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La Fauna
La península de la India es un continente en sí
misma y su diversidad geográfica ha permitido la evolución
de una fauna de alrededor de 350 especies de mamíferos
y de 1.200 especies de pájaros. Aunque muchas especies
comparten el mismo hábitat, cada región tiene algo
especial: el hangul está reducido al valle de Cachemira
en el norte, el rinoceronte se encuentra en lugares aislados a
lo largo del río Brahmaputra en el este, el langur negro
se halla en los ghats del oeste y el oeste de la india es el refugio
de los últimos ejemplares del león asiático.
Dos de los animales más impresionantes de la India, son
el real tigre de bengala y el elefante asiático. Pueden
verse todavía en varias regiones, aunque su número
ha disminuido drásticamente. Aunque el origen del tigre
es Asia Central, éste ha emigrado a través de los
Himalayas hacia los densos bosques tropicales, adaptándose
bien a las llanuras.
Una manada de elefantes en la selva es una visión asombrosa.
Estos enormes mamíferos son respetados por todos los animales,
incluyendo al tigre. El elefante indio, ampliamente extendido
por todo el país, es ligeramente menor que su homólogo
africano. En general, sólo los machos tienen colmillos.
Hay más de doscientas reservas y parques en toda la India,
en los que hay que reservar alojamiento con antelación,
a través de las corporaciones estatales para el desarrollo
turístico o con las autoridades de parques y reservas.
La Oficina de Turismo de la India puede darles más información.
Deportes para todos los gustos
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La India ofrece una espectacular gama de actividades deportivas,
desde las pistas de esquí de Cachemira hasta los centros
de deportes acuáticos en las playas del sur. En cualquier
lugar hallará instalaciones deportivas que satisfarán
sus deseos: disfrutar de los magníficos campos de golf,
arrojar el sedal al agua para la pesca de la trucha o el salmón,
asistir a un emocionante partido de hockey sobre hierba o apostar
en el hipódromo. Los hoteles y las Oficinas de Turismo
le darán detalles de todas estas actividades posibles.
Rafting
Este es un deporte nuevo en la India. Los ríos de las
montañas, llenos de nieve deshelada de los Himalaya, convierten
al norte de la India en una de las mejores zonas del mundo para
este deporte. Los aficionados y principiantes pueden elegir aguas
más tranquilas, pero con la seguridad de contemplar paisajes
espectaculares. Algunos de los rápidos llegan a las 8 en
la escala Colorado (sobre 10), aunque la mayoría se hallan
entre 4 y 6. Las principales regiones son Ladakh, Garhwal y los
cuatro ríos de Himachal Pradesh.
Alpinismo
Delhi es un centro de organización de la mayoría
de las excursiones de alpinismo. La zona principal es la de Tughlagabad.
Se puede practicar alpinismo excelente en las colinas de Aravali
(particularmente en Dumdama, Dauj, y Nuh y los Himalaya Garhwal,
en Uttar Pradesh). Más allá de Pune, en los ghats
occidentales, hay muchos sitios ideales para este deporte. El
valle de Manali y la región de Rohtang, en Himachal Pradesh,
son muy populares y también en el sur existen excelentes
lugares para el alpinismo en los ghats occidentales, los Nilgiri,
las colinas de Kollo y Shivroy en Tamil Nadu, en Kemengundi y
las colinas de Nandi y Chitradurg, en Karnataka. Se pueden emprender
excursiones más fáciles en la zona de Mount Abu
y Sariska, en Rajasthan.
A excepción de la época de los monzones, el alpinismo
es una actividad que se practica durante todo el año. Los
equipo pueden alquilar en todos los lugares.
Safaris en camello
EI viaje ideal para los que tienen tiempo y deseo de contemplar
los colores del atardecer del desierto y la solitaria magia de
las dunas. Se pueden hacer safaris en camello en el desierto de
Thar, desde un día hasta quince de duración, Los
mejores safaris son los de la región de Jodhpur, Jaisalmer
y Bikaner, con rutas que pasan por los pueblos remotos. Otra zona
popular es la región de Shekawati. Los organizadores intentan
recrear el ambiente de los antiguos viajes en caravana: música,
comida tradicional y fuegos de campamento. Se pueden contratar
guías y alquilar el equipo necesario.
