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Biografía breve
Sir Ernest Henry Shackleton nació en Kilkea House, Condado
de Kildare, en febrero de 1874. Su padre, Henry, había
sido granjero y tras fracasar en una cosecha decidió estudiar
medicina en Dublín. En 1884, siendo ya médico, se
trasladó a Londres. Su madre estaba inválida. El
Dr. Shackleton intentó que su hijo estudiara medicina,
pero el joven, a los 16 años de edad, fue a Liverpool y
se embarcó en la fragata "Hoghton Tower" de la
North Western Shipping Company, viajando a Iquique por la ruta
del Cabo de Hornos. Estuvo navegando durante cinco años
en las rutas de Oriente y América. En 1896 ya era primer
oficial y dos años después, a los 24 años
de edad, obtuvo el título de "Master" (capitán).
En septiembre de 1900 se ofreció como voluntario para la
National Antarctic Expedition, comandada por Robert Falcon Scott
que habría de realizarse un año después en
el Discovery. Eran hombres con estilos diferentes. La superior
capacidad como expedicionario y marino sobre la de Scott habría
de convertirlos en acendrados adversarios.
En 1909 la expedición con el "Nimrod" le llevó
a tener el Polo Sur al alcance de la mano pero, a 97 millas de
su meta, tuvo que abandonar el proyecto.
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Tras un nuevo fracaso con el Endurance en la Imperial Trans-Antarctic
Expedition de 1914-17, que habría de convertirse dramáticamente
en la mayor epopeya de la conquista de la Antártida, Shackleton
escribió el libro "South" que, a pesar de venderse
muy bien, no le dejó ninguna ganancia.
Primera expedició
El lunes 11 de febrero de 1907 Shackleton estaba en Londres,
en la sede de la Real Sociedad Geográfica, interesándose
por el apoyo a su proyecto. Allí se encontró con
Roald Amundsen y Fridtjof Nansen. Su plan era pasar el invierno
siguiente en el Antártico, y sólo disponía
de seis meses para preparar la expedición, ya que se había
proyectado para el periodo 1907-09. En marzo de 1907 Shackleton
depuró los proyectos, algunos de los cuales tenían
que ser modificados. Se esperaba salir de Nueva Zelanda a principios
de 1908, tras pasar el invierno en el continente iniciarían
en la primavera tres expediciones separadas. Una iría al
Este, y si fuera posible, por la Gran Barrera hasta la nueva tierra
conocida como de Eduardo VII, siguiendo la línea de costa
hacia el Sur. La segunda procedería hacia el Polo Sur Geográfico
por la misma ruta que siguiera la expedición de Scott en
1901 con el Discovery, guardando 15 o 20 millas de distancia de
la costa para evitar cualquier rotura de la placa de hielo. La
tercera expedición se encaminaría al Oeste por las
montañas hacia el Polo Sur Magnético.
El barco que Shackleton deseaba para esta expedición era
el Bjorn, pero su precio era excesivo. Finalmente adquirió
el Nimrod, una nave vieja y pequeña cuya velocidad máxima
era apenas seis nudos, pero en cambio su calidad de construcción
era buena y disponía de un casco fuerte, aunque no estaba
exenta de necesitar reparaciones de importancia.
Shackleton tuvo especial cuidado en seleccionar a los hombres.
Además de la calificación por el trabajo que debían
desarrollar, un factor muy importante era la cualidad que debía
reunir un expedicionario cuando se hallase en el medio polar,
y su capacidad para relacionarse humanamente.
El miércoles 7 de agosto de 1907 el Nimrod partía
para Nueva Zelanda a donde llegó el 23 de noviembre. El
1 de enero de 1908 abandonó el puerto de Lyttelton rumbo
al Antártico. El 6 de enero se perdió el primer
Pony, "Doctor" cayó de espaldas de manera muy
torpe y ya no pudo incorporarse, teniendo que ser sacrificado.
Tras sortear diversos campos de icebergs, alcanzaron el mar de
Ross el 16 de enero. El 17 de enero se encontraban en 70º
43' Sur, 178º 58' Este. Bordeando la Gran Barrera Shackleton
pretendía llegar a la tierra de Eduardo VII, pero las masas
de hielo eran muy espesas y el mar estaba plagado de gigantes
icebergs. Temiendo quedarse atrapado entre el hielo decidió
volver al Oeste y dirigirse al estrecho de McMurdo, el mismo lugar
en que había desembarcado la expedición de Scott
algunos años antes, optando así por un lugar que
ya conocía. Este hecho iba en contra de la promesa que
le había hecho a Scott con anterioridad, en la cual se
comprometía a no utilizar su misma ruta; la razón
era que en aquella época existía un código
de honor, por el cual se respetaban las tierras descubiertas por
otros exploradores.
