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Sandalias y pies descalzos descansan sobre una vereda…distintos
vendedores reposan a la espera de algún cliente. Sus rostros,
muy similares unos con otros, muestran cansancio y agobio por
el húmedo calor que se apodera de sus cuerpos. La mirada
se expande a la vista de un gran mercado, aparecen un sin número
de puestos de ropa, artesanías, comidas y plata; entre
ellos caminan un conglomerado de personas, exhibiendo sus vestimentas
tai de telas livianas. Sus expresiones, sus gestos, sus palabras…la
contemplación de cada uno de los detalles da cuenta de
la firme presencia del mundo budista.
Los tai son un pueblo campesino con una larga historia belicosa,
cuyos orígenes se relacionan con tribus procedentes de
la religión tibetana, ligados estrechamente a los Shan
de Birmania. Como clan organizado se ubicaron en las tierras altas
de Yunnán en China Meridional; allí en el siglo
VII fundaron el reino de Nanchao, asimilando algunos elementos
de la civilización china, pero conservando rasgos originales
junto a una organización de base aristocrática que
les otorgó fuerza militar.
En el siglo XI, una migración masiva los llevó
a tierras meridionales buscando suelos fértiles para su
cultivo madre, el arroz. Fue en la llanura aluvial del río
Chao Phraya, el mismo que avanza hacia el sur y cruza Bangkok,
que fundaron el Primer Reino Tai, de población puramente
rural y dispersa.
Los templos y monasterios budistas eran protagónicos tanto
en la ciudad como en el campo, cerca de los arrozales. Los extranjeros
recibían tierras para cultivar pero debían encargarse
del cuidado de los templos. Así la ciudad fue alcanzando
su prosperidad estableciéndose diversos mercaderes, al
mismo tiempo que se iba desarrollando una cultura en la que predominaba
el arte y la cerámica como manifestaciones artísticas
dominantes.
Aunque todo el territorio sufrió extensas luchas y enfrentamientos
por muchos largos siglos y fueron desvastadas grandes poblaciones
a causa de los conflictos bélicos, desde 1976, Tailandia
luchó por su estabilización democrática y
económica, haciéndole frente a continuados desórdenes
internos y focos guerrilleros instalados en sus fronteras.
En la población actual dominante es el grupo tai. Como
tal fue derribando en sucesivas oleadas constituyendo un subgrupo
étnico y lingüístico originado en la familia
chino-tibetana, al ir ocupando el espacio fueron diferenciándose
de otras parcialidades. En los últimos tiempos, a pesar
de ciertos conflictos existentes, el país se ha convertido
en uno de los destinos del Sudeste Asiático más
favorecidos por la presencia de viajeros.
El reino de Tailandia, cuyo prefijo Tai significa “Libre”,
es una cálida tierra tropical ubicado en el centro de Indochina,
limitado por Myanmar (Birmania) al oeste; al norte y al este por
Laos; al sudeste por Camboya, y al sur por Myanmar y Malasia,
país con el que comparte la estrecha y alargada península
de Malaca. El país ocupa un gran espacio caracterizado
por presentar un mosaico de culturas, aprisionadas entre las dos
grandes civilizaciones que han ejercido una notable influencia:
India y China.
Ciudad de los Ángeles
Bangkok, la capital tailandesa es la puerta de entrada al país.
Su verdadero nombre, Krung-Thep, significa “Ciudad de los
Ángeles”. También es muy conocida como “Venecia
del Este” a causa de su intrincado sistema de canales de
navegación, que corresponden a la amplia área delta-ica
sobre la que ha sido edificada la mayor parte de la ciudad. Estos
canales, de aguas amarronadas, ofrecen muy buena pesca, agua para
bañarse, lavar ropa y vajillas y hasta para cocinar. Navegando
prácticamente unos treinta minutos se encuentra el maravilloso
Mercado Flotante, donde las canoas cargadas de flores y frutas
son un regalo para la vista.
Bangkok es una extendida aglomeración a ambos lados del
Chao-Phraya, una metrópolis cargada de habitantes con dos
caras superpuestas: la ciudad vieja y la moderna. El fragor ciudadano
queda lejos al visitar sus templos santuarios dedicados al Buda.
