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Qué es esto?
Las fiestas de Sanfermin se celebran actualmente del 6 al 14
de julio. Hace ya más de 400 años que se hace así,
desde que en 1591 se decidiera, debido al mal tiempo, trasladar
la fecha original, que era en octubre, a julio.
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Ahora comentaré quién era este santo y qué
jaleo se monta en Pamplona durante esos días. Pero vamos
a ver ¿quién fue el tal Fermín? ¿Qué
méritos hizo para llegar a patrón de esta bacanal?
Pues a primera vista no muchos. Con decir que le hicieron santo...
Era hijo del jefazo romano de Pamplona. Un cura francés
que estaba de visita por la zona, San Saturnino, lo convirtió
a esto del cristianismo, que si Dios, que si Cristo... Así
que se fue a Toulouse (Francia) a hacer un máster de obispo
y volvió para liberar al pueblo trabajador de sus supersticiones.
Luego se fue otra vez a Francia, llevó al buen camino a
miles de paganos y se quedó en Amiens.
Alguna bronca debió de tener con las autoridades, porque
acabó torturado y degollado. Su cuerpo está en Amiens,
aunque tiene muchos trozos repartidos por ahí como reliquias
(en Pamplona hay tres).
La verdad es que con este curriculum es una ironía que
le den tu nombre a una bacanal famosa en todo el mundo. Así
es la vida.
De todos modos no todo en estas fiestas es juerga. Al Santo le
hacen una procesión muy bonita el día de su onomástica
y él, en agradecimiento, hace de doblador en los encierros:
es lo que llamamos el famoso "capotico de San Fermín".
Por cierto de nuevo: toda esa historia de romanos debe de ser
más leyenda que otra cosa.
El chupinazo
El 6 de julio, a las 12 del mediodía, en la Plaza del
Ayuntamiento, empieza el caos con el txupinazo: el cohete que
anuncia las fiestas.
Poco antes de las doce, alcalde o alcaldesa y concejales salen
al balcón del Ayuntamiento. Abajo, en la plaza, miles de
personas llevan horas esperando el momento; el ansia colectiva
va subiendo grados a medida que se acercan las doce. Se descorchan
cientos de botellas de champán, repartiéndolo a
partes iguales entre el estómago y la ropa del personal.
Calor infernal. No cabe un alfiler.
Cuando el/la baranda encargado/da del disparo se acerca al cohete,
hay un rugido general del populacho: cantos, gritos, silbidos,
palabrotas y, también, quejidos de algún que otro
pisoteado. Con el estruendo apenas se puede oír el grito
ritual:
"¡Pamploneses, Viva San Fermín, Gora San Fermin!".
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Y entonces hay una especie de ataque de locura colectiva, y toda
la ciudad da un vuelco en un instante: empieza el desmadre general
y una borrachera colectiva matutina digna de verse. La fiesta
dura desde el mismo día 6 al 14 de julio.
En pocas horas la cosa se pone dantesca y uno se pierde en los
laberintos del alcohol y de los encuentros. Es un gran comienzo.
La magia, sólo la magia, puede lograr una metamorfosis
tan universal como una de esas almas que, cada 6 de julio, se
funden por miles en un espeso y activo magma que se desborda hasta
alcanzar su esplendor con el estallido del cohete. Todo en un
reducido espacio físico que llega a registrar la mayor
concentración humana por metro cuadrado del mundo, con
unos asistentes que pueden jactarse de ser tan estruendosos como
un avión de reacción. Cuando el cohete rasga el
cielo, se cierra el portalón del mundo de lo imposible
y se abre un paraíso de 204 horas de calor y deseo. Pese
a tener poco más de medio siglo de existencia, el cohete
es, junto al encierro, el acto emblemático más universal
de nuestras fiestas.
Joaquín Ilundáin, teniente de alcalde, cumplió
en 1939 su deseo de lanzar el cohete, que por entonces tenía
lugar en la plaza del Castillo, a cargo de funcionarios. Dos años
después, dada la relevancia que adquiere el Chupinazo,
consigue su traslado a los balcones del Ayuntamiento, lo que se
ha mantenido hasta la actualidad.
La procesión de cabezones
Muchas ciudades tienen gigantes, pero los de esta festividad
tienen algo especial: son ocho personajes descomunales (cuatro
parejas de rey y reina), de cuatro metros de alto, que representan
"las cuatro partes del mundo": Europa, Afrecha, Asia
y América. (Al parecer desconocían la existencia
de Oceanía).
