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India: la tierra de los dioses (Parte II)
Conoceremos los deportes y aventuras que se pueden desarrollar en el pais, y recorreremos dos ciudades llenas de templos y dioses donde podremos vivenciar el sistema de castas en diferentes vivencias, con el espectacular paisaje que ofrece este país inmenso y misterioso.
India: la tierra de los dioses

La Fauna

La península de la India es un continente en sí misma y su diversidad geográfica ha permitido la evolución de una fauna de alrededor de 350 especies de mamíferos y de 1.200 especies de pájaros. Aunque muchas especies comparten el mismo hábitat, cada región tiene algo especial: el hangul está reducido al valle de Cachemira en el norte, el rinoceronte se encuentra en lugares aislados a lo largo del río Brahmaputra en el este, el langur negro se halla en los ghats del oeste y el oeste de la india es el refugio de los últimos ejemplares del león asiático.

Dos de los animales más impresionantes de la India, son el real tigre de bengala y el elefante asiático. Pueden verse todavía en varias regiones, aunque su número ha disminuido drásticamente. Aunque el origen del tigre es Asia Central, éste ha emigrado a través de los Himalayas hacia los densos bosques tropicales, adaptándose bien a las llanuras.
Una manada de elefantes en la selva es una visión asombrosa. Estos enormes mamíferos son respetados por todos los animales, incluyendo al tigre. El elefante indio, ampliamente extendido por todo el país, es ligeramente menor que su homólogo africano. En general, sólo los machos tienen colmillos. Hay más de doscientas reservas y parques en toda la India, en los que hay que reservar alojamiento con antelación, a través de las corporaciones estatales para el desarrollo turístico o con las autoridades de parques y reservas. La Oficina de Turismo de la India puede darles más información.

Deportes para todos los gustos

India: la tierra de los dioses

La India ofrece una espectacular gama de actividades deportivas, desde las pistas de esquí de Cachemira hasta los centros de deportes acuáticos en las playas del sur. En cualquier lugar hallará instalaciones deportivas que satisfarán sus deseos: disfrutar de los magníficos campos de golf, arrojar el sedal al agua para la pesca de la trucha o el salmón, asistir a un emocionante partido de hockey sobre hierba o apostar en el hipódromo. Los hoteles y las Oficinas de Turismo le darán detalles de todas estas actividades posibles.

Rafting

Este es un deporte nuevo en la India. Los ríos de las montañas, llenos de nieve deshelada de los Himalaya, convierten al norte de la India en una de las mejores zonas del mundo para este deporte. Los aficionados y principiantes pueden elegir aguas más tranquilas, pero con la seguridad de contemplar paisajes espectaculares. Algunos de los rápidos llegan a las 8 en la escala Colorado (sobre 10), aunque la mayoría se hallan entre 4 y 6. Las principales regiones son Ladakh, Garhwal y los cuatro ríos de Himachal Pradesh.

Alpinismo

Delhi es un centro de organización de la mayoría de las excursiones de alpinismo. La zona principal es la de Tughlagabad. Se puede practicar alpinismo excelente en las colinas de Aravali (particularmente en Dumdama, Dauj, y Nuh y los Himalaya Garhwal, en Uttar Pradesh). Más allá de Pune, en los ghats occidentales, hay muchos sitios ideales para este deporte. El valle de Manali y la región de Rohtang, en Himachal Pradesh, son muy populares y también en el sur existen excelentes lugares para el alpinismo en los ghats occidentales, los Nilgiri, las colinas de Kollo y Shivroy en Tamil Nadu, en Kemengundi y las colinas de Nandi y Chitradurg, en Karnataka. Se pueden emprender excursiones más fáciles en la zona de Mount Abu y Sariska, en Rajasthan.
A excepción de la época de los monzones, el alpinismo es una actividad que se practica durante todo el año. Los equipo pueden alquilar en todos los lugares.

