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Lo que fuera la antigua Vía Aurelia en algún momento
y, mucho más tarde, una serie de pueblitos de pescadores,
hoy es uno de los conjuntos arquitectónicos más
codiciados de Italia. Poco a poco, los antiguos botes van dejando
lugar a lujosos yates, algunos tan grandes que podrían
permitir que en su cubierta se estacione un helicóptero.
Cuando el clima es más suave surge el turismo del invierno,
que también que se ha desarrollado en los centros como
Bordighera, San Remo, Alassio y Albenga, todos en Liguria.
Un espacio en el que los mejillones son como dátiles, pueblos
que saben del vino joven, del pescado que llega cada día,
del oliva Montañas verdes que caen en el violeta de un
atardecer, costas escarpadas y sorprendentes.
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Un punto de partida para un recorrido por lo real maravilloso
puede ser -de hecho lo es- la Vía Aurelia, a la orilla
de un mar que es de romanos. Paralela a la línea tenue
del mar -que también es la del horizonte- este camino que
viene desde el imperio todavía hoy recorre a través
de 2300 Km casi la mitad de Europa, uniendo -reuniendo- Roma con
Cartagena. Recordar que la Vía Aurelia es más antigua
que el Evangelio, incluso que París y Venecia, es pensar
en el tiempo sucede a través de un paisaje que baila alrededor
del mar entre tules de claveles y retamas.
A veces, el tiempo real -los minutos, los segundos-, se refugia
más allá de las montañas verdes que parecen
explotar en el mar.
Pasando por Paraggi, un pequeño balneario en cuyo hotel
se encuentra una de las discotecas más exclusivas de Europa,
se llega a la pintoresca Portofino, ubicada en una bahía
salpicada de esmeraldas y jades. A pesar de que su puerto alberga
a un yate por habitante, sigue siendo un refugio para quienes
buscan la paz. Detrás de las fachadas ocre y terracotas,
ya casi no viven pescadores. Hoy se trata de departamentos de
lujo, cuyos propietarios en su gran mayoría viven en Milán.
Al nivel de la calle, bajo las arcadas que se suceden, se alternan
las boutiques, los negocios que nos hablan de un barroquismo de
colores, pubs y galerías de arte otro final de la herradura
de piedra que es la bahía, desde el Castillo San Giorgio,
también puede verse ese otro pueblo blanco que son las
embarcaciones sobre el mar.
Génova
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Génova, con su puerto interminable, sus palacios y sus
museos, es el comienzo de un recorrido que termina en Portofino,
vértigo a la italiana, un mar de playas breves y múltiples
rincones, aventuras aguas adentro. El Mediterráneo puro
y las posibilidades de un viaje en el que los descubrimientos,
sin duda, están en el detalle, en la aventura y en el aire
siempre sorpresivo del lugar. A veces, hasta los mismos agricultores
van en bote para llevar las vides a las bodegas vecinas.
Así, Génova, "La Superba", como la llaman
en Italia, con su puerto que se parece a otros puertos de por
aquí, es casi la puerta hacia un territorio de luces y
tiempos diferentes.
El faro de Génova
Símbolo de la ciudad y postal de toda Liguria, el faro
de Génova se construyó alrededor del 1200, cumpliendo
una función de puesto de protección, y luego pasó
a cumplir la función actual. La primera araña o
gran farol de luz, es posible que se haya instalado en las primeras
décadas de 1300; fue alimentada con aceite de aceituna,
viniendo de los depósitos del Doge.
Alrededor a 1513, el faro fue centro de las negociaciones de la
ocupación de los franceses como centro de control sobre
la conexión entre tierra y mar. Por aquellos años
su luz no era más que ayuda a los marineros. En 1543 fue
ampliada su construcción, usando 2000 quintales de cal
y 160 metros adicionales de piedra que fueron recuperados al mar.
Además se agregó en la cúpula una cruz de
oro.
En el S XVII el edificio fue conectado con los muros de la ciudad
como barrera de defensa portuaria contra las tormentas.
