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La ideal posición geográfica de Rumania - que se
encuentra a medio camino entre el PoIo Norte y el Ecuador y cuenta,
pues, con un clima templado continental -, más la distribución
armoniosa de su relieve - un 31% montañas, un 36% colinas
y mesetas y un 33% llanuras - motivan un panorama que se despliega
desde el 0 m de la Costa del Mar Negro hasta los 2.544 metros
de altitud del pico Moldoveanu en los montes Fagaras, así
como la presencia de innumerables monumentos naturales.
El territorio nacional, cubierto total o parcialmente por aguas
marinas en el paleozoico inferior, encierra en la actualidad depósitos
fosilíferos, montes de orogénesis herciniana (Macin,
de hace 400 millones de años), circos glaciales y glaciares,
la cadena más larga de montes volcánicos de Europa
(Oas-Harghita) y la tierra más joven del continente (el
Delta del Danubio).
Los monumentos de la naturaleza, protegidos instintiva y empíricamente
a lo largo de los siglos, centraron la atención y el interés
de los científicos en los primeros años de este
siglo.
Como resultado de las leyes y medidas adoptadas al respecto, los
Parques Nacionales de los Montes Retezat y Pietrosul Mare y la
reserva de Rowca-Letea del Delta del Danubio fueron galardonados
con diplomas de honor. Por otra parte, el proyecto internacional
Hombre - Biosfera contiene medidas especiales de protección
del Delta.
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Los primeros signos de vida humana en el territorio rumano actual
se encontraron en los Cárpatos y data de aproximadamente
600 000 a.C.
Aunque existieron colonias griegas a orillas del Mar Negro desde
el siglo VI a.C., la primera formación estatal centralizada
fue la de los dacos, un pueblo de la genealogía de los
tracos.
La civilización dacica llegó a su cumbre bajo la
dirección de Decebal, en el primer siglo a.D., pero éste
fue vencido por la legiones del emperador romano Traianus, en
106. Siguió la colonización romana y los matrimonios
mixtos y la nueva población se cristianizó.
En 271 las legiones romanas se retrajeron y siguieron mil años
de invasiones esporádicas de poblaciones vagantes; vinieron
después varios siglos de invasión turca y rusa.
A pesar de éstos, la civilización daco-romana y
la herencia latina sobrevivieron.
La primera atestación documental del pueblo rumano se hizo
en las acercas del año 1160 y poco después, Tara
Româneasca (Valachia) y Moldova (Moldavia) se constituyeron
en principados.
Varios príncipes que condujeron los reinos consiguieron
parar la invasión otománica, sobre todo Mircea cel
Batrân (el Viejo), Vlad Tepes y Stefan cel Mare (el Grande).
Éste construyó unos cincuenta monasterios y fundó
la cultura moldava.
En el siglo XVI, Mihai Viteazul (el Valiente) unió estos
dos principados con Transilvania y rechazó a los turcos.
Desde muchos puntos de vista, los siglos XV y XVI representaron
una época de gloria en el desarrollo de la arquitectura
y de las artes.
Con la muerte de Mihai Viteazul en 1601 siguieron dos siglos y
medio de conflictos, cuando la conciencia nacional de los rumanos
se volvió más fuerte.
En 1859, los dos principados, Tara Româneasca y Moldova,
se unieron bajo el nombre de Rumania. El nuevo estado se convirtió
en monarquía en 1881, pero sólo a partir de 1918
tuvo lugar la unión de los tres principados rumanos, con
la anexión de Transilvania.
Después de 1945, los soviéticos obligaron al rey
de abdicar e impusieron el régimen comunista. La revolución
de 1989 repuso a Rumania entre las democracias europeas.
En diciembre de 1989, Rumania volvió a ser una nación
libre. El país está listo ahora a acoger turistas
de todo el mundo que gocen de su magnífica y diversificada
tradición cultural, de lo pintoresco de los paisajes y
de las posibilidades de pasatiempo.
