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Escribe: budha, desde: Brasil

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Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)
Por fin llegamos al tesoro turístico e histórico de Camboya: Angkor Wat. Este paraíso lleno de templos con miles de imágenes llenas de precisión y belleza encantan a todos los viajeros que decidan introducirse en la selva de Camboya. Ven a conocer los misterios y la magia de Angkor.
Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

Angkor Wat

Después de tres o cuatro días en Phnom Penh es absolutamente imprescindible subirse en un barco que a toda mecha –en seis horas- remonta el río Tonlé Sap hasta las cercanías de Siam Reap.
Y junto a la ciudad, el conjunto de ruinas más alucinante del planeta: los templos de Angkor Wat, máxima expresión del auge del Imperio Jemer, cuyos arquitectos erigieron entre los siglos IX y XIV una ciudad y unos santuarios que rivalizarían con nuestras mejores catedrales. Y, desde luego, en tamaño, alguno las sobrepasa ampliamente.

Angkor Wat es Patrimonio de la Humanidad y se necesita un mínimo de tres días en Siam Reap para, a lomos de una moto conducida por un guía, visitar los principales monumentos, dispersos en un área de 200 kilómetros cuadrados y algunos de ellos conservados tal y como se redescubrieron en el siglo XIX: casi estrangulados por la jungla.

Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

Cuentan que una simple mariposa tuvo la culpa. Que un naturista francés, Henri Mouhot se llamaba, iba tras ella y encontró las ruinas de Angkor en noviembre de 1859. Ignoraba entonces el tal Mouhot que siguiendo aquel aleteo iba a devolver al mundo uno de los mayores tesoros, si no el mayor, que el pasado le ha otorgado. Que parece obra de dioses más que de hombres. Que está, en todo caso, mucho más cerca de lo divino que de lo humano. Que es un lugar donde el tiempo se detiene, donde las manecillas de cualquier reloj dudan, la luna espera noche tras noche que llegue su turno y el sol se levanta cada mañana pidiendo permiso para posar sus rayos sobre piedras tan milenarias.

Sobre un ancho puente las cabezas talladas de 54 dioses y 54 demonios se ponen firmes para recibir al visitante. Al frente, un estrecho portón, por el que apenas pasa un automóvil, nos adentra en el pasado; y en lo más alto de la gran puerta el rostro impresionante de Jayavarman VII, el amo y señor de vidas y muertes, que en el siglo XII construyó Angkor Vat, la capital del imperio jemer, se proyecta hacia los cuatro puntos cardinales para avisar al viajero que está en el centro del universo.
Ésta es sólo una de las cinco puertas —y ellos son sólo 108 de los 540 dioses y demonios que las vigilan—que dan entrada al gran complejo arquitectónico de Angkor: mil templos esparcidos por poco más de doscientos kilómetros cuadrados de jungla camboyana. Entre los siglos IX y XII, una docena de reyes jemeres edificaron, entre los montes Kulen y el lago Tonle Sap, una sucesión de capitales, como Angkor Thom, que llegó a albergar a más de un millón de personas en su época más floreciente.

Ahora, de todo aquello, sólo quedan dioses adormecidos y viajeros sorprendidos. Las piedras y la vegetación han convertido las antiguas capitales en juguetes del tiempo. La paz ha vuelto a instalarse allí. El silencio se ha hecho fuerte, y sólo le queda al viajero preguntarse cuándo podrá volver. Cuándo podrá volver a ver amanecer sobre la balaustrada que conduce a Angkor Vat, posiblemente la construcción religiosa más grande del planeta; cuándo levantará nuevamente su mirada para ver sus cinco torres en forma de loto; cuándo se sentará otra vez en alguna de las galerías interiores del Bayon para mirar, simplemente para mirar y sentir el peso de alguna de las imágenes de Jayavarman VII que lo inundan todo; cuándo podrá nuevamente contemplar la fuerza de las raíces que se han apoderado sin misericordia de Ta Prohm o disfrutar de las Apsaras que quiso robar André Malraux o deslumbrarse con la piedra rosa de Banteay Srei, el templo de las mujeres...

Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

Su arquitectura es simplemente perfecta, su escala y formalidad estructural no tienen nada que envidiar, dicen los expertos, al mismísimo Taj Mahal, aunque al contrario que éste se encuentra no en un entorno urbano sino a caballo de una jungla, un bosque y una llanura. Sus cinco torres simbolizan el centro del universo hindú. Hay que empezar a verlo muy de mañana, cuando todavía los rayos del sol no han hecho su aparición; está rodeado de murallas y de un foso que antaño estaba repleto de cocodrilos y que ahora sólo se llena de agua en la época de las lluvias. Si madrugas puedes oír los cánticos de los monjes budistas, con sus túnicas color naranja, cuando empiezan su peregrinaje matutino en busca de limosna, y percibir el intenso olor del incienso que el sol matará poco después.

Hay quien asegura que lo mejor de Angkor Vat no es lo que se ve desde el exterior, sino lo que se puede descubrir en sus entrañas: la calidad y la extensión del bajorrelieve esculpido sobre las cuatro murallas exteriores que lo rodean. La calidad artística de esta narración tallada en piedra, e inspirada en el Ramayana y en las titánicas guerras entre los hombres y los dioses bajo formas de animales, es simplemente irrepetible, de una belleza sin igual y única en el mundo por su tamaño: casi 1.600 metros dividios en ocho paneles. Cabe destacar la narración que transcurre por la pared de la galería sur, El juicio de Yama, donde se pueden apreciar las descripciones divididas de la vida en el cielo, parte superior del mural, y en el infierno, parte inferior. También El batir del océano de leche, donde se describe cómo los dioses y los demonios dan caza a una serpiente para elaborar el elixir de la vida.

El enigmático Bayon, justo en el centro de la fortificada ciudad de Angkor Thom, con sus 40 metros de altura y sus 170 rostros esculpidos; la pirámide de Baphuon, exquisitamente decorada; las Terrazas de los Elefantes y del Rey Leproso; el Ta Prohm, templo budista materialmente levantado del suelo por la fuerza de las raíces de la todopoderosa jungla; el increíble Angkor Wat, definido en ocasiones como el edificio más espectacular que jamás haya concebido el hombre, o cualquiera de ellos, justificaría por sí solo el viaje hasta Camboya. Y, sin embargo, están todos en el mismo yacimiento, junto a docenas y docenas de maravillosas obras que confundirán al viajero haciéndole pensar que está viviendo un sueño del que no querrá despertar.

La monumentalidad sagrada de Angkor

Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

La espiritualidad, la arquitectura, la economía, la planificación urbana y la cultura se combinan en un equilibrio excepcional en Angkor. Un espacio mágico que muy pronto tendrá un lugar destacado en nuestro corazón.
En cada lugar del mundo la arquitectura sagrada expresa de múltiples formas lo que sus habitantes creen acerca de las verdades eternas.

En todas las culturas, los edificios reflejan las ideas de cada pueblo sobre el cosmos, la naturaleza de los dioses, sobre cómo habitan el universo y cómo deben llevarse a cabo los rituales. Arquitectos y artesanos de diferentes culturas usan todas las experiencias acumuladas, creando una continuidad notable entre los edificios nacidos de teologías diferentes y hasta opuestas. El templo griego fue invertido para crear el templo romano que, a su vez, le añadió la cúpula. La basílica cristiana primitiva heredó la cúpula y, a través de Bizancio, fue tomada para la mezquita, en la que se adaptó para expresar la idea islámica de Alá. El templo hindú y la arquitectura budista por todo Asia oriental, o la evolución de los estilos constructivos en Mesoamérica, presentan líneas de parentesco semejantes. En todas las regiones del mundo, los estilos foráneos se ven modificados por las religiones y las tecnologías del lugar. Y conforme evolucionan las teologías, la arquitectura se va adaptando gradualmente a los modelos existentes para expresar las nuevas ideas.

