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Escribe: budha, desde: Brasil

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Maldivas: el collar de corales (Parte I)
Mil doscientas pequeñas islas e islotes de coral desperdigadas por el océano Indico. Esto es Maldivas, a las que Marco Polo llamó "la flor de las Indias" cuando las visitó durante sus viajes. Se sitúa al Suroeste de la India, y tiene una población aproximada de 225.000 habitantes.
Un entorno natural todavía virgen, un clima ideal, hermosas e interminables playas de desierta arena blanca, una población amable y acogedora, y un mar considerado entre los tres mejores del mundo para el buceo, son los atractivos que han convertido estas islas en uno de los destinos turísticos más codiciados.
Maldivas: el collar de corales (Parte I)

Introducción

Los complejos turísticos del archipiélago de las Maldivas atraen al visitante con la promesa de ofrecerle "el último paraíso sobre la Tierra". Quienes por paraíso entiendan prístinas islas tropicales donde se balancean las palmeras, playas de arena blanca y vistosas lagunas color turquesa no se sentirán defraudados al visitar estas islas. Asimismo, se trata de uno de los principales destinos para los aficionados al submarinismo, que acuden atraídos por la belleza de sus arrecifes de coral y la riqueza de su vida marina. No obstante, no son aptas para mochileros con un bajo presupuesto o para aficionados a la antropología que deseen viajar de forma independiente y vivir a imagen y semejanza de los lugareños.

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

En Maldivas, el turismo está controlado de forma escrupulosa; las líneas directrices del plan de gestión turística señalan el entorno submarino y el factor Robinson Crusoe como sus principales atractivos, pero éstos se consideran incompatibles con el turismo de masas, bajo presupuesto y a gran escala. La falta de recursos locales obliga a importar una gran parte de las necesidades del visitante, desde mobiliario a verdura fresca, por lo que este destino no puede competir a nivel de precios. La estrategia utilizada se ha basado en desarrollar un número limitado de centros de calidad en cada isla deshabitada, libres del tráfico, la delincuencia y el mercantilismo desenfrenado.

La estrategia turística de Maldivas pretende igualmente minimizar los efectos perniciosos del turismo sobre las comunidades musulmanas tradicionales. Los viajeros pueden realizar breves visitas guiadas a los pueblos pesqueros, para luego regresar a su centro contratado. La mayoría se sienten satisfechos de poder entrever la vida y cultura locales, pero aquellos que deseen permanecer más tiempo, o viajar a los atolones situados fuera de las zonas de recreo, deberán argüir una razón de peso y disponer de un permiso especial junto al aval de un lugareño. Resulta difícil imaginar qué beneficio podrían obtener las comunidades ajenas a las largas estancias de un número incontrolado de turistas.
Las principales playas se encuentran en el Atolón Male (norte y sur) y en el Atolón Ari. El resto de los atolones goza, por supuesto, de espléndidas playas, pero no acoge a turistas. Todas estas playas son de una arena blanca y suave, con un mar azul de aguas cristalinas, palmeras meciéndose al son de la brisa marina, y todas ellas prometen suculentos buceos. A pesar de las similitudes entre las playas, los precios y los servicios pueden variar.
Maldivas es reconocida a nivel internacional como un modelo de desarrollo turístico sostenido respetuoso con el medio ambiente.

Historia

Los primeros habitantes llegaron probablemente al archipiélago desde Ceilán (Sri Lanka) y del sur de India antes del año 500 a.C. Los maldivos creen que una antigua raza llamada Redin, devota al dios Sol, fue la primera en instalarse en Maldivas, dejando una herencia de creencias referentes a malos espíritus, o jinnis, que aún hoy se mantienen. Los Redin abandonaron supuestamente el archipiélago en el siglo V a.C., o fueron absorbidos por los budistas de Ceilán o los hindúes de la India. Debido a que el material para edificar era limitado, cada grupo erigió sus templos encima de los restos de los habitantes anteriores. Por eso muchas mezquitas maldivas están orientadas hacia el sol, y no hacia la Meca.

