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Escribe: budha, desde: Brasil

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Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)
Tierra hospitalaria, llena de coloridos y de contrastes, olores de especias y perfumes, donde se puede disfrutar de una belleza natural, ciudades antiguas, fiestas vivas, y la amabilidad de su gente, una de las tradiciones más arraigadas en sus costumbres, desde los tiempos más remotos.
En el norte de África, a dos pasos de Europa y en el corazón del Mediterráneo, un viaje al legendario Túnez, uno de los países del Magreb más modernos y más buscados por el turismo. Sus costas, el exotismo de sus mercados, la indeclinable atracción del desierto y la fascinación por una historia cuya antigüedad se remonta a más de tres milenios.
Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Las montañas Kroumirie, al noroeste, están pobladas de densos bosques de alcornoques y árboles de hoja perenne. Son asimismo comunes las plantas de «frutas del bosque», que los más jóvenes normalmente acostumbran a recolectar en diciembre. Es la misma vegetación que en otoño se cubre de olorosas flores blancas. Los pinos y las «acacias raddianas» del Parque Nacional de Bou Hedma nos recuerdan que estamos en una presabana, por lo que poco a poco, avanzando hacia al sur, este paisaje va tornando en desierto y aparecen oasis ocasionales.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

En cuanto a la fauna, nada queda ya de los famosos elefantes empleados por Aníbal, ni de los leones devoradores de cristianos de la antigua Roma. Algo similar ha ocurrido con otras especies que, sin embargo, comienzan a recuperarse, protegidas en el Bou Hedma. Son antílopes u ovejas salvajes. Hay más de 200 especies de pájaros diferentes, incluyendo las aves acuáticas del Parque Nacional de Ichkeul.
En esta tierra familiar y a su vez exótica, uno puede admirar la puesta del sol y el ocaso entre las arenas del desierto, saborear su gastronomía en los restaurantes y terrazas de sus estaciones balnearias o disfrutar nadando en la piscina de uno de los hoteles confortables y modernos de sus costas.

Túnez está en el corazón del Mediterráneo, en el punto de confluencia del Mundo Árabe, de África y de Europa. Desde las épocas más remotas, los tunecinos llegaron a tejer lazos comerciales y culturales estrechos con los demás pueblos del Mediterráneo.

Historia

Los primeros restos humanos que se han descubierto se cree que pertenecen a un grupo de «homo erectus» que se desplazaba hace cientos de miles de años hacia el Sahara, procedente del este de África. Se cree que en aquellos días, Túnez se parecía más a Kenia o a Tanzania por esas vastas extensiones de bosque y vegetación de sabana que en estos países todavía perviven. El primer resto de hábitat humano fidedigno que se conoce es de hace doscientos mil años y se sitúa cercano al oasis de Kebili.

Los fenicios instalaron sus primeros asentamientos comerciales en Utica, aproximadamente en el 1100 antes de Cristo, en una suerte de etapa intermedia en la ruta comercial entre el puerto fenicio de Tiro, hoy Líbano, y España. Cartago vino a sustituir en liderazgo a todos los enclaves, enemiga a ultranza como era de Roma. Tras las guerras que enfrentaron a estas dos potencias, Cartago y Roma -Guerras Púnicas entre el 263 y el 146 a.C.- y la conquista romana, el emperador Augusto refundó Cartago como capital romana de los proconsulados africanos. La agricultura empezó a convertirse en la principal fuente de recursos.
La caída de Cartago en el siglo II antes de la era cristiana señaló el comienzo de la dominación romana que duró cerca de 700 años.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Los numerosos sitios arqueológicos, esparcidos por todo el territorio tunecino, y conservados con mucho esmero, dan prueba del lugar preeminente que ocupaba Túnez en el antiguo imperio romano.
En el transcurso del los siglos V° y VI° de la era cristiana, la influencia romana dejará sitio a los Vándalos, y más tarde, a los Bizantinos.

