|
Malé
Pequeña, singular y densamente poblada, Malé (pronúnciese
[Marlay]) no puede considerarse un emplazamiento espectacular,
pero se trata de una capital muy suya. Esta urbe, limpia y ordenada,
posee mezquitas, mercados, un laberinto de callejuelas y mucho
encanto. Aunque en ocasiones pueda parecer una aletargada localidad
rural, surgen nuevos edificios por doquier y la localidad parece
estar a punto de reventar.
La isla de Malé posee unos 2 km de longitud y una anchura
de 1 km, y rebosa edificios, carreteras y algunos espacios abiertos
bien aprovechados. Oficialmente, cuenta con 65.000 habitantes
pero, añadiendo los trabajadores extranjeros y los visitantes
procedentes de otras islas, esta cifra puede ascender a cien mil;
de hecho, es la impresión que ofrece. La isla ha duplicado
su tamaño mediante la recuperación de terrenos;
las islas cercanas han adquirido funciones determinadas, como
de aeropuerto. Existen proyectos para desarrollar otras islas
y reducir la presión que se ejerce sobre Malé.
|
|
 |
| |
Entre los modestos atractivos de la urbe, figura el Museo Nacional,
que expone caóticamente objetos pertenecientes al sultán
y diversas muestras de los hallazgos arqueológicos realizados
por Thor Heyerdahl (numerosas esculturas antiguas y figuras de
piedra aparecen en su libro El misterio de las Maldivas). En las
proximidades de la institución cultural yace el agradable
parque del Sultán, así como la imponente gran mezquita
del Viernes, que destaca en el perfil de la ciudad.
Más de una veintena de mezquitas aparecen diseminadas por
la población, aunque algunas se limitan a una sala de coral
con techo metálico. La más antigua, la Hukuru Miski,
es célebre por sus intrincadas piedras esculpidas. Un largo
panel, tallado en el siglo XIII, conmemora la introducción
del islamismo en Maldivas, mientras que, en el exterior, un cementerio
alberga la tumba de Abdul Barakatul Barbari y las lápidas
de antiguos sultanes.
Entre los restantes puntos de interés, figura el bazar
Singapur, un conglomerado de comercios que disponen de objetos
de artesanía local de calidad y un surtido de bagatelas
para turistas, ya sean locales o importadas. También destacan
los establecimientos especializados en artículos de ferretería,
pesca y mercancía general para proveer a las poblaciones
de la zona. En los numerosos salones de té, los hombres
maldivos degustan las comidas breves (pequeños tentempiés),
fuman, mascan y charlan.
Malé posee alojamientos y restaurantes económicos,
pero la vida nocturna se halla confinada a los salones de té
y a escasos restaurantes de estilo occidental. Un par de cines
proyectan películas épicas indias y films taquilleros
de Hollywood. Los extranjeros residentes en Malé suelen
dirigirse a un centro turístico cercano en sus días
libres.
Seenu (Atolón Addu)
Puede considerarse la segunda ciudad de Maldivas; su centro turístico
se ha convertido en el mejor punto de partida para visitar las
tradicionales comunidades isleñas maldivas. Los addu son
muy recelosos de su independencia; se comunican en un idioma diferente
al de la capital y, en una ocasión, intentaron separarse
de la República.
|
|
 |
| |
La principal influencia sobre la historia moderna de Addu se
focaliza en las bases británicas que se establecieron en
la isla de Gan, durante la II Guerra Mundial, como parte de la
defensa en el océano Índico. En 1956, los británicos
establecieron una base de la Royal Air Force como puesto avanzado
estratégico durante la guerra fría. Contaba con
un personal permanente de unas seiscientas personas que alcanzaba
las tres mil en los períodos de mayor actividad. Construyeron
puentes y carreteras que unían las islas de Feydhoo, Maradhoo
e Hithadhoo, y utilizaron como mano de obra a numerosos lugareños.
En 1976, los británicos abandonaron la base, pero muchos
de sus empleados, que hablaban un buen inglés y tenían
experiencia trabajando para occidentales, estaban bien cualificados
para participar en lo que pronto sería una industria turística
en auge.