Aladelta
Este deporte se está haciendo muy popular y es una excelente
manera de ver el paisaje de la India. Hay clubs en Pune, Delhi,
Bombay, Chandigarth, Shimla, Devlali y Bangalore. El clima del
país es especialmente bueno para el vuelo, excepto en los
meses de lluvias.
Cricket
Este es el gran deporte de la India. Durante las competiciones
de invierno el interés por él es una obsesión
nacional. Se puede asistir a partidos en casi todas las ciudades.
Pesca
Hay pesca de agua dulce y salada, con variedades como el tiburón,
el karakala y el gohol en el Océano Indico y la bahía
de Bengala y truchas y mahseer en los ríos del norte y
de los Nilgiri. Se puede alquilar equipo. La oficina de Turismo
local le informará sobre licencias y temporadas.
Golf
Hay campos abiertos en todo el país, donde puede hacerse
socio temporal. Los campeonatos de aficionados de Calcuta atraen
a gran número de jugadores. Srinagary Gulmarg tienen buenos
campos y torneos en primavera y otoño y el campo de golf
de Shillong es considerado uno de los más bellos del mundo.
Los de Bangalore, Ooty y Cochin son un desafío para jugadores.
Otros deportes
Es posible montar a caballo en las estaciones de montaña
y jugar al tenis y al squash en los hoteles y clubs privados,
la mayoría de los cuales tienen piscinas e instalaciones
para vela, remo y esquí acuático en los centros
turísticos playeros. Las islas Andamán son conocidas
como un excelente lugar para el submarinismo.
Los deportes de espectador incluyen el fútbol, el polo
y el hockey, deportes de larga tradición en la India, donde
puede apasionarse tanto con el deporte como con el paisaje, la
cultura y la belleza.
Varanasi, la ciudad de las mil facetas
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Después de conocer Varanasi (Benarés) es probable
que se pierda la capacidad del asombro, tal como sucede frente
el Aleph de Borges, una vez contempladas todas las facetas del
universo desde todos sus ángulos condensados en un punto
imposible, el resto del mundo se convierte tan sólo en
su tímido eco. La ciudad de Kashi ("la luminosa")
es una reliquia viviente latiendo con el ritmo atemporal que le
dió el Dios Shiva al fundarla. Después de varios
milenios ha logrado abarcar las cuatro dimensiones, un afirmación
que para los hindúes se traduce como "kashi ka kanakar,
kanakar shankar hai: cada piedra de Kashi es el propio Shiva".
Aunque los edificios en pie no sean tan antiguos, sus calles mantienen
esquinas y atajos por los que se puede retroceder de golpe más
de 3000 años y a unos pasos más allá entrever
incluso el porvenir de una raza humana viviendo en sintonía
con la totalidad mientas tanto en el presente, el peatón
deben tener cuidado para no ser arrollado por el denso tráfico
o quedar encerrado por una vaca en un callejón.
Es, sin duda, un sitio sagrado para budistas, jainistas e hinduistas
quienes hacen evidente en sus múltiples formas de mirar
hacia dentro de sí mismos que las cualidades más
sobresalientes de Varanasi resultan inaprensibles para de los
sentidos. Es un lugar para explorar con la intuición a
cada instante pues su estela de santidad se desvanece antes que
el humo del sándalo y otras veces se esconde bajo una capa
de polvo y cochambre haciéndola invisible para el más
escéptico. Cada acto, palabra u objeto es tan religioso
para sus habitantes como enigmático para los extraños,
aun así viajeros de todas las épocas han recalado
en este puerto espiritual de la India para atisbar algún
reflejo de la eternidad en su espejo sin fin.