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Puede ir caminando a lugares todavía desconocidos, donde
los ríos tienen agua cristalina, o puede explorar en barco
los 5 640 km2 de tierra salvaje del delta del Danubio. De esta
superficie total, 4 340 km2 son en territorio rumano. Aquí
puede admirar pelícanos y otras especies de aves en vía
de extinción, por islas flotantes cubiertas de chamiza.
En primer lugar, el nombre mismo des país, Rumania, nos
recuerda que la civilización de Roma tuvo una influencia
decisiva en su evolución y que muchos monumentos datan
de aquél período.
Puede admirar también las fortalezas medievales, monasterios
construidos en estilo bizantino con pinturas murallas exteriores
y casas paisanas decoradas en función del específico
de cada región , y el castillo de Drácula no es
más que uno de los muchos castillos y palacios impresionantes
para ver.
Rumania está situada en una encrucijada de vías
europeas, que la hacen fácilmente accesible tanto desde
el Norte, como desde el Sur, el Oeste o el Este. Vías férreas
y carreteras transeuropeas, así como vías acuáticas
(fluviales y marítimas), la unen a cada rincón del
continente europeo. El relieve, formado de manera armoniosa por
zonas de montaña, colinas, mesetas y llanuras, ofrece a
este país una configuración ideal para el turismo.
Fortalezas y castillos (en Râs,nov, Bran, Hunedoara, Sinaia,
Suceava, Neamt,, Alba lulia, Sigihs,oara, Histria y otros lugares)
representan un verdadero libro de historia, las ferias, los jardines
botánicos, las reservas de la naturaleza, así como
las numerosas aldeas turísticas. Rumania tiene muchas construcciones
de gran interés para sus visitantes, tanto antiguas como
modernas. Entre estos monumentos, una nota peculiar la representan
las famosas iglesias de frescos exteriores del Norte de Moldavia.
Según la opinión unánime de los especialistas,
Vorenet,, humor, Sucevit,a, Moldovit,a y Arbore son obras maestras
de una civilización refinada, única en el mundo.
La Manzana de Oro, premio de la Federación internacional
de periodistas y escritores del turismo (adjunta a la UNESCO),
ha recompensado estos valores.
Una joya que pocos conocen
Hay muchas razones por la cual hacer un viaje a este destino
fascinante, por ejemplo: la búsqueda de lo desconocido
y, subsiguiente y consecuentemente, el encuentro –como dijo
Baudelaire– con lo nuevo o –a la manera de Machado–
con las buenas y discretas cosas que, de puro sabidas, de puro
olvidadas, vuelven a parecernos nuevas. Nadie olvide que la larga
pesadilla comunista congeló y, por lo tanto, evitó
la putrefacción tecnológica, financiera, moral,
desarrollista, consumista, turística, mediática
e informática del mundo sometido al american way of life.
No hay mal que por bien no venga de casi todos los usos, costumbres,
casos, cosas, edificios y paisajes de Rumania. El país
está, pues, prácticamente intacto.
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Otra excelente razón son las buenas gentes, buenas de
verdad, que lo son, en su mayoría, del campo. Esto es:
del orbe y no de la urbe, y cuando no lo son, con las inevitables
excepciones, lo parecen. Lo parecen por su inocencia, por su cortesía,
por su simpatía, por la ilusión con la que encaran
su incierto futuro y por las ganas de agradar. Sólo en
Bucarest tropezará a veces –no muchas– el viajero
con los pícaros, trapisondistas, truhanes, rufianes y pedigüeños
que en días como éstos suelen amargar la vida de
los forasteros.