El viaje no había tenido incidentes de importancia hasta
la mañana del 31 de enero; toda la tripulación se
encontraba ocupada desempaquetando los artículos para el
desembarco, cuando el gancho de un aparejo voló repentinamente
por cubierta y golpeó a Mackintosh en el ojo derecho, que
se derrumbó en la cubierta con gran dolor. Después
de ser examinado por el Dr. Marshall quedó claro que el
ojo no podría ser recuperado. Asistido por Michell y Mackay,
le suministró cloroformo y le extrajo el ojo.
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Para el 12 de febrero se había efectuado la descarga.
Las temperaturas habían caído ahora a -10º
F. Los mástiles del Nimrod estaban grises por el rocío
helado y las bandas completamente blancas. El 22 de febrero por
la tarde el Nimrod se ponía rumbo al Norte, llegando al
puerto de Chalmers, Nueva Zelanda, el 6 de marzo.
Llegada la primavera los proyectos estaban a punto de ponerse
en marcha. Shackleton, Adams, Marshall y Wild encabezarían
el Polo Sur Geográfico, unas 1700 millas de viaje. Edgeworth
David (de 50 años) llevaría la expedición
al Polo Sur Magnético, alrededor de 1260 millas de distancia,
con Mackay y Mawson. La expedición del Polo magnético
no tenía experiencia en exploración polar, tendrían
que tirar de los trineos y suministros sin ayuda de perros o ponys.
El 11 de diciembre, a una milla del glaciar Drygalski, David cayó
en una grieta pero pudo salir fuera con la ayuda de Mawson. Parecía
que los papeles se invirtieran cuando el 20 de diciembre, David
escuchó un crujido y se dio cuenta de que Mawson había
desaparecido; lo hallaron después balanceándose
en el aire sobre una profunda grieta suspendido por su arnés,
que estaba atado al trineo.
El 15 de enero de 1909 el compás de Mawson se encontraba
a sólo 15 minutos de la vertical del Polo Sur Magnético.
Mackay, David y Mawson se despojaron del equipo más pesado
y salieron a una marcha forzada hacia el lugar, a donde llegaron
poco tiempo después. David y Mackay plantaron una bandera,
posteriormente los tres hombres se descubrieron, y posando ante
la cámara David inmortalizó el momento activándola
a distancia con un cordón. Después de un ritual
de posesión dieron tres hurras por su Majestad el Rey Eduardo
VII.
Aunque se cansaron terriblemente, consiguieron regresar al depósito
que se encontraba a 24 millas y dormir allí, ya con la
satisfacción del objetivo cumplido. El 5 de febrero de
1909 estaban a una milla del depósito Drygalski, poco tiempo
después disfrutaban de su primer baño a bordo del
Nimrod, después de cuatro meses, tras recorrer 1.260 millas
sin perros ni ponys en el lugar más frío de la tierra.
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Por su parte, la expedición más ambiciosa al Polo
Sur Geográfico había partido el 29 de octubre de
1908, un mes antes que la del Polo Sur Magnético, con provisiones
para tres meses y trineos arrastrados por ponys. Unas 1.700 millas
de viaje esperaban a Shackleton y sus compañeros de equipo
Adams, Marshall y Frank Wild.
Como David y sus hombres, la expedición de Shackleton también
experimentó hambre extrema. El 21 de noviembre no pudieron
soportarlo y mataron el pony "Chino", después
de saciarse hicieron con el resto un depósito para el regreso.
Después de 29 días, el 26 de noviembre, pasaron
la marca que estableciera Robert Falcon Scott en 1902. A principios
de diciembre se mataron otros dos ponys para realizar un nuevo
depósito.
El 27 de diciembre entraron en la meseta polar a una altitud de
10.200 pies, donde el tiempo era severo con vientos fríos
que helaban los huesos. El 30 de diciembre una ventisca sólo
les permitió avanzar cuatro millas, estaban débiles
por la falta de comida y sus manos y pies próximos a helarse,
las temperaturas habían caído a -40º C. El
7 de enero, cuando les quedaban 100 millas para alcanzar el Polo
Sur, una ventisca muy superior les mantuvo confinados en sus sacos
durmiendo todo el día, el fin del viaje era inminente.
El 9 de enero de 1909 cuando se encontraban a 88º 23' de
latitud y 162º de longitud, a sólo 168 km. del Polo
Sur Geográfico, plantaron la bandera e iniciaron el regreso
a la base.