La conversión al Islam, en 1153, es una parte de la historia maldiva que permanece oscura. Según la leyenda, un jinni marino llamado Rannamaari pedía sacrificios de jóvenes vírgenes en Male. Abu Al Barakat, un visitante árabe norteafricano, sustituyó a una joven virgen en el altar y expulsó al demonio leyendo el Corán, el libro sagrado islámico. El rey maldivo se convirtió al Islam entonces, y Abu Al Barakat pasó a ser el primer sultán. Una serie de seis dinastías sultánicas se sucedió, y cuando llegaron los portugueses en el siglo XVI, dos dinastías regían el país: la Malei y la Hilali. Los portugueses, ansiosos por ampliar sus rutas comerciales en el océano Índico, obtuvieron permiso para edificar una fortaleza y una fábrica en Male, pero pronto quisieron más, y en 1558, el Capitán Andreas Andre llevó en marcha una invasión portuguesa matando al Sultán Alí VI. Andre gobernó Male hasta 1573, cuando un jefe local, Mohammed Thakurufaan, derrocó a los portugueses.

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

En el siglo XVII, Maldivas pasó a estar bajo la protección holandesa y más tarde británica, pero ninguno de los dos países estableció una administración colonial. En 1860, los mercantes Bora que venían de Bombay empezaron a adquirir el monopolio casi exclusivo del comercio internacional de Male, y esto hizo que el Sultán Mohammed Mueenuddin II firmara en 1867 un acuerdo con los ingleses para garantizar la plena independencia de las islas. Subsiguientemente, Maldivas se convirtió en un protectorado británico y en su base militar.

A partir de la Consitución de 1932, los sultanes empezaron a ser elegidos, hasta que en 1953 el sultanato quedó abolido y una república fue proclamada con Amin Didi como presidente. Pero este régimen no duró siquiera un año, pues poco después el sultanato fue restablecido con Mohammed Farid Didi elegido novegésimo-cuarto sultán de Maldivas. Paralelamente, las Fuerzas Aéreas Británicas seguían desarrollando sus bases militares en el país, contra las cuales se sublevaron los habitantes de Addu y Suvadiva, quienes, influenciados por las ideas británicas al mismo tiempo, pidieron la independencia de sus pequeñas islas. En 1965, Gran Bretaña reconoció la soberanía de las islas y Maldivas pasó a ser una república independiente.

En 1968 un referéndum abolió nuevamente el sultanato y una nueva república fue inaugurada con Nasir como presidente. Pero pronto éste fue sustituido por el progresista Maumoon Abdul Gayoom, sobreviviendo a dos golpes de Estado, en 1980 y en 1988. En 1993 volvió a ser elegido. Los últimos años se caracterizan por la creciente modernización del país, pero el gobierno debe decidir entre la preservación del mediombiente marino o la industria pesquera y el turismo masivo.

Entorno y medio ambiente

Las islas Maldivas están formadas por una cadena de 26 atolones coralinos situados al suroeste de Sri Lanka, y abarcan 754 km de longitud y 118 km de anchura. Las 1.192 islas coralinas son tan diminutas que la tierra de secano supone menos del 4% del territorio total del país. Algunas islas constituyen meros bancos de arena deshabitados con una porción de matojos, mientras que otras disponen de varios kilómetros y vegetación abundante, de ahí quizá que su nombre, Maldivas, deriva del sánscrito y significa "collar de flores".