La observación vale también, ya dentro de la ciudad,
para los llamados «taxis independientes», cuyo taxímetro
corre a velocidad de gacela perseguida por un guepardo en la sabana
del Serengeti. Lo mejor para no convertirse en víctima
de tamaño expolio es acudir al no muy airoso recurso del
teléfono. Por otro lado, es la asombrosa (y, a menudo,
conflictiva) mezcla de etnias, cuando no de razas, y consecuentemente
de culturas, de mentalidades, de formas de vida... Húngaros,
rusos, turcos, serbios, croatas, alemanes, ucranianos, gitanos
(más o menos irredentos) y, por supuesto, rumanos bullen
y a veces, incluso, hierven en el interior de una olla exprés
cuyo principal, aunque en modo alguno unánime ingrediente,
es la latinidad, poderosamente sentida y esgrimida por la mayoría
dominante. Pero en el sabroso guisote también hay, además
de las que ya quedaron reseñadas, especias históricas
de tanto vigor y color como en su día lo fueron las de
los hunos, los mongoles y los godos. Todas ellas aportan su excéntrico,
exótico e inconfundible aroma al cosmopolitismo de una
cultura que no huele jamás a habitación cerrada,
sino siempre a encrucijada abierta, y en cuyo ámbito cabe
de todo menos el aburrimiento.
Otra razón son los precios, que andan aún por los
suelos, aunque es de suponer y de temer que pronto dejen de estarlo
en aras y a mayor gloria de la dichosa globalización, pero
todo es aún baratísimo en este país de economía
predominantemente rural, menos, si acaso, los hoteles, que cuestan
ya lo mismo en todas partes.
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Imprescindible es conocer Bucarest, una ciudad no sólo
interesante, sino incluso fascinante. Mereció en su mejor
momento el calificativo de «Petit Paris», y no era
en vano. Queda, aún mucho en ella, pese a la infame demolición
del casco antiguo perpetrada por el no menos infame Ceausescu
para levantar sobre él un brontosaurio: el Palacio del
Parlamento, que es –dicen– el segundo edificio del mundo,
después del Pentágono, en orden de tamaño
y superficie. Aún así, por ley de gigantismo y de
lujo sardanapálico, merece la visita.
Todo lo que no está en Bucarest... Valga decir: el espléndido
castillo de Peles en Sinaia, la Iglesia Negra de Brasov, los Cárpatos,
Transilvania, la fortaleza del presunto vampiro en el angosto
paso de Bran, la Torre y el dédalo de callejuelas medievales
de Sighisoara, los monasterios pintados de Bucovina (que tienen
forma de barco y talante de pájaro policromo a punto de
remontar el vuelo), las gargantas de Bicaz y, sobre todo, la travesía
del Delta del Danubio, que es como meterse en el interior de un
cuadro de Patinir, como viajar por el éter, como soñar
despierto, como saltar a otra dimensión.
El Danubio
El segundo río de Europa, según la largura, después
del Rin, el Danubio corre por una distancia de 2.858 km, desde
sus manantiales en las Montañas El Bosque Negro, hasta
la desembocadura en el Mar Negro. Su cuenca tiene mas que 800.000
km2; sobre esta area viven mas o menos 80.000.000 habitantes,
ciudadanos de nueve estados (Alemania, Slovaquia, Hungria, Croacia,
Yugoeslavia, Bulgaria, Rumania e Ucraina).
Mencionado en Las Historias de Herodoto (484 - 425 antes de Jesucristo),
el Danubio fue nombrado por Napoleón "el rey de los
iros europeos".
En el territorio rumano, el Danubio corre 1075 km, los últimos;
desde Portile de Fier (las Puertas de Hierro) hasta al Mar Negro,
pasando por el Delta del Danubio, el mas representativo de Europa
y uno de los más complejos del mundo. En Rumania, 12 distritos
están a las orillas del Danubio: Caras-Severin, Mehedinti,
Dolj, Olt, Teleorman, Giurgiu, Calarasi, Constanta, Ialomita,
Braila, Galati y Tulcea.
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El Delta del Danubio se encuentra al Norte de este litoral. Ubicado
en el Centro-Este de Rumania, el Delta se formó alrededor
de los brazos y las desembocaduras del Danubio. El Delta del Danubio
es único en Europa. El esplendor de los paisajes, la abundancia
y diversidad de la flora y la fauna han determinado a la UNESCO
a incluir esta zona en las reservas de la biósfera.
Ochenta kilómetros antes de llegar al Mar Negro, el río
Danubio se divide en dos, y luego en tres ramas (Chilia, Sulina
y Sfântu Gheorghe), para crear un paisaje único y
algo exótico.