Los fuertes vientos que les azotaron en el viaje hacia el Sur
les ayudaban ahora en el retorno, durante dos semanas el trineo
se deslizó rápidamente. El 13 de febrero alcanzaron
el depósito donde depositaran a "Chino", que
saborearon como un verdadero manjar. Los depósitos fueron
alcanzados adecuadamente. Por estas fechas Marshall sufrió
disentería y el 27 de febrero Shackleton decidió
que Marshall y Adams siguieran a su ritmo, mientras él
y Wild continuaban hacia la base. Cuando llegaron el 28 de febrero,
hallaron una carta donde decía que el Nimrod había
recogido a la expedición del Polo Magnético, y esperaría
cerca de la lengua del glaciar hasta el día 26. Después
de una mala noche quemaron la estación magnética
para hacer señales y breves momentos después el
Nimrod reapareció. Shackleton inició entonces el
rescate de Marshall y Adams, y el 4 de marzo estaban todos seguros
a bordo del buque, aunque tras 1.700 millas de viaje y el sinsabor
de no haber alcanzado el Polo Sur Geográfico.
Segunda expedición
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Después de la conquista del Polo Sur Geográfico
por Amundsen en 1911, quien se anticipó por un estrecho
margen de días al británico Robert Falcon Scott,
y del previo intento de Shackleton en 1908 por alcanzarlo, quedaba
una meta por lograr: El cruce del Continente Antártico
de mar a mar. Para Shackleton, aparte del gran valor histórico
que esto supondría, sería un acontecimiento de gran
importancia científica. La distancia a recorrer era de
1.800 millas, y la mitad de ésta, entre el Mar de Weddell
y el Polo, estaba inexplorado.
Mientras la expedición tras-continental avanzase, otra
partiría hacia el Sur desde el Mar de Ross, en el Estrecho
de McMurdo (al otro lado del continente), a esperar su llegada
en la cima del glaciar Beardmore.
A mediados de 1913 se preparaban las expediciones, pero no se
realizó ningún anuncio público hasta el 13
de enero de 1914. Después de su publicación Shackleton
fue desbordado con propuestas de muchas personas ávidas
de unirse a la aventura. Casi 5000 se recibieron, de los que sólo
56 se aceptaron. En marzo, la ayuda financiera que se le había
prometido no cuajó, así que Shackleton se puso inmediatamente
a la obra de reunir los fondos necesarios entre diferentes instituciones
y contribuyentes privados. La mayor aportación se recibió
del Sr. James Caird, le siguió el propio Gobierno Británico
y la Sociedad Real Geográfica.
Se necesitaban dos barcos para llevar a cabo el proyecto; uno
que transportase al Mar de Weddell a la expedición trans-continental,
y otro que les esperase en el Mar de Ross para el regreso. Para
la expedición trans-continental se construyó el
Endurance. Para el regreso se compró el famoso Aurora que
Douglas Manson llevara a la Antártida en 1911.
La expedición del Endurance estaba lista hacia finales
de julio de 1914, cuando de repente la posibilidad de la guerra
aparecía como un nubarrón sobre Europa. El 4 de
agosto de 1914, Shackleton leyó en la prensa la movilización
general. Inmediatamente envió un telegrama al Almirantazgo
en el que ponía las naves, reservas y servicios a disposición
del país, ante la eventualidad de que la guerra estallase.
Pocas horas después se recibían sendos telegramas
del Almirantazgo y Winston Churchill, en el que agradecía
su disposición, pero deseaban que la expedición
continuara. El martes, Shackleton recibía en Plymouth la
Unión Jack que el Rey le entregó para que la llevara
a bordo consigo. Esa noche la guerra estalló.
El 8 de agosto de 1914 el Endurance zarpaba de Plymouth. El viaje
hasta Buenos Aires fue tranquilo, y el 26 de octubre dejaban ese
puerto rumbo a las Georgias del Sur. Cuando salieron las opiniones
sobre la guerra eran que no duraría más de seis
meses, así que partieron sin pesares. Habían decidido
dejar las Georgias del Sur el 5 de diciembre, y entre tanto depuraban
los proyectos sobre las instalaciones de invierno. Se preguntaban
que les depararía el Mar de Weddell. Los capitanes de los
balleneros afincados en la zona de las Georgias fueron generosos
con ellos, compartiendo la información sobre las aguas
en que realizaban sus capturas, y confirmando los datos precedentes
sobre la severidad extrema de las condiciones de hielo en ese
sector del antártico. Tras escuchar los consejos y sugerencias
de los capitanes, Shackleton decidió dirigirse hacia las
islas Sándwich del Sur, con objeto de atacar mejor la entrada
en las zonas de riesgo. Calcularon que el mejor momento para entrar
en el Mar de Weddell sería a finales de febrero o principios
de marzo. Las predicciones que realizaron les indujeron a cargar
cantidades extra de carbón que alojaron sobre la cubierta,
por si fuera obligado capear temporales. A Shackleton le preocupaba
como pasar un invierno con el Endurance en el Mar de Weddell,
la imposibilidad de encontrar un lugar seguro era lo más
probable. Si no podían hallarlo, la nave debería
volver inevitablemente a pasar el invierno a las Georgias del
Sur.