Los actuales no son muy antiguos (1860), pero continúan
una tradición muy anterior.
Llevan también una corte de cinco cabezudos: el alcalde,
el concejal, la abuela y la pareja de japoneses. Y además
seis kilikis: Barbas, Patata, Verrugón, Coleta, Caravinagre
y Napoleón, que son una especie de compañía
antidisturbios para niños y se dedican a aporrearlos con
unos látigos de juguete. Si por casualidad algún
kiliki rompe las gafas de algún niño, existe un
seguro que cubre este tipo de accidentes. Sólo hay que
hablar con el responsable de la comparsa y presentar una reclamación
en el ayuntamiento. Por lo visto es bastante habitual.
Los kilikis han asustado a muchas generaciones de niños
de Pamplona. El miedo al kiliki - dice algún gracioso -
explica psicoanalíticamente la difícil relación
con las fuerzas de orden público de los habitantes de esta
zona (y de tantas otras!). Para completar el cortejo, hay seis
zaldikos, mitad hombres mitad caballos, que también se
dedican a vapulear menores.
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Toda esta comitiva, "la Comparsa", te la vas a encontrar
a distintas horas del día por la calle, rodeada de cientos
de críos, padres, abuelos y gente en general, bailando
al son de las gaitas. Los gigantes fundamentalmente bailan: valses,
polkas, jotas, desde sus cuatro metros de altura: es digno de
verse.
La comparsa sale diariamente a hacer un recorrido que se anuncia
en los periódicos locales o en el programa oficial, y además
participa en todos los actos importantes de la fiesta: la procesión,
el chupinazo y el riau-riau.
Te recomendamos sobre todo no perderte la despedida de los gigantes
en la estación de autobuses el día 14 de 2 a 2,30
de la tarde. Miles de niños se juntan en la estación
a despedirlos para un año (los gigantes no salen el resto
del año, salvo algún viaje al extranjero o alguna
cita realmente importante).
El espectáculo mayor: el encierro
El encierro es el acto que más se conoce de los Sanfermines
y el motivo por el que muchos extranjeros llegan a Pamplona el
6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los
toros un tramo de calle convenientemente vallada, y tiene como
fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo
hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán
lidiados. En total corren seis toros y dos manadas de mansos,
y el trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco
Viejo de la ciudad, mide 895 metros.
Es el acto con más personalidad de las fiestas de Sanfermin.
Es también el que da cierta fama a la ciudad. Se celebra
a las 8 de la mañana del día 7 al 14 de julio (el
día 6 no hay encierro). El día quince suele haber
una pequeña parodia a cargo de los últimos trasnochadores:
el encierro de la villavesa.
El encierro es una carrera de los jóvenes pamploneses delante
de los toros. Suele durar unos 2 o 3 minutos (aunque puede durar
mucho más si la cosa se complica) . El recorrido tiene
unos 800 metros y para participar no hay que apuntarse en ningún
sitio, es cuestión de meterse en el recorrido del encierro,
elegir el tramo en el que se quiere correr e intentar hacerlo
lo mejor posible.
En principio se trataba sólo de llevar cada día
hasta la plaza a los seis toros de la corrida de la tarde desde
sus corrales, situados en la otra punta de la ciudad, hasta la
plaza, y claro, como no había camiones pues los llevaban
por las calles. Luego la gente se fue animando a correr delante
de los toros, por aquello de la emoción y el riesgo. Con
el tiempo el número de corredores ha ido aumentando hasta
convertirse en el espectáculo que es hoy.
El proceso es más o menos el siguiente:
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Al final de la noche se empiezan a cerrar las calles laterales
del recorrido con un vallado doble. Se limpian las calles, bastante
mugrientas de la juerga de la noche, y la policía empieza
a desalojar al personal.
Entre las dos vallas que hemos citado no puede haber espectadores.
Sólo personal sanitario. La valla interna, además,
tiene que estar libre para que los corredores puedan saltar sobre
ella si hace falta. Una vez colocada la última tranca,
toda la calle queda convertida en un pasillo sin salida. Si quieres
correr, sólo se puede entrar en él recorrido por
dos puertas, en las plazas del mercado y Consistorial.
Poco antes del comienzo del encierro los mozos se encomiendan
a la imagen del patrón, adornada con los pañuelos
de las peñas, colocada en Santo Domingo. Cantan tres veces.
