Iquique: la flor del desierto
Por su larga geografía, Chile es una tierra de contrastes. Más de 4300 kilómetros de costas separan sus extremos sur y norte. Es decir, mucho más de la mitad de la costa pacífica del continente. El Trópico del Capricornio atraviesa el país a la altura de Antofagasta, uno de los tres grandes puertos del norte chileno, junto con Iquique y Arica. Toda esta región, constituida por una delgada llanura costera, cordillera y quebrada, es muy árida. Es uno de los desiertos más “perfectos” del mundo, ya que en algunas zonas costeras no se han registrado lluvias sino algunos raros chaparrones. La escasa vegetación de los relieves se mantiene sobre todo por las garúas que los cubren a veces.
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En las cordilleras, las precipitaciones aumentan con la distancia a la costa y con la altura. Estos frágiles ecosistemas están protegidos por seis Parques Nacionales. En las quebradas hay oasis que formaban, ya en épocas precolombinas, centros comerciales sobre las transitadas rutas entre el Perú inca y las regiones del sur, tanto de la costa del actual Chile como del Cuyo o de la Puna argentina. Los grandes geoglifos (motivos creados en el flanco de las montañas con piedras de diferentes tonos), comunes en la región, muestran caravanas de llamas que atestiguan esta actividad comercial. Los descendientes de estos pueblos siguen cultivando los flancos de las montañas como hace miles de años, y guían sus rebaños de llamas y alpacas en las montañas.
Entonces, si la meta es buscar un cielo siempre azul, paisajes totalmente diferentes, una naturaleza protegida y una rica historia local, hay que llegar hasta Iquique, la puerta de entrada a esta región, que combina las comodidades de una gran ciudad (bienvenidas a veces en un ambiente tan hostil) y los atractivos de una de las regiones más fascinantes de Chile.
De las minas a los peces Iquique, como las demás ciudades, es ante todo un puerto. Su principal papel es despachar los minerales extraídos de la cordillera: cobres y nitratos. Estas riquezas están en el origen de la “chilenización” de la región, que hasta el siglo XIX pertenecía a Bolivia y Perú. La lucha por el control de las minas llevó a los tres países a enfrentarse en una guerra de la cual Chile salió vencedor y anexó toda la región, privando a Perú de su extremo sur y a Bolivia de su salida al mar. Antes de la Conquista, en el sitio de Iquique vivía una pequeña tribu india que se insertaba en los sistemas de intercambio de la Cordillera por los aportes de sus pescadores: trocaban pescado por maíz, imposible de cultivar en el desierto costero. Más que la llegada de los españoles fue la llegada de oportunidades lo que hizo crecer la ciudad. Primero fue el guano, y muy pronto la plata, cuando se abrió la mina de Huantajaya, la segunda en importancia de las Américas, detrás de las minas de Potosí. Luego fueron los nitratos, que se sacaban de las montañas y se embarcaban en los muelles de lo que era ya un puerto importante a fines del XIX. Sin embargo, en 1835, Darwin describía el lugar como un mísero caserío en un lugar lúgubre, con pocas lluvias cada muchos años. En fin, no se podía imaginar que el turismo natural y de aventura se adueñaría del lugar más de un siglo y medio después de su paso por Iquique.
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Durante su época dorada, cuando los nitratos eran una fuente de riqueza que parecía infinita, los magnates de la industria levantaron las mansiones y edificios públicos lujosos que hoy todavía dan a la ciudad el aspecto de haber nacido en otro lugar y de haber sido desplazada por un ciclón hasta este desierto... En ese entonces se llevaba agua desde la cordillera y se importaban pastos desde el sur de Chile para las plazas públicas. En toda la región se formaron pequeños pueblos que hoy son pueblos fantasmas y hacen las delicias de los turistas. Si el reemplazo de los nitratos por derivados del petróleo causó el abandono de estos lugares, Iquique debe su reconversión a la pesca y a la creación de una zona franca.