Safaris en camello

India: la tierra de los dioses

EI viaje ideal para los que tienen tiempo y deseo de contemplar los colores del atardecer del desierto y la solitaria magia de las dunas. Se pueden hacer safaris en camello en el desierto de Thar, desde un día hasta quince de duración, Los mejores safaris son los de la región de Jodhpur, Jaisalmer y Bikaner, con rutas que pasan por los pueblos remotos. Otra zona popular es la región de Shekawati. Los organizadores intentan recrear el ambiente de los antiguos viajes en caravana: música, comida tradicional y fuegos de campamento. Se pueden contratar guías y alquilar el equipo necesario.

Aladelta

Este deporte se está haciendo muy popular y es una excelente manera de ver el paisaje de la India. Hay clubs en Pune, Delhi, Bombay, Chandigarth, Shimla, Devlali y Bangalore. El clima del país es especialmente bueno para el vuelo, excepto en los meses de lluvias.

Cricket

Este es el gran deporte de la India. Durante las competiciones de invierno el interés por él es una obsesión nacional. Se puede asistir a partidos en casi todas las ciudades.

Pesca

Hay pesca de agua dulce y salada, con variedades como el tiburón, el karakala y el gohol en el Océano Indico y la bahía de Bengala y truchas y mahseer en los ríos del norte y de los Nilgiri. Se puede alquilar equipo. La oficina de Turismo local le informará sobre licencias y temporadas.

Golf

Hay campos abiertos en todo el país, donde puede hacerse socio temporal. Los campeonatos de aficionados de Calcuta atraen a gran número de jugadores. Srinagary Gulmarg tienen buenos campos y torneos en primavera y otoño y el campo de golf de Shillong es considerado uno de los más bellos del mundo. Los de Bangalore, Ooty y Cochin son un desafío para jugadores.

Otros deportes

Es posible montar a caballo en las estaciones de montaña y jugar al tenis y al squash en los hoteles y clubs privados, la mayoría de los cuales tienen piscinas e instalaciones para vela, remo y esquí acuático en los centros turísticos playeros. Las islas Andamán son conocidas como un excelente lugar para el submarinismo.

Los deportes de espectador incluyen el fútbol, el polo y el hockey, deportes de larga tradición en la India, donde puede apasionarse tanto con el deporte como con el paisaje, la cultura y la belleza.

Varanasi, la ciudad de las mil facetas

India: la tierra de los dioses

Después de conocer Varanasi (Benarés) es probable que se pierda la capacidad del asombro, tal como sucede frente el Aleph de Borges, una vez contempladas todas las facetas del universo desde todos sus ángulos condensados en un punto imposible, el resto del mundo se convierte tan sólo en su tímido eco. La ciudad de Kashi ("la luminosa") es una reliquia viviente latiendo con el ritmo atemporal que le dió el Dios Shiva al fundarla. Después de varios milenios ha logrado abarcar las cuatro dimensiones, un afirmación que para los hindúes se traduce como "kashi ka kanakar, kanakar shankar hai: cada piedra de Kashi es el propio Shiva". Aunque los edificios en pie no sean tan antiguos, sus calles mantienen esquinas y atajos por los que se puede retroceder de golpe más de 3000 años y a unos pasos más allá entrever incluso el porvenir de una raza humana viviendo en sintonía con la totalidad mientas tanto en el presente, el peatón deben tener cuidado para no ser arrollado por el denso tráfico o quedar encerrado por una vaca en un callejón.

Es, sin duda, un sitio sagrado para budistas, jainistas e hinduistas quienes hacen evidente en sus múltiples formas de mirar hacia dentro de sí mismos que las cualidades más sobresalientes de Varanasi resultan inaprensibles para de los sentidos. Es un lugar para explorar con la intuición a cada instante pues su estela de santidad se desvanece antes que el humo del sándalo y otras veces se esconde bajo una capa de polvo y cochambre haciéndola invisible para el más escéptico. Cada acto, palabra u objeto es tan religioso para sus habitantes como enigmático para los extraños, aun así viajeros de todas las épocas han recalado en este puerto espiritual de la India para atisbar algún reflejo de la eternidad en su espejo sin fin.