La canción dice: "A San Fermín pedimos, por
ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos
su bendición".
Luego se lanzará el cohete que avisa que los toros están
ya en la calle. Enseguida se escucha otro cohete que quiere decir
que ya están TODOS los toros en la calle.
Entonces es cuando empieza de verdad el encierro: los toros corren
que se las pelan, es imposible ganarles ni aguantarles mucho tiempo
(información interesante para quien tenga pretensiones
atléticas). La cosa consiste pues en empezar a correr,
primero despacio, después a toda leche, antes de que lleguen,
aguantar delante de ellos (más o menos cerca según
tus ganas de jugarte la piel) y apartarte limpiamente de su trayectoria,
procurando sobre todo no cruzarte ni poner en peligro a otros
corredores (contra la pared o saltando a una valla si la hay).
Al peligro que tiene correr delante de los toros (un toro, para
quien no lo sepa, es un animal de unos 600 kilos de peso, armado
de unos cuernos que hacen mucho daño) y a las posibles
cornadas y pisotones, se añade el problema de que son cientos
los que corren el encierro. Así que hay que estar muy atento
para no tropezarse o ser derribado por otros corredores. La masificación
es especialmente grave durante los fines de semana puesto que
entonces se duplica la cantidad de visitantes que vienen a las
fiestas de Pamplona.
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Cada tramo del recorrido tiene unas características propias,
los corredores suelen especializarse en una u otra zona.
Cuando los toros han pasado, el encierro ha acabado para ti y
sientes la gran satisfacción de seguir vivo, eso si algún
toro no se separa de la manada y da la vuelta en el recorrido,
cosa que pasa de vez en cuando. Entonces la cosa se complica y
se pone muy peligrosa. Normalmente oirás enseguida un tercer
cohete (esto significa que todos los toros están ya en
la plaza), y cuando todos hayan entrado en sus corrales, un cuarto
que anuncia el final de todo.
Entre el primer y el último cohete habrán pasado
normalmente solo unos dos minutos, pero ¡vaya dos minutos!.
Bueno, pues esto es un encierro. Ahora, si has llegado despierto
al amanecer, puedes optar entre irte a dormir, cometer la barbaridad
de correr, o intentar conseguir un sitio para verlo a buen resguardo.
Quiénes son los buenos corredores: Aquellos que conocen
a la perfección la filosofía del encierro en cada
tramo. No solamente saben qué debe hacerse en cada momento
sino, sobre todo, qué no debe hacerse. A pesar de que en
los últimos años han adquirido un protagonismo desmesurado
los llamados "divinos" ( debido principalmente a la
aglomeración de las cámaras gráficas en el
último tramo de Estafeta y Telefónica) tradicionalmente
los mejores corredores se ubican en la Cuesta de Santo Domingo,
el lugar más violento y peligroso para correr y primer
tramo de la Estafeta. Como escribió ya hace muchos años
Hemingway, el encanto del encierro reside en que se trata de un
acto voluntario y anónimo aunque algunos se empeñen
en que no sea así.
El encierrillo
Aunque no forma parte del programa oficial, el encierrillo es
uno de los momentos mas íntimos que el aficionado taurino
puede vivir durante los Sanfermines: el traslado de los toros
desde los corrales del Gas a los de Santo Domingo la noche anterior
a su lidia.
Son 400 metros de recorrido por la manada en poco menos de un
minuto en el que las pezuñas de los bravos contra el asfalto,
los cencerros de los mansos y el voceo de los pastores dan magia
a una tradición a la luz de la luna.
Pobre de mi
La plaza Consistorial, que el 6 de julio recibe con alegría
desbordada las fiestas de San Fermín, se convierte tras
nueve agotadoras jornadas en un lugar de despedida.
Miles de gargantas rotas y de cuerpos agotados por el cansancio
se darán cita con la tradicional vela que iluminará
la tristeza en el semblante. De los labios saldrá el "Pobre
de mí, pobre de mí, que se han acabau las fiestas
de San Fermín".
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Letrilla popular que suele ir acompañada de otra frase
igualmente castiza: "Ya falta menos p'al glorioso San Fermín".
El recuerdo de los momentos vividos durante las 204 intensas horas
de diversión serán el mejor aliciente para animar
un espíritu que, en muchos casos, necesita imperiosamente
una urgente cura de sueño.