El día de la partida llegó. El 5 de diciembre de
1914 se rompió el último eslabón con la civilización.
La mañana estaba embotada, se nubló y ráfagas
ocasionales de nieve se presentaron. Los largos días de
preparación para este momento acabaron y la aventura comenzaba.
El Endurance salió a vapor y vela rumbo Sudeste. El 6 de
diciembre pasaron dos icebergs y numerosos trozos de hielo. 15
millas al Norte de la isla Sanders el Endurance se enfrentó
con un cinturón de hielo pesado, que se extendía
media milla de ancho a Norte y Sur. A mediodía la latitud
era de 57º 26' Sur. Shackleton estaba intranquilo por este
primer encuentro; sólo iba a ser el preludio de lo que
les esperaba.
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La situación llegó a ser peligrosa esa noche, cuando
se internaron entre las masas de hielos con la esperanza de encontrar
aguas abiertas más allá. Desgraciadamente, se hallaron
poco después en una especie de piscina rodeada de grandes
placas heladas por todas partes que se estrechaban más
y más. El hielo fue encerrando la nave agolpándose
a los costados de forma amenazadora. Shackleton y Worsley permanecieron
toda la noche en cubierta luchando contra los hielos, regateándolos
para impedir la inmovilización total, que equivaldría
al fin de la expedición. Por la mañana el Endurance
forcejeaba por entrar en un pequeño claro, cinco horas
más tarde consiguieron alcanzarlo.
Para primeros de enero sólo se habían movido unas
cuantas millas hacia el Sur. Conseguir avanzar entre los témpanos
suponía una frustración constante. Todos los hombres
trabajaban afanosamente sobre las placas, intento abrir un cauce
por el que pudiese navegar el Endurance. Cuando los hielos se
cerraban, las áreas congestionadas se iban comprimiendo
y las partes mas duras terminaban soldándose en una sólida
plataforma. Allí donde las partes no encajaban estrechamente,
había agua por supuesto, pero que terminaba congelándose
en pocas horas al comprimirse los miles de diminutos hielos.
Durante todo el invierno los témpanos flotantes van cambiando;
crecen por las nevadas, se parten, se comprimen, se sueldan a
otros construyendo bloques más grandes, y la mayor de las
veces forman sólidas placas que son la causa de las pesadillas
de los expedicionarios.
Para el 5 de enero, los hombres liberaban sus frustraciones jugando
al fútbol sobre las grandes placas heladas. Todo el mundo
se divertía hasta que el capitán de la nave, Frank
Worsley, se hundió cuando una zona de falso hielo se abrió
bajo sus pies, teniendo que ser rescatado. Otro problema que se
les presentaba eran las Orcas; cuando detectaban una foca sobre
el hielo, buceaban a grandes profundidades y subiendo velozmente
rompían la placa, asomaban la cabeza y capturaban la foca,
llevándola presa entre las fauces. La expedición
halló un agujero que medía 25 pies de diámetro
que había sido realizado por una Orca. Frank Hurley, el
fotógrafo, vivió los momentos más terroríficos
de su vida cuando se encontraba con un equipo de perros sobre
una placa no demasiado consistente. Seguramente las Orcas divisaron
las manchas oscuras de sus cuerpos sobre la blanca superficie;
Hurley se estremeció al ver como las ballenas soplaban
tras él, mientras iban rompiendo las delgadas capas de
hielo como si fueran pañuelos de papel. Aunque corría
aterrorizado hacia una zona segura las Orcas vacilaron, seguramente
por la extraña imagen que veían sus ojos. Más
tarde escribiría "Nunca en mi vida me parecieron unas
criaturas más aborrecibles."
El 19 de enero de 1915 el Endurance se quedó atrapado en
el hielo. Su posición era 76º 34' Sur, 31º 30'
Oeste. El día 21 el timón del barco quedó
bloqueado peligrosamente por las formaciones más pesadas,
que tuvieron que ser cortadas con cinceles construidos con largos
pedazos de hierro y mangos de madera. La medianoche del día
24 se escuchó un crujido cerca de la nave, se trataba de
una abertura que se ensanchó a las 10 de la mañana
del día 25. Por tres horas Shackleton trató de forzar
la embarcación a entrar en la abertura, apurando las calderas
al máximo y con todas las velas desplegadas. El único
resultado visible fue el desprendimiento de los hielos que bloqueaban
el timón. Los siguientes días fueron tranquilos.
