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El llamado de las alturas
Más de 50 millones de personas visitan las montañas
anualmente, atraídos por la belleza natural del ambiente
de altura, la gran diversidad de actividades de esparcimiento
que brinda el territorio montañoso y las oportunidades
de entrar en contacto con las culturas locales. El panorama límpido,
refrescante y maravilloso de las montañas, en combinación
con las tradiciones, artes y artesanías, además
de la riqueza culinaria local de las comunidades de las montañas,
hacen de estas zonas interesantes destinos turísticos.
El turismo deportivo ha florecido particularmente en las zonas
montañosas en los últimos 30 años. Ha desbordado
las tradicionales zonas de América del Norte y los Alpes
europeos a zonas muy poco explotadas anteriormente, como algunas
partes del Asia Central, los Himalaya, el Karakorum, el Cáucaso,
los Andes e incluso la Antártida. El alpinismo ofrece diversas
actividades, que son las más comúnmente practicadas
en las montañas: caminatas, esquí, tabla, ascenso
y observación de aves. Con todo, están adquiriendo
más demanda algunos deportes extremos, como el bungee jumping,
hydrospeeding, rafting, parapente y barranquismo, sobre todo entre
turistas urbanos en busca de aventura. Otro sector de desarrollo
del turismo alpino aprovecha las montañas como fuente de
bienestar y salud. Cada vez más recorridos por las montañas
ofrecen oportunidades de contemplación y meditación.
El auge turístico sin duda ha beneficiado a muchas regiones
montañosas de distintas partes del mundo. Gracias a los
ingresos que deja el turismo, los pobladores de las montañas,
muchos de ellos desfavorecidos económicamente hablando,
pueden aspirar a mejorar su nivel de vida. El turismo de montaña
ha dado a jóvenes de ambos sexos la oportunidad de labrarse
un futuro en sus comunidades, en vez de unirse al éxodo
rural a las ciudades. El aflujo de visitantes también ha
creado un mercado para los productos de los artesanos y de los
productos locales.
Una espada de doble filo
La experiencia demuestra que el turismo alpino puede producir
diversos efectos nocivos. Puede degradar y ejercer presiones sobre
los frágiles ecosistemas montañosos, destruyendo
las propiedades que les dan su encanto. Las montañas son
uno de los depósitos más importantes de biodiversidad
en el mundo, pero la construcción, la contaminación
y el ruido constituyen un peligro para este valioso recurso. En
muchas partes del mundo en desarrollo donde están algunas
de las regiones montañosas más bellas, la basura
y los desechos se han convertido en uno de los principales problemas,
así como la tala para obtener madera y leña. El
misticismo de los sitios sacros de las montañas a menudo
se ve sometido a las peregrinaciones en masa procedentes de todas
partes del mundo. El turismo incrementa las redes y enlaces de
transportes, capaces de ensuciar el medio ambiente, trastornar
la vida tradicional y poner en peligro además las lenguas
locales. Que las montañas sean sitio de recreo para el
mundo constituye un riesgo para la identidad cultural de la población
local.
Sagarmatha: el rey de las alturas
Aunque los occidentales le dieron el nombre del coronel británico
George Everest, encargado en 1852 de efectuar el trazado cartográfico
de la India, los nepaleses, por su parte, lo denominan Sagarmatha
(aquel cuya cabeza toca el cielo) y los chinos, Chomologma (diosa
madre del mundo), nombre derivado del tibetano.
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Himalaya es la región del mundo que alberga el grupo de
montañas más altas del mundo. Se extiende a través
de una cordillera de cerca de 2.500 kilómetros de largo,
el ancho de esta Cordillera es de aproximadamente los 200 km,
el pico más alto corresponde al Everest con 8848 mt . El
nombre Everest significa " contenedor de las nieves ".
La extensión del grupo de montañas va desde el valle
de Indus en el oeste al valle de Brahmaputras en el este.
Himalaya tiene 14 picos sobre 8.000 metros. Varios de los picos
más altos - Mt.Everest, Kanchenjunga, Makalu y Annapurna
están situados en la cordillera de Nepal. Los montañistas
más experimentados consideran estos picos como los desafíos
más grandes.
La diferencia de altura entre el valle y el Nagna Parbat de Indus
en el noroeste, que está solamente a algunos kilómetros
de allí, es 7.000 metros, y hacia el extremo del este la
diferencia de la elevación es casi 8.000 metros en una
extensión de no más de 100 kilómetros.