A las 12 de la noche desde el balcón consistorial, el alcalde
transmite a sus conciudadanos un mensaje de despedida, al tiempo
que les emplaza para el próximo año. Los forasteros
presentes serán también invitados a acudir nuevamente
a Pamplona para disfrutar en armonía de los Sanfermines.
Muchos prolongarán la noche reacios a admitir lo evidente.
Pero ellos saben que si les sorprende el alba, despertarán
súbitamente de su sueño para ser atrapados por las
primeras luces de la ciudad real y cotidiana.
Estruendo nocturno
El Estruendo de Iruña es en la actualidad uno de los actos
más esperados y concurridos de las fiestas de San Fermín.
Enmarcado al margen del programa oficial, el Estruendo convoca
a todas aquellos que quieran pasar una noche diferente "haciendo
ruido".
El Estruendo de Iruña nació cuando unos cuantos
castizos pamploneses decidieron hacer ruido con todo lo que pillaran.
Bombos, tambores, txistus,… son los auténticos protagonistas
de uno de los actos más populares y desde luego, más
ruidosos de las fiestas. No hay una fecha fija para la celebración
del Estruendo, pero siempre tiene lugar entre semana, una vez
pasado el ecuador de las fiestas, y se procura elegir el día
en el que menos jaleo hay.
Para participar basta con que tomes cualquier cosa que haga ruido
y te acerques antes de la medianoche a Casa Marceliano, en la
trasera del Ayuntamiento. A las 23.59 horas tras la interpretación
del Agur Jaunak, creerás ensordecer: todo el mundo hará
sonar con fuerza los bombos, txistus y demás instrumentos.
Cientos de personas suben por la Cuesta de Santo Domingo en dirección
a la plaza Consistorial cantando y bailando en sinuosas kalejiras.
Al son de músicas populares, se recorren entre bailes y
algún que otro pisotón, las calles Zapatería,
Pozoblanco Espoz y Mina, Duque de Ahumada, Estafeta y Mercaderes.
En el transcurso de la noche, tendrás la posibilidad de
refrescar el gaznate y de recuperar el aliento en la infinidad
de bares que encontrarás en el recorrido del Estruendo.
El jolgorio finaliza en el Pocico de San Cernin, frente a la Iglesia
de San Saturnino, unas tres o cuatro horas más tarde. Se
vuelve a tocar el Agur Jaunak y el festejo se despide definitivamente.
El número de participantes en el Estruendo va en aumento
año tras año. El Estruendo de Iruña está
abierto a todo aquel que desee pasar una noche movidita y ensordecedora.
No hay un método formal de participación, ya que
ni es una sociedad, ni tiene junta directiva, ni recibe apoyo
económico alguno de fuera. Quienes participan en él
tienen claro que es precisamente en esta "organizada desorganización"
donde residen la originalidad y el encanto del Estruendo de Iruña.
Toro de Fuego
El toro de fuego es el encierro particular de los más
pequeños. No hay vallados para protegerse a lo largo del
recorrido ni pastores o manos que les ayudan a dirigir la manada.
Y ahí están, ellos solos ante el peligro de un toro….
de cartón.
Todos los días a partir de las 10 de la noche y durante
media hora, los jóvenes pueden correr por las calles pamplonas
delante de un par de toros de cartón que despiden bengalas
y cohetes y embisten a todo el que pilla delante. Su recorrido
es fácil de detectar: allí por donde dejan un reguero
de pólvora.
Riau - riau
El día seis a las 4,30 de la tarde íbamos todos
al Riau-riau, o sea, a bailar, cantar, beber y empujar en mogollón
delante del Ayuntamiento, que iba a vísperas.
En 1990 dejó de celebrarse, ya que solía haber tales
broncas, enfrentamientos y tortas, que se suspendió. Ha
habido varios intentos para recuperarlo, pero de momento nada
de nada.
El Riau-riau, cuando se mediocelebraba, era lo mismo durante horas
y horas: delante de la corporación, que salía del
Ayuntamiento y se dirigía a la iglesia de San Lorenzo.
La gente se dedicaba a bailar, corear el vals de Astráin
y sobre todo a estorbar y no dejar avanzar a las autoridades.
Y un recorrido de 500 metros empezó a ser tenso, eterno
y cada vez más violento.
La misma música se repetía obsesivamente una y otra
vez. El apiñamiento, aunque no tanto como en el txupinazo,
era considerable: una sudorina colectiva de cuidado. También
era corriente que cayese agua de los balcones para aliviar la
asfixia.