El desarrollo turístico en Addu ha tardado en despegar,
pero se ha instalado un complejo turístico en las antiguas
dependencias de la Royal Air Force en Gan y, en la actualidad,
se encuentra adecuadamente enlazado con la capital mediante un
nuevo vuelo de Air Maldives. El Ocean Reef Resort se aleja del
prototípico paraíso tropical de una isla maldiva,
pero la antigua base militar le confiere un toque único.
Gan está unida mediante puentes a las islas vecinas, y
resulta sencillo y agradable desplazarse por ellos en bicicleta,
lo que permite visitar las poblaciones de la zona y conocer las
costumbres y cultura de sus gentes.
Fuamulaku
Es una isla solitaria en medio del Canal Ecuatorial, que goza
de una excepcional fertilidad, produciendo frutas y verduras imposibles
de hallar (salvo importaciones) en el resto de las islas, como
mangos, naranjas y piñas. Se dice que la gente de esta
isla es más longeva, más alta y más fuerte.
La isla de Kudahuvadhoo
El sur del Atolón Nilandhoo guarda uno de los túmulos
misteriosos llamados «hawittas». Se trata probablemente
de las ruinas de templos budistas, pero no han sido suficientemente
investigadas por los arqueólogos. Thor Heyerdahl exploró
la isla y comentó que la antigua mezquita tenía
una de las mejores albañilerías que había
visto jamás, incluso mejor que los muros incas en Cuzco
(Perú). Las tumbas esculpidas son también de un
gran renombre en el mundo islámico.
Makunudu
Es un rincón secreto, repleto de maravillas. Un lugar
para tumbarse en las espléndidas playas, cuidarse el cuerpo
en el Centro Pink Rose de Aromaterapia y Belleza Natural (curas
con esencias de hierbas aromáticas), y relajar la mente
bajo los masajes de un profesional.
Atractivos turísticos
|
|
 |
| |
La mayoría de los visitantes se dirige a Maldivas en un
viaje organizado, y se aloja en uno de los más de setenta
establecimientos especializados de las islas. La mayoría
de estos centros están situados en tres atolones próximos
a la capital: el atolón del norte de Malé, el atolón
del sur de Malé y el atolón Ari. Existen algunos
más en los atolones inmediatos que, en breve, quizá
se desarrollen más a fondo. A juzgar por los folletos,
todos resultan maravillosos, gozan de arena blanca, mar azul y
palmeras, e incluso prometen fantásticas inmersiones. Sin
embargo, pese a su aparente similitud, varían de forma
considerable en comodidad, alimentación, clientela, carácter
e idoneidad para realizar excursiones y las más diversas
actividades.
La calidad del alojamiento y la comida guarda una estrecha relación
con el precio; ninguno de los complejos turísticos de Maldivas
puede considerarse impropio, pero tampoco resultan precisamente
económicos. Algunos disponen de habitaciones modernas similares
a las de un hotel; otros han sido diseñados siguiendo parámetros
más rústicos, con techos de paja y suelos de arena.
Los establecimientos más espaciosos y económicos
atraen preferentemente a una clientela joven, en su mayoría
solteros; suelen disponer de un estilo informal y atestarse de
clientes con ganas de divertirse. Los más diminutos son
más íntimos y cómodos, y pueden resultar
más atractivos para las parejas y los recién casados.
Algunos establecimientos se centran exclusivamente, en mayor o
menor medida, en determinadas nacionalidades, en especial italianos,
alemanes, franceses y japoneses. Todos los complejos ofrecen submarinismo,
pero algunos son reconocidos destinos para buceadores avezados.
Es necesario tener en cuenta que algunos locales ofrecen mejor
acceso que otros a determinados puntos de buceo, pueblos tradicionales
o a la capital.
Submarinismo y deportes acuáticos
Más de 700 especies, visibilidad de hasta cuarenta metros
e incluso restos de naufragios constituyen suficiente atractivo
para cualquier aficionado a este deporte.
A decir de los expertos más pesimistas, a las Maldivas
les puede quedar poco tiempo de vida. El recalentamiento del planeta
podría hacerlas casi desaparecer con sólo que el
nivel del agua aumentara un metro. Esto es algo que quizá
nunca llegue a suceder, pero la advertencia supone, sin duda,
la mejor excusa para concederse un capricho...
