mercados de este país es inevitable. Zimbabwe posee ese don genial que es el arte. De las manos de sus artesanos surge un mundo burlón: desde la infinita coquetería de las avestruces hasta la lánguida mirada de las jirafas, el África salvaje desfila ante los ojos en piedra, madera, barro o telas. Sumérjase y disfrute, pero sobre todo regatee.

En Harare es aconsejable buscar el magnífico arte shona o las maravillosas telas impresas a mano según técnicas tradicionales que se encuentran en las numerosas galerías de arte.

Zimbabwe: África en su esencia

El mercado al aire libre de las cataratas Victoria merece por sí solo una visita. Enjambres de vendedores armados de un vocabulario delirante intentan convencer al viajero, e invariablemente lo consiguen, de que compre ese mantel bordado con gallinas de Guinea o el hipo de piedra de jabón. El precio es lo mejor, y la diversión está asegurada.

A lo largo de las carreteras se encuentra toda clase de puestos con los objetos más diversos. No se hagan ilusiones: el trueque esta desfasado, aunque siempre se puede intentar.


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