El día 27 Shackleton decidió apagar las calderas.
Habían quemado demasiado carbón, a razón
de media tonelada diaria, con 67 toneladas que quedaban tenían
autonomía sólo para 33 días. Para el día
31 la nave había flotado unido al hielo unas 8 millas al
oeste. El sol que había estado sobre el horizonte por dos
meses, se metió por primera vez. El Endurance había
derivado hasta el punto Sur más lejano a 77º de latitud
y 35º de longitud Oeste, desde que se quedara inmovilizado.
Se fue el verano. Las temperaturas cayeron hasta los -10º
F. A las dos de la mañana del día 22 de febrero
Shackleton escribió: "Ahora no podía dudar
de que el Endurance quedaría confinado durante el invierno".
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El 1 de mayo se despidieron del sol, y los 70 días-noches
del invierno antártico empezaron. Ocho días después
de ocultarse el sol ocurrió algo extraño: volvió
a salir, subió hasta las 11 de la mañana y se ocultó
40 minutos, para volver a salir a las 13:10 y volverse a poner
10 minutos más tarde. El Oficial de navegación tuvo
que explicar a sus incrédulos compañeros, que lo
que habían visto era una refracción de 2 grados
más que normal.
A finales de septiembre la nave empezó a rugir por la poderosa
presión de las masas heladas, amenazando con aplastarla.
El domingo 23 de octubre de 1915 quedó marcado por el principio
del fin. La posición era 69º 11' Sur, 51º 5'
Oeste. A 18:45 el Endurance gimió, su costado de estribor
empezó a doblar peligrosamente, el entablado crujió
y las cuadernas de popa partieron; inmediatamente se formó
una vía de agua. Las bombas de achique comenzaron a trabajar
a las ocho de la tarde. El miércoles 27 de octubre Shackleton
escribió: "La posición era 69º 5' Sur,
51º 30' Oeste. La temperatura -8,5º F. Soplaba una mansa
brisa del Sur, y el sol brillaba en un claro cielo. Después
de largos meses de ansiedad y tensión incesante, después
de tiempos de grandes ambiciones, y tiempos de negras perspectivas;
hemos decidido abandonar la nave, que está siendo aplastada,
más allá de cualquier posibilidad de ser recuperada.
Estamos vivos, tenemos provisiones y equipo para empezar la tarea
que tenemos por delante, la de llegar a tierra con todos los hombres
de la expedición. Está siendo duro tener que escribir
esto".
Habían flotado por lo menos 1.186 millas, y estaban a 346
de la isla Paulet, el punto más cercano donde había
alguna posibilidad de hallar comida y refugio. Shackleton mandó
bajar al hielo los botes, vestimentas, provisiones y trineos.
El Endurance había quedado prisionero de los hielos 281
días. Los 28 hombres abrieron cinco tiendas cerca de la
nave que llamaron Campamento Océano, pero tuvieron que
levantarlas rápidamente a prudente distancia porque el
hielo comenzó a resquebrajarse bajo sus pies.
El 21 de noviembre de 1915, el Endurance levantó su popa
y se hundió bajo el hielo, yendo a descansar al fondo del
Mar de Weddell. Los hombres empezaron a notar como la superficie
sobre la que se encontraba el Campamento Océano iba perdiendo
consistencia, así que el 20 de diciembre Shackleton decidió
abandonar el lugar y emprender la marcha hacia el Oeste para reducir
la distancia a isla Paulet.
El 29 de diciembre, con el hielo demasiado débil para continuar,
instalaron el campamento en una placa que parecía sólida,
pero durante la noche crujió. Cambiaron a otra más
fuerte de hielo viejo, rodeada de otra más blanda que no
permitía avanzar, con aberturas que mostraban canales de
agua pero insuficientes para que los botes pudiesen navegar.
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Los meses iban pasando, con los hombres sobre aquel témpano
de hielo a la deriva, al antojo de los vientos y corrientes, que
jugaba con sus vidas, sus pensamientos, sus destinos. El 9 de
abril de 1916 el hielo que les sostenía se desintegró
hasta tal punto, que se vieron forzados a echar los botes al agua
y embarcar en ellos.
El 12 de abril de 1916 Shackleton observó que progresaban
bien hacia el Oeste, realmente habían estado flotando 30
millas hacia el Este. La isla Elefante, en las Shetland del Sur,
apareció entonces ante ellos en el Nor-noroeste. De repente
un ventarrón se hizo presente y separó el Dudley
Docker de los otros dos, que terminó en una playa estrecha
y plagada de piedras. Pronto los demás alcanzaron también
el lugar. Shackleton, en el Stancomb, fue el primero en desembarcar.