Paseos, compras y playas El centro de Iquique es la Plaza Prat y las cuadras vecinas, donde se concentra toda la actividad. Como las demás ciudades del continente que fueron centros industriales cosmopolitas (Punta Arenas es otro caso en Chile), los edificios guardan memoria de glorias pasadas y de diversas influencias extranjeras. Esta zona, protegida por estrictas normas edilicias para conservar el aspecto que tenía a principios del siglo XX, en sus tiempos de mayor riqueza, conserva muchos edificios públicos y mansiones georgianas de los magnates ingleses del nitrato, que hoy no encajan con los recursos más modestos de la ciudad.
Iquique cuenta con un museo, nombrado sin demasiadas sorpresas Museo Regional, en la antigua sede de los Tribunales: allí se puede conocer mejor el pasado indio de la región y la industria minera. Hay otro museo, el Naval, dedicado a la Batalla de Iquique, un episodio de la Guerra del Pacífico entre Chile, Bolivia y Perú de 1879 a 1883. Alejado del centro, el otro punto de interés -.para cumplir con una de esas “obligaciones” que son las compras para cualquier turista– es la zona franca, un centro comercial donde se encuentra desde artículos electrónicos hasta automóviles. La zona fue creada en 1975 y es ahora la mayor fuente de ingresos de Iquique, así como el principal motivo por el cual la visitan los chilenos.
Opuestas a la zona franca, que está al norte de la ciudad, las playas se encuentran al sur. Una cosa es segura: si se elige a Iquique por sus playas, no hay temor de que un día de lluvia arruine las vacaciones. De todos modos, hay que tener en cuenta que en general el oleaje es grande y no permite adentrarse mucho en las aguas.
Desiertos de gigantes
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Además de playas y compras, o más que eso, vale la pena salir de la ciudad y afrontar los abruptos relieves, las temperaturas (templadas por la sequía del aire) y la desolación del paisaje. La primera sorpresa es el pueblo abandonado sobre la ruta que va de Iquique hacia la cordillera. Humberstone fue un centro minero próspero que contaba con una iglesia, un teatro, un mercado, canchas de deportes y hasta una pileta. Hoy está totalmente abandonado, y las únicas personas que se cruzan en sus calles son turistas. El pueblo tomó su nombre de un administrador inglés que perfeccionó el sistema de extracción de la sal. Cerca del pueblo, en Huara, sobre el cerro Unita, está el Gigante de Atacama, la mayor representación de una figura humana hecha por una civilización primitiva. El “dibujo” tiene 86 metros de altura y es visible desde cientos de metros. Se trata de una figura humana acompañada por un animal que podría ser un reptil. Más figuras se encuentran en Pintados, al sudeste de Iquique: unos 400 petroglifos fueron dibujados sobre las colinas, con figuras humanas, llamas y figuras geométricas.
También en la región, están los centros termales de Mamiña (donde hay un pucará) y el de Chusmiza, ya en la Cordillera, a 3200 metros de altura y apenas a 100 kilómetros de Iquique. Otro pueblito famoso en todo Chile es La Tirana, pero no por el agua (muy escasa) sino por su santuario. Entre el 12 y el 18 de julio de cada año, el puñado de habitantes del pueblo recibe a decenas de miles de creyentes que vienen a rendir culto a la Virgen del Carmen. Los demás atractivos son áreas naturales como la Reserva Nacional de Pampa del Tamarugal, que se divide en dos zonas distintas al norte y al sur de Humberstone. Protegen bosques de tamarugos, que fueron diezmados por la actividad minera. Estos bosques parecen muy exóticos en un paisaje tan desolado, pero sobreviven gracias a napas de aguas subterráneas que bajan de las cimas de la Cordillera. Una prueba de que buena parte de la riqueza de Iquique se oculta, una vez más, bajo la tierra.