Cada uno de ellos, magníficos, se encuentran concentrados
hacia el oeste, a la orilla del gran río.
El inmenso sitio monumental ha sido construido para recrear no
sólo el esplendor de las antiguas capitales, sino también
el carácter mágico-simbólico que representa
cada edificio. Junto a los variados ornamentos realizados con
maderas talladas y cerámicas de vivos colores, los templos
resplandecen bajo el sol de manera tan vivaz, que parecen haber
sido extraídos de alguna estampa fabulosa.
El increíble complejo de Bangkok, que refleja con fidelidad
el arte nativo, solamente acumula un poco más de dos siglos
de existencia. Luego del impacto que produce tan vasta construcción,
la mirada comienza a concentrarse en cada uno de los edificios
componentes contemplando hasta sus detalles más ínfimos.
El Gran Palacio Real, se dibuja como una pequeña ciudad
amurallada que protege a un gran conjunto arquitectónico
de impensadas dimensiones. Las primeras de ellas datan del año
1783, con el transcurso del tiempo, cada sucesor del trono le
fue agregando nuevos edificios, hasta que el último Rama
ordenó construir un palacio neoclásico de mármol
con tejados escalonados de especial estilo tai. Esta visita no
es posible realizarla en su totalidad, solo están disponibles
al viajeros dos sectores en los que se aprecian extraordinarias
colecciones de armas y condecoraciones reales.
Atravesando una pequeña puerta que sólo el rey
y sus hijos varones tenían autorización para pasarla,
se extendía un laberinto de callejuelas, casas, tiendas,
un verdadero palacio interno, que antes de ser suprimida la poligamia,
hospedó a unas casi 3000 mujeres encargadas de gobernarlo.
La última de las residentes, falleció en la década
de 1970.
A uno de los lados del palaciego se ubica una fantasía
centellante de oro y esmaltes, que posee los típicos rasgos
arquitectónicos de un monasterio tai: “La Capilla
Real del Buda Esmeralda”. El Buda Esmeralda es objeto de
veneración nacional, ya que según ciertas tradiciones
se encuentra dotado de poderes sobrenaturales. La esfinge se trata
de una pequeña imagen sedente en un trono de madera dorado
que luce una rica decoración. El lugar es llamado bot,
lo cual significa que es el edificio más importante del
templo. Allí se exhiben numerosos murales entre los que
se destacan los evocados a las historias del Buda.
Acompañando al bot, se levantan importantes estructuras
dignas de ser admiradas: el relicario, conservado en la gran cúpula
dorada en forma de campana donde permanecen las cenizas de los
personajes más importantes de a historia; la biblioteca
budista, el panteón real y el santuario de Angkor Wat.
El espacio también aloja al edificio de Wat Po, el templo
mayor y más antiguo de Bangkok. Fundado en el siglo XVI,
está dedicado a recordar difuntos ilustres. El bot del
templo contiene el famoso “Buda tendido”, cubierto con
pan de oro se lo representa agonizante. Las plantas de los pies
están adornadas con diversas incrustaciones de nácar,
identificando los signos favorables que debe tener un auténtico
Buda. Otro monumental edificio es La Gran Residencia, situado
a al izquierda del palacio real, se compone como un conjunto de
edificios que fueron utilizados como morada por los tres primeros
reyes de la dinastía.
Hacia el oeste un gran templo ovalado es reservado como objeto
de conmemoración civil y religiosa, sus celebraciones van
desde las ceremonias reales hasta las festividades, algunas de
ellas festejan el cumpleaños del Rey o el ritual de la
siembra. Este armonioso templo se lo denomina “Plaza Real”.
En frente, surge el Templo del Alba, construido a lo largo de
la cuenca oeste del río Chao Phraya durante el período
Ayutthaya. Su mayor atracción es su altísima torre
de 84 metros, uno de los excelentes puntos panorámicos
de la ciudad, emergiendo del centro se encuentra rodeada de otras
cuatro de menores dimensiones. Todo el conjunto está decorado
con fragmentos de porcelana y azulejos de cerámica que
reflejan diferentes colores a la luz del sol. Las múltiples
figuras como ángeles, gigantes, entre otras se sostienen
de ellas, cargadas de simbolismo.