India: la tierra de los dioses

Varanasi se pone en marcha muy temprano, antes del alba los más devotos han completado ya su oración y se dirigen al Ganges para bañarse en los ghats. A lo largo del río hay 84 de estas amplias escalinatas, ya que de acuerdo con la mitología hindú el alma requiere de 84 millones de encarnaciones antes poder liberarse del ciclo de la vida y la muerte. Los significados simbólicos aquí son más que una referencia o una leyenda fantástica en boca de los siempre disponibles guías locales; estructuran y mantienen a la ciudad que se extiende geográficamente a partir del río con una primera línea de templos, mezquitas, pagodas, palacios suntuosos, hoteles de mala muerte, nichos, altares, carpas, fuentes (lingams)de néctar celestial que reciben los primeros rayos del sol y suelen inundarse durante el monzón por las aguas del Padre Ganges. Más allá, hacia el oeste la capital se descongestiona y en los suburbios son comunes los jardines o simples solares donde los niños juegan al cricket.

Paradójicamente Varanasi termina abruptamente, como cualquier Aleph, en su propio corazón, el Ganges. En la bruma del amanecer se difumina el trasiego de embarcaciones que cruzan a la otra orilla y las barcazas cargadas con leña, papayas o turistas desmañanados. Hasta hace cincuenta años el agua mantenía una increíble pureza a pesar de que funcionaba como desagüe para la población, beber de ellas es una acto de purificación aunque los detergentes e industrias cercanas le den un aspecto bastante insalubre. En un día de calor (45 grados en verano), no sólo los niños y las mujeres ataviadas con saris se zambullen ahí mismo, también las cabras, los búfalos y algún cerdo se refrescan en el fango; pero que más da, el torrente se llevará al mar los excrementos, las guirnaldas de flores naranjas y las plegarias por igual.

Mientras dura el baño las distinciones entre castas se diluyen, sacerdotes y jornaleros incluso toman el mismo desayuno en el concurrido ghat Dasashwasmed, el menú local es una paratha (pan de trigo sin levadura) y un poco de té con leche. Al grito de "chai, chai" los vendedores ambulantes lo sirven en vasitos de barro que después se tiran al montón de basura más cercano. Hacia donde se mire la basura es parte del paisaje y su olor orgánico hoy se mezcla con los perfumes que ofrece un hombre con medio metros de barbas y mañana lo hará con el incienso de una procesión fúnebre.

En la procesión

India: la tierra de los dioses

El desfile de personajes es continuo, unos entran y otros salen del agua. Ya fuera, los empapados hombres y mujeres se cambian púdicamente de ropa, se peinan, afeitan, maquillan... las castas se definen otra vez y cada cual comienza las labores propias de su jerarquía. En lo alto de la escalinata social, cuatro sacerdotes que se dirigen hacia uno de los templos más venerados de la ciudad, el Viswanath Mandir o templo dorado, destruido durante las invasiones mongoles del siglo XVIII y reconstruido posteriormente con una torre de 60 kilos de oro la cual parece estar mejor vigilada por una prole de macacos que por los soldados bigotudos del ejercito indio. Por debajo de los brahmins (tradicionalmente los gobernantes y religiosos) se cuelan los sadhus, ascetas envueltos en túnicas color azafrán, ojos profundos y brillantes, con las melenas trenzadas que a simple vista imponen reverencia. Por desgracia una buena parte de estos santurrones no son más que mendigos o drogadictos que han encontrado un filón en limosnas y la cuota del medio-dólar-por-foto. Sin embargo, los santos genuinos, aquellos que han renunciado al mundo externo para conquistar el interno, han pisado los adoquines de Varanasi dejando sus huellas invisibles en el aire; por lo que la ciudad ha ido acumulando las bendiciones de gigantes espirituales de la talla de Shankara, Kabir, Ramakrishna o Budha. Como movimiento el budismo arrancó en Sarnath, una zona arqueológica 12 kilómetros al norte. Ahí el príncipe Sidharta Gautama dio su primer "sermón de la montaña" ante un puñado de discípulos que se encargaron de propagarlo por el continente.