Para los arquitectos sagrados la montaña es el vínculo de unión de la tierra con el cielo. Su carácter macizo, la altura con que domina las tierras a su alrededor, la turbación que se experimenta al aventurarse en ella, la casi imposibilidad de subsistir allí largo tiempo, el hallarse cubierta de nubes, la caída frecuente del rayo..., todo concurre para hacer de la montaña un verdadero mundo aparte. “Esas montañas eternas, esas colinas santas”, de que habla con frecuencia la Biblia, son el lugar donde la tierra, como un gigante, se endereza, se eleva, se estira al encuentro del cielo. Sobre ella, se fija irresistiblemente la mirada del hombre sobrecogido por la llamada de lo alto. Ella es la escalera fabulosa que ofrece a sus sueños un comienzo de realización: una plataforma en la que lo mejor de sí mismo anticipa y presiente ascensiones más misteriosas. La montaña es el lugar privilegiado de la humanidad. Las literaturas religiosas celebran sus excelencias. Su cima es el punto al que baja la divinidad y donde encuentra al hombre que sube hacia ella. En la India se acostumbra a decir que los dioses no descienden nunca más abajo de la cima de las montañas y que es preciso trepar hasta ellas para encontrarles. La montaña es el símbolo de la reunión, el primero y más sagrado de los santuarios, el arquetipo de todos los templos.

Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

Este simbolismo es tan fuerte, que con frecuencia ha parecido como irremplazable. Asi es que en países llanos se hayan emprendido obras gigantescas para hacer surgir verdaderas montañas artificiales. Templos, tumbas o lugares de culto como las pirámides, son siempre monumentos sagrados. Desde esta perspectiva, debemos considerar el arte khmer y sus extraordinarios templos de Angkor, ocultos durante cientos de años en las profundidades de las impenetrables selvas de suroeste asiático. Y es que en Camboya se encuentran fascinantes y misteriosas construcciones.

Festividades

Los festejos más populares en Camboya tienen lugar en Phnom Penh. El Bon Om Touk, Festival de la Corriente Inversa o Fiestas Acuáticas, se celebra en la capital a finales de octubre o principios de noviembre, dependiendo del momento en que el cauce del río Tonlé Sap, que hasta entonces vierte las aguas recibidas del Mekong en el lago que lleva también su nombre, invierte su curso y revierte su caudal en el omnipresente Mekong. Durante las celebraciones se realizan ofrendas en los templos y se celebran regatas y manifestaciones folclóricas.

Gastronomía

Como en el resto del sudeste asiático, el arroz y, en menor medida, los tallarines, suelen estar siempre presentes en la cocina camboyana que también se sirve de la carne de pollo y de cerdo, así como de los vegetales y de los chiles, tan inevitables como tremendos, para confeccionar la mayoría de sus menús que, por lo general, comienzan siempre con sopas de verduras o pescado.
Las bebidas más consumidas por los camboyanos dentro y fuera de las comidas son el té, el café, la cerveza y el licor, conseguido a partir de la fermentación del arroz.

Souvenirs

Camboya: templos sagrados en el bosque (Parte II)

En Camboya son muy apreciados los tejidos artesanales a base de tradicionales motivos campesinos bordados en lamé de oro y plata y que pueden ser adquiridos por el viajero en los mercados de Phnom Penh.
También en la capital, en el Museo Nacional, se pueden comprar estupendas reproducciones a tamaño natural de muchos de los bustos exhibidos en sus salas. Y en el mercado de Siem Reap es fácil encontrar pequeñas antigüedades muy interesantes, desde cajas y saleros de plata hasta viejas planchas de hierro fundido.