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

En general, las lagunas presentan un color azul brillante, con asombrosos arrecifes de coral y una rica vida marina. Aunque la estricta legislación sobre pesca y explotación comercial ha mantenido el entorno marino en un estado de conservación perfecto, en 1998 los arrecifes sufrieron los efectos de El Niño: el aumento de la temperatura del mar durante dos semanas despojó a los arrecifes de un alga simbiótica que provocó el descoloramiento de los pólipos coralinos. Aunque esto puede conllevar consecuencias desastrosas, la mayoría de los arrecifes de coral de Maldivas salieron indemnes y parece que ninguna especie marina se ha visto afectada. Los arrecifes permanecen como el enclave idóneo para practicar el submarinismo y el buceo con tubo, aunque hayan perdido temporalmente parte de su belleza multicolor (un proceso cíclico que se superará, según los biólogos marinos y los especialistas en arrecifes).

En el resto de las islas, lo que se encuentra es mucho más primitivo: pequeños pueblos de pescadores en los que sólo el turismo ha supuesto un cambio para una vida que mantienen como hace siglos. Para visitarlas es necesario un permiso del Ministerio de Turismo.

De las doscientas islas habitadas del archipiélago, menos de setenta están equipadas para el turismo, aunque el número va en aumento. Cada una es un hotel, con todas las comodidades imaginables y un jardín exuberante que forma la propia isla y que no se tarda más de veinte minutos en recorrer.

Son hoteles peculiares, formados por habitaciones muy amplias construidas a guisa de cabañas con materiales autóctonos y diseminadas por la isla. Algunas están construidas sobre el agua, elevadas sobre pilones y comunicadas con tierra por una pasarela. En este caso, cada habitación tiene su propia escalera hasta el mar.

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

Por lo demás, existe un intenso tráfico marino entre las islas, con turistas y lugareños visitando unas y otras en los barcos que hacen las veces de taxis. En Maldivas, el 99 % del territorio nacional es agua. Un agua impresionante, de variados e intensos tonos azules que contrastan con el blanco de las playas y el verde del follaje.

Se habla fundamentalmente inglés, y la moneda nacional es la rupia aunque los dólares se aceptan casi sin excepción. La oferta de restaurantes depende casi exclusivamente del hotel de la isla. Algunos tienen dos, pero normalmente no tendremos ninguna dificultad, ni opción, para elegir. La comida es sobre todo india y oriental, además de la acostumbrada comida internacional.

En la aduana suelen ser bastante intransigentes con la prohibición de introducir figuras religiosas y bebidas alcohólicas, que no obstante luego se sirven en el hotel sin ninguna restricción. Como país musulmán, también están prohibidos el Top-less y el nudismo. Es recomendable llevar un repelente antimosquitos y un desinfectante para los cortes con el coral. También un calzado de goma para no hacerse daño con los arrecifes.

El turismo en las Maldivas está muy bien gestionado y con visión de futuro. Se están ampliando las plazas hoteleras, pero con suficientes precauciones para conservar las condiciones que hacen atractivo el archipiélago: la superficie edificada no puede superar el 20 % del total de la isla, debe dejarse un margen de playa y la altura no puede sobrepasar la de los cocoteros. Además, no pueden construirse hoteles en las islas de los pescadores.

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

A pesar de que muchas de las islas de mayor tamaño se erigen como la representación perfecta de una fantasía tropical rebosante de palmeras, la mayoría posee un suelo arenoso pobre que únicamente permite el crecimiento de una variedad limitada de plantas: bambú, pandanáceas, plátano, manglares, árbol del pan, banyans, parras tropicales y numerosos cocoteros. Las islas más extensas y con mayor humedad albergan limitadas zonas selváticas. Los principales cultivos se reducen al boniato, la batata, la malanga, el mijo y la sandía, aunque algunas islas más fértiles cuentan con árboles cítricos y piñas.

La fauna salvaje escasea; pueden verse murciélagos gigantes de la fruta, lagartos de vivos colores y ocasionales ratas. Entre los animales domésticos, figuran gatos, algún que otro pollo, cabras y algunos conejos. La fauna más interesante se encuentra bajo el agua. Con unas gafas de buceo y un tubo, se pueden contemplar peces mariposa, peces ángel, peces loro, rascacios, peces unicornio, trompeteros, pargos de listas azules, ídolos moros, plectognatos y otras muchas especies. Igualmente, los submarinistas podrán buscar animales de mayor tamaño, como tiburones, pastinacas, mantas, tortugas marinas y delfines.