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Varanasi se pone en marcha muy temprano, antes del alba los más
devotos han completado ya su oración y se dirigen al Ganges
para bañarse en los ghats. A lo largo del río hay
84 de estas amplias escalinatas, ya que de acuerdo con la mitología
hindú el alma requiere de 84 millones de encarnaciones
antes poder liberarse del ciclo de la vida y la muerte. Los significados
simbólicos aquí son más que una referencia
o una leyenda fantástica en boca de los siempre disponibles
guías locales; estructuran y mantienen a la ciudad que
se extiende geográficamente a partir del río con
una primera línea de templos, mezquitas, pagodas, palacios
suntuosos, hoteles de mala muerte, nichos, altares, carpas, fuentes
(lingams)de néctar celestial que reciben los primeros rayos
del sol y suelen inundarse durante el monzón por las aguas
del Padre Ganges. Más allá, hacia el oeste la capital
se descongestiona y en los suburbios son comunes los jardines
o simples solares donde los niños juegan al cricket.
Paradójicamente Varanasi termina abruptamente, como cualquier
Aleph, en su propio corazón, el Ganges. En la bruma del
amanecer se difumina el trasiego de embarcaciones que cruzan a
la otra orilla y las barcazas cargadas con leña, papayas
o turistas desmañanados. Hasta hace cincuenta años
el agua mantenía una increíble pureza a pesar de
que funcionaba como desagüe para la población, beber
de ellas es una acto de purificación aunque los detergentes
e industrias cercanas le den un aspecto bastante insalubre. En
un día de calor (45 grados en verano), no sólo los
niños y las mujeres ataviadas con saris se zambullen ahí
mismo, también las cabras, los búfalos y algún
cerdo se refrescan en el fango; pero que más da, el torrente
se llevará al mar los excrementos, las guirnaldas de flores
naranjas y las plegarias por igual.
Mientras dura el baño las distinciones entre castas se
diluyen, sacerdotes y jornaleros incluso toman el mismo desayuno
en el concurrido ghat Dasashwasmed, el menú local es una
paratha (pan de trigo sin levadura) y un poco de té con
leche. Al grito de "chai, chai" los vendedores ambulantes
lo sirven en vasitos de barro que después se tiran al montón
de basura más cercano. Hacia donde se mire la basura es
parte del paisaje y su olor orgánico hoy se mezcla con
los perfumes que ofrece un hombre con medio metros de barbas y
mañana lo hará con el incienso de una procesión
fúnebre.
En la procesión
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El desfile de personajes es continuo, unos entran y otros salen
del agua. Ya fuera, los empapados hombres y mujeres se cambian
púdicamente de ropa, se peinan, afeitan, maquillan... las
castas se definen otra vez y cada cual comienza las labores propias
de su jerarquía. En lo alto de la escalinata social, cuatro
sacerdotes que se dirigen hacia uno de los templos más
venerados de la ciudad, el Viswanath Mandir o templo dorado, destruido
durante las invasiones mongoles del siglo XVIII y reconstruido
posteriormente con una torre de 60 kilos de oro la cual parece
estar mejor vigilada por una prole de macacos que por los soldados
bigotudos del ejercito indio. Por debajo de los brahmins (tradicionalmente
los gobernantes y religiosos) se cuelan los sadhus, ascetas envueltos
en túnicas color azafrán, ojos profundos y brillantes,
con las melenas trenzadas que a simple vista imponen reverencia.
Por desgracia una buena parte de estos santurrones no son más
que mendigos o drogadictos que han encontrado un filón
en limosnas y la cuota del medio-dólar-por-foto. Sin embargo,
los santos genuinos, aquellos que han renunciado al mundo externo
para conquistar el interno, han pisado los adoquines de Varanasi
dejando sus huellas invisibles en el aire; por lo que la ciudad
ha ido acumulando las bendiciones de gigantes espirituales de
la talla de Shankara, Kabir, Ramakrishna o Budha. Como movimiento
el budismo arrancó en Sarnath, una zona arqueológica
12 kilómetros al norte. Ahí el príncipe Sidharta
Gautama dio su primer "sermón de la montaña"
ante un puñado de discípulos que se encargaron de
propagarlo por el continente.
