Al poco de pisar Polonia, y apenas sin percibirlo, desaparecen los prejuicios y temores que normalmente arrastra toda persona al abandonar su país. El antiguo dicho polaco. “un huésped en casa Dios en casa”, parece que arropa al viajero haciéndole sentir la alegría del que sabe que ha elegido bien, que aquí se sentirá a gusto.
Está situada en el centro oriental de Europa. Limita al norte con el mar Báltico y tiene fronteras con siete países: Rusia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Eslovaquia, República Checa y Alemania.
|
 |
| |
Las llanuras ocupan aproximadamente el 70% de su territorio. Únicamente está accidentada al sur por los montes Sudetes y los Cárpatos. En estos últimos nace el Vístula, que es el río principal junto con el Oder. Al norte se encuentra la región pantanosa y lacustre de Pomerania y su gran riqueza minera se concentra en la alta Silesia.
Polonia tiene un paisaje agrario de campos abiertos, cuyos pueblos se alinean a lo largo de las carreteras. En estas poblaciones es característico su planteamiento perpendicular, que se extiende a lo largo de la vía de comunicación, donde tanto las viviendas, con sus cobertizos, graneros y una franja de terreno cultivado, se encuentran ordenados en fila, hasta terminar con frecuencia en alguno de los numerosos bosques que pueblan el país.
Oscuro objeto del deseo de sus numerosos vecinos, a lo largo de la historia, Polonia ha conquistado numerosos territorios, pero sobre todo ha sido conquistada hasta el punto de llegar a desaparecer como estado. Su azaroso pasado, presidido por un fuerte sentimiento nacional y una tenaz lucha por la independencia, se puede resumir en este calendario de fechas y acontecimientos clave.
Desde el año 400 a. de C., cuando aparecieron los primeros asentamientos agrícolas, Polonia ha sido habitada por tribus germanas y eslavas hasta que en el siglo XVI se restaura la corona polaca, que por cuestiones sucesorias, pasa al rey de Lituania. Es un periodo de progreso en el que se crea la Universidad de Cracovia.
En el siglo XV se produce la guerra lituano-polaca, y vence a los caballeros teutones. Recupera el Báltico y extiende sus dominios hasta el Mar Negro. Los otomanos y los rusos invaden el sudeste. Esta situación se mantuvo hasta el siglo XVII cuando perdió Lituania (que incluía Estonia y Letonia) pero conquista grandes territorios rusos. Tras la invasión sueca, Polonia pierde un cuarto de su territorio y mueren cuatro millones de habitantes. El rey Jan III Sobieski vence a los turcos en la batalla de Viena y los expulsa de Europa.
En el siglo XVIII, bajo la dependencia de Rusia, sufre diversos repartos y en 1795 el territorio polaco queda dividido entre el país de los zares, Austria y Prusia. A partir de esta fecha, y durante 123 años, Polonia desaparece como estado.
En el siglo XIX, tras una fugaz soberanía como Ducado de Varsovia, concedida por Napoleón, toda la centuria está presidida por la lucha de los polacos por la ocupación rusa.
En el siglo XX, Polonia se convierte en el campo de batalla de los imperios de Rusia y Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Forzados a participar en uno u otro bando, ese combate por intereses ajenos le cuesta la vida a un millón de polacos.
|
 |
| |
Tras la derrota de estos imperios y el triunfo de la Revolución Rusa, se proclama la independencia de Polonia, se funda la Segunda República y se logra el reconocimiento de fronteras en 1923. En septiembre de 1939, Alemania, por un lado, y la Unión Soviética, por otro, invaden y se reparten Polonia. Es el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
La tragedia que supuso para los polacos es indescriptible: «guetos», campos de exterminio terriblemente célebres como Treblinka y Austchwitz y deportaciones masivas. Al final de la guerra, Polonia había perdido seis millones de ciudadanos, de los que la mitad eran judíos, y el 38% de su patrimonio nacional.
En 1945 las tropas soviéticas ocupan Varsovia. Dos años más tarde, el Partido Obrero Unificado Polaco monopoliza el gobierno y el control del estado. En los años 70 y 80 se producen diversas oleadas de protestas sociales y grandes huelgas, encabezadas por el sindicato Solidaridad, que había nacido en Gedansk, liderado por Lech Walesa, y se alternan las fases de represión con otras de liberalización y apertura del régimen bajo los gobiernos sucesivos de Gomulka, Gierek, Kania y Jaruzelski. La presión social tiene un coste muy alto: hay víctimas y muchos acaban en la cárcel o en el exilio.
En 1990 se convocan elecciones presidenciales, en las que gana Walesa. Desde entonces ha habido distintos gobiernos en una situación de normalidad democrática.