En el siglo VII de la era cristiana, la conquista islámica se extendió a Túnez. La ciudad de Kairuán será el centro de la vida religiosa y la sede de una de las mezquitas más antiguas y más veneradas en el mundo islámico. En el transcurso de los siglos siguientes, la civilización islámica aportaba a Túnez, bajo el reino de cinco dinastías sucesivas, riqueza y prosperidad.

Los acontecimientos sobresalientes durante aquella época correspondieron a la fundación, en Túnez, de la Gran Mezquita y de la Universidad islámica Ezzeituna, y a la aparición de grandes pensadores, como Ibn Jaldún, ilustre historiógrafo y padre de la sociología moderna, cuyas obras siguen inspirando hasta hoy en día la enseñanza de dicha disciplina así como la llegada de inmigrantes andalusíes musulmanes procedentes de España.

En el siglo XVI, Túnez cayó bajo la dominación del imperio otomano y a partir de aquella época, el país fue gobernado por una dinastía de beyes.
En el siglo XIX, Túnez llegó a ser el primer país árabe que se dotaba de una Constitución y que iba a abolir la esclavitud. Sin embargo, los problemas económicos, los abusos de los beyes y las codicias extranjeras se conjugaron para desestabilizar el país. En 1881, Francia estableció en Túnez su protectorado, provocando violentas reacciones anticoloniales en todo el país.

En 1920, un grupo de nacionalistas tunecinos fundaron el Partido Liberal Constitucionalista Tunecino o Destur. En 1934, a consecuencia de una escisión en el seno del Destur, un nuevo partido (el Neodestur) se impuso rápidamente como el partido que llevaría a Túnez a la independencia.
Después de un combate áspero y largo, Túnez accedió a la independencia el 20 de marzo de 1956. El 25 de julio de 1957, fue proclamada la República y Habib Burguiba fue elegido Presidente de la República Tunecina. El 1º de junio de 1959 fue adoptada la primera Constitución de la República.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

La presidencia de Bourguiba llega a su ocaso cuando en 1987 su propio primer ministro, Zine el-Abidine ben Ali, le declara «mentalmente incapaz» y lo «cesa». Ben Ali trata enseguida de negociar con la oposición islámica e instaura un régimen que camina lentamente hacia la democratización. Se presenta consecutivamente a los comicios generales y logra mantenerse en el poder. A finales de 1998 el país se resiente de una importante agitación que le hace reorganizar su equipo de gobierno. No obstante, el régimen parece no inquietarse por estos sobresaltos y mantiene como prioridad preparar su aparato productivo para el desarme de las tarifas aduaneras, previsto para el 2008.

Cultura

Los bereberes eran los habitantes originarios de Túnez pero las sucesivas oleadas de fenicios, judíos, romanos, vándalos y árabes fueron poblando el territorio. La mayor influencia llega de los musulmanes españoles en el siglo XVII y de los turcos otomanos, que ponen el toque final en este mosaico cultural.

El arte en Túnez es una buena muestra de este mestizaje. En lo que se refiere a los estilos arquitectónicos, encontramos desde las ruinas púnicas y romanas a las casas «rojas» llamadas «alpinas» de Ain Draham, las construcciones islámicas de las medinas árabes o las estructuras bereberes del sur.

Malouf, que significa normal, es el nombre que recibe la música arábica tradicional. Entre los principales estilos de música tradicional clásica tunecina encontramos la nouba, la más antigua y de origen andaluz, el chghoul y el bachraf, esencialmente turcos. Entre los músicos, cantantes y compositores más conocidos del país podemos citar a El-Azifet –compuesto sólo por mujeres-, Khemais Tarnane, Raoul Journou, Saliha, Salhe Medí y Ali Riahi.