El siguiente escalafón social lo ocupan los Kshatriyas, antiguamente la casta guerrera, y podemos encontrarlos como médicos en farmacias ayurvédicas que siguen curando con certeza ancestral a base de plantas y minerales, o también como profesores de la Universidad Hindú de Benarés, la más grande de Asia y uno de los pocos lugares en los que la enseñanza del yoga e incluso la astrología están considerados como parte del currículum académico. Pundits y artistas como Ravi Shankar también se han formado en Varanasi ya que en ningún otro lugar se preserva el rico legado musical del norte de la India como en esta ciudad. Otro peldaño más debajo están los Vayshas o comerciantes, sus céntricos bazares y mercados están ordenados por oficios, las tiendas de ropa y joyerías por un lado, por el otro, telares donde la mano de obra musulmana confecciona exquisitas sedas y entre tanto los estrechos pasadizos en los que se apiñan el resto de los artesanos. En este gremio tampoco se pierde tiempo o espacio. Los herreros golpetean sus metales y añaden percusión a las canciones populares de película hindú frente a una familia completa de relojeros que intenta atinar con el tornillo adecuado en un taller de 2x1 montado en el hueco de una escalera, que a su vez sirve para que una mujer leprosa pida limosna y del que cuelga el anuncio de una academia de filosofía Vedanta y las tarifas de un cybercafé. En esta concentración de comercios se afinan las habilidades para el regateo, en las tiendas de especies y pigmentos bermellón para las marcas en de frente (tilak), en las grandes pastelerías con dulces perfumados con agua de rosas, en las librerías de segunda mano y también en los negocios especializados en ceremonias nupciales, que proveen desde las plumas de pavo real en el gorrito del novio hasta el carruaje tipo Cenicienta (con tracción de elefantes, caballos o tractores dependiendo del presupuesto) para buscar a la novia en casa de sus padres el día de la gran fiesta.

Rituales habituales

En el último escalafón social están los sudras, una multitud que no tiene nada que ofrecer más que su propio esfuerzo físico realizando los trabajo más humildes. Pueden ser barrenderos, albañiles o porteadores que en ocasiones no hablan ni hindi pero mantienen una inquebrantable devoción por sus dioses y antes de cargar ni un ladrillo se postran delante de los mil templetes sin nombre o cuelgan una ofrenda en los árboles centenarios. Otros miles de parias pedalean un rickshaw (triciclo-taxis) en el monstruoso tráfico de Varanasi bajo un sol tropical y sin perder la sonrisa. Otra prueba milagrosa es atravesar el famoso cruce de Godaulia en uno de estos armatostes y no chocar ni ser arrollado por los cuatro costados. El caos, pese a todo, siempre logra fluir y liberarse de si mismo como miel espesa. Avanzar en los atascos es una cuestión de reflejos y claxon: los pastores de ovejas avisan gritando, los rickshaws tocan una campanita, mientras que las motos pitan sin parar y los coches van abriéndose paso con otro tanto de ruido, pero son los camiones los que finalmente imponen más respeto con sus atronadores bocinazos. Todo el mundo parece tener prisa pero en realidad nadie consigue ir muy rápido a ningún lado, así que la experiencia se vive (casi) relajadamente. Los hindúes saben bien lo que es aceptar su propio karma, confiándole a Dios lo bueno y lo malo. En este gran desorden aparente, donde todo convive sin mediar distancias, la única serenidad está en la mirada afable de las vacas que se tienden en plena la calle y terminan de colapsar los carriles desocupados.