El submarinismo se erige como la principal atracción de
Maldivas; se calcula que el 60% de los visitantes realiza al menos
una inmersión. Existen centenares de lugares de buceo reconocidos,
muchos de los cuales son accesibles desde los complejos turísticos
(a los demás se puede llegar en barco o mediante un safari
de buceo). Junto a una multitud de peces y corales, se puede sentir
la emoción de nadar con tortugas, morenas, mantas, tiburones
y ballenas, además de explorar algunos de los restos de
naufragios más alcanzables, como el Maldive Victory junto
al aeropuerto Hulule, considerado por muchos entusiastas como
una de las mejores inmersiones a un barco hundido del planeta.
La práctica totalidad de establecimientos turísticos
cuentan con una escuela de buceo para mantener a sus clientes
ocupados, pero el visitante también puede ponerse unas
gafas y unas aletas y nadar un trecho desde la playa para disfrutar
de las delicias del mundo submarino de Maldivas.
|
|
 |
| |
El surf se ha convertido en una actividad muy común en
las islas, debido a los excelentes puntos de acceso desde los
emplazamientos turísticos en las inmediaciones de Malé.
También se organizan safaris para practicar el surf hasta
los atolones exteriores. Es preferible contratar estos viajes
con un operador conocido, porque Maldivas no es, en absoluto,
un destino en el que los surfistas con pocas tablas puedan llegar
y lanzarse a las olas sin más. Para los entusiastas de
los deportes acuáticos, existe multitud de oportunidades
para navegar, realizar parasailing, windsurf, esquí acuático
y moto acuática. La pesca mayor resulta una opción
prohibitiva en algunos establecimientos y, como se sigue una política
de pescar y soltar, no se puede conservar la pieza. Igualmente
resulta factible pescar de noche a bordo de un dhoni (barco tradicional).
Otra actividad muy popular se basa en montarse sobre un plátano
arrastrado por una lancha y surcar por el mar. Cuando menos se
espere, se llevará el voleibol con cocos.
Lo mejor de las islas
Bucear en el arco iris submarino
El estallido de colores más espectacular del mundo brilla
sumergido en el Indico de Maldivas: 700 especies de peces, 200
de coral, 5.000 clases de conchas, forman un caleidoscopio hipnótico
que se deja contemplar con unas simples gafas y un tubo. Las variedades
rojas, verdes y azules de peces loro, las acuarelas del Picasso,
los lunares de los payaso y los arlequines, la estela del pez
fuego, el brillante naranja de las percas mantequilla o el fulgor
irreal de los diminutos doraditos, se deslizan entre cavernas,
abanicos, cañones y árboles coralinos.
El placer de navegar en dhoni
El vértigo de los peces voladores y decenas de delfines
acompañan el viaje de la tradicional embarcación
maldiva en alta mar. Al entrar en los anillos coralinos y navegar
las lagunas esmeralda que rodean cada isla, la brisa vuelve de
la costa con el aroma dulce de la Flor del Templo. La sensación
de libertad que los navegantes maldivos vivieron durante siglos
se diseña hoy en cruceros a la carta.
Conocer la vida local
Fuera de los calculados paraísos hoteleros, las 199 islas
habitadas despliegan un bullicio de color y espontaneidad. La
población –que en un 70 por cien no ha cumplido los
40 años- hilvana sus días pescando y cocinando lo
que los árboles ofrecen. Son gentes de piel canela y mirada
intensa y libre. La sonrisa franca del visitante es correspondida
con otra luminosa: en pocos minutos de charla gestual o de chapurreo
en inglés, uno se encuentra en el patio interior de las
casas de coral, compartiendo lonchas de atún seco, coco
y breadfruit frito (el pan cotidiano, especie de fruta que mezcla
los sabores de la patata y el plátano).
Maldivas desde el aire
Hay visiones que jamás se olvidan. Quien sobrevuela Maldivas
retiene una belleza mágica, jade, brillante y turquesa,
en un rincón secreto de la memoria. Contemplar desde el
aire la Flor de las Indias es el privilegio que Marco Polo no
pudo tener. Quizá, de haberlo hecho, comprobaría
que el término que usó para evocar el archipiélago
se le quedó corto.