Aprendiendo del pasado

Amantes de la vida. Después de tantos años de muerte, de terror y de miedo pocos pueblos son tan amantes de la vida como el camboyano. No he querido caer en la tentación de hablar de Polt Pot más que de Angkor, pero no es menos cierto que no hay que olvidar que pocos países han sido tan masacrados, humillados y aniquilados como éste. No hay odio en los supervivientes del exterminio; sino que estamos ante unas gentes pacíficas, amables, sensibles y siempre dispuestas a contestar a una pregunta con una sonrisa en los labios. Ellos que han convivido con la muerte quieren cantarle a la vida. Adoran sus ruinas como parte de su pasado pero también como uno de los bastiones de su futuro. Se siente uno seguro y querido en las ruinas de Angkor y en las calles de Siem Reap.

La Guía

  • Clima

    El clima en Camboya es tropical y sus estaciones se rigen por la presencia de los monzones. La temperatura media anual es de 27ºC y la temporada de lluvias se extiende de abril a octubre, registrándose en esta época la casi totalidad de las precipitaciones, cuya media anual es de 1.400 milímetros en el centro del país y 3.800 en las áreas montañosas y costeras.
  • Moneda

    La moneda oficial de Camboya es el riel y las autoridades han prohibido el introducir o sacar rieles del país. Los dólares norteamericanos no sólo pueden ser fácilmente cambiados en la capital, sino que también son aceptados como medio de pago en gran parte del país.
    Por el contrario, los cheques de viaje sólo pueden ser cambiados con cierta facilidad en Phnom Penh y las tarjetas de crédito son rechazadas habitualmente en toda Camboya.
  • Transporte

    En avión
    Hay vuelos locales desde Phnom Penh hasta Koh Kong, Sihanoukville y Siem Reap. Este último dura apenas 30 minutos, cuesta unos 50 dólares y es el modo más rápido, cómodo y habitualmente utilizado por los viajeros que visitan la zona de Angkor.

    En coche
    Desplazarse por carretera en Camboya no es nada cómodo debido al mal estado tanto de los autobuses, generalmente atestados de viajeros, como de las siempre mal cuidadas pistas por las que circulan.

    En tren
    Menos recomendable aún son los trayectos hechos en tren. Los vagones pueden llegar a ser incluso más viejos que los trazados, los interminables retrasos están a la orden del día y lo que es aún peor, periódicamente se registran sabotajes y asaltos de trenes, principalmente en el noroeste del país.
  • Salud

    Debido a los casos registrados de 'gripe de la aves', el Ministerio español de Asuntos Exteriores recomienda seguir una serie de precauciones que se pueden consultar en su página web.

    No se requieren vacunas obligatorias para entrar en el país. Sin embargo Camboya es una zona de malaria, sobre todo en la zona fronteriza con Tailandia, por lo que sería interesante para el viajero seguir algún tratamiento profiláctico del paludismo y del tifus, además de incluir en su equipaje algún repelente de insectos con un contenido superior al 35% de DEET y procurar no mantener desnudos los brazos y las piernas al amanecer y al atardecer, es decir, cuando los mosquitos son siempre más activos.

    Si a pesar de haber tenido el habitual cuidado de no beber agua no embotellada ni ingerir verduras que no hayan sido previamente cocinadas, en algún momento el viajero se siente aquejado por la típica «diarrea del turista», convendrá tener a mano algún antidiarréico, e ingerir frecuentemente Sueroral (un sobre por litro de agua), medicamentos ambos que conviene tener la precaución de haber adquirido antes de iniciar el viaje.
    Tampoco estaría de más llevar en el equipaje un pequeño botiquín en el que deberían figurar antibióticos, antipiréticos, antisépticos, vendas, tiras adhesivas de sutura y jeringuillas de un solo uso.
  • Seguridad

    Es un país inseguro, en el que con frecuencia las diferencias políticas son dirimidas con metralletas y granadas e incluso se han registrado casos de extranjeros sorprendidos entre dos fuegos.
    Asimismo, se recomienda extremar las precauciones si se sale por la noche en Phnom Penh.

    Por último, gran parte de Camboya se encuentra aún minada, en especial en las regiones fronterizas y en el oeste del país, y es peligroso adentrarse por zonas desconocidas para el viajero.





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