Cuando todos estaban en tierra, los hombres empezaron a correr
por toda la playa como si hubiesen encontrado una tonelada de
ron; simplemente estaban exaltados de felicidad, aún no
estaban salvados ni sabían que les depararía el
destino a partir de ahora, pero sus pies tocaban aquella "tierra
maravillosa", la primera tierra, por primera vez en 16 meses.
El desembarco en este lugar de isla Elefante sabían que
no podía ser por mucho tiempo, debían localizar
otro punto seguro donde acampar. Después de un largo forcejeo
por mar, el 17 de abril de 1916 fue instalado el nuevo campamento
en el lugar que llamaron Cabo Wild.
En la siguiente semana Shackleton planeó su peligroso viaje
en busca de ayuda. La única respuesta a la pregunta acerca
de su rescate parecía encontrarse en las Islas Georgias
del Sur, que se encontraban a 800 millas de distancia y donde
había una estación ballenera. El océano al
Sur de Cabo de Hornos, en Tierra del Fuego, se reconocía
como el área más tormentosa del planeta. Los hombres
tendrían que asumir estas condiciones en un pequeño
bote, sabiendo que existían grandes posibilidades de perder
la vida en el intento. Aunque Wild deseaba ir Shackleton se negó,
prefirió que se quedase al mando del grupo que permanecería
en isla Elefante, y que lo mantuviese unido hasta que regresasen
a rescatarlos. Si por primavera no habían vuelto, Wild
tenía que tomar los dos botes que les quedaban e intentar
llegar a la isla Decepción, una isla volcánica en
medio del mar de Brandsfield pero abrigada, y con posibilidades
de que algún día un barco ballenero recalase allí.
El lunes 24 de abril de 1916 los hombres lanzaron el Stancomb
al agua cargado con provisiones, vestimentas y lastre. Después
se lanzó el James Caird que era el más pesado.
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La tripulación del Stancomb estrechó las manos
de los hombres del James Caird, y éste enfiló hacia
el Nordeste. Shackleton junto con Worsley, Crean, Mcneish y Vincent
iniciaron aquí el viaje de una vida.
El James Caird hacía 3 millas a la hora en medio de formidables
icebergs que rozaban y mordían la embarcación. Worsley
imaginó las poderosas estructuras encarnadas en diversas
criaturas cuando escribió: "Cisnes de extrañas
formas picoteaban las tablas de nuestra embarcación; una
góndola que iba guiada por una jirafa, a muchos compañeros
les pareció que se trataba de un pato sentado sobre la
cabeza de un cocodrilo; un oso desde lo alto de una torre casi
araña nuestra vela. Todo tipo de formas extrañas,
fantásticas y majestuosas se abrían ante nosotros".
Entretanto, en isla Elefante, las siguientes dos semanas desde
la partida del James Caird, una fuerte ventisca sumió la
isla en un lugar inhóspito para las condiciones en que
se encontraban los hombres que se habían quedado. Wild
y sus hombres para protegerse de las inclemencias construyeron
una cabaña apoyando los botes boca abajo sobre muros de
piedras, que después cubrieron con velas para protegerlos
de la lluvia y nieve. Para las paredes utilizaron retales de lona
de una vieja tienda.
En su interior montaron la estufa a la que acoplaron una chimenea.
Para principios de agosto la comida empezó a escasear teniendo
que ser racionada. El 12 de agosto consumieron el último
alcohol que les quedaba. El invierno les confinó en la
cabaña y sus rigores causó graves problemas de congelación.
Los doctores Mecilroy y Macklin no tuvieron más remedio
que amputar a Blacborrow los dedos de los pies por la gangrena.
Por su parte, el James Caird hacía cada día una
distancia bastante buena sobre 60 a 70 millas, pero el viaje era
insufrible. Los sacos de dormir llegaron a quedar empapados y
resultaba difícil mantener la temperatura de los cuerpos.
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Al alba del séptimo día el viento había
menguado, de nuevo se puso rumbo a las Georgias del Sur. El sol
salió y los hombres colgaron del mástil los calcetines
y sacos de dormir. El hielo comenzaba a fundirse a lo lejos y
las ballenas soplaban en las inmediaciones del bote. Wild tomó
una situación al sol y calculó que habían
recorrido 380 millas, les faltaban casi la mitad del viaje para
llegar a su destino. Hasta el undécimo día (5 de
mayo) se navegó con tranquilidad, pero fue entonces cuando
un tremendo huracán se desarrolló, a medianoche
se divisó en el horizonte una línea de cielo claro
entre el Sur-sudoeste. Shackleton escribió.