La pintura contemporánea fue introducida por los franceses y se ha establecido en Túnez con estilos que van desde las formas geométricas de Hedí Turki a las composiciones florales casi caligráficas de Nja Mahdaoui. Bajo la dominación francesa numerosos europeos se establecieron en Túnez para pintar en el país. Uno de los más famosos fue Paul Klee.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

En Túnez se han descubierto un asombroso número de mosaicos, en especial donde el clima es templado y seco, lo que ha facilitado su conservación. Los principales mosaicos datan del período que va del siglo II al VI y decoran, sobre todo, casas de titularidad privada o hammams. Tanto el Museo Bardo de Túnez como el El-Jem poseen una impresionante colección de estos mosaicos. Los hammams o baños públicos son unos de los principales puntos de vida social en Túnez, como en el resto del norte de África. Cada ciudad tiene al menos un hammam, en el que hombres y mujeres toman por separado sus baños. Los hombres no necesitan llevar nada consigo ya que la fouta, una toalla de algodón, se la proporcionan en el mismo baño. Las mujeres, sin embargo, sí que deben llevar su propia toalla e incluso una muda para cambiarse tras el aseo.

Festividades

Cada año, cerca de cuatro millones de turistas visitan el país. Las fiestas y eventos tunecinos están determinados por el ritmo que marca el calendario islámico. Este calendario, también llamado hjira, es once días más corto que el calendario gregoriano, que es el que se sigue en Occidente.

En el mes de abril tiene lugar el Rasas-Sana, que es la celebración islámica del Año Nuevo. La festividad de Moulid an-Nabi conmemora el cumpleaños del profeta Mahoma en una fecha normalmente intermedia entre junio o julio.

Estas celebraciones incluyen pasacalles urbanos con tambores, candelas y la elaboración y consumo de una serie de dulces especiales. El Ramadán se celebra durante el noveno mes. Durante este período de tiempo, los musulmanes, fieles a las costumbres que dictan los textos sagrados, ni comen ni beben desde que sale el sol hasta el ocaso del día. El final del Ramadán o EEid al-Fitr, se celebra con toda una suerte de fastos y algarabía.

Eid al-Adha es el momento de peregrinar a la Meca, recorrido que cada musulmán debe realizar al menos una vez en la vida. Las calles se decoran con luces de colores y los niños lucen sus mejores prendas. Todo y todos se engalanan. Todo para el profeta. Cada mes de marzo, por cada ciudad que pasan los peregrinos son recibidos con alborozo.
Los festivales se celebran entre julio y agosto. La mayor parte de los acontecimientos festivos de Túnez tienen lugar en estos meses. Por ejemplo, el Festival Internacional de Cartago. Durante estos meses, las calles cartaginesas se convierten en escenario de espectáculos musicales, bailes y actuaciones teatrales en el marco incomparable del restaurado teatro romano de la ciudad.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

El Festival de Dougga tiene lugar también en estos meses y se centra principalmente en la representación de distintos dramas teatrales clásicos. Después del verano, cuando el calor baja, las películas sustituyen a los teatros. Cada dos años, y en el mes de octubre, se celebra el Festival Internacional de Cine de Cartago.
Otros acontecimientos recomendables son el día de la Independencia que se celebra el 20 de marzo; el 21, el de la Juventud. El 9 de abril es el día de los Mártires. El 25 de julio es el turno para la conmemoración de la llegada de la República. El 13 de agosto se homenajea a las mujeres. El 7 de noviembre, la llegada de Ben Ali.

Túnez

Comparada con las capitales de otros países, no resulta mucho más grande que el resto de las ciudades del país. El centro de la capital es fácil de conocer ya que los lugares más bonitos se encuentran en el interior de la medina y de la «ville nouvelle», la parte nueva. La medina es el corazón histórico y cultural de la moderna Túnez y uno de los mejores lugares de la ciudad. Fue declarada parte del Patrimonio Universal de la Humanidad por las Naciones Unidas en 1981. Su estructura fue construida en tiempos de antiguas civilizaciones, fue sufriendo en su fisonomía urbana los cambios derivados de la sucesión de gobernantes y se convirtió en una moderna ciudad colonial francesa en los siglos XIX y XX. De tiempos islámicos nos queda reconstruida la mezquita de Zitouna, remozada en el siglo IX. Sus constructores utilizaron 200 columnas procedentes de las ruinas romanas de Cartago para la principal zona de rezos.