Sol y sombra
Las plazas de toros, y más aún la de Pamplona encierran
dos mundos muy distintos que no se suelen llevar muy bien: los
tendidos de sombra y los de sol.
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Sombra (tendidos 1, 2, 3 y los 4 y 7 de "sol y sombra")
como su nombre indica es la parte de la plaza donde no pega el
sol durante la corrida. El público es tranquilo y las entradas
son más caras. Si lo que te interesa es principalmente
ver toros, vete a sombra. Desde aquí podrás disfrutar
del espectáculo tranquilamente sin tener que pelearte con
medio tendido para que te dejen ver algo. Es el sitio del aficionado
a los toros. Acuérdate de llegar puntual (antes de las
6,30): no se puede entrar mientras se está lidiando, así
que si ha empezado no te dejarán entrar hasta que acabe
el toro. Es recomendable hacerse con una almohadilla para sentarse.
Las alquilan en varias casetas situadas dentro de la plaza.
En sol (tendidos 5 y 6, andanada del 10 al 12), en cambio, están
las peñas, transpiradas bajo la chicharrina. Aquí
se hace de todo, además de ver toros (de todo menos ver
toros, dicen algunos): es la gran bacanal de la corrida en sol.
Incluso a quien no tenga especial afición a los toros,
o tenga objeciones morales contra este espectáculo, le
compensará ver una corrida en Pamplona, precisamente por
todo lo que no es corrida, que es mucho.
Y los nuevos ritos
Aparte de los actos conocidos y reconocidos de la fiesta, todos
los años la gente se inventa nuevas fórmulas para
pasárselo bien. Algunas no pasan de la gracia del momento
y se olvidan enseguida, otras, sin embargo, se van convirtiendo
en tradición y poco a poco encuentran su sitio en el programa
semi-oficial de la fiesta: es el caso del riau-riau .
Por último, hay un pequeño grupo de actos de los
que, por lo que sea (por su peligrosidad, por la burla al orden
establecido, por lo que manchan), nadie habla demasiado. Aquí
tienes unos cuantos:
La fuente de la navarrería
El espectáculo, reciente, de la Fuente de la Navarrería
consiste en trepar a la fuente de Santa Cecilia, en la plaza de
la Navarrería (mapa), y tirarse en plancha desde arriba
para que te recojan abajo los colegas.
En realidad no tienen un horario fijo. Lo hacen cuando les parece
bien y se juntan los suficientes.
La cosa, al parecer, es una costumbre de leñadores australianos
importada hace unos cuantos años. En cualquier caso es
bastante peligroso y ya se ha producido algún accidente
grave porque a los de abajo se les resbaló el paquete.
Aunque no vayas a saltar, merece la pena darse una vuelta por
la Navarrería para ver este ambiente tan particular de
anglosajones desenfrenados.
En Navarrería, además, hay un bar estupendo, el
Mesón, pequeña aldea gala que resiste todavía
al invasor.
El encierro de la villavesa
Villavesas llaman en Pamplona a los autobuses urbanos, y el encierro
de la villavesa consiste en sustituir la manada de toros por el
autobús que el día quince, "acabada la fiesta",
sube por el mismo recorrido.
Este encierro se realiza con toda la ceremonia del otro. Se canta
al santo (sustituido por una botella en la hornacina), está
prohibido citar al bicho... etc. Es una burla al orden establecido.
Al orden establecido, claro, no le gusta la cosa, y hace todo
lo que puede por reprimir el encierro de la villavesa. Hace ya
tiempo que suprimieron la villavesa de las ocho. Pero da igual;
ahora se corre con una camioneta, con los repartidores que suben
al mercado, o con lo que sea.
Después llega la desbandada general y, paradójicamente,
tras una semana en la que todo ha valido, el borracho despistado
de las dos de la tarde es mirado con cierto desprecio por el ciudadano.
La escalera
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Aunque las fiestas de San Fermín empiezan el día
6 de julio y terminan el 14, durante el año, y sobre todo
la semana previa, se celebran distintos eventos que van poco a
poco caldeando el ambiente de cara a las fiestas. Ahora no referiré
ahora a un rito un tanto atípico, pero que se viene celebrando
desde hace ya unos cuantos años en fechas concretas de
los primeros meses del año, de forma escalonada y generalmente
por parte de los mozos de las peñas.