En general, los monzones dividen al año en dos épocas climáticas: de diciembre a marzo, los meses más secos, cuando aparece el monzón del Noreste, o ruvai; y de abril a noviembre, cuando el monzón del Suroeste, o ulhangu, provoca un clima más húmedo, un mayor número de tormentas y vientos fuertes ocasionales. La temperatura media diurna se mantiene en unos 28ºC durante todo el año. La humedad disminuye durante la temporada seca, pero generalmente sopla una refrescante brisa marina.

Cultura

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

Las fiestas tradicionales se han visto con frecuencia influenciadas por la cultura occidental. Se puede escuchar a músicos tradicionales tocando temas de Michael Jackson, por ejemplo, pero sigue habiendo ceremonias que se han mantenido en su tradición, como el principio y el final del Ramadán, que tienen un toque maldivo distintivo. Existen tres periódicos diarios en Maldivas y varias revistas; grupos musicales de rock y algunos edificios modernos que a veces eclipsan las viviendas autóctonas.

No obstante, el folclore autóctono es bastante rico. El «bodu beru» es un tambor grande que se toca en los espectáculos y bailes más tradicionales. Los bailarines empiezan con un ritmo suave, balanceando sus brazos, y se vuelven más animados a medida que el tempo aumenta, acabando en un ritmo casi frenético. En una orquesta hay de cuatro a seis percusionistas, y los ritmos tienen fuertes influencias africanas.
El islam es la religión nacional y todos los maldivos son musulmanes suníes. Ninguna otra religión está permitida, aunque algunas creencias ancestrales persisten, como el miedo a los «jinnis», malos espíritus que vienen del mar, de la tierra o del cielo, a los que se les hace responsables de todo aquello que la ciencia no puede explicar.

Su fervoroso seguimiento del Islam les prohíbe consumir cualquier tipo de bebida alcohólica, por eso si trae alguna hasta este país le será requisada en el aeropuerto. Por motivos religiosos está prohibido también hacer topless en las playas.

Aunque los espectáculos de música y danzas tradicionales no llegan a celebrarse a diario, existe una fuerte cultura divehi contemporánea con gran capacidad de adaptación, pese a las influencias extranjeras, que abarcan desde la filmografía india a las artes marciales, pasando por Michael Jackson y el fundamentalismo islámico. Las modas occidentales, la música pop y los vídeos resultan habituales en la capital, pero en las celebraciones públicas, como el comienzo y el final del Ramadán, los festejos siempre mantienen las peculiaridades maldivas. Existen tres periódicos y varias revistas en la única lengua nacional, grupos de rock divehi y edificios de plantas inspirados en la arquitectura de las construcciones tradicionales del archipiélago.

Maldivas: el collar de corales (Parte I)

Bodu beru designa a un gran tambor que ha cedido su nombre a la música y danza tradicionales más conocidas. Los hoteles turísticos ofrecen interpretaciones de este en las veladas dedicadas a la cultura local, que pueden resultar un espectáculo refinado e interesante: los bailarines comienzan con un lento balanceo de brazos que se va acelerando siguiendo la cadencia, para concluir con un ritmo endiablado. Un conjunto de bodu beru está formado por entre cuatro y seis percusionistas, y el sonido cuenta con fuertes influencias africanas. Los grupos locales de rock a menudo actúan en establecimientos turísticos donde realizan convincentes versiones de éxitos de toda la vida. Al tocar ante un público local, tal vez incorporen elementos de bodu beru en su música, con mucha percusión y largos solos de tambor.






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Fotos de Rodolfo

Escribe: rodolfinho

A ver si os gustan estas fotitos, pronto pondré más!!!

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