Sinfonía en cúpulas y terrazas, inteligencia y armonía del urbanismo, sombras frescas y olores de otros tiempos, así es la Medina de la capital de Túnez. Rodeada de murallas que se abren en grandes puertas, alberga viviendas, palacios, cementerios, almacenes, plazas y jardines, artísticas terrazas y esbeltos minaretes. A través de un entramado de calles, callejuelas y callejones ensamblados como en una inmensa red, la Medina, todo un cuerpo con vida, conserva los misterios y el encanto indefinible del paso de la historia.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Así como en Túnez –la ciudad mestiza que se fue conformando con sucesivas migraciones– los palacios turcos contrastan con las mezquitas moriscas y los letreros en árabe con los anuncios en francés, las intrincadas callejas de la Medina, a veces casi pasadizos, contrastan con los bulevares que se extienden radicalmente a partir de la avenida central Bourguiba, homenaje al presidente que modernizó Túnez y condujo la evolución social del país. La avenida es un eje urbanístico con escaparates de flores sobre los que revolotean millares de pájaros, que permite recorrer la ciudad capital, y sentir su alma a través de la arquitectura de líneas barrocas que se mezclan con estilos futuristas en una escenografía donde conviven pasado y presente.

A la Medina se puede subir por la Rue de la Kasbah o por la Rue Djemaaa el Zitouna, que desemboca en la Gran Mezquita, en cuyos alrededores están situados estratégicamente los zocos. Los mercados árabes no tienen fin: desde el zoco Al Attarine (de perfumes) hasta Al Trouk (el de los turcos), pasando por el pozo de las mujeres, de la lana o de los orfebres, cada tienda y cada vendedor permiten explorar un poco de ese arte del regateo que tan atractivo resulta en el mundo africano. Por las dudas, hay que recordar que lo mejor de los zocos no cabe en una valija: es la vista de la ciudad que cada uno ofrece desde sus terrazas, y el particular ambiente que se respira en cada uno de ellos.
Yendo hacia el norte de la Medina, se pasará por la Hafsin, que antiguamente fue el barrio judío. Después de atravesar los típicos mercados y cafés se llega a la blanca mezquita de Sidi Mehres, el santo patrono de Túnez, desde donde se pueden dirigir los pasos rumbo a la Place Halfounie, un paso previo al espléndido Palacio del Bardo. Fue el antiguo complejo de palacios ocupado por los beys, pero actualmente sus instalaciones pertenecen en parte al Parlamento y en parte a un magnífico museo. Desde reliquias púnicas (entre los siglos VII y III antes de Cristo) hasta vestigios romanos y restos de la civilización egipcia y griega van tomando lugar en las salas y reconstruyendo el antiguo esplendor del Túnez actual. Sin embargo, el Bardo es famoso sobre todo por los mosaicos romanos y bizantinos que aquí fueron reconstruidos después de haber llegado de todos los rincones de Túnez en épocas diversas. Este tesoro muestra a los ojos del visitante escenas de la vida cotidiana, de los dioses, de la agricultura o de la fauna y flora que rodeaban la vida de los antiguos habitantes del norte de África. Hay algunos retratos célebres, como el de Virgilio flanqueado por las musas, y el de Ulises tentado por el canto de las sirenas. Desde luego, el Bardo no podía dejar de incluir una importante sección consagrada al arte islámico, a los trajes y artesanías regionales.

Cartago

En lugar de mantenerla con el esplendor y la gloria que tuvo en la antigüedad, los romanos la demolieron y sus ruinas son lo único que perviven hoy en día. Hay seis puntos principales y para verlos lo mejor es tomar el TGM, un tren que recorre la zona.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

El mejor sitio para comenzar el recorrido es la colina de Byrsa, desde donde se nos regala una maravillosa vista. En su base está la catedral de San Luis, de descomunales proporciones. Fue construida por los franceses en 1890 y dedicada a los santos mártires de las cruzadas en este país. El Museo Nacional es un gran edificio blanco que está a las espaldas de la catedral. El Anfiteatro romano está al oeste de Byrsa, a unos quince minutos del Museo. Fue uno de los mayores en su tiempo y algo de su grandeza todavía se percibe entre los restos. Atención a las magnánimas cisternas al noreste del Anfiteatro.