Atacama
Atacama es la otra gran atracción turística de la región. Este desierto se encuentra en medio de la Cordillera, a unos 300 kilómetros de Iquique. En el camino hay numerosas paradas interesantes: en las afueras de Iquique vale la pena visitar Humberstone, pueblo fantasma que fue antiguamente un próspero centro minero. En sus alrededores está el Gigante de Atacama, un geoglifo: se trata de una gigantesca representación humana hecha con pedazos de roca de colores en el flanco de la montaña. Antofagasta, sobre la costa, es la mayor ciudad del norte chileno. Su historia es semejante a la de Iquique y en su centro histórico conserva mansiones inglesas de madera. Ya en la cordillera, Calama es la ciudad más alta de Chile, a 2700 metros de altura. Esta ciudad nació para recibir a los obreros de las gigantescas explotaciones, que fueron una fuente de conflictos recurrentes entre sus propietarios norteamericanos y el estado chileno, hasta su nacionalización en 1971. El destino de este viaje por la Cordillera árida y muy calurosa es San Pedro de Atacama, que se levanta en una oasis al norte del inmenso salar que lleva su nombre. Se trata de un pueblito de casas de adobe, de unos mil habitantes, a 2440 metros de altura. Con el tiempo y con la apertura del lujoso Hotel Explora se convirtió en uno de los centros principales de turismo de aventura en Chile, y un destino entre los más populares de América Latina. En el pueblito hay numerosas hosterías, pero ninguna puede ofrecer experiencias como este lujoso y a la vez ecológico hotel, un singular emprendimiento turístico que se encuentra en los dos extremos de Chile (existe otro hotel en Torres del Paine, en la Patagonia chilena).
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El principio de Explora es residir en el lugar mismo que se va a visitar, en un hotel que brinda el máximo confort pero que se adecuó a las realidades del lugar donde se encuentra. Es un valor agregado para toda estadía en Atacama, de por sí rica en descubrimientos. El primero es generalmente la visita que se hace al Pukará de Quitor, a unos tres kilómetros del pueblito. Se trata de las ruinas de una fortaleza del siglo XII, que formaba un núcleo de poblamiento con Catarpe, antiguo centro administrativo y comercial incaico. Ambos sitios se visitan y recuerdan que sus ocupantes resistieron a Pedro de Valdivia en su paso por la zona en 1540. El salar cuyo extremo norte llega hasta San Pedro es un lago de aguas saladas evaporadas. Es como un mar blanco, que se puede avistar solamente después de tomar estrictas medidas para protegerse cuerpo y ojos.
Mucho más impactantes son los géiseres de El Tatio, los más altos del mundo, a 4300 metros de altura. No ofrecen el mismo espectáculo que los géiseres de Yellowstone en Estados Unidos o de Islandia, con sus impresionantes chorros de agua caliente lanzados hacia el cielo, pero sí una constante nube de humo que forman un paisaje único en medio de la Cordillera. Esta visita se completa generalmente con la de las Termas de Puritama, una serie de cascadas y piletones naturales de aguas termales volcánicas. En medio de este desierto tan extremo, estas termas parecen como un regalo surgido de la nada. El placer de sumergirse en sus aguas es así doble, bajo el cielo siempre azul del norte chileno.
El desierto florido
La zona principal del desierto florido se encuentra alrededor de Vallenar, tanto en el sector de la Panamericana --valle central-- como en la costa, y en sus caminos de acceso a Totoral, Carrizal Bajo y Huasco. Ahí se descubrirán los fotogénicos jardines de flores.
Praderas floridas, con grandes espacios de un solo color, pueden observarse muy bien en torno a la Panamericana, al norte de Vallenar (pata de guanaco, senecio, añañuca, terciopelo, suspiro de campo).
Otra zona interesante está más al sur, en la zona de llegada al parque nacional Fray Jorge (no el bosque mismo). Es posible observar mariposas del campo, senecios y huilles.
Entre el centenar de plantas que florecen destacan las alstroemerias (lirios de una multitud de colores); rhodophialas (añañucas de varios colores); nolanas (suspiros de tres colores); leucocorymnes (cebollines, huilles); calandrinias (patas de guanacos), y argylias radiatas (terciopelo o cartucho).
Ninguna más notable que la llamada garra de león, que parece originaria -endémica- del litoral, comuna de Puerto Huasco, y abunda en el parque nacional Llanos de Challe.
No es un fenómeno simple ni un sólo tipo de plantas las que hacen florecer el desierto.
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Hay algunas especies efímeras. Ellas sobreviven en forma de semillas, las que permanecen en latencia -dormidas- durante años. Al recibir una cierta cantidad de lluvia y temperaturas apropiadas, germinan, florecen, semillan y mueren en un lapso de semanas. Producen el verdadero desierto florido, que es breve, efímero, por definición. Pero esa vida breve les permite asegurar la propagación y conservación de la especie. Algunas flores de este tipo son pata de guanaco, suspiro, don diego de la noche y muchas más.