La paciencia de los artesanos
No hay complejos turísticos en el atolón Gaafu,
al sur, y allí la paciencia mantiene el arte de hilar a
mano esteras de caña coloreada, con dibujos geométricos.
Hay diferentes tipos de esteras y esterillas, según su
material y diseño: las kunaa, las saanthi y las roanu.
También en los atolones del sur las abuelas, y algunas
jóvenes, siguen bordando a mano los cuellos y puños
de los libaas, tradicionales vestidos femeninos, con hilos de
plata y hebras doradas.
La guía
Casi todas las fiestas están basadas en el calendario
lunar islámico y las fechas cambian cada año. La
celebración religiosa más importante es el Ramadán
(conocido localmente como el «rorda mas»), el mes
islámico de ayuno. Otras fiestas son el Kuda Id, la visita
de la luna nueva (celebrada al final del Ramadán), y el
Cumpleaños del Profeta, conmemorando el nacimiento del
Profeta Mohammed.
Otros festivos nacionales fijos son: el Día Nacional (el
día que Mohammed Thakurufaan y sus hombres expulsaron a
los portugueses de Male en 1573; el primer día del tercer
mes en el calendario lunar); el Día de la Victoria (la
victoria sobre los mercenarios de Sri Lanka el 3 de noviembre
de 1988), y el Día de la República (fundada el 11
de noviembre de 1968).
Generalmente, el año se divide en dos periodos de monzones:
el monzón del nordeste («iruvai»), que dura
de diciembre a marzo, que son los meses más secos, y el
monzón del sudoeste («hulhangu»), que dura
de abril a noviembre, durante los meses más húmedos,
tormentosos y con fuertes vientos ocasionales. La temperatura
media durante el día es de 28ºC a lo largo de todo
el año. La humedad es ligeramente más baja en la
estación seca, pero normalmente hay brisas marinas refrescantes.
Cualquier época del año es buena para visitar Maldivas,
pero entre diciembre y abril se pueden conseguir horas extra de
sol, aunque hay que tener en cuenta que es la temporada alta y
los hoteles están atestados y son más caros, sobre
todo en las fechas de Navidad y Año Nuevo. Entre mayo y
noviembre (temporada baja) todavía las temperaturas son
cálidas, pero la humedad es mayor y las lluvias son frecuentes.
La moneda de Maldivas es el rufiyaa, que equivale a cien laari.
Si bien no existe ningún reglamento específico sobre
control monetario, es mejor llevar dólares americanos,
o en su defecto, marcos alemanes, libras esterlinas o liras italianas.
Los turistas apenas necesitarán el rufiyaa, la moneda maldiva,
al no ser que utilicen servicios locales. Aquéllos que
se queden en los establecimientos turísticos no necesitarán
tener dinero en efectivo, ya que todo gasto será cargado
en la cuenta de la habitación del hotel, que se puede pagar
al final con cheques de viaje o tarjetas de crédito (American
Express, Visa o MasterCard).
Las líneas aéreas maldivas, Air Maldives, tienen
vuelos domésticos regulares hacia varios atolones fuera
de Male. Los helicópteros y las avionetas se suelen utilizar
para destinos más lejanos. Pero el medio principal de transporte
local es el «dhoni», una lancha motora «que
sirve para todo». Los cruzeros-safari en los «dhonis»
son algo muy popular. Unas barcas más grandes llamadas
«vedis» se emplean para viajes más largos hacia
otros atolones. Pero casi todas las islas son tan pequeñas
que sólo se necesitarán unos pies para caminar,
aunque hay taxis, motos y bicicletas en la capital.
Unas 80 embarcaciones (dhonis motorizados y adaptados al turismo,
potentes lanchas, veleros y lujosos barcos) ofrecen cruceros por
las islas, e itinerarios basados en la práctica del submarinismo.
El pescado y el arroz son los dos elementos principales de la
comida maldiva. La carne y el pollo sólo se consumen en
ocasiones especiales.
La cocina autóctona incluye pescado frito, pescado al curry
y sopa de pescado.