Fuera del sistema de castas se ubican los intocables (Harijans), y aunque están cada vez menos excluidos en la India contemporánea, arrastran un rezago que les impide incluso trabajar en las profesiones más humildes. En Varanasi uno de estos clanes se llama Don y lleva incontables generaciones dedicado únicamente a la cremación de cadáveres. Esta ciudad no sólo es un centro cultural de primer orden para el país sino el lugar más auspicioso para morir. Los Dons viven día y noche incinerando al resto de las castas, por lo que acaban comprendiendo como la esencia del ser humano es más profunda y permanente que los diferentes cuerpos en que habita. En el ghat Manikarnika y en el Harischandra se repite una y otra vez el mismo ritual, aunque el primer es para gente de dinero, mientras que al segundo llegan familias que a veces no pueden ni pagar los 60 kilos de madera indispensables para la cremación del cadáver. En cualquier caso el cortejo carga al muerto en una camilla de bambú desde cualquier punto de la ciudad hasta el ghat y una vez encima de la pila crematoria un clérigo dirige la oración mientras tanto familiares y amigos se despiden sin dar muestras de dolor. No suele haber lágrimas ni lamentos, únicamente contemplación. La esperanza se alumbra con fuego y este consume la carne para que el alma pueda ir libre hacia el más allá. Una vez concluido este tránsito al espíritu, los Dons apagan la hoguera con agua y tiran los restos de hueso en la orilla para que las tortugas se alimenten de ellos y se concluya así el ciclo. Al atardecer la gente suele hacerle una ofrenda al Ganges con velas flotantes que se juntan y separan formando constelaciones efímeras que navegan río abajo. En esta imagen se resume la ciudad, fijada en el centro de todos los mundos y estrellas en movimiento, pulverizando la esfera del tiempo y tendiendo puentes que nos unen con lo imposible. Quien acuda a Varanasi sin contemplar su otra orilla habrá visitado un espejismo.

Amritsar

India: la tierra de los dioses

En 1740, el gobernador de Lahore, hoy en territorio pakistaní, a sólo 80 kilómetros de Amritsar, expulsó a los sikhs de la ciudad, rodeando luego el templo para impedir el acceso a los fieles. Usó el templo como un salón de baile, y los edificios que lo rodean, como establos. Los sikhs, herederos de una tradición marcial importante, diestros con la espada, en 1746 recuperaron su ciudad y templo, aprovechándose de la confusión producida cuando la India fue invadida por tropas al mando de un monarca afgano.
La alegría duraría poco. Un año más tarde, el rey afgano tomó la ciudad y comenzó una persecución en contra de los sikhs, llegando a destruir el templo.

El año 1758, los sikhs recuperaron la ciudad y el templo en una batalla memorable. Cuenta la leyenda que el jefe del ejército sikh, Baba Dip Singh, fue herido en el cuello durante la batalla, pero dispuesto a cumplir su promesa de recuperar la ciudad sagrada para los suyos, siguió peleando con una mano mientras que con la otra se sujetaba la cabeza a punto de caer, hasta entrar al templo.
Hoy es héroe inmortal.

Una vez más, en 1762, los sikhs se vieron forzados a dejar la ciudad en manos nuevamente del mismo rey afgano, quien destruyó el templo y el estanque a cañonazos. Luego de la huida definitiva del invasor, los sikhs reconquistaron el Punjab y conservan hasta hoy el templo.
Más tarde, bajo el régimen de su más grande gobernador secular, el maharajá Ranjit Singh, el templo y el lago fueron restaurados, adquiriendo el aspecto que presentan hoy. Para la reconstrucción del templo el maharajá donó 100 kilos de oro, usados luego para cubrir el techo y gran parte de la fachada externa. El edificio sagrado sólo entonces pasó a llamarse el Templo de Oro.

Las horas y días pasan volando en Amritsar. Su casco antiguo es un enredo fenomenal de callejones estrechos y oscuros imposibles de transitar por la cantidad de gente. La música del Adi Granth se escucha a gran volumen, gracias a los parlantes ubicados en todo el casco antiguo. Por la calle es común encontrarse con personajes vestidos a la usanza antigua, que me parecen tan irreales y fascinantes como los personajes de un libro de historia. Estos personajes llevan, además del infaltable turbante bajo el cual guardan su pelo largo, una barba larga y una pulsera redonda de acero en la muñeca, dagas y espadas atadas a la cintura.