La "araña", como la vemos hoy, formada a partir
de dos torres, uniformes a partir de dos marcos con los arcos
que cuelgan, de 117 metros sobre el nivel del mar; y su luz con
una capacidad de 27 millas náuticas es uno de los puntos
más visitados por los turistas, ya que desde la terraza
de la segunda torre puede ser admirado todo el golfo de la costa.
San Remo
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A comienzos del S. XX, gracias a su clima benigno y sus paisajes,
San Remo era una aldea pequeña donde llegaban los primeros
turistas "vip": nobles y soberanos de todas partes de
Europa. San Remo goza de días soleados, poca lluvia, una
temperatura particularmente dulce y constante, con promedios de
10 grados en invierno y 23 de verano.
Los puertos turísticos son dos: el puerto viejo, llamado
el portuario, y el moderno, denominado Portosole, con posibilidad
de acomodar más allá de 800 barcos, punto de referencia
para las regattas más importantes del mediterráneo,
entre las cuales se encuentra el "Giraglia famoso" de
San Remo a Tolone y el San Remo-Saint-Tropez.
La "ciudad de las flores", fascina por la combinación
de contenidos históricos y artísticos de la ciudad
y los recorridos por sus sendas a través de la costa. Las
flores, a las cuales San Remo debe su apodo famoso, sucede gracias
a la situación climática favorable de la región,
donde las plantas y las flores de cada parte del mundo prosperan
en el jardín y los parques de la ciudad.
Los lugares de interés histórico y artístico
ofrecen conocer los orígenes de la ciudad que llegan al
período del imperio romano, durante el cual se construyeron
imponentes rutas y puestos de pasos que aún hoy se pueden
ver. Del período medieval, durante el cual la ciudad era
vasalla del Arcivescovado genovés, se conserva el núcleo
histórico de la ciudad, llamado "el Pigna", que
se convierte alrededor del santuario de la Madonna de la costa
(sexto siglo) en callejones con tabernas y arcadas típicas
de este período.
Otra construcción imponente es la iglesia de San Siro,
un edificio de estilo gótico-romano del S XIII construido
encima a un complejo de la edad anterior.
Más reciente, pero no de menor interés, es el palacio
Borea D ' Olmo (S XVII) y sobretodo la iglesia ortodoxa evocadora,
ejemplo típico de la arquitectura moscovita, debido a la
estancia en la ciudad de la zarina Alexandrovna Maria.
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A pocos kilómetros de la ciudad, hacia el este, finalmente
encontramos las ruinas de la vieja Bussana, la aldea medieval
fue destruida durante el terremoto de 1887. Hoy es el lugar de
reunión y de inspiración para una creciente comunidad
internacional de artistas.
El Casino fue construido a principios del siglo XX, cuando ciudad
comenzó a demostrar claramente su vocación turística.
Con numeroso salones de juegos, es uno de los casinos más
grandes de Europa. Allí se puede probar suerte en una gran
diversidad de juegos, como la ruleta francesa, el black jack y
la ruleta americana, además de dados y tragamonedas. Sin
embargo, asociar el Casino de San Remo a la palabra "juego"
sería injusto, sobretodo si se tiene en cuenta que su vocación
original desde su origen fue ofrecer buena música y actividades
culturales, teles como: teatro, conciertos, prosa, cine y literatura.
En la ciudad también se celebra el festival de la música
en marzo de cada año; este festival reúne a cantantes
y bandas nacionales e internacionales convocando a miles de fans.
Para los amantes de hacer compras, el centro ofrece una gran variedad
de "boutiques" y de stores típicos, con los condimentos
esenciales entre tomates y olivas.
Oneglia y Porto Maurizio
Capital de la provincia de Liguria, a 50 kilómetros de
la frontera francesa, Oneglia, fundada en 980, tenía relaciones
siempre alternas con la república de Génova. Aguantó
numerosos asedios y sitios franceses, e incluso sufrió
el ataque de Napoleón. El núcleo antiguo, desarrollado
en el área de Castelvecchio, fue movida en edad comunal
hacia el mar.