La nuez de Areca (un fruto seco ovalado que se mastica con clavo
y con lima) es el equivalente a la menta para después de
cenar. El alcohol sólo se puede adquirir en los establecimientos
turísticos (para los maldivos está prohibido). La
bebida local es el dulce y delicioso «raa», sacado
del tronco de la palmera.
Además del coco, pocas frutas y verduras crecen en las
islas, por lo cual, la mayoría de la comida servida en
los lugares turísticos es importada.
|
|
 |
| |
En muchas teterías, los hombres maldivos se sientan a
picotear algo de comer (como las tapas españolas), fumando,
mascando y hablando.
Cada isla-resort dispone de sus propios restaurantes, en los que
se sirve toda la consabida batería de platos internacionales,
para los susceptibles paladares occidentales. Desde luego, también
es posible probar los sabrosos platos típicos maldivos
e indios.
Sólo en la capital podremos entrar en un restaurante que
no forme parte de un hotel, aunque lo más interesante es
visitar las numerosas Tea Shops del Singapore Bazar y la Majeedi
Magu. Allí se sirven toda clase de hedhikaa (especie de
piscolabis dulces o salados) a base de coco, chile, curry, jengibre,
arroz sazonado, pescado ahumado, lima o nueces de areca. Esta
especie de teterías no permiten la entrada a las mujeres
maldivas. Son muy económicas.
No se exige ninguna vacuna obligatoria para entrar en Maldivas,
excepto la de la fiebre amarilla, si el turista ha visitado países
de riesgo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que los servicios
médicos son limitados, aunque es posible recibir asistencia
básica, especialmente en afecciones relacionadas con el
submarinismo. Asimismo, es conveniente tomar precauciones con
la alimentación; consumir alimentos muy cocinados.
No hay lugares particularmente inseguros en el archipiélago
de Maldivas. En la capital (Male) pueden darse hurtos o robos
no violentos, pero en general el país es muy seguro.
Con todo, es conveniente observar las costumbres locales en lo
relativo al vestido y al comportamiento en público (Maldivas
es un Estado confesional, musulmán).
Además, no hay que olvidar que hay restricciones de acceso
a determinadas islas, y no se permite arrancar coral de los fondos
submarinos (hay que respetarlo, pero de todos modos existen multas
y penas de arresto para esta clase de infracciones). El tráfico
y consumo de drogas está castigado con largas penas de
prisión (cadena perpetua por la posesión de cualquier
cantidad de sustancias prohibidas). Fuera de los hoteles de lujo
y establecimientos turísticos, está castigada la
posesión o el comercio de bebidas alcohólicas.
|
|
 |
| |
En Maldivas se pueden adquirir productos artesanales de calidad
por precios no demasiado caros. El centro de mayor venta artesanal
es el Bazar de Singapur, en Male. Desgraciadamente, la producción
artesanal nacional está desapareciendo en favor de productos
exportados de la India, Sri Lanka y Bali. No obstante, se celebra
en Male una Feria de Artesanía cada año (las fechas
varían enormemente según el año), pero sus
productos suelen ser más caros que en las tiendas.
Buenos regalos pueden ser las esterillas finamente trenzadas,
llamadas «kunaa», que destacan por sus motivos elegantes,
abstractos, geométricos y simétricos. Sólo
se fabrican en Gaaf Dhaal (en el sur del Atolón Huradhoo).
Es también maravilloso el trabajo en laca, con motivos
florales y vivos colores, o pulseras y collares de conchas marinas,
de coral y de perlas.
El vestido tradicional de la mujer, el libaas, es una preciosa
prenda con motivos dorados. Muy típicos son los productos
hechos de coco y de hojas de palmera. También son interesantes
los pequeños comercios que venden un poco de todo: artículos
de limpieza, equipos marinos, artículos para pesca, y otras
mercancías. Está terminantemente prohibida la exportación
de productos de determinados animales.
Un apunte para cazadores de recuerdos impropios: desde 1996, una
rigurosa legislación prohíbe vender caparazones
de tortuga y productos derivados del animal. El gobierno pide
que no se compren los corales que se ofrecen en las tiendas de
souvenirs, para desalentar a la población que saquea el
fondo marino.
|