Junto al tanque se encuentra el sepulcro del décimo y último gurú, Gobing Singh, a quien se le atribuye la imposición de dogmas y códigos con los que más se identifica hoy a esta fe. El fue quien instituyó las normas del vestir de un sikh, conocidas como Las Cinco K: La K de kesh (pelo sin cortar), kangha (peineta al turbante), kirpan (daga o espada corta), kara (pulsera de acero) y kachh (pantaloncitos al estilo boxeador).

India: la tierra de los dioses

También se le atribuye la creación de un código de conductas llamado "khalsa", algo así como los diez mandamientos, en el cual se estipula la prohibición de fumar, tener sexo con mujeres musulmanas, idolatrar imágenes, peregrinar a lugares sagrados hindúes y la reclusión de la mujer, práctica común en el mundo islámico de entonces y de hoy, en algunos casos.

Junto al lago existe también una esquina llamada "de los 68 lugares sagrados", sepulcros y cabinas que toman su nombre de 68 lugares de peregrinaje hindúes. Al parecer, cuando el tanque fue construido, el gurú Arjan les dijo a sus discípulos que ya no era necesario peregrinar a esos lugares ya que el mismo efecto purificador lo obtendrían bañándose en el tanque enfrente de la capilla que llevase el nombre del lugar deseado.
Pero quizá lo más fascinante de ver y experimentar en una visita al Templo de Oro es el fervor con que los fieles se van despojando de sus ropas hasta quedar en sus breves pantaloncitos antes de comenzar a bajar las escaleras, ayudados por cadenas, para no resbalar a causa del musgo. Una vez dentro, se sumergen completamente en las frías aguas del lago, varias veces, para luego alzar sus manos al cielo en señal de respeto y devoción, mientras de sus bocas salen murmullos de oraciones que repiten hasta el cansancio.

Las mujeres tienen reservada una porción del tanque protegida por paredes de madera para evitar ser vistas por los hombres.
Nos ha parecido, en verdad, una ceremonia muy sobrecogedora. Renueva el alma incluso del que no comparte la fe. Creímos sentir la presencia de energía positiva, de energía generosa, que no hace distinciones y que renueva el espíritu y la fe en la raza humana.

Es la misma energía que se percibe sentado a la mesa comiendo de una olla común, compartiendo con seres tan distintos entre sí, pero entre los cuales se crea un ambiente casi mágico de confraternidad.
Se siente un impulso sincero por valorizar la visión del gurú Nanak, su mensaje de igualdad entre los hombres, tan revolucionario entonces como lo es hoy día.
Este ser de nombre virtualmente desconocido entre los occidentales, fue gran pacifista y humanista, un luchador sincero por el sueño de un mundo en que los hombres lleguen a gozar de iguales derechos y libertades.

La guía

El idioma oficial es el hindi, en la escritura Devanagari, pero el inglés está bastante extendido en el país y las personas que trabajan en turismo lo hablan bien.

La moneda oficial es la rupia (un dólar vale 47 rupias aproximadamente).
Para ir de Delhi a Agra, donde está el Taj Mahal, puedes hacerlo en buses y trenes, que salen con bastante frecuencia al día. También puedes alquilar un taxi en el hotel. Ida y regreso, con guía incluido, y aire acondicionado, puede valer alrededor de cien dólares. El recorrido (200 kilómetros) se realiza en unas tres horas.

El Taj Mahal recibe un promedio de 10 mil visitantes diarios, 45 por ciento de los cuales son extranjeros. Los viernes está cerrado. Al Taj Mahal no se pueden ingresar cigarrillos, calculadoras, fósforos, teléfonos móviles y otros artículos que las autoridades indias consideren que pueden poner en peligro el monumento. La entrada cuesta 750 rupias (unos 15 dólares) para los turistas y 20 rupias (un poco menos de medio dólar) para los indios.

Los costos de las entradas a los monumentos y palacios se incrementan cerca de un dólar en promedio si se entra con cámara fotográfica y un poco más si es de video.

La comida es fuerte y muy condimentada, pero es fácil encontrar platos que se ajusten al paladar de quienes no gustan del picante. Eso sí, no hay que dejar de probar las variedades de panes y de pollos.