Hasta la guerra segunda guerra mundial la información que
se tenía para los montañistas y escaladores era
de 8.570 m y la montaña más alta que se había
hecho cumbre era Nanda Devi (7.816 m). Posterior al término
de la segunda guerra mundial Nepal abrió sus fronteras,
y las tentativas de entrar al Himalaya desde el sur fueron más
fáciles. Annapurna ( 8.078 m) fue alcanzado por primera
vez por el francés Herzog y Lacenal en 1950 y el inaccesible
Nanga Parbat ( 8.126m) fue alcanzado por el austriaco Buhl en
1953. El mismo año el Inglés Hillary y el Nepalés
Tenzig quienes venían con varias tentativas anteriores
alcanzaron la Cumbre del Everest (8.848 m). La cumbre del Kancgenjunga
( 8.598 m) fue alcanzada en 1955 y el Dhaulagiri (8.170 m) en
1960. En el mundo de la montaña, el monte Goldwin Austin
o el K2 correspode al segundo lugar más alto ( 8.611 m)
en la cordillera de Karakorum, estos fueron ascendidos 1954 por
una expedición de Italiana.
Vista desde el cielo, la cadena montañosa del Himalaya
parece una barrera infranqueable que separa dos mundos dentro
de ese complejo universo que es el continente asiático.
De un lado, el misterioso Indostán, con la India y Nepal
yaciendo a los pies del gigante. Del otro, el Tíbet y la
China milenaria. Pero para los habitantes de estas regiones aquella
“barrera” montañosa ha funcionado como un puente
para las migraciones. Desde épocas ya imposibles de evocar,
grupos nómades sucumbieron a esa extraña pulsión
del hombre –inquieto por naturaleza– de ver qué
hay del otro lado. El Himalaya fue siempre un incierto camino
para errantes que se internaban en sus entrañas sin más
pertenencias que las que podían “acarrear” dentro
suyo: sus creencias, el lenguaje y la escritura.
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Hoy en día la cadena del Himalaya se ha convertido en
una fuente de atracción para millares de viajeros que llegan
en busca de esa extraña mezcla de belleza extraordinaria
y una riqueza cultural que se mantiene inmune a los efectos de
la globalización como en pocos lugares del planeta. Y quizás,
una de las mejores maneras de conocer el mundo del Himalaya es
animándose a recorrer a pie sus senderos, sus pueblos y
sus alturas.
Maravilla de altura
El Everest es conocido también con el nombre nativo de
Chomolungma. Situado en la cordillera del Himalaya, en el Nepal.
Altitud: 8850 metros (última medición realizada
con un GPS por una expedición de National Geographic).
Su dificultad radica en la altura extrema. Es la más conquistada
y la que tiene un balance mayor en cifras absolutas de muertos.
No llega al millar el número de personas que lo han subido.
Los que suben por la vía normal coinciden en lo impresionante
que llega a ser el pasar por un camino en el que te vas encontrando
cadáveres. ¿Qué hay que prever? Pues cualquier
cosa ya que todas han ocurrido ya alguna vez. Por ejemplo: la
selección natural puede acabar con la vida de un montañero
con sólo intentar llegar al campamento base debido a su
gran altura, la fuerza del viento puede arrancarte literalmente
de la arista de la montaña o de la misma cumbre, un vivac
a 8000 metros puede hacer que no despiertes jamás debido
al intenso frío, tener un descuido o resbalón en
el descenso por el cansancio acumulado o que un sérac o
un alud, simplemente, se desplomen justo por tu camino.
En realidad, el Himalaya es la gran muralla bajo la que se extiende
el reino de Nepal, y entre esos picos helados y las muchas más
modestas colinas de Mahabharat, se esconde el valle de Katmandú,
un pequeño mundo habitado desde tiempos remotos.
Contemplar, aunque más no sea parcialmente, la imponente
silueta de piedra del Everest, famosa en el mundo, requiere un
breve viaje en avión y, si es posible, acompañado
de unos buenos prismáticos.
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El monte semeja realmente un gigante que esconde en las nubes
su nevada cabeza. Separa con los otros picos la frontera entre
Nepal y China. Parece muy poco hospitalario, pero ha permitido
que exploradores intrépidos recorrieran sus laderas. Entre
los montañistas nada inspira mayor admiración que
haber escalado el Everest.
Esta maravilla natural se encuentra en una región en la
que las montañas elevan airosas hacia el cielo azulado
las cimas coronadas por nieve perpetua. Pero como el Everest se
halla entre otros montes muy altos, nunca parece tan elevado como
si estuviese solo. Ante el macizo, maravilla pensar que por elevado
que sea, el hombre ha osado escalarlo, desafiando el escarpado
acantilado de sus empinadas laderas. Muchas fueron las expediciones
que han intentado conquistar el Everest, pero algunas fracasaron
y sufrieron pérdidas humanas. El Everest fue conquistado
por primera vez el 29 de mayo de 1953 por el alpinista neozelandés
Edmund Hillary y el sherpa nepalés Norgay Tensing. El primero
formaba parte de la expedición inglesa encabezada por John
Hunt. Desde aquel entonces, año tras año, centenares
de alpinistas acuden a Nepal para ascender a alguna de las cumbres
de más de 8000 metros de altitud. El derecho de ascenso
al monte cuesta 50.000 dólares; además es por turno
y la reserva, en algunos casos, requiere varios años de
anticipación. Más de doscientas personas han llegado
a la cima y algunas de ellas hasta cuatro o cinco veces. En las
superficies visibles de este monte se observa un terreno llano,
nivelado, donde son perceptibles las ondas de nieve. A veces ofrecen
el aspecto de un mar agitado; otras, de olas ligeramente escarpadas.