Maurizio vira hacia el lado de babor, el viejo puerto militar
romano se introduce como una típica aldea medieval de Liguria,
defendida en un cabo. La ciudad conserva los testimonios de la
edad medieval entre los cuales se encuentran edificios como el
Paraxo (S. XII), el palacio del gobernador, el palacio de Pagliari
(S. XV), la pizarra del palacio (S. XVII), la iglesia de S.Leonardo
y la casa del Santo.
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Entre 1781 y 1832 SE erigió la basílica de San
Maurizio, más grande que la de Liguria. El interior del
edificio sobrepasado de una cúpula ancha, ofrece una imagen
impresionante.
Las dos aldeas son hoy pilares para los turistas de todo el mundo:
hay numerosas atracciones deportivas, como las regattas, eventos
culturales como la exposición nacional "ciudad premiada
de la pintura de imperia" en septiembre, el torneo internacional
de ajedrez, etc.
Pero Maurizio y Oneglia también cuentan con características
notables que la destacan sobre otras ciudades de Liguria, del
mar y del árbol verde oliva. El puerto de Maurizio, elegido
en 1797 como capital de la jurisdicción del Ulivi, acomoda
el museo naval de la región de Liguria. Dividido en 15
secciones, conserva secciones dedicadas a la construcción
naval, que introduce la única colección completa
de herramientas navales antiguas; que va de los instrumentos de
los sextantes a los compases, hasta material cartográfico,
documental y modelista. Cada objeto parece decir su historia,
que en definitiva es un pedazo de la historia de Liguria y del
mediterráneo. En el museo también se puede conocer
una biblioteca temática ubicada de lado a lado del edificio,
donde están documentos de los campos al arte náutico,
como la exploración geográfica, el comercio marino,
las actividades de la artesanía del puerto, etc.
Oneglia puede contar la historia del árbol verde oliva
y la producción de se aceite. Es en esta ciudad donde se
encuentra el segundo de los testimonios históricos más
antiguos sobre el árbol de oliva cultivado para aceite.
En el S V Oneglia controlaba el comercio del aceite en toda Europa.
Hoy un museo rememora desde sus comienzos este culto a este aceite
que hace el deleite de miles.
Portofino y alrededores
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Detrás del puerto se encuentra el centro de Portofino.
Lo conforman un par de cuadras de restaurantes y tiendas de souvenir.
En las calles, los autos, nos hablan de un vértigo a la
italiana: conseguir habitación -y aun un lugar para estacionar-
en Portofino después de las diez de la mañana puede
significar tener que volverse, por no encontrar un sitio adecuado.
Hacia el Este comienza un sendero poco transitado, entre pequeñas
quintas, con luces viscontianas. Cabras, paisaje escarpado, escarlatas.
Y aromas: macchia, castaños y el Tirreno como una dilatada
lengua azul ya violeta al atardecer, cuando las cigarras mueren
abrazadas a las cortezas de los pinos, abrasadas a su vez por
el sol implacable.
A una hora del camino, luego de una curva, aparece una bahía
de celeste intenso, una pequeña playa de piedras delante
de la antigua abadía de San Fruttuosso di Capodimonte.
Construida en el siglo VIII d C y destruida por los sarracenos,
fue reconstruida por los benedictinos.
Allí uno puede internarse en un nocturno, con un pequeño
bote en aquella boca que es la bahía. El remero entonces
apoyará un cono rústico de vidrio sobre el agua,
a través del que puede adivinarse un Cristo de piedra en
lo profundo. Al norte de San Fruttuoso, al otro lado del Monte
di Portofino, se encuentra Camogli, "la ciudad de las mil
velas", llamada así porque en el siglo pasado poseía
una flota de barcos aún más numerosa que la de Génova.
Las casas son angostas y se les fueron añadiendo pisos
a través de los años. Allí funciona un museo
naval y el Instituto Náutico Cristoforo Colombo, uno de
los mejores centros de instrucción para oficiales de la
marina de Italia.