Los baños de Antonino impresionan sobremanera por su tamaño. Con el Santuario de Tophet acabamos el recorrido y ya vamos más que servidos de recuerdos de esta época. Espacio oficial para sacrificios, fue el lugar donde los pequeños cartagineses pagaron con su sangre el cambio de dominadores.

La puerta al Sahara

Para todoterrenos. Viajar a la zona sur de Túnez requiere el uso de vehículos especialmente preparados para la conducción fuera de carretera. Por ello, es conveniente, cuando se prepara un viaje de este tipo, contar con gente experta en la circulación por arena, y armarse de paciencia y de palas que nos permitan salir de una duna... Y mucha agua para aguantar el calor.

Dicen que el Sahara siempre llama dos veces. El reino ocre de los nómadas y mítico territorio de los aventureros ejerce una fascinación difícil de olvidar, con sus horizontes infinitos y la potente sensación de libertad que desata. Túnez , cercano y muy accesible, tiene la mitad de su territorio perteneciente al vasto dominio de la arena y la piedra. Los grandes oasis de Tozeur y Nefta y sus millares de palmeras son los centros vitales del Gran Sur.

La apertura de su aeropuerto permitió a los viajeros llegar, en una hora, desde Túnez capital al misterio del Sahara. Tozeur tiene la imagen del paraíso bíblico con sus 200.000 datileras y sus jardines interiores en mitad del desierto salado. Es la capital del Jerid, llamado el país de las palmeras, y allí es donde surgen los oasis más espectaculares de Túnez. El alminar de la mezquita de Sidi El Mouldi se eleva sobre el zoco en el que las alfombras de dibujos geométricos despliegan todo el color de este territorio monocromo.

El resto de la población es puro hermetismo, con casas cerradas al exterior , construidas con ladrillos sin cocer y ocultando un patio verde y una civilización milenaria, la bereber. Algunas de estas casas llevan en pie más de 600 años viendo pasar las grandes caravanas.
A tan sólo una veintena de kilómetros, Nefta, con sus 400.000 palmeras, es el mayor oasis del país. Ambos oasis dominan el territorio del desierto de sal, que recibe los nombres de Gharsa, Jerid o Fejaj, donde las extensiones de sal abren la posibilidad de mil y un espejismos. A las espaldas de Tozeur y Nefta está la aventura.

Si no se ha ido con vehículo propio se puede alquilar un todoterreno y contratar a expertos guías-conductores bereberes. Con la rotunda advertencia de que es mejor adentrarse en el desierto acompañados de otro coche, la policía local obliga a comunicar el itinerario al partir y a informar de la llegada al destino elegido. Es el teléfono del desierto que sirve para iniciar la búsqueda en caso de extravío.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Desde Tozeur se inicia la pista que lleva a los oasis de montaña. Sin lugar a dudas es el tramo de conducción más duro, cuando el vehículo convertido en una coctelera salva socavones y trepa entre las piedras. Las montañas, de apariencia lunar, guardan la sorpresa de los palmerales, las cascadas y los poblados bereberes de Chebika, Tamerza y Mides. La lujuria de la sombra y el sonido del agua seducen en el palmeral, donde se come y se descansa con la sensación de estar en un paraíso oculto, junto a la frontera argelina.

Hay que regresar a Tozeur para tomar la carretera del sur en dirección a Douz, la que atraviesa la llanura plateada del lago salado del Chott Jerid. Douz y sus modernos hoteles son la auténtica puerta del desierto. En ella se inicia la aventura sahariana a través de una pista que avanza por el imponente paisaje del mar de dunas y se adentra en la llanura interminable. Las rodadas de los coches señalan los caminos alternativos al principal, que están en mejor estado. Se suceden las paradas para liberar las ruedas de los montones de arena o para contemplar la devastación circundante.