La nieve recién caída y seca es la que se presta
a tales caprichos del viento.
En las inmediaciones, las nubes toman diferentes formas y ofrecen
el aspecto de plumas delicadas, sutiles. En otras partes, semejan
grandes masas de lana o algodón.
Aproximaciones
El Everest forma una gran pirámide con tres caras claras
y bien diferenciadas a las que existe en cada una de ellas una
ruta de acceso:
- La cara sudoeste: por el glaciar de Khumbu. En la parte superior
del glaciar está el collado Sur (7906 m). Se llega al
campamento base desde Namche Bazar. Vertiente nepalí.
- La cara noroeste: por el glaciar de Rongbuk. El glaciar, en
su parte superior, presenta tres grandes lenguas de las que
dos de ellas nos conducen a itinerarios de ataque al Everest
la lengua central y la oeste. Las dos mencionadas lenguas glaciares
se encuentran en el collado Norte (7066 m). La lengua glaciar
central de Rongbuk y el glaciar de Khumbu se encuentran en el
Lho La (6026 m). Se llega a los campamentos bases desde el monasterio
de Rongbuk. Vertiente tibetana (China).
- La cara este: por el glaciar de Kangshung. En la parte superior
del glaciar está el collado Sur (7906 m). Vertiente tibetana
(China)
Principales rutas de ascenso
Ruta normal: por el glaciar de Khumbu aunque hay diferentes posibilidades
para cruzar el glaciar y ascender por el valle todos los itinerarios
posibles confluyen en el collado sur y continúan por la
arista sureste. El campamento base suele estar situado a unos
5300 metros sobre el nivel del mar. El glaciar de Khumbu presenta
su peor parte desde el mismo campamento base hasta una cota cercana
a los 6200 metros y no deja de presentar dificultades serias hasta
los 6800 metros. Llegados a esta cota el itinerario normal da
un gran rodeo para situarse justo en la base inferior de la pared
oeste del Lhotse y se gana la altura precisa por ella para llegar
hasta el collado sur (7906 m) en una gran travesía final
hacia el norte. La primera ascensión llegó al collado
por el couloir que hay justo detrás del Espolón
de los Ginebrinos. La arista sureste tiene una antecima conocida
como pico Sur del Everest (8751 m) a la que se llega por unas
largas pendientes hasta el pie de un couloir con una pendiente
superior a los 45 grados de promedio y que en su parte final se
acerca a los 50 grados. A unos 8500 metros se puede efectuar una
travesía por la empinada ladera hacia la izquierda y conduce
a un punto relativamente llano bajo un risco que permite situar
un campamento de ataque a la cumbre. La cresta a 8500 metros forma
como una gran joroba y se estrecha como el filo de un cuchillo
en la que su nieve suele ser blanda e inestable. Unos 120 metros
antes de llegar al pico Sur la cresta acentúa su inclinación
y se ensancha hasta convertirse en una formidable cara de nieve
a menudo muy inestable. La cresta desde la antecima hasta la cumbre
a primera vista parece una barrera casi infranqueable. A una hora
de la cumbre secundaria por la cresta cimera se llega al punto
conocido como el "escalón de Hillary" que es
una pared de roca de unos 12 metros de altura, lisa y casi desprovista
de asideros. Hillary lo supera por el lado oriental por una estrecha
grieta que hubo entre la cornisa y la roca. Justo superado el
escalón sobre la roca hay un amplio rellano. La cresta
en este punto gira hacia la derecha y presenta ondulaciones que
no permiten ver con claridad dónde está la cúspide
final. Hillary tardó unas dos horas y media en realizar
la cresta.
- Vía del collado Norte. Vertiente este de la cara noroeste
y arista nordeste. El campamento base avanzado está situado
a unos 6500 metros. A él se llega por el glaciar Este
de Rongbuk siguiendo la morrena de la derecha hasta llegar al
que se denomina campamento II, se baja a pie sin problemas hasta
el centro del glaciar (con la forma de un gran río) y
se sube andando sin pisar nieve hasta el mismo campamento avanzado.