Cinqueterre, el destino escondido
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Separados por una cadena montañosa del intenso y lento
paso de las tropas aurelianas: la ruidosa pero más directa
Autostrada Al 2, aparecen los cinco pueblos que la constituyen.
De noche y desde lejos, vista desde arriba, los cinco pueblos
que la componen establecen una poética geometría.
Aislados desde los tiempos romanos, se encuentran en aquel punto
de austeridad que en una primera mirada podría llamarse
apresuradamente pobreza.
Pero no es así: se trata de una conexión plena con
lo natural -un ciclo eterno de luces y sombras, de calor y frío,
de tiempo y espacio, de montaña y mares presumibles en
los viñedos-: techos rojos, verdes casi celestes a veces,
a lo lejos, y aquí cerca, verdes amarillos.
Cinco millas de costa rocosa en Liguria occidental, dos cabos
en los extremos, miles de kilómetros de muros de piedra
seca repletos de viñedos, cinco pueblecitos meridionales
resguardados por espolones de piedra o colocados como racimos
en pequeñas ensenadas: éstas son las coordinadas
de las "Cinque Terre", así se llaman estos cinco
pueblos desde 1448. Allí se encuentran los cinco pueblos
que constituyen los famosos “Cinque Terre”: Monterosso,
Vernazza, Corniglia, Manarola, Riomaggiore.
Hoy en día forman un Parque Natural y son un territorio
tutelado por la Unesco desde 1997.
Este sugestivo tipo de costa llena de precipicios, barrancos y
acantilados que a menudo son casi verticales, de bahías,
grutas y playas encantadas entre escollos con profundos fondales
ricos de variedades ictíneas, hacen que este paisaje se
haya convertido en una verdadera "obra de arte" de la
naturaleza.
Sus habitantes han logrado, con el cultivo en terrazas, a dominar
este terreno tan poco generoso. Este cultivo en terrazas consiste
en una estructura formada por estrechas franjas en picado sobre
el mar, pero han tenido que edificar gran cantidad de muros para
aguantar estas franjas tan despeñadizas. De un estudio
naturalista, surge un extraño dato: el hombre de los "Cinque
Terre" ha llevado a cabo un descomunal trabajo erigiendo,
componiendo y arreglando estos famosos "muros" durante
milenios, un trabajo equivalente a haber construido una muralla
de dos metros de altura por once mil kilómetros de anchura.
Una construcción como la muralla china hoy en día.
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Con toda seguridad el tenaz trabajo que estas gentes llevan a
cabo desde hace años, unido al aire salado de las salpicaduras
de las grandes olas en los días de tempestad, han conseguido
producir esta dulce uva, sabrosas aceitunas y limones.
Un reino de olivos, sin reyes, sin arriba ni abajo: sin ciudades,
todo es de una nostalgia de algo que siempre, está por
llegar, sin ser, insinuándose. Vino: tierra dé vides,
de ronroneo de trenes y montañas que parecen llegar de
África.
Aunque los romanos restablecieron la antigua vía etrusca
dando de nuevo la posibilidad de intercambios comerciales a los
"Cinque Terre", éstos cayeron de nuevo en el
olvido durante el dominio de la República de Génova
y gracias a este olvido este lugar ha conservado intacta su belleza
natural. Incluso hoy en día no es fácil llegar a
estos cinco pueblos, el tren es el único medio ya que las
carreteras son tortuosas. Sin duda esta dificultad para llegar
es la garantía más segura para la conservación
de un paisaje de características únicas en el mundo.
La particular morfología y disposición del territorio
permiten a los vientos dominantes meridionales mover masas de
aire caliente cargadas de humedad hacia la cadena montañosa.
Cuando estas masas entran en contacto con el relieve la baja temperatura
del aire provoca el fenómeno de la condensación
que da origen a las improvisadas e inesperadas lluvias.
El vino de Petrarca
El mejor vino de la zona es el Sciacchetra. De él, de
su potencia inspiradora, ya habló Petrarca, allí
por el Renacimiento, en alguno de sus poemas. Es el resultado
de uvas desecadas.