Otras plantas no dependen tanto de la lluvia de cada año. Poseen órganos de reserva de agua y nutrientes, como bulbos, cormos, tubérculos o rizomas. Es el caso de las añañucas, las mariposas del campo... Habitan en áreas que permiten una brotación o floración más temprana
Bastante más al norte, entre Vallenar y Copiapó, abundan las plantas de semillas. Las semillas permanecen sobre el suelo arenoso, ligeramente protegidas del frío y el calor por una ligera capa de arena removida por el viento. Tienen, por lo general, una floración más tardía, pero alcanzan colores y extensiones espectaculares. Son paños de kilómetros y kilómetros en que brillan las patas de guanaco, malvillas, suspiros azules.
Y en los valles alrededor de Vallenar se producen verdaderos jardines con plantas diferentes que conviven sin demasiada competencia. Los vallenarinos consideran que éste es el verdadero desierto florido, y reclaman para la provincia del Huasco la calidad de escenario principal del fenómeno, y para Vallenar la condición de "capital del desierto florido". Disponen Vallenar y Huasco de un buen servicio hotelero. Todos coinciden en que la mejor área para visitar se encuentra entre Vallenar y Copiapó, durante septiembre y las primeras semanas de octubre. Hay 150 kms entre ambas ciudades, y en medio, la Hacienda Castilla, Huasco, Caldera, Carrizal Bajo, Freirina, Alto del Carmen (entre La Serena y Copiapó hay 334 kms, de los cuales, 280 siguen la huella florida).
Se trata de la zona más sugerida por quienes entienden. Se trata de una zona relativamente plana y como la Panamericana va por el centro, se puede observar a ambos lados el paisaje de rojo, celeste, blanco, es decir, se puede admirar mejor, en toda su espectacularidad.
Domesticando el desierto
Se escucha ya un clamor en el Norte: es necesario preocuparse de proteger el desierto florido.
Existen especies que son únicas de estas zonas. Se mantienen como en islas. Estamos en una zona semi árida o árida y existen barreras climáticas y geográficas: hacia el norte, el desierto total; hacia la costa, el océano, y hacia el este, la cordillera.
Dicho en lenguaje botánico, aquí se produce gran cantidad de endemismo. Incluso hay géneros --no sólo especies-- que son exclusivos de Chile, como el leucocoryne (el de los huilles o huillis).
La garra de león, de la costa de Vallenar, crece exclusivamente en este territorio. El género de las alstroemerias es americano, y se da en Brasil y en Perú; pero las especies que crecen aquí, como la mariposa del campo, sólo son de Chile.
Un baño en el desierto
A sólo 30 km desde San Pedro, siguiendo por el calamitoso camino que conduce hasta los géiseres del Tatio, nace un pequeño desvío que lleva hasta los baños de Puritama. Una excursión en que el mayor esfuerzo físico está en cambiarse el traje de baño en los camarines o caminar por sus largas pasarelas para recorrer los pozones de agua tibia.
Quien conoció Puritama hace algún tiempo, tiene por obligación darse una vuelta ahora. El triste basural en que comenzó a convertirse, hoy es sólo un mal recuerdo. Se les instalaron camarines cómodos y atractivos, algunos saunas y baños; se construyó una pasarela de madera que serpentea por entre los pozones, se arreglaron algunas piscinas y se les cambió completamente la cara. Hoy Puritama luce moderno, natural, armónico. Agua pura la de Puritama y ahora en mejor escenario.
Una vez terminado el reacondicionamiento, la explotación de las termas fue entregada a la comunidad atacameña, que se preocupa de su manutención y de sacarle provecho económico.