La subida al collado Norte (7066 metros) tiene un primer tramo
muy llano hasta los 6700 metros y en el segundo la pendiente
oscila entre los 30 y 40 grados y hay que ir esquivando algunos
séracs. A partir del collado Norte la arista es ancha
y la pendiente oscila entre los 30 y 45 grados. La vista es
espectacular. A 7800 metros hay una plataforma de nieve sobre
unas rocas en las que se acostumbra a instalar el campamento
IV.
- Arista oeste. Generalmente se sube por el glaciar de Khumbu
y el Lho La. Se considera una ruta muy difícil con pendientes
de hielo de 55 grados y en roca pasos de III a V. La primera
ascensión no pasó íntegramente por la arista
ya que a unos 7600 metros de altitud cruzaron por la cara noroeste
para ir a encontrar una parte del couloir Hornbein y a unos
250 metros de la cumbre se retomaron la arista oeste de nuevo.
Muy pocas repeticiones.
- Cara sudoeste: es de unos 2200 metros.
- Cara noroeste: couloir Hornbein. Tiene una inclinación
media de 55 grados y unos 2600 metros de desnivel desde el pie
de la montaña hasta la cumbre. El campo base se suele
situar a la izquierda, subiendo por el glaciar de Rongbuk, justo
delante del glaciar Oeste de Rongbuk a unos 5560 metros de altitud.
Es el lugar más alto de este valle en el que podremos
encontrar agua, estar resguardados del viento, acampar junto
a dos pequeños lagos y encontrar un suelo cubierto por
un manto de hierba ideal para acampar. El inicio del corredor
está situado a unos 6200 metros de altitud. El tramo
desde el campamento base y el inicio del corredor es bastante
llano y se puede recorrer en unas tres horas. En el inicio del
corredor nos encontraremos con una rimaya que hay que atravesar
y posteriormente hay unos 80 metros con unos 60 grados de pendiente
para aflojar un poco a continuación, aún y así,
se mantiene la pendiente entre los 55 y 60 grados. El itinerario
va por el centro de la canal y sigue con la misma tónica
hasta los 7200 metros. En épocas de viento éste
traslada la nieve de la pared y las aristas la acumula en la
canal por lo que hay que vigilar la posible formación
de aludes de placa.
- Couloir "South Pillar". Corredor principal de la
cara sudoeste visto desde el glaciar está justo al este
de la cumbre del Everest.
- Cara noroeste por el couloir Great (zona superior). Su primera
ascensión la realizó Reinhold Messner en solitario
desde el glaciar Este de Rongbuk y por el collado Norte. Hay
una variante de esta ruta que consiste en que la travesía
por la cara noroeste para ir a buscar el corredor se realiza
por una cota superior.
- Cara sudoeste por su sector oeste hasta la cota 8500 metros
en la que se continúa por la arista oeste hasta la cumbre.
Es quizás la vía con una dificultad más
sostenida. Que yo sepa no repetida.
- Cara este por el glaciar Kangshung. En realidad es por el
mismo centro de la cara este del Everest. Tiene una primera
parte hasta los 6500 metros de altitud con una parte de roca
muy difícil.
- Couloir Great de la cara noroeste. La aproximación
se realiza por el glaciar central de Rongbuk.
- Sector sur de la cara este (Kangshung) hacia el collado Sur.
Esta ruta encuentra sus principales dificultades en hielo en
su parte inferior por encima de los 6650 metros de altitud.
- Arista nordeste. Larga y expuesta arista a la que se llega
por el glaciar oeste de Rongbuk. No ha sido completada del todo
hasta la cumbre. Una vez se llega a la antecima unos "Pinnacles"
(8383 m) se ha bajado por la vía normal del collado Norte
sin llegar a la cumbre principal del Everest.
Los doce gigantes del sur
Desde la Puna de más de 4000 metros que se recorre en
los últimos 100 kilómetros del lado argentino y
en los siguientes 100 kilómetros del lado chileno, pueden
verse sucesivamente las impresionantes cumbres nevadas de los
volcanes Pissis (6882 m, la segunda cima de América), del
Nacimiento (6493 m) y Bonete (6759 m) dentro del lado argentino;
los volcanes limítrofes Ojos del Salado (6893 m), Tres
Cruces (6749 m), Incahuasi (6621 m), Walter Penck (6658 m), El
Muerto (6470 m), Cerro Solo (6240 m), San Francisco(6010 m), Sierra
Nevada (6127 m) y, ya dentro de Chile, el Copiapó(6052
m) Todos ellos emergen como impresionantes elevaciones sobre un
terreno ya enormemente alto, cuya soledad incrementa la sensación
de encontrarse en un entorno excepcional del planeta.
Ninguno de esos volcanes está formalmente activo. Sin embargo,
quienes han recorrido a pie la región, en busca de cumbres,
pueden atestiguar que en las laderas del Ojos del Salado se aprecian
las fumarolas que atestiguan la existencia de actividad subterránea.