El siguiente escalafón social lo ocupan los Kshatriyas,
antiguamente la casta guerrera, y podemos encontrarlos como médicos
en farmacias ayurvédicas que siguen curando con certeza
ancestral a base de plantas y minerales, o también como
profesores de la Universidad Hindú de Benarés, la
más grande de Asia y uno de los pocos lugares en los que
la enseñanza del yoga e incluso la astrología están
considerados como parte del currículum académico.
Pundits y artistas como Ravi Shankar también se han formado
en Varanasi ya que en ningún otro lugar se preserva el
rico legado musical del norte de la India como en esta ciudad.
Otro peldaño más debajo están los Vayshas
o comerciantes, sus céntricos bazares y mercados están
ordenados por oficios, las tiendas de ropa y joyerías por
un lado, por el otro, telares donde la mano de obra musulmana
confecciona exquisitas sedas y entre tanto los estrechos pasadizos
en los que se apiñan el resto de los artesanos. En este
gremio tampoco se pierde tiempo o espacio. Los herreros golpetean
sus metales y añaden percusión a las canciones populares
de película hindú frente a una familia completa
de relojeros que intenta atinar con el tornillo adecuado en un
taller de 2x1 montado en el hueco de una escalera, que a su vez
sirve para que una mujer leprosa pida limosna y del que cuelga
el anuncio de una academia de filosofía Vedanta y las tarifas
de un cybercafé. En esta concentración de comercios
se afinan las habilidades para el regateo, en las tiendas de especies
y pigmentos bermellón para las marcas en de frente (tilak),
en las grandes pastelerías con dulces perfumados con agua
de rosas, en las librerías de segunda mano y también
en los negocios especializados en ceremonias nupciales, que proveen
desde las plumas de pavo real en el gorrito del novio hasta el
carruaje tipo Cenicienta (con tracción de elefantes, caballos
o tractores dependiendo del presupuesto) para buscar a la novia
en casa de sus padres el día de la gran fiesta.
Rituales habituales
En el último escalafón social están los
sudras, una multitud que no tiene nada que ofrecer más
que su propio esfuerzo físico realizando los trabajo más
humildes. Pueden ser barrenderos, albañiles o porteadores
que en ocasiones no hablan ni hindi pero mantienen una inquebrantable
devoción por sus dioses y antes de cargar ni un ladrillo
se postran delante de los mil templetes sin nombre o cuelgan una
ofrenda en los árboles centenarios. Otros miles de parias
pedalean un rickshaw (triciclo-taxis) en el monstruoso tráfico
de Varanasi bajo un sol tropical y sin perder la sonrisa. Otra
prueba milagrosa es atravesar el famoso cruce de Godaulia en uno
de estos armatostes y no chocar ni ser arrollado por los cuatro
costados. El caos, pese a todo, siempre logra fluir y liberarse
de si mismo como miel espesa. Avanzar en los atascos es una cuestión
de reflejos y claxon: los pastores de ovejas avisan gritando,
los rickshaws tocan una campanita, mientras que las motos pitan
sin parar y los coches van abriéndose paso con otro tanto
de ruido, pero son los camiones los que finalmente imponen más
respeto con sus atronadores bocinazos. Todo el mundo parece tener
prisa pero en realidad nadie consigue ir muy rápido a ningún
lado, así que la experiencia se vive (casi) relajadamente.
Los hindúes saben bien lo que es aceptar su propio karma,
confiándole a Dios lo bueno y lo malo. En este gran desorden
aparente, donde todo convive sin mediar distancias, la única
serenidad está en la mirada afable de las vacas que se
tienden en plena la calle y terminan de colapsar los carriles
desocupados.