Cultura
Polonia es un país antiguo y culto que tiene la gloria de haber legado a la cultura universal la obra de dos grandes genios: el astrónomo Nicolás Copérnico (1473-1543), que descubrió que el sol es el centro del universo y la tierra gira a su alrededor; y Fryderyk Chopin (1810-1849), el compositor nacional por excelencia que, ya gravemente enfermo de tuberculosis, vivió en Malllorca la agonía de su pasión por la escritora francesa Georges Sand.
El gran romántico compuso en su corta vida una obra inmensa casi íntegramente para piano: 3 sonatas, entre ellas la «Marcha fúnebre»; 25 preludios, que incluyen «La gota de agua»; 14 valses, entre ellos el «Vals del minuto»; 19 nocturnos; 27 estudios; baladas, scherzos, mazurcas, polonesas...Polonia es un país melómano, con una nómina de creadores e intérpretes muy extensa, entre ellos y a título de ejemplo: el compositor Krystoff Penderecki, autor de «Dies Irae»; y el pianista Arthur Rubinstein.
|
 |
| |
En la tradición científica tan brillantemente inaugurada por Copérnico, se inscribe Madame Curie, descubridora del polonio y radio, premio Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911.
Por la peculiar historia del país, la literatura en Polonia, muchas veces escrita desde el exilio, ha sido un vehículo de fomento y conservación de la identidad nacional. La primera obra escrita en polaco es «Bugorodzica», un texto religioso del siglo XIII. Desde entonces hasta hoy en día, hay una abundante y notable producción literaria.
Tres autores han obtenido el premio Nobel: Henrik Sienkiewicz, autor de la popular novela «Quo vadis» (1896); Wedislaw Reymont, por «Chlopi», en 1924; y Czeslaw Milosz, con «La mente cautiva», en 1980. Otros escritores destacados y relativamente conocidos son: Alfred Jarry, Tadeusz Kantor, Jerzy Andreievsky y Witold Gombrowicz.
En artes plásticas, las primeras obras que se conservan son una colección de tablas del gótico tardío. Hasta el siglo XVIII, lo más significativo son obras que se encargan a los grandes artistas extranjeros, por eso los museos polacos cuentan con piezas de pintores tan importantes como Brueghel, Rembrandt o Canaletto.
En el XIX se forma la escuela de pintura polaca, en la que sobresalen el pintor romántico Piotr Michalowsky y el impresionista Jan Matejko. Una peculiaridad del arte polaco son los carteles y la ilustración satírica. En Varsovia hay un importante Museo de la Caricatura.
Cracovia
Cuna de reyes, la historia de esta ciudad se remonta a tiempos paganos, en los que mitos y leyendas ya iban calando en el subconsciente colectivo de sus habitantes, que han sabido preservarlos hasta hoy. Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad, atesora innumerables monumentos históricos, 12 museos y más de 30 iglesias y sinagogas. No olvidemos que las tres grandes religiones monoteístas supieron convivir aquí durante siglos en un clima de paz.
Pero lo que ha definido su personalidad han sido las letras, la cultura y el arte. Desde que dejó de ser una fortaleza del Imperio Austriaco en el siglo XIX, su antigua universidad se brindó siempre como punto de encuentro entre las culturas de la Europa oriental y occidental. Por eso pone el énfasis ahora en explorar la dimensión espiritual de todo el continente, a través del estudio de las distintas raíces culturales.
Es la única que se conserva intacta después de la Segunda Guerra Mundial, es la más monumental de todo el país. Solamente dentro del casco de la Ciudad Vieja hay unos 300 edificios históricos, 58 iglesias y numerosos palacios. En su impresionante conjunto monumental destacan el castillo de Wawel, la Catedral y la Plaza del Mercado, con la Lonja de los Paños.
|
 |
| |
El Museo Nacional de Cracovia, junto con el de Varsovia, reúne la mayor riqueza del país. Las tres obras más que se pueden contemplar en el museo son: la Dama del Armiño, de Leonardo da Vinci; La Bella Madonna, de Kruzlowa, y El paisaje del buen samaritano, de Rembrandt. A diez kilómetros al este se encuentran las mina de sal de Wieliczka. En sus más de 330 kilómetros de longitud hay lagos, capillas y esculturas talladas en la roca de sal gema y un museo minero que convierten es estos yacimientos en algo realmente insólito.
Varsovia
En una labor de titanes, Varsovia ha reconstruido totalmente su patrimonio. Su corazón es la Plaza del Mercado, con sus casas históricas de colores y formas originales, los mejores restaurantes de la ciudad y las terrazas más animadas. Los centros de interés son múltiples: el Castillo Real; la Catedral gótica de San Juan; numerosas iglesias y palacios como el de Wilanow; viejos cafés como el Nowy Swiat y el Blikle; y dos barrios con historia y personalidad propias: el de Praga y el barrio judio.