Y como suelen decir los vulcanólogos, aun los volcanes
aparentemente muertos suelen despertarse en el momento menos pensado.
En la misma región, aunque algo más al Norte, aún
se recuerda la enorme erupción del volcán Lascar,
del lado chileno, cuyas cenizas se dispersaron por una vasta zona
del norte de ambos países, tal como en 1991 sucedió
con el volcán Hudson en la Patagonia.
La gran travesía hacia ese mundo de volcanes comienza,
propiamente, en la pequeña ciudad catamarqueña de
Fiambalá. Allí deben realizarse los trámites
aduaneros si uno quiere cruzar a Chile ya que luego no hay ningún
otro control fronterizo del lado argentino.
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Desde esa última localidad, se empieza a subir gradualmente
por la quebrada del río Chaschuil, donde montañas
de increíbles contrastes de colores -bloques verdes, negros
y rojos nítidamente separados- anticipan lo que se verá
más tarde. Allí hay todavía unos 40 kilómetros
de piso de ripio, ya que el camino está en construcción
en ese tramo más angosto y sinuoso. Pero inmediatamente
después aparece un pavimento impecable y más abierto,
que sube hacia el Norte, paralelo a la cordillera y desde el cual,
ya a gran altura, comienzan a verse las grandes moles.
Dos de los grandes picos, el Bonete y el Pissis, no se distinguen
desde el camino, sin embargo. Para quien quiera verlos, aunque
sea desde lejos, hay que desviarse por una senda sólo apta
para camionetas 4x4 y que aparece marcada con un cartel de refugio
, a la izquierda del camino, unos 40 kilómetros antes de
la frontera y 10 kilómetros antes de una suerte de restaurante-albergue-campamento
de trabajo de las obras donde se puede comer algo si uno no tuvo
la previsión de llevar víveres y mucha agua, elemento
indispensable por la extrema sequedad del ambiente.
Si se toma ese desvío, se observa enseguida un insólito
alambrado. Pero hay un cartel que lo explica: allí se están
criando guanacos y vicuñas para la explotación de
esa lana tan apreciada para los tejidos norteños.
Cumbres a la vista
Al cabo de una hora y media de marcha hacia arriba, tras sortear
una colina a casi 4000 metros, el horizonte se abre de repente
y aparecen, nítidamente diferenciadas, las tres cumbres
más altas de la región: el Bonete, el Pissis y el
Ojos del Salado. Los tres rivalizan con el Aconcagua por su altura
y por la imponencia de la cadena que los enlaza. La vista a distancia
es una válida recompensa para quienes se aventuren al lugar
con todas las precauciones del caso.
Cerro Aconcagua
Es de suponer que no habrá pasado inadvertida su inmensa
mole a los pobladores primitivos, ya que se destaca netamente
a la distancia entre sus colosos vecinos. Su nombre evidentemente
indígena y según los que afirman que es de origen
quechua, derivaría de "Ackon Cahuak" y se traduciría
por "Centinela de Piedra". Los que enraízan en
el araucano, afirman que viene de "Aconca - Hue", expresión
mapuche aplicada al río del mismo nombre, al que se dice
en Chile "viene del otro lado" ya que antiguas creencias
suponían que el río Aconcagua nacía en los
faldeos del monte de igual nombre.
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El Aconcagua es el cerro más alto de América, y
el más alto del mundo fuera del continente asiático.
Es un largo pedestal de sedimentos marinos cubiertos por una masa
volcánica. Posee dos cumbres, la norte y la sur, unidas
por una cresta de aproximadamente un kilómetro, llamada
filo del Güanaco, la más alta es la cumbre norte de
6.962 metros, la cumbre sur tiene una altura de 5.933 metros.
Desde el filo del Güanaco comienza la cresta sur que desciende
hasta el valle de Horcones inferior, donde nace la cara sur que
tiene un desnivel de 3.000 metros. Desde el valle de los relinchos
descienden la cresta Este y noroeste, mientras que en la dirección
norte hay una cresta de roca ancha por donde pasa la ruta normal.
El Aconcagua disimula muy bien sus 6962 metros de altura. Al estar
rodeado de montañas tan altas y amplísimos valles,
se pierde la noción del tamaño y el espacio, y parece
un cerro más. Los Andes mendocinos se asemejan a la cadena
del Himalaya: la visión se acostumbra a observar enormes
espacios vacíos limitados por montañas muy vastas
de las cuales perdemos toda idea de su tamaño. Las abarcadoras
miradas vagan en absoluta libertad por espacios infinitos que
parecen ajenos a un mundo cotidiano que ha quedado muy abajo.
Nos rodea una amplia soledad que es opuesta a la que nos oprime
en la pequeñez de un cuarto, mientras el tiempo parece
inmóvil en el instante posterior al que se levantaron estas
montañas hace 50 millones de años.