Fuera del sistema de castas se ubican los intocables (Harijans),
y aunque están cada vez menos excluidos en la India contemporánea,
arrastran un rezago que les impide incluso trabajar en las profesiones
más humildes. En Varanasi uno de estos clanes se llama
Don y lleva incontables generaciones dedicado únicamente
a la cremación de cadáveres. Esta ciudad no sólo
es un centro cultural de primer orden para el país sino
el lugar más auspicioso para morir. Los Dons viven día
y noche incinerando al resto de las castas, por lo que acaban
comprendiendo como la esencia del ser humano es más profunda
y permanente que los diferentes cuerpos en que habita. En el ghat
Manikarnika y en el Harischandra se repite una y otra vez el mismo
ritual, aunque el primer es para gente de dinero, mientras que
al segundo llegan familias que a veces no pueden ni pagar los
60 kilos de madera indispensables para la cremación del
cadáver. En cualquier caso el cortejo carga al muerto en
una camilla de bambú desde cualquier punto de la ciudad
hasta el ghat y una vez encima de la pila crematoria un clérigo
dirige la oración mientras tanto familiares y amigos se
despiden sin dar muestras de dolor. No suele haber lágrimas
ni lamentos, únicamente contemplación. La esperanza
se alumbra con fuego y este consume la carne para que el alma
pueda ir libre hacia el más allá. Una vez concluido
este tránsito al espíritu, los Dons apagan la hoguera
con agua y tiran los restos de hueso en la orilla para que las
tortugas se alimenten de ellos y se concluya así el ciclo.
Al atardecer la gente suele hacerle una ofrenda al Ganges con
velas flotantes que se juntan y separan formando constelaciones
efímeras que navegan río abajo. En esta imagen se
resume la ciudad, fijada en el centro de todos los mundos y estrellas
en movimiento, pulverizando la esfera del tiempo y tendiendo puentes
que nos unen con lo imposible. Quien acuda a Varanasi sin contemplar
su otra orilla habrá visitado un espejismo.
Amritsar
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En 1740, el gobernador de Lahore, hoy en territorio pakistaní,
a sólo 80 kilómetros de Amritsar, expulsó
a los sikhs de la ciudad, rodeando luego el templo para impedir
el acceso a los fieles. Usó el templo como un salón
de baile, y los edificios que lo rodean, como establos. Los sikhs,
herederos de una tradición marcial importante, diestros
con la espada, en 1746 recuperaron su ciudad y templo, aprovechándose
de la confusión producida cuando la India fue invadida
por tropas al mando de un monarca afgano.
La alegría duraría poco. Un año más
tarde, el rey afgano tomó la ciudad y comenzó una
persecución en contra de los sikhs, llegando a destruir
el templo.
El año 1758, los sikhs recuperaron la ciudad y el templo
en una batalla memorable. Cuenta la leyenda que el jefe del ejército
sikh, Baba Dip Singh, fue herido en el cuello durante la batalla,
pero dispuesto a cumplir su promesa de recuperar la ciudad sagrada
para los suyos, siguió peleando con una mano mientras que
con la otra se sujetaba la cabeza a punto de caer, hasta entrar
al templo.
Hoy es héroe inmortal.
Una vez más, en 1762, los sikhs se vieron forzados a dejar
la ciudad en manos nuevamente del mismo rey afgano, quien destruyó
el templo y el estanque a cañonazos. Luego de la huida
definitiva del invasor, los sikhs reconquistaron el Punjab y conservan
hasta hoy el templo.
Más tarde, bajo el régimen de su más grande
gobernador secular, el maharajá Ranjit Singh, el templo
y el lago fueron restaurados, adquiriendo el aspecto que presentan
hoy. Para la reconstrucción del templo el maharajá
donó 100 kilos de oro, usados luego para cubrir el techo
y gran parte de la fachada externa. El edificio sagrado sólo
entonces pasó a llamarse el Templo de Oro.
Las horas y días pasan volando en Amritsar. Su casco antiguo
es un enredo fenomenal de callejones estrechos y oscuros imposibles
de transitar por la cantidad de gente. La música del Adi
Granth se escucha a gran volumen, gracias a los parlantes ubicados
en todo el casco antiguo. Por la calle es común encontrarse
con personajes vestidos a la usanza antigua, que me parecen tan
irreales y fascinantes como los personajes de un libro de historia.
Estos personajes llevan, además del infaltable turbante
bajo el cual guardan su pelo largo, una barba larga y una pulsera
redonda de acero en la muñeca, dagas y espadas atadas a
la cintura.