Este es un retrato del silencio de la capital polaca. Del lento silencio que humedece la ciudad, procedente quizá de la reconstrucción, de la piedra histórica que yace bajo su suelo. Los nazis dinamitaron toda Varsovia y después los polacos tuvieron que vivir entre las ruinas y edificar desbocadamente, en un estilo arquitectónico que hoy se llama «tristeza socialista». Capital del dolor.- Varsovia es una bonita palabra llena de puentes y el nombre de una ciudad que no existe, que sólo fue, y si sigue siendo lo hace como espuma e historia, como una hoguera en el espejo, como máscara sobre los escombros y la muerte. Varsovia no es la capital de Polonia, es la capital del dolor, la capital de un país vapuleado por el tiempo, despedazado por las potencias hegemónicas, borrado de los mapas y vuelto a dibujar con su propia sangre.
Sobre Varsovia han caído bombas en todo los idiomas y han germinado todos los miedos, el miedo a los prusianos, el pavor ante los austriacos, el temor a los rusos y el terror ante los alemanes. De Varsovia querían hacer los nazis una ciudad militar y, al parecer, los monumentos y las estatuas no les hacían juego con los tanques, no les pegaban las fuentes y las metralletas, y los palacios reales quedaban francamente mal con los misiles tierra-aire.
|
 |
| |
De modo que dinamitaron toda Varsovia para instalar sus barracones de hombres-bala, de hombres-muerte, de hombres-antihombre. El noventa por ciento de la ciudad perdió su altura, se arrodilló ante las botas ensangrentadas de los nazis, en una genuflexión horrísona y definitiva.
Cuando Alemania claudicó, los polacos tuvieron que aprender a vivir entre las ruinas, tuvieron que edificar desbocadamente, desechando toda concesión estética. A ese estilo arquitectónico se le llama hoy tristeza socialista: los varsovitas llevaban la tristeza dentro y ahora debían vivir en ella.
Basándose en la propia memoria, en dibujos y en algunos cuadros de Canaletto, se inició finalmente la reconstrucción de la parte histórica de la ciudad.
Algo que invita a la melancolía, por encima de la sensación de anacronismo que pueden dar faraónicos edificios posteriores como su ex Palacio de la Cultura y las Ciencias, símbolo de lo que fue la stalinización del país. Un mazazo a la identidad nacional, que, no obstante, ha ido recuperando su autoestima con detalles como la divulgación turística de la ruta de Chopin y la reciente elección de su compositor Krzysztof Penderecki, a título de máxima figura viva de la música culta.
En 1990, el pronunciamiento de una nueva república polaca en Varsovia contribuyó, no poco, a que cayera de una vez por todas el Telón de Acero. Pero todavía está por abrir, definitivamente, otro telón a las brillantes funciones de la urbe protocultural que Warszawa tuvo en el siglo XIX. De ahí, tal vez, que siga teniendo un encanto otoñal difícil de hallar, ahora, en capitales del este, como Praga y Budapest, tomadas por multinacionales como Mc Donalds y las firmas de los diseñadores occidentales. De ahí que guarde sus esencias sin demasiados aditivos y que, en invierno, siga siendo la capital del frío entrañable.
|
 |
| |
El casco viejo de Varsovia se reconstruyó casi al completo, lo cual permite al visitante pasear por su Plaza del Mercado, sintiéndose contemporáneo de sus fachadas medievales...Unos magníficos caserones intercalados con frontispicios concebidos en los siglos XVII y XVIII, fieles en la medida de lo posible a los que fue su antiguo alzado. Otro tanto ocurre con la impresión que causa la «nueva» piedra gótica que lucen algunos de sus monasterios y su archicatedral de San Juan Bautista, junto a los Palacios de la Isla, de Lazienki Królewskie y Wilanow, más la Nowe Miasto, de recomendada visita. Y, a la hora de citar otras restauraciones, hay que referirse incluso a la experimentada por la tradicional gastronomía polaca, víctima de las transformaciones agrícolas impuestas, en su día, por Stalin.
Wroclaw
En el 2000 celebro sus 1.000 años de vida. Del patrimonio que ha acumulado a lo largo de un milenio destaca la universidad con la espectacular Aula Leopoldina y un cuadro circular de 120x15 metros, Panorama Raclawicka, que conmemora el triunfo sobre los rusos en 1794.
Zelazowa Wola
Lugar natal de Chopin que se encuentran cerca de Varsovia. En la Iglesia de la Sagrada Cruz se custodia en una urna el corazón del artista. En el castillo Ostrogorski tienen su sede el Museo y la Sociedad Musical Chopin.