Cuando cae el sol y las arenas se tornan cobrizas, se llega a Ksar Ghilane, un oasis que brota de las arenas gracias a las aguas termales. El campamento se instala bajo el palmeral y, si hay luna llena, se puede afirmar que se ha vivido una de las experiencias más atractivas que existen.
A la mañana siguiente las dunas invitan a jugar por sus suaves lomas, mientras la vista de unos hombres montados en camello trae el recuerdo de los versos bereberes: «Todo lo que quiero está aquí, la tribu en movimiento, los horizontes infinitos».

Palacios bajo tierra

El sur de este país está salpicado por los llamados «ksar», palabra que significa, en su origen, palacio. Aunque en realidad son viviendas excavadas en la roca que servían como graneros, en la actualidad sellan el encanto y la diversidad de esta región de nómadas donde nunca nada es definitivo.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Djerba es la isla de los lotófagos, de la que habla Homero: «Dañosos vientos lleváronme nueve días por el ponto, abundante en peces; y al décimo arribamos a la tierra de los lotófagos, que se alimentan con un florido manjar. Saltamos en tierra, hicimos aguada, y pronto los compañeros empezaron a comer junto a las veleras naves». Y aquéllos que comieron loto no quisieron regresar.

Pero Djerba es también la isla de los piratas. Allí mataron a más de cinco mil cristianos y con sus calaveras levantaron una pirámide.
La noche es acogedora: nubes leves, luna en cuarto creciente, estrellas nítidas, el negro más negro, la luz puntual. Todo el camino hasta dejar la isla, y después ya en el barco, es así: un cielo comunicativo, un mar entrevisto, negro, sí, pero con el racheado mínimo del rielar de la luna.
Para visitar los ksours bereberes una especie de habitáculos, graneros, en realidad, que se construían alrededor de una plaza y eran los reductos donde guardaban sus cosas las familias nómadas también hay que ir en coche.

El paisaje es sereno: grandes extensiones de tierra, retazos verdes, palmeras, cielo plateado con franjas rosas y naranjas. De pronto una columna de humo blanco entre las matas. Adelfas, olivos, hibiscos. El tiempo aquí es distinto debido a la amplitud del espacio.
Algunos de esos ksours (ksour es el plural de ksar, palabra que significa, en su origen, palacio) han sido convertidos en hoteles. El camino a seguir es complejo: Gatonga , Beni Mihre, Beni Behlal (montañas secas parcheadas de florecillas azules, violeta y amarillas jaramago ), Hatma (higueras), Ezzahra (el primer ksar), Mghit (montañas sin árboles, ovejas, cabras, un pastor). Luego el Ksar Ouled Soltane, en parte reconstruido para que se vea lo que fue.

En época de fiestas se celebra con bailes acompañados de música de flauta y tambor, que relatan la historia de los nómadas. Allí el público es tan interesante como el espectáculo. Además, se reproducen algunas escenas del reciente pasado: cómo se elevaba el grano hasta los depósitos más altos, cómo se machacaba y elaboraba para hacer pan, cómo se trabajaba la madera y el hierro. Todo presidido por camellos y cabras.

Aún tienen dueños los graneros, son los propietarios de la memoria, de la historia del nomadismo. Hay sauces llorones por Tameresk, Mahzaria, Beni Barka... Ahora vamos en otra dirección: Chenini, el lugar más hermoso. Toda esta zona tiene grutas en la montaña. Toda la parte alta de Chenini ha sido abandonada.

Túnez: riquezas a las puertas del Sahara (parte I)

Las palmeras defienden la esperanza del agua, sostienen la vida, quizás por ello tienen ese simbolismo sexual en las religiones antiguas como las sumeroarcadias y las persa. En Chenini también se baila y se canta: es una danza muy primitiva que se acompaña con un instrumento de cuerda, una suerte de mandolina alargada.

Y las mujeres enseñan cómo se trabaja la lana: husos, ruecas, telares.
Las mayores van tapadas, algunas veces con telas coloridas, y llevan tatuajes, las jóvenes se cuelgan joyas que caen desde el pelo como cascadas, algunas hechas de metal, otras de ded, una hierba silvestre que machacada y mezclada con perfume se usa para hacer las cuentas de los tocados y los collares bereberes de boda.





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