Junto al tanque se encuentra el sepulcro del décimo y último
gurú, Gobing Singh, a quien se le atribuye la imposición
de dogmas y códigos con los que más se identifica
hoy a esta fe. El fue quien instituyó las normas del vestir
de un sikh, conocidas como Las Cinco K: La K de kesh (pelo sin
cortar), kangha (peineta al turbante), kirpan (daga o espada corta),
kara (pulsera de acero) y kachh (pantaloncitos al estilo boxeador).
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También se le atribuye la creación de un código
de conductas llamado "khalsa", algo así como
los diez mandamientos, en el cual se estipula la prohibición
de fumar, tener sexo con mujeres musulmanas, idolatrar imágenes,
peregrinar a lugares sagrados hindúes y la reclusión
de la mujer, práctica común en el mundo islámico
de entonces y de hoy, en algunos casos.
Junto al lago existe también una esquina llamada "de
los 68 lugares sagrados", sepulcros y cabinas que toman su
nombre de 68 lugares de peregrinaje hindúes. Al parecer,
cuando el tanque fue construido, el gurú Arjan les dijo
a sus discípulos que ya no era necesario peregrinar a esos
lugares ya que el mismo efecto purificador lo obtendrían
bañándose en el tanque enfrente de la capilla que
llevase el nombre del lugar deseado.
Pero quizá lo más fascinante de ver y experimentar
en una visita al Templo de Oro es el fervor con que los fieles
se van despojando de sus ropas hasta quedar en sus breves pantaloncitos
antes de comenzar a bajar las escaleras, ayudados por cadenas,
para no resbalar a causa del musgo. Una vez dentro, se sumergen
completamente en las frías aguas del lago, varias veces,
para luego alzar sus manos al cielo en señal de respeto
y devoción, mientras de sus bocas salen murmullos de oraciones
que repiten hasta el cansancio.
Las mujeres tienen reservada una porción del tanque protegida
por paredes de madera para evitar ser vistas por los hombres.
Nos ha parecido, en verdad, una ceremonia muy sobrecogedora. Renueva
el alma incluso del que no comparte la fe. Creímos sentir
la presencia de energía positiva, de energía generosa,
que no hace distinciones y que renueva el espíritu y la
fe en la raza humana.
Es la misma energía que se percibe sentado a la mesa comiendo
de una olla común, compartiendo con seres tan distintos
entre sí, pero entre los cuales se crea un ambiente casi
mágico de confraternidad.
Se siente un impulso sincero por valorizar la visión del
gurú Nanak, su mensaje de igualdad entre los hombres, tan
revolucionario entonces como lo es hoy día.
Este ser de nombre virtualmente desconocido entre los occidentales,
fue gran pacifista y humanista, un luchador sincero por el sueño
de un mundo en que los hombres lleguen a gozar de iguales derechos
y libertades.
La guía
El idioma oficial es el hindi, en la escritura Devanagari, pero
el inglés está bastante extendido en el país
y las personas que trabajan en turismo lo hablan bien.
La moneda oficial es la rupia (un dólar vale 47 rupias
aproximadamente).
Para ir de Delhi a Agra, donde está el Taj Mahal, puedes
hacerlo en buses y trenes, que salen con bastante frecuencia al
día. También puedes alquilar un taxi en el hotel.
Ida y regreso, con guía incluido, y aire acondicionado,
puede valer alrededor de cien dólares. El recorrido (200
kilómetros) se realiza en unas tres horas.
El Taj Mahal recibe un promedio de 10 mil visitantes diarios,
45 por ciento de los cuales son extranjeros. Los viernes está
cerrado. Al Taj Mahal no se pueden ingresar cigarrillos, calculadoras,
fósforos, teléfonos móviles y otros artículos
que las autoridades indias consideren que pueden poner en peligro
el monumento. La entrada cuesta 750 rupias (unos 15 dólares)
para los turistas y 20 rupias (un poco menos de medio dólar)
para los indios.
Los costos de las entradas a los monumentos y palacios se incrementan
cerca de un dólar en promedio si se entra con cámara
fotográfica y un poco más si es de video.
La comida es fuerte y muy condimentada, pero es fácil
encontrar platos que se ajusten al paladar de quienes no gustan
del picante. Eso sí, no hay que dejar de probar las variedades
de panes y de pollos.