Estos son sólo algunos y quizás los más
importantes de los infinitos templos e infraestructuras religiosas
que se distribuyen a lo largo de la ciudad. Son todos realmente
imperdibles por lo cual debes disponer de tiempo para poder visitarlos
en su totalidad.
El ambiente urbano moderno es totalmente dinámico, una
verdadera cara contrapuesta a la ciudad antigua. El Chao Phraya
es testigo del espectáculo ciudadano tanto de día
como de noche. El mercado flotante, atestado de diversas embarcaciones
y los canales vibran repletos de actividad.
Durante los paseos, son observadas las viejas casas con tejados
inclinados que se aglomeran sobre la orilla. Una de las calles
más céntricas es la llamada Yawara, en ella se extiende
el increíble barrio chino. Una especie de pasajes tortuosos,
un laberinto ruidoso donde son subastados un gran número
de productos.
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Tailandia es un verdadero paraíso para las compras, dado
que posee los objetos más variados y originales del mundo.
Los mejores son los realizados en base al bronce, la plata, el
algodón, la seda y las coloridas cerámicas. Las
ropas tai son una buena opción ya que es un artículo
muy representativo del lugar. Todos los productos se ofrecen a
precios increíbles, son realmente muy baratos.
Las calles Palpong y Taniya son los lugares de la noche ciudadana
dado que en ellas se ubican diversos bares, restaurantes, comercios;
entre otros lugares especiales para pasar agradables y placenteros
momentos. La gastronomía típica del lugar se caracteriza
por ser muy picante, debes tratar de evitar el “Pri-kee-noo”,
que es un pimiento rojo o verde muy fino y que sirve en general
para acompañar un plato principal. Algunas opciones de
comidas son el “kao pat”, arroz frito con trozitos de
cangrejo, carne de cerdo, cebollas, huevos y azafrán servido
con cebollas, pepinos, salsa de soja y chiles; y el “tom
yam”, una sopa de leche de coco y hojas de makroot, gengibre,
limón, camarones o pollo. En cuanto a las bebidas, existe
una gran variedad entre jugos naturales y aquellas que llevan
alcohol (no hay restricciones para esta última).
Un paseo por sus alrededores
No muy alejado de la capital, se halla una atracción imperdible:
el Parque Nacional Erawan. De grandes dimensiones, se halla protegido
por zonas de reservas de animales salvajes y otros parques menores
que lo acompañan en sus alrededores. Es un auténtico
jardín, una muestra del rico ecosistema tropical monzónico.
En su interior se dibujan maravillosas cataratas, las denominadas
“Cataratas Erawan”, que se deslizan desde 1.500 metros
en siete niveles diferentes, provocando fuertes ráfagas
de agua que golpean al caer. Rústicas cavernas calcáreas
terminan de adornar el lugar componiendo un perfecto paisaje natural.
La fauna presente es muy variada entre los que se destacan los
ciervos, macacos y gibones, además de numerosas aves. Uno
de los ríos de la zona es el Kwai, mundialmente conocido
por la película estadounidense “El puente sobre el
río Kwai”. La disponibilidad de alojamiento es bastante
variada con la oferta de cómodas instalaciones.
Más al sur de Bangkok, se halla otro interesante lugar,
“Pattaya”. Una hermosa zona de playas que fue elegida,
durante la guerra de Vietnam, por los soldados norteamericanos
para descansar.
De ambiente muy dinámico y liberal, hay a disposición
de los viajeros una gran oferta de instalaciones hoteleras, restaurantes
y discotecas a lo largo de 10 Km. de arena y mar. La “Granja
de Cocodrilos” es un criadero con miles de estos animales
que son muy abundantes en los ríos y pantanos de la costa
tailandesa. Se los cría para fines comerciales, diariamente
sus cuidados ofrecen como espectáculo el comportamiento
de la especie al ser alimentada.
Escapada…
A una hora o dos de viaje, partiendo desde Bangkok, se esconde
un pequeño y exótico rincón que guarda increíbles
paisajes. La isla de Samui se sitúa al este de la ciudad
de Surat Thani, en el Golfo de Tailandia. La economía de
la isla, una de las mayores de Tailandia, se basa en el turismo
y en el comercio de los cocos.