Hacia las alturas
Con la contemplación del Aconcagua culmina el primer tramo
de la excursión a la Alta Montaña que continúa
hacia Puente del Inca y llega hasta el Cristo Redentor. Aunque
el trayecto no se inicia en Uspallata, puede decirse que después
de pasar esa ciudad comienza la verdadera aproximación
a los colosos de los Andes. Allí la Ruta 7 gira a la izquierda
y nuestro vehículo se enfrenta al cordón cordillerano
Del Plata. Al fondo se erige un cerro del mismo nombre que nos
atrae con la magnética imponencia de sus 6300 metros exactos,
cubiertos por un radiante manto de nieve.
El segundo gigante en aparecer es el Volcán Tupungato,
que ostenta sus 6800 metros al final de un amplísimo valle,
cubierto de ventisqueros en sus laderas. Un desvío de tierra
nos conduce hasta el puesto de guardaparques del Parque Provincial
Aconcagua. Allí comienza un minitreeking de 400 metros
a través de suaves lomadas donde el árido terreno
cobra inusitada vida gracias al brillo de la nieve acumulada en
pequeños túmulos.
El Puente del Inca
El paso siguiente de esta excursión es un puente formado
de manera natural hace millones de años, cuando un cerro
se derrumbó sobre el río Cuevas. El río erosionó
el suelo formando un cañón que, en un pequeño
segmento, está techado por una extraña formación
sedimentaria conocida como Puente del Inca (se dice que hasta
aquí llegaba el gran imperio del Cuzco). Del suelo brotan
aguas surgentes con minerales que cubren el puente de una extraña
capa de sedimento que combina tonos amarillentos, blanquecinos,
verdosos y anaranjados. En la parte de abajo del puente cuelgan
centenares de estalactitas de hielo de hasta cuatro metros de
largo, que se van cayendo a pedazos minuto a minuto para estrellarse
contra las rocas o derretirse en el curso del río.
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Justo debajo del puente hay una construcción abandonada
que se asemeja a los restos de un edificio de piedra construido
por los jesuitas. Sin embargo, se trata de los cuartos de baño
termales del hotel Termas del Inca –edificado en 1905–
que fuera arrasado por un mortífero aluvión de piedra
y nieve en agosto de 1965, con los huéspedes adentro. Por
estar debajo del puente, las salas de baño abandonadas
perduraron en buen estado. Se llega descendiendo por una escalera
de piedra, para ingresar en una galería al borde de un
pequeño precipicio. Allí se recorren los cuartos
con piletones llenos de agua caliente, donde quedan algunos azulejos
en las paredes. Las humeantes aguas brotan a chorros en ciertos
lugares e inundan todo el piso, cubriéndolo de un sedimento
amarillo (conviene llevar zapatos de goma). Finalmente desembocamos
justo debajo del puente, casi al acecho de las amenazantes estalactitas,
donde todo el tiempo están cayendo grandes gotones de agua
y trocitos de hielo.
El Cristo Redentor
Ya casi al final del trayecto aparece junto a la ruta la villa
fronteriza de Las Cuevas, erigida a 3151 metros sobre el nivel
del mar, con sus pintorescas casas al estilo nórdico. Y
por último, un sinuoso camino de tierra de nueve kilómetros
conduce hasta el monumento al Cristo Redentor, esculpido por el
artista argentino Mateo Alonso a 4000 metros de altura. Las posibilidades
de llegar hasta el Cristo de seis toneladas son por cierto muy
remotas, ya que el camino permanece tapado por la nieve la mayor
parte del año. De modo que unos pocos afortunados llegan
a leer personalmente, en pleno verano, una significativa placa
que reza junto al Cristo: “Se desplomarán primero
estas montañas antes de que chilenos y argentinos rompan
la paz jurada al pie del Cristo Redentor”.
Los Picos de Europa
El Parque Nacional de Los Picos de Europa se encuentra enclavado
en la Cordillera Cantábrica, entre las provincias de Asturias,
León y Santander.
Su vasta extensión comprende territorios pertenecientes
a los concejos de Amieva, Cangas de Onís, Onís,
Cabrales, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja.
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Su singularidad, belleza e interés paisajístico,
natural y geológico han hecho que este espacio pasara a
declararse, en 1995, Parque Nacional de Los Picos de Europa, acogiendo
en su región occidental al que fuera el primer Parque Nacional
de España, el de la Montaña de Covadonga, por su
Majestad Don Alfonso XIII, en 1918.
Han sido necesarios 300 millones de años para crear los
encrespados paisajes de Los Picos de Europa.
Distintos plegamientos y glaciaciones han conformado un tortuoso
paisaje modelado por el hielo y el efecto de las aguas sobre la
piedra caliza, formando un grandioso karst de montaña.