Auschwitz
Más de 1.500.000 personas visitan cada año este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad. El recorrido por el campo de exterminio nazi, que se conserva intacto, va creciendo en intensidad hasta llegar al horror máximo: el crematorio y la cámara de gas.
Zakopane
A cien kilómetros al sur de Cracovia, una sinuosa carretera conduce al destino que encierra la esencia mágica de Polonia. La pequeña ciudad de Zakopane, muy cerca de la frontera con Eslovaquia, posee un encanto especial que la hace ser diferente.
Se trata de la capital de la región enmarcada en las pintorescas montañas Tatry (los Tatra), el macizo más alto de Polonia, que a su vez es el tramo más hermoso de la larga cordillera de los Cárpatos. Uno llega aquí atraído por su paisaje y por sus gentes, los hospitalarios górale (montañeses), que sintiéndose muy apegados a su tierra han sabido preservar un rico folclore del que sus trajes tradicionales son sólo una muestra.
Zakopane —su nombre significa cubierta de nieve— es también la mayor estación de deportes de invierno de Polonia y ha sido candidata a la organización de los Juegos Olímpicos de invierno del año 2006. Sin embargo, es en el seco y soleado otoño polaco cuando los montes Tatra rebosan de esplendor refulgente.
|
 |
| |
Entre septiembre y octubre la caída de la hoja trasmuta el paisaje alpino de este parque nacional dando lugar a un magnífico espectáculo de color conocido como el otoño dorado. El buen tiempo suele durar hasta finales de octubre y el sol hace resplandecer la hojarasca con una luz especialmente bella durante el crepúsculo, convirtiendo en más atractivos aún sus itinerarios de montaña.
No extraña que Zakopane fuera ya un importante foco cultural antes de la I Guerra Mundial, atrayendo a artistas y compositores en busca de inspiración. La ciudad comenzó su desarrollo gracias al pintor Stanislaw Witkiewicz, que la eligió como residencia a principios del siglo pasado. Otro asiduo visitante fue el compositor Karol Szymanowski, cuya fascinación por la música popular de la región le inspiró a la hora de componer sus obras. Desde entonces Zakopane disfruta de una activa vida cultural, y ahora es un animado centro turístico por ser el punto de partida para numerosas excursiones a las montañas.
Este paraíso para senderistas y montañeros ofrece multitud de ascensiones, entre ellas al gigante local, el pico Rysy (2.499 m). Las crestas están perfectamente equipadas con cadenas y clavijas para que los alpinistas las escalen con el mínimo riesgo posible. Los menos aguerridos pueden divisar las mejores panorámicas desde el monte Gubalówka, al que se puede subir en funicular, o admirar el paisaje desde la ventanilla del teleférico que lleva a la cima del monte Kasprowy Wierch (1.987 m). Los más avezados no han de perderse la caminata hasta el accesible lago Morskie Oko (el Ojo del Mar), cuyas aguas remansadas semejan un espejo gigante que refleja el pausado movimiento de las nubes insufladas por el viento.
Al caer la tarde, quien decida contagiarse del bullicio y el gran ambiente de su arteria principal tiene la céntrica zona peatonal de Krupówki, repleta de restaurantes, cafés, hoteles, exclusivas tiendas de recuerdos y galerías de arte. Un mercadillo con decenas de puestos, donde el producto estrella es un queso de oveja ahumado (oscypek) que ofrecen para probar, se prolonga más allá de la calle Krupówki hasta llegar a las inmediaciones de la estación del funicular. Los amantes de las compras pueden elegir entre kierpce de piel (mocasines tradicionales de las tierras altas), jerséis de lana o bastones típicos de madera.
Una de las excursiones obligadas en Zakopane es el descenso en balsa —de troncos unidos, que conducen barqueros montañeses— por el río Dunajec a través de los exuberantes desfiladeros del Parque Nacional Pieniny. Ataviados con coloristas chalecos y negros sombreros, los barqueros recuerdan en el arte de navegar a los gondoleros de Venecia. Otra opción, muy distinta, aunque igualmente recomendable, es la celebración religiosa de la Natividad de la Virgen María en la bella iglesia de madera de Witow, muy cercana al pueblo de Chocholow, en el que se conservan casas de madera de más de 120 años de antigüedad.
|
 |
| |
En la puerta de acceso al recinto de la iglesia se lee un letrero con una inscripción que dice «Dios te vigila», traducida del polaco. Lo cierto es que los feligreses participan activamente en la ceremonia con sus cánticos y la atenta escucha de la misa. Cuando ésta finaliza, mujeres y hombres vestidos con los trajes tradicionales portan las imágenes de la Virgen y los estandartes en una pequeña procesión alrededor de la iglesia.
|