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Según las crónicas debe permanecer en botellas
dos años para adquirir su duende y 10 más en la
botella para ser finalmente disfrutado y bebido. El resultado
es de un ámbar cuasi sólido, marino: un vino del
color del atardecer. La experiencia es la de vivir toda esa luz
en la boca: la experiencia del agua de mar -incluso con algo de
algas y sales-.
Son uvas rociadas de mar y pétalos. beben del mar y resultan
néctares rojos. Riomagglore cuenta con una particularidad
más: como no posee ni playa ni muelle, los botes pesqueros
se izan por un sistema de poleas desde escalones esculpidos en
la roca. Desde allí, se puede volver a Manarola a través
de la orilla y estacionar en más que sugestivo: la Vía
dell'Amore, un sendero de jardines que aui bifurcan siempre llegan
al mar, que recorre un kilómetro bordeando la serpenteante
costa.
Gastronomía
En la cocina de esta zona predominan los productos del mar, particularmente
los pescados valiosos como el branzino, el orata y el mormora.
Su producto más buscado es la anchoa que se utiliza hoy
sobretodo para hacer las salsas y el paté, elaboración
que se extiende también a las aceitunas de las cuales se
obtiene la nota particular del paté color oscuro (llamado
aquí “el caviar de los pobres”) que es una de
las especialidades de los olivicultores de la Liguria.
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Un enriquecimiento característico de esta cocina es el
de los cubos de tomates; el secado de los tomates es sobretodo
especialidad de los horticultores de Imperio y San Remo. El resultado
es un sabor suave y una consistencia carnosa superior a las de
Calabria, Campani, Puglia y Sicilia. El aceite de oliva es el
complemento perfecto para lograr sabores fabulosos en esta tierra
fabulosa.
Sobre la playa, numerosas trattorias. Rumor de voces, mar, recuerdo
apenas de nueces, el queso que se sospecha en el pesto, limones,
olivas. Liguria, soles. Y los datteri di mare, unos casi mejillones
que parecen dátiles. Y los tagliatelli y los ravioli parmiggiano,
ajo y poesía untuosa: las aceitunas de aquí son
ricas en más de un sentido. Mientras que las de Grecia
y España dan un 30% o un 40% de aceite, las de aquí
dan un 50%. Las calles huelen a óleo vergine prensado en
frío, como a vides jóvenes. Vale la pena internarse
tierra adentro para obtener esas joyas insinuantes.
Una “riviera” para disfrutar
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La Liguria, colores pastel que dan al mar. El Tirreno, en su
intensidad tenue y leve: distintas texturas y tonos. Una Riviera,
la Italiana, que reúne distintas bahías y golfos,
que nos hablan de una cierta filosofía: la del lugar. De
los poetas, del Amor, de los enamorados y de aromas llenos de
mar y olivas.
La Guía
- Bancos: de lunes a viernes, de 8.30 a 13 y de 15 a 16 hs.
Folletos, informaciones e Index de hoteles (Annuario Alberghi)
En Italia: Servizio Promozione Turística, Regione Liguria
Vía Fieschi 1516121 Génova - Tel.: 010 54851
Mejor época para visitar la zona: mayo/junio y septiembre/octubre
- Hoteles:
- Santa Margherita Ligure: Imperial Palace Hotel (5 estrellas)
- Fax: ( 0185) 284223
- Camogli: Hotel Cenobio de¡ Dogi (4 estrellas)
- Portofino: Hotel San Giorgio Tel.: (0185) 692612
- Manarola: Hotel Marina Piccoia - Tel.: 0187/ 920103 (con
buen restaurante).
- Precios: 30 U$S por persona en base hab. doble, categoría
3 estrellas. 80 U$S por persona en base hab. doble, categoría
5 estrellas.
- Restaurantes: La Cabana: en Monterosso con vista panorámica
(para reservas: 0187 817391). Ristorante II Pitosforo, en Portofino.
- Alquiler de autos: en el aeropuerto de Génova, aprox.
40 U$S por día con kilometraje ilimitado y seguro.
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