San Pedro de Atacama
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Considerada la Capital Arqueológica de Chile y declarada Zona Típica. Fue el principal centro de la cultura atacameña o likanantai, con una fortaleza defensiva en Quitor y una población distribuida en ayllos, que se repartían las tierras cultivables y el agua canalizada del Río Grande. Posteriormente fue conquistada por los incas, quienes instalaron un Centro Administrativo y de Gobierno. Fue visitada por Diego de Almagro, en tiempos del Descubrimiento y Pedro de Valdivia, ya en los años de la Conquista. El pueblo es pequeño con callejuelas y construcciones de adobe. Sus principales atractivos son la Iglesia, el Museo Arqueológico del Padre Le Paige, misionero jesuita que vivió en la zona desde 1955 hasta el año 1980, año de su fallecimiento. En el interior, se destacan la cerámica de distintas etapas evolutivas, figuras de oro, y momias.
Valle de La Luna
Fantástico paisaje lunar que forma parte de la Cordillera de la Sal y pertenece a la Reserva Nacional Los Flamencos. Es una pequeña depresión de 500 m de diámetro de suelo salino y presenta intrigantes formas escultóricas resultado de las sucesivas transformaciones de la corteza terrestre, acaecidas por los plegamientos del fondo lacustre del salar. No existe vida en este rincón, ni humedad, lo que lo convierte en el lugar más inhóspito del planeta.
Géiser del Tatio
Enmarcado en un paisaje de imponente y árida belleza, Géiseres del Tatio es un campo geotérmico de origen volcánico, donde el agua y el vapor brotan violentamente desde las profundidades de la tierra.
Están ubicados a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, por lo que las temperaturas durante la mañana, hora en la cual afloran los chorros de agua hirviendo, son muy bajas.
Los géiseres tienen su hora de mayor apogeo entre las 05:30 y 07:00 de la mañana, cuando la altura de los chorros alcanza fácilmente los 10 metros.
Existen pozos termales naturales cerca de los géiseres donde se puede disfrutar de un baño.
Pukará de Turi
Ciudad fortaleza más grande de la cultura atacameña. Edificada en el siglo XII, sobre una plataforma casi plana, presenta plazas, calles rectas y casas en su mayoría rectangulares con silos adosados. Es de diseño más amplio que Lasana. La construcción es de dura piedra volcánica local. El Pukara fue despoblado en la segunda mitad del siglo XV, luego de la ocupación española.
Mina de Chuquicamata
Chuquicamata significa "punta de lanza" en lengua aborigen. Según estudios, la mina ya era explotada en tiempos de los incas. A fines del siglo XIX la explotación del recurso minero estaba en manos de empresas norteamericanas, hasta que en el año 1971, se dicta una enmienda que estipuló la nacionalidad del cobre. Dentro de la visita usted podrá conocer la Pala Electromecánica Mundial, la más grande del mundo, así como las tortas, enormes cerros de acopio, hechos mayoritariamente con las rocas sin contenido metálico que son extraídas de la mina.
Visita a las Salitreras
El salitre o nitrato natural ha ocupado históricamente el primer lugar en Chile entre los minerales no metálicos. Fue usado como abono agrícola en plantaciones de papas y maíz por Atacameños y Quechuas. La Oficina Salitrera Chacabuco se construyó entre los años 1922 y 1924 y paralizó sus actividades definitivamente en 1940. En 1971, fue declarada Monumento Nacional, como una forma de preservar el testimonio de lo que fue el desarrollo industrial del salitre en Chile y el modo de vida de la época. La comuna de María Elena es, en sí, un trozo viviente de la historia salitrera.
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Aquí se mantiene la línea arquitectónica tradicional de los pueblos salitreros que ya han desaparecido. Su nombre fue dado por Elias Anton Cappelen, primer administrador de esta salitrera, en honor a su esposa "Marry Hellen". Fue inaugurada en el año 1924 y nombrada en el año 1996 Monumento Nacional. La historia de la Salitrera Pedro de Valdivia, en cambio comienza antes. En el año 1911, Guggenheim Brothers compró Chuquicamata y desarrolló esa gigantesca mina de cobre, bajo la conducción del ingeniero Elías Antón Cappelens Smith. Durante más de una década, Cappelens estudió la tecnología de la industria salitrera y diseñó un nuevo método para extraer y purificar el caliche. Se patentó como Sistema Guggenheim. La oficina fue inaugurada en el año 1931. En 1965, la empresa pasó a poder de la Sociedad Química y Minera de Chile, Soquimich. A comienzos de1996 esta oficina fue despoblada.
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