Los tres macizos principales de esta maravilla natural se ven
limitados por profundos valles y gargantas, aparecidos ante el
paso erosionador de las afiladas lenguas de hielo de los glaciares
y de la fuerza de las aguas de los ríos que, aún
hoy, siguen modelando a su gusto la piedra, disolviendo la caliza.
El río Dobra, afluente del Sella, y el Deva, flanquean
los montes al oeste y al este de la cordillera, siendo el Cares
y su afluente el Duje los encargados de distribuir el parque en
sus tres macizos.
En el macizo Central encontramos las cumbres más elevadas
de la Cordillera Cantábrica en los escarpados Urrieles,
donde se eleva la más emblemática referencia de
Los Picos de Europa, la inmensa belleza del Naranjo de Bulnes,
también conocido como el Picu Urriellu. Sus 2.519 metros
de complicada orografía no han evitado la instalación
humana, siendo famoso el pueblo de Bulnes por su limitado acceso
a través de un sendero entre montañas.
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Al este de los Urrieles se encuentra el macizo Oriental, el Andara,
el más pequeño de perfil más suave, cuya
cima más alta se encuentra en la Morra de Lechugales con
2.400 metros de altura.
El más occidental de los tres macizos es el de los Picos
del Cornión, cercano al Real Sitio de Covadonga. Allí
los lagos Enol y Ercina reflejan las altivas montañas donde
se gestó la legendaria historia de Asturias.
En la misma cueva de Covadonga se puede disfrutar de la huella
omnipresente del proceso karstico de los Picos, en la fotográfica
surgencia del río Orandi, bajo la imagen de la Virgen.
Entre los Urrieles y el Cornión, separando de sur a norte
los macizos Central y Occidental, discurre el río Cares,
cuyas cristalinas aguas azotan con bravura todo su recorrido.
De las hermosas cumbres del macizo Occidental, destaca La Peña
Santa de Castilla, con 2.596 metros. En su camino encontramos
el Mirador de Ordiales, donde un desplome de casi 1.000 metros
cae hasta el valle, impresionando a todo el que lo visita.
Clima
Las características de los Picos de Europa corresponden
a las del clima de alta montaña, cuyas temperaturas oscilan
alrededor de los 8ºC en media montaña y por debajo
de los 0ºC en las cumbres, donde aumentan las precipitaciones
y existe una fuerte innivación, básicamente invernal.
Uluru: el instinto de Australia
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Alice Springs es el punto de partida para explorar el desierto
rojo. En la ciudad es común cruzarse con familias y grupos
de aborígenes, ya que aquí se está en el
corazón de su territorio; sin embargo, también es
claro que se impuso la presencia blanca y que el legado de la
población nativa está relegado a las artes –bellísimas
representaciones de la fauna y la flora en los colores de la tierra
y mediante el “arte de puntos”–, las artesanías
–con los boomerangs en primer lugar– y la gastronomía,
ya que toda una corriente busca volver a los alimentos originales
de la tierra australiana. Fuera de la ciudad, la naturaleza parece
competir en espectacularidad: 150 kilómetros al sur de
Alice Springs se encuentra la Reserva Henbury Meteorites, una
serie de 12 cráteres provocados por la caída de
una serie de meteoritos que formaron huecos de hasta 180 metros
de ancho y seis metros de profundidad; en las afueras se encuentra
también los McDonnell Ranges, restos de una cadena montañosa
que alguna vez fue como el Himalaya y que hoy ofrece curiosas
gargantas de piedra, cascadas y senderos de trekking. Al norte
de Alice Springs, el Devil’s Marbles Conservation Park es
famoso porque posee una serie de bolas de granito de tamaño
gigantesco, formadas hace miles de años como resultado
de los movimientos geológicos de la zona y aún hoy
inmóviles y de un color intensamente rojo que se hace particularmente
sugestivo al atardecer.
Hay que ir, sin embargo, un poco al sur de Alice Springs para
descubrir el monolito de Uluru, el gran símbolo de Australia
en el mundo. Sobre la plana llanura, surge de pronto solitaria
la inmensa mole de piedra que los aborígenes consideran
sagrada, tanto que jamás se atrevieron a escalarla. El
lugar es de una soledad total: apenas se divisan a lo lejos las
masas rocosas de Kata Tjuta, o “The Olgas”, un conjunto
de granito que se levanta a 45 kilómetros de distancia.
Lo mejor es hacer una visita guiada por el Parque para conocer
las discretas fauna y flora del desierto, y aprender sobre las
ancestrales creencias aborígenes. Pero basta con el recorrido
alrededor de la base, de unos 9 kilómetros, para darse
una idea de la imponencia del lugar, donde es posible descubrir
también cuevas con arte rupestre. Otras caminatas proponen
descubrir los secretos de la vida cotidiana de los aborígenes,
o bien alejarse hasta el sistema de gargantas y valles de Kata
Tjuta, no menos asombrosas. El Parque cuenta, además, con
un interesante Centro Cultural cercano a la base de Uluru, que
vale la pena visitar antes de conocer los sitios para interpretar
mejor su significado y saber más sobre la cultura aborigen.