La letra de una conocida canción sanferminera ("uno
de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril, cinco
de mayo, seis de junio, siete de julio San Fermín. A Pamplona
hemos de ir con una media, con una media, a Pamplona hemos de
ir con una media y un calcetín") sirve de excusa a
los mozos de las peñas de Pamplona para ir celebrando durante
el año, en las fechas a las que hace referencia dicha canción,
los días que quedan para que lleguen las muy esperadas
fiestas de Sanfermin. Las celebraciones consisten generalmente
y, como no podía ser de otra forma, en una cena y una parranda
"a lo sanfermin", en algunos casos ataviados de blanco
y rojo. La cuenta atrás comienza nada más y nada
menos que el primer día del año y continúa
sucesivamente (de ahí el nombre de "escalera")
en las fechas a las que hace alusión la canción.
No es una "tradición" todavía muy arraigada,
ya que al ser fechas salteadas en el calendario es difícil
darse cuenta y sólo cuando ves a una cuadrilla vociferando
alguna canción sanferminera o vestidos de blanco y rojo,
caes en la cuenta de que cada vez falta menos para Sanfermin.
Año tras año, cada vez son más los bares
que se unen a este ritual y ponen música sanferminera,
y aunque sólo sea por unos minutos se respira entre la
gente cierto ambiente sanferminero.
La pañolada de San Lorenzo
Este rito es tan nuevo que ni siquiera los de San Fermín
están seguros de su nombre. La cosa empezó hace
unos años, quizá a consecuencia de una foto de Jim
Hollander que salió en el programa de fiestas. Cuando acaba
el pobre de mí, se va hasta la iglesia de San Lorenzo (donde
vive el santo) y se deja el pañuelo y la vela en la verja.
En los primeros años, como con el riau-riau, no estaba
muy claro si era una gamberrada o un rito, y el cura de San Lorenzo
salía el día siguiente en el periódico quejándose
de lo mucho que le costaba limpiar el suelo de cera el día
15 y tal y cual. Hoy la cosa es imparable y cientos de pañuelos
y velas dan un color muy especial a la puerta de San Lorenzo.
Pero en cuanto se les ocurra algo para lo de las manchas de cera
seguro que empieza a salir en los programas.
El guiri day
El guiri, el extranjero, es un elemento fundamental e indiscutible
de los sanfermines. La fiesta, como se la conoce desde hace varios
decenios, no sería lo mismo sin ellos. Son casi siempre
inconfundibles, su forma de vestir los delata de lejos, aunque
algunos traten de camuflarse vistiéndose de blanco y rojo,
como mandan los cánones.
Un pequeño detalle, la boina roja o las alpargatas sanfermineras
que ningún pamplonés en el primer caso y pocos en
el segundo se pondrían, los hace fácilmente reconocibles
a metros de distancia. De todos modos son gente sin complejos,
que se sumergen en la fiesta sin ningún tipo de reparo
y se lo pasan como enanos, bebiendo como cosacos o tirándose
de la fuente de Navarrería. No se cansan, año tras
año son más los que vienen a disfrutar en vivo de
estas fiestas "sin ley".
La calzoncillada
En dos palabras, es una bajada de pantalones.
Hace ya unos cuantos años, desde 1986, que unos mozos de
la sociedad El Troncho, haciendo honor a la fama de "gamberros"
que les caracterizaba; simplemente porque estaban un tanto pasados
o por alguna apuesta que habrían hecho, se decidieron a
hacer una carrera con los pantalones bajados.
La carrera daba comienzo a eso de las 3.00 de la mañana,
el 8 ó 9 de julio (sin fecha exacta), en el Bar Javier
de la calle Campana y se dirigía hasta la Sociedad Iruña-
en la misma calle-, donde se colocaba el primer control de avituallamiento
consistente, como no podría ser de otra forma en sanfermines,
en un vaso de champán. Después de estampar la firma
correspondiente en la hoja de participantes, los corredores se
acercaban hasta el segundo control de avituallamiento situado
a escasos metros, en la Plaza de San Francisco para tomarse otro
trago de champán. Por último y antes de enfilar
la recta final hacia la sociedad El Troncho, más de uno
tambaleándose más de lo recomendable, el tercer
control de avituallamiento, en el Bar Bilbao era el último
respiro para los exhaustos corredores. Y después del esfuerzo
llegaba la recompensa, los preciados trofeos divididos en distintas
categorías: los habituales al 1º, 2º puesto,
los preciados al calzoncillo más sucio y al más
original y por último, como en toda competición
que se precie, el trofeo de consolación al último
clasificado.
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