"llamé a los otros hombres y les dije que el cielo
aclaraba, y entonces un momento más tarde me di cuenta
de que eso que había visto no era una abertura en las nubes,
sino la cresta blanca de una ola gigantesca". El barco quedaba
al albedrío del mar embravecido y cuando el alba se presentó
no había tierra a la vista; el desastre era inevitable,
empezaron a prepararse para un naufragio seguro. De repente, milagrosamente,
el viento cambió y de nuevo pusieron rumbo a la tierra
que tanto anhelaban. La noche llegó, y al alba del día
10 de mayo el viento era nulo. Vieron entonces una zona de tierra
que pensaron era la bahía del Rey Haakon; Shackleton decidió
que ese sería el lugar del desembarco, por lo que pusieron
proa a esa bahía que enseguida alcanzaron.
A la llegada se encontraron con peligrosos arrecifes a ambos lados
y glaciares que finalizaban en el mar. Tras varios intentos al
cambiar el viento llegaron a la playa por un estrecho paso. A
las 2 de la mañana desembarcaron gritando de alegría,
pero se encontraban a 17 millas de la estación ballenera
Stromness; un penoso viaje por las montañas y glaciares
de las Georgias del Sur era inevitable. Macnish y Vincent estaban
demasiado débiles para intentar el viaje, así que
Shackleton les dejó allí al cuidado de Macarthy.
El 15 de mayo de 1916, Shackleton, Crean y Worsley salieron a
la aventura. Subieron pesadamente heladas cuestas y glaciares
hasta alcanzar una altitud de 4.500 pies. Mirando atrás
podían ver una espesa niebla que les seguía en su
ascenso. No disponían de sacos de dormir, así que
era obligado bajar a una cota menor antes de que cayese la noche.
Hallaron una pendiente nevada muy acusada, y como si fueran niños
se lanzaron por ella deslizándose con sus cuerpos; en sólo
2 o 3 minutos habían descendido 900 pies. A las 6 de la
tarde hicieron una comida, una hora después la oscuridad
era total. Aproximadamente dos horas después, una luna
llena apareció tras las dentadas cimas iluminando la senda.
A medianoche estaban de nuevo a una altitud de unos 4.000 pies.
A la 1 de la mañana volvieron a tomar algo caliente que
renovó sus fuerzas. Poco después de emprender la
marcha se toparon con otro glaciar, como no se detuvieron en toda
la noche se cansaron terriblemente. A las 5 de la mañana
estaban tan exhaustos que se sentaron al abrigo de una roca, se
abrazaron todos juntos para guardar el calor y en un minuto Worsley
y Crean estaban dormidos, Shackleton se dio cuenta de que eso
sería desastroso; si todos se dormían no sobrevivirían.
Tras 5 minutos de descanso Shackleton los despertó y les
obligó a continuar. A pocos cientos de metros, cuando ya
no podían doblar sus rodillas, se alzó ante ellos
una cadena montañosa; al otro lado se encontraba la bahía
de Stromness.
A las 6 de la mañana encontraron una entrada, y con los
cuerpos destrozados por el cansancio pero ansiosos emprendieron
la etapa final. Tras salvar las formaciones rocosas de Huvik Haracur,
apareció la temprana luz del alba. A las seis y media de
la mañana, Shackleton creyó oír el sonido
de los vapores balleneros que salían a la mar. La bahía
Stromness estaba ante ellos, pero a pesar de encontrarse tan cerca
aún no acabarían las penalidades. Precipicios, pendientes
imposibles, y planicies nevadas donde se hundían hasta
las rodillas, agotaba a los hombres hasta la desesperación,
que veían como sus últimos metros se hacían
interminables. A la una y media de la tarde habían salvado
la última cima, pero aún tuvieron que descolgarse
con sogas por una cascada de 30 pies, para evitar tener que dar
un rodeo de 5 millas. Hambrientos y estremecidos por el frío
caminaron casi arrastrándose, para cubrir la milla y media
que les quedaba hasta la estación ballenera. Cuando finalmente
llegaron, la imagen que presentaban era penosa. Sus barbas y cabellos
largos y sucios parecían espartos, y las ropas estaban
andrajosas después de no haber sido lavadas en un año.
En su camino encontraron dos niños a quienes preguntaron
dónde estaba la casa del gerente, pero ellos no contestaron
y salieron corriendo tan rápido como sus piernas les permitían.
Al llegar al muelle, el encargado les llevó a la casa del
gerente, no sin tener que dar explicaciones, ya que el aspecto
de los hombres no infundía confianza alguna.