Es un perfecto lugar para descansar y relajarse en encantadores
escenarios de sol y apacibles playas. Una de las más pintorescas
es la llamada Lamai, sus aguas cristalinas y su arena blanca hacen
contraste con las distintas tonalidades de verdes que resaltan
de los bosques. Las instalaciones y los servicios son totalmente
aptos para disfrutar de una excelente estadía.
La isla presenta diferentes playas y paradores para recorrer,
cada uno con paisajes únicos e impensables. La práctica
de deportes acuáticos es una de las mejores actividades
para pasar el tiempo y obtener infinita diversión. Desde
rafting, windsurfing, surfing, body boarding hasta el esquí
acuático, son sólo algunas de las alternativas dominantes.
Existen varios centros de turismo que ofrecen el equipamiento
necesario y personas capacitadas profesionalmente, que implantan
las bases para la práctica de los mismos.
Las caminatas por senderos fascinantes y las excursiones para
exploradores, son otras de las tantas opciones imperdibles. Es
recomendable embarcarse y recorrer las dinámicas aguas
que dibujan el paisaje, realizando paradas que permiten curiosear
a fondo cada rincón de la isla.
Tanto la isla de Samui como otras tantas existentes a sus alrededores,
son verdaderos paraísos para contemplar vistas de infinitas
características y descansar el tiempo que se desee.
Información Tailandia
Tailandia posee un clima tropical, lluvioso, cálido y
muy húmedo, por lo cual la mejor época para realizar
un viaje es de noviembre a febrero ya que las lluvias no son frecuentes
y el calor no es tan intenso. Mientras que durante el transcurso
de marzo, abril y mayo, el calor se hace sentir. Procura llevar
ropa cómoda, ligera, algún abrigo para las noches
y cierta prenda para la lluvia.
Dependiendo del punto de partida, puedes llegar a Tailandia por
vía aérea aterrizando en el aeropuerto de la ciudad
de Bangkok y desde allí elegir entre las distintas alternativas
de transporte tales como taxi, autobús o bien automóvil.
Otras opciones es llegar por mar, desembarcando en el puerto de
esta misma ciudad; o por vía terrestre, por medio de la
red de trenes o carretera.
Para ingresar a Tailandia es necesario de un pasaporte con validez
de seis meses como mínimo. En cuanto al visado es requisito
sólo si la permanencia en el lugar superar a los 30 días.
De todas maneras, es recomendable consultar con la Embajada de
Tailandia o por los Consulados representativos para obtener mayor
información al respecto, dado que la regulación
tailandesa en materia de pasaportes y visados cambia a menudo.
La moneda vigente es el baht tailandés lo cual equivale
a 100 satang. Los billetes están en denominaciones de 1.000,
500, 100, 50 y 20 bahts. Hay monedas de 10, 5 y 1 baht y 50 y
25 satangs. La equivalencia es de 1 dólar estadounidense
igual a 39,78 bhats y 1 euro es igual a 48,77 bhats. El cambio
de divisas al igual que los cheques de viajeros puede ser realizado
en los bancos, hoteles y oficinas de cambio. También se
permite el uso de la mayoría de las tarjetas de crédito,
puedes verificarlo con tu compañía emisora.
La lengua oficial es el tailandés pero la mayoría
de sus habitantes hablan el inglés como modo de comunicación
con los turistas, aunque su pronunciación es un poco cerrada
no es difícil dirigirse a ellos para las cosas más
básicas.
Existen numerosos hoteles de lujo muy bien catalogados, pero
también está aquellos más gasoleros que ofrecen
los servicios y comodidades mínimas en muy buenas condiciones.
En las playas abundan los bungalows entre otros tipos de hospedajes
propios del lugar. La oferta en alojamientos es muy variada, los
hay para todos los gustos y “bolsillos”.
Lo más práctico, rápido y barato para recorrer
la ciudad es el Tuk-Tuk, una especie de moto con sindicar. Los
taxis o autobuses también son muy recomendables. Para desplazarse
dentro del país, los trenes son la mejor opción
dado que son económicos y cómodos. Los vuelos internos
no son tan costosos y sirven para ganar tiempo.
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