Por seguridad, solo se debe beber agua embotellada. Una botella
grande cuesta cerca de 30 centavos de dólar. Una Coca Cola
en lata vale alrededor de medio dólar, y una pequeña
en vaso unos 30 centavos de dólar. Una comida para cuatro
personas, con 2 cervezas en botella de 650 mililitros y una botella
de agua grande cuesta cerca de 20 dólares.
Pasaporte y visado: El gobierno de la India concede tres clases
de visados: turístico, de negocios y de tránsito.
Para solicitarlos, habrá de rellenar los impresos y acompañarlos
de tres fotos. Tienen vigencia por 3 meses, seis y un año.
La solicitud de la prórroga del visado debe dirigirse al
Foreigners Regional Registration Ofice, Nueva Delhi, Bombay, Calcuta
o Madrás.
Permisos especiales Los permisos especiales pueden ser obtenidos
si se solicitan específicamente a la vez que el visado
o también después de llegar a la India. Las F.R.R.O"S
(Oficinas Regionales de Registro de Extranjeros) en Delhi, Bombay,
Calcuta y el Oficial Jefe de inmigración de Madrás
pueden gestionar Este permiso es válido sólo por
un periodo máximo de 15 días. Los permisos para
grupos de turistas deben ser solicitados al menos con dos semanas
de antelación.
Las zonas que necesitan permiso especial para visitar son: Sikkim,
Arunachal Pradesh, Assam, Manipur, Meghalaya, Mizoram, Islas Andmán
e Islas Lacedivas.
Los lugares que requieren permisos especiales son:
1. Fronteras del Noreste: a solicitar en las F.R R.O’S en
Delhi, Calcuta, Bombay y el Oficial Jefe de Inmigración
de Madrás.
2. Islas Andaman: se pueden solicitar los permisos en cualquier
embajada o cansulado de la India, en la F.R.R.O’S en Delh!,
Bombay, Calcuta y también a través del Oficial Jefe
de Inmigración de Madrás.
- Vacunas: Los viajes que llegan de África y Sudamérica
(sólo países afectados con fiebre amarilla, deben
presentar el certificado de vacunación contra ella.
- Propinas: En la India es usual dar propina, pues ésta
no está incluida.
- Horarios: Cambian según la región. Bancos: De
10.00 a 14.00 (lunes a viernes y de 10.00 a 12.00 (sábados).
- Oficinas de Correos: De 10.00 a 17.00 (lunes a viernes) y
sábados mañana.
- Oficinas: De 9.30 a 17 (lunes a viernes). Sábados de
9.30 a 13.00.
- Electricidad: Corriente de 220 voltios y 50 ciclos. Se recomienda
comprobar la tensión eléctrica antes de emplear
aparatos.
- Fotografía: Es necesario un permiso especial del Archeologial
Survey of India, Nueva Delhi, para fotografiar monumentos arqueológicos,
con trípode y flash. Está prohibida la fotografía
en zonas tribales.
- Divisas: No hay restricciones para la entrada de divisas.
Si se llevan más de 10.000$ deberá declararse
en el impreso de declaración de divisas en las aduanas.
Se ruega a los turistas que cambien en establecimientos autorizados
y Io declaren en los formularios. Se recomienda guardar el certificado
de cambio de moneda, para poder volver a cambiar a la salida
del país La importación o la exportación
de la rupia no está permitida.
- Aduanas: Quedan libres de impuestos los siguientes objetos
personales: joyería, una cámara fotográfica
con cinco rollos, una cámara de cine, prismáticos,
magnetófono portátil, tocadiscos portátil
con diez discos, radio portátil, máquina de escribir
portátil, regalos por valor de 500 rupias, 200 cigarrillos,
50 cigarros y un litro de bebidas alcohólicas El material
profesional necesitará que se asegure que volverá
a sacarse del país. Algunos tipos de armas están
prohibidos y otros necesitan licencia. Está terminantemente
prohibido exportar: marfil, plumas de pavo real, pieles de cocodrilos,
serpientes o cualquier especie de animal protegida así
como reliquias y antigüedades de más de 100 años.
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