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El Sr. Sorlle, el gerente, no reconoció a Shackleton hasta
que éste se identificó y relató lo que había
ocurrido, y las penalidades que tuvieron que sufrir para llegar
hasta allí. Después de comer, lavarse y afeitarse
Worsley marchó a bordo de un ballenero a recoger a los
compañeros que se habían quedado refugiados bajo
el James Caird, al otro lado de las montañas. Entretanto,
Shackleton preparaba ya el proyecto de rescate de los hombres
de Isla Elefante.
A la mañana siguiente, Shackleton, Worsley y Crean partieron
en el ballenero noruego Cielo del Sur para isla Elefante. A 60
millas de la isla el hielo forzó al barco a retirarse a
las islas Falkland. Entonces el gobierno de Uruguay prestó
a Shackleton el barco Instituto de Pesca, pero una vez de nuevo
el hielo impidió la entrada. Marcharon entonces a Punta
Arenas, donde residentes británicos y chilenos donaron
a Shackleton suficientes fondos para fletar la goleta Emma. A
100 millas al Norte de la isla Elefante la caldera auxiliar se
averió; un cuarto intento sería necesario. Esta
vez el gobierno de Chile prestó a Shackleton el vapor Yelcho,
al mando del Capitán Luís Pardo. El 30 de agosto
de 1916 Marston, uno de los hombres confinados en isla Elefante,
divisó el Yelcho en un claro entre la llovizna y empezó
a gritar; los demás hombres pensaron que anunciaba el almuerzo.
"¡Wild hay una nave!" gritó, "¿no
deberíamos hacer una señal luminosa?". Derribaron
inmediatamente la lona que les cubría, y empaparon ropas
con el último combustible que les quedaba, a continuación
prendieron fuego a todo; el barco enseguida se dirigió
al lugar. Blackborrow, que no podía andar por las amputaciones
de sus dedos, fue llevado por sus compañeros a una roca
alta y se mantuvo allí arriba en su saco de dormir; no
quería perderse ni un detalle de la llegada de sus rescatadores.
El Yelcho se acercó con Shackleton de pie en la proa gritando
a Wild "¿Estáis todos bien?", Wild respondió
"Todos estamos bien", entonces Shackleton satisfecho
y feliz como nunca en su vida exclamó "Gracias a Dios".
Una hora después, encabezaron todos juntos el viaje hacia
el Norte. El mundo no había tenido noticias de ellos desde
octubre de 1914. Habían sobrevivido solos en isla Elefante
105 días.
Increíblemente no se perdió ninguna vida, sin embargo,
en la otra expedición de apoyo a bordo del Aurora que se
encontraba al otro lado de la Antártida, en el Mar de Ross,
tuvo peor desenlace. Al llegar la primavera aun continuaban estableciendo
depósitos de suministros en el interior, ignorantes de
la suerte de Shackleton y sus hombres al otro lado del continente.
En el proceso de regreso al Mar de Ross, uno de los miembros del
equipo murió de escorbuto. Más tarde otros dos intentaron
retroceder a cabo Evans a través de una placa de hielo
formada recientemente, pero nunca más se les volvió
a ver. Finalmente, el Aurora consiguió rescatar al resto
del equipo en enero de 1917.
En 1921, Shackleton se vio de nuevo arrastrado por la atracción
del Antártico y proyectó una nueva expedición
para trazar 3.200 km. de litoral y efectuar observaciones meteorológicas
e investigación geológica, adquiriendo para ello
el Quest, un navío de 200 toneladas construido en Noruega.
Entre sus compañeros de viaje figuraba el inseparable Frank
Wild, que ya estuviera con él en su anterior expedición.
El Quest salió de Plymouth el 24 de septiembre de 1921,
llegando a Grytviken (Georgia del Sur) el 4 de enero de 1922.
En la noche del 4 al 5, Shackleton murió repentinamente
a consecuencia de una angina de pecho. Mientras el Quest continuaba
su viaje al mando de Wild (que continuó sus trabajos con
buenos resultados), el cadáver del malogrado explorador
fue transportado a Montevideo para trasladarlo desde allí
a Inglaterra, pero su viuda manifestó el deseo de que su
marido fuese enterrado en las Georgia del Sur, estimando que hubiese
deseado reposar en los lugares que habían sido teatro de
sus más famosas hazañas; fue enterrado en la iglesia
de Grytviken.
Shackleton ha sido considerado como el director de expedición
más seguro, tanto para sus hombres como para sí
mismo. Sin duda será recordado como uno de los hombres
más valientes y con más coraje de todos los exploradores
antárticos.
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