Hay que recordar, además, que éste es el lugar ideal
para conseguir artesanía aborigen auténtica, y para
asistir a espectáculos de música y danza nativa.
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Los nativos del mundo entero vivieron, en su mayoría,
experiencias difíciles cuando establecieron los primeros
contactos con el hombre blanco. Los aborígenes australianos
no fueron la excepción a la regla.
Sólo a partir de los años sesenta lograron que el
gobierno respetara y reconociera sus dominios, religión
y cultura.
Los anangu viven en la parte central de Australia, en el desierto
conocido como el red center por la particular pigmentación
de la tierra.
Asentados allí desde hace más de 15 mil años,
son una de las decenas de tribus que habitan el territorio australiano.
Llegaron a esta inmensa isla haciendo escala en la infinidad de
islas que la separan del continente asiático. Su permanencia
contrasta con la del hombre blanco que hace poco más de
200 años que llegó a este continente. Y los que
llegaron alrededor de 1870, no fueron generosos.
Aventureros en busca de metales preciosos como el ópalo,
cazadores de dingos, y ganaderos que establecieron sus stations
en tierras aborígenes, pisotearon una cultura milenaria
y la contagiaron con enfermedades típicamente occidentales,
como la gripe, que causó estragos en los grupos tribales.
Sitios sagrados
Sólo en 1985, después de una prolongada batalla
jurídica, los anangu pudieron tomar posesión sobre
el Parque Nacional Uluru, el nombre aborigen del Mount Ayers,
que es uno de los sitios sagrados de este pueblo, donde se llevan
adelante ceremonias religiosas fundamentales en la cultura anangu.
Muchos de estos ritos sagrados son secretos, y muy poca información
trascendió sobre ellos; los sitios donde se realizan son
celosamente custodiados y se trata de que no sean profanados por
los miles de turistas que lo visitan.
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Uluru, es mundialmente famoso por el monte Ayers Rock y por las
formaciones rocosas llamadas The Olgas. Ayers Rock es una montaña
de cerca de 400 metros de altura y unos dos kilómetros
de largo que surge solitaria en la inmensidad del desierto. A
treinta kilómetros de distancia y en una superficie de
unos dos kilómetros cuadrados, se elevan las formaciones
The Olgas, 36 domos que alcanzan una altura máxima de 500
metros, y representan las formas más extrañas que
se puedan imaginar, producto de la erosión eólica.
Centenares de turistas realizan largos viajes para escalarlos
y deleitarse con los contrastes visuales que provocan una combinación
de los colores de las rocas con la luz de distintas horas del
día.
Ceremonias religiosas
En una época del año, desconocida para los no iniciados,
los diferentes grupos que habitan la región de Uluru comienzan
a llegar a los alrededores del monte sagrado, para llevar adelante
las ceremonias religiosas que limpiarán el lugar de los
malos espíritus e invocarán la ayuda de los dioses
para el año que comienza.
Los grupos se separan por sexo y edad: los hombres jóvenes,
los hombres adultos; las mujeres jóvenes y las solteras;
las mujeres adultas y las casadas.
Los diferentes grupos buscan refugio en las cavernas que proliferan
en la zona, con profusión de pinturas rupestres.
Temprano por la mañana, los hombres inician la delicada
tarea de decorarse el cuerpo, una forma de invocar a los espíritus
para luchar contra el demonio Kurpany.
La cara se transforma con gruesos trazos claros, mientras que
un sombrero hecho de fibras vegetales completa una apariencia
casi demoníaca. El torso y las piernas, pintadas con una
sucesión de diminutos puntos, completan la obra. Durante
el día, la caza de Kurpany será implacable.
Al anochecer todos los hombres se concentran en un punto predeterminado.
La primera actividad es prender el fuego con un palito que se
frota, haciéndolo girar rápidamente entre las manos,
contra un trozo de madera, hasta que surjan las primeras chispas.
Alrededor de la fogata se inicia la música, realizada fundamentalmente
con el didgeridoo (un palo ahuecado de un metro de largo), por
el cual se sopla para representar los sonidos de la naturaleza:
el viento, la lluvia, el salto del canguro, los ladridos del dingo,
los truenos, etc. Los hombres danzan toda la noche festejando
la victoria sobre Kurpany.
Cuando el sol despunta en el horizonte bañando al monte
Uluru de una luz rojo sanguíneo, los grupos comienzan a
retirarse, mientras la temperatura crece abruptamente.
Desde las alturas, espero que este itinerario eleve tus ganas
de viajar.
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