Por seguridad, solo se debe beber agua embotellada. Una botella grande cuesta cerca de 30 centavos de dólar. Una Coca Cola en lata vale alrededor de medio dólar, y una pequeña en vaso unos 30 centavos de dólar. Una comida para cuatro personas, con 2 cervezas en botella de 650 mililitros y una botella de agua grande cuesta cerca de 20 dólares.

Pasaporte y visado: El gobierno de la India concede tres clases de visados: turístico, de negocios y de tránsito. Para solicitarlos, habrá de rellenar los impresos y acompañarlos de tres fotos. Tienen vigencia por 3 meses, seis y un año. La solicitud de la prórroga del visado debe dirigirse al Foreigners Regional Registration Ofice, Nueva Delhi, Bombay, Calcuta o Madrás.

Permisos especiales Los permisos especiales pueden ser obtenidos si se solicitan específicamente a la vez que el visado o también después de llegar a la India. Las F.R.R.O"S (Oficinas Regionales de Registro de Extranjeros) en Delhi, Bombay, Calcuta y el Oficial Jefe de inmigración de Madrás pueden gestionar Este permiso es válido sólo por un periodo máximo de 15 días. Los permisos para grupos de turistas deben ser solicitados al menos con dos semanas de antelación.
Las zonas que necesitan permiso especial para visitar son: Sikkim, Arunachal Pradesh, Assam, Manipur, Meghalaya, Mizoram, Islas Andmán e Islas Lacedivas.

Los lugares que requieren permisos especiales son:

1. Fronteras del Noreste: a solicitar en las F.R R.O’S en Delhi, Calcuta, Bombay y el Oficial Jefe de Inmigración de Madrás.

2. Islas Andaman: se pueden solicitar los permisos en cualquier embajada o cansulado de la India, en la F.R.R.O’S en Delh!, Bombay, Calcuta y también a través del Oficial Jefe de Inmigración de Madrás.

  • Vacunas: Los viajes que llegan de África y Sudamérica (sólo países afectados con fiebre amarilla, deben presentar el certificado de vacunación contra ella.
  • Propinas: En la India es usual dar propina, pues ésta no está incluida.
  • Horarios: Cambian según la región. Bancos: De 10.00 a 14.00 (lunes a viernes y de 10.00 a 12.00 (sábados).
  • Oficinas de Correos: De 10.00 a 17.00 (lunes a viernes) y sábados mañana.
  • Oficinas: De 9.30 a 17 (lunes a viernes). Sábados de 9.30 a 13.00.
  • Electricidad: Corriente de 220 voltios y 50 ciclos. Se recomienda comprobar la tensión eléctrica antes de emplear aparatos.
  • Fotografía: Es necesario un permiso especial del Archeologial Survey of India, Nueva Delhi, para fotografiar monumentos arqueológicos, con trípode y flash. Está prohibida la fotografía en zonas tribales.
  • Divisas: No hay restricciones para la entrada de divisas. Si se llevan más de 10.000$ deberá declararse en el impreso de declaración de divisas en las aduanas. Se ruega a los turistas que cambien en establecimientos autorizados y Io declaren en los formularios. Se recomienda guardar el certificado de cambio de moneda, para poder volver a cambiar a la salida del país La importación o la exportación de la rupia no está permitida.
  • Aduanas: Quedan libres de impuestos los siguientes objetos personales: joyería, una cámara fotográfica con cinco rollos, una cámara de cine, prismáticos, magnetófono portátil, tocadiscos portátil con diez discos, radio portátil, máquina de escribir portátil, regalos por valor de 500 rupias, 200 cigarrillos, 50 cigarros y un litro de bebidas alcohólicas El material profesional necesitará que se asegure que volverá a sacarse del país. Algunos tipos de armas están prohibidos y otros necesitan licencia. Está terminantemente prohibido exportar: marfil, plumas de pavo real, pieles de cocodrilos, serpientes o cualquier especie de animal protegida así como reliquias y antigüedades de más de 100 años.



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