El río, que tiene 2,860 km de largo (aparte del delta),
reúne las aguas de unos 120 tributarios, serpentea a través
de su amplia cuenca, mientras que el oleaje del Mar Negro repele
los sedimentos traídos por el viejo "Danubius"
de lejanas regiones y depositan esta rica tierra en la desembocadura
del río. Y es así como, a lo largo del tiempo, se
ha formado la tierra más joven de Europa, convirtiéndose
en el dominio de juncos y un refugio seguro para muchas especies
raras de aves, peces y otros animales.
Localizado a mitad de camino entre el Polo Norte y el Ecuador,
el Delta del Danubio cubre 4,152 kilómetros cuadrados de
los cuales 3,446 kilómetros cuadrados (82%) se encuentran
en territorio rumano y el resto en Ucrania.
A lo largo de los años, los recursos naturales y ecosistemas
del Delta del Danubio han estado seriamente afectados por la intervención
humana destructiva, ya sea con la construcción de nuevos
canales acuáticos para el paso de barcos o con la contaminación
del río Danubio debido a desechos domésticos e industriales,
pesticidas y nutrientes, la reducción de las zonas inundables
(que son los criaderos naturales de peces) por medio de represas,
o con la explotación inmisericorde de los recursos del
Delta por medio de la agricultura, pesca, caza, turismo, crecimiento
y corte de juncos, extracción de arenas.
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En la década de los 40's, se tomaron medidas protectoras
en cuanto a la fauna y flora del Delta; por ejemplo, las reservas
de fauna Rosca-Buhaiova y los bosques de Letea y Caraorman. Cuando
se creó la Comisión de Monumentos Naturales de la
Academia Rumana en 1956, ya había 5 reservas cubriendo
unas 40,000 ha, de las cuales tres eran para aves y dos forestales.
Posteriormente, a principios de los 90's, se creó la Reserva
de Biosfera Delta del Danubio. La reserva cubre el Delta y el
sistema de lagos Razim-Sinoe. Su función es preservar la
diversidad genética de la flora y fauna de la Delta del
Danubio, mantener los sistemas de apoyo vital, asegurar el uso
sostenible de especies y ecosistemas. La reserva consiste de unas
18 áreas protegidas o de amortiguamiento que cubren 506,000
ha, donde se permite de manera restringida actividades económicas
tales como corte de árboles, agricultura, corte de juncos,
piscicultura, caza, y turismo.
Bucarest
La capital de Rumania, centro cultural y económico de
todo el país, fue fundada hace más de quinientos
años y es el punto de partida más adecuado para
una vuelta por Rumania. En los años '30, Bucarest era llamado
también "El pequeño París" gracias
a sus avenidas guardadas de árboles.
Una ciudad sin leyendas seria como un adulto sin infancia. Se
dice que un pastor llamado Bucur, fundó una aldea a las
orillas del rió Dâmbovita, en un campo. Así
empezó la historia de la ciudad. Aunque indulgentes con
esta leyenda romántica, los historiadores demostraron que
la actual capital de Rumania estuvo habitada desde el periodo
del paleolítico mediano y el neolítico, debido a
su posición favorable a la circulación de las personas
y de los bienes. Bucarest se halla a una distancia de 60 km del
Danubio, 125 km de los Cárpatos y 260 km del Mar Negro.
Al principio la ciudad se llamaba "La fortaleza de Dâmbovita".
Su actual nombre esta mencionado, por primera vez, en un documento
datado del 20 de diciembre 1459, firmado por el vaivoda Vlad Tepes
(El empalador) el que estableció aquí su segunda
residencia, después de la de Târgoviste. Bucarest
fue la capital de los Principados Unidos Rumanos desde el año
1859 y la capital de Rumania desde el año 1862.
A pesar del plan extenso de reconstrucción de los años
'80, Bucarest es una ciudad de parques, agradable, con cafés
abiertos en las aceras en verano y barcos de placer en los lagos
y ríos que la recorren.
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Es muy fácil encontrar su camino en Bucarest. La red del
metro está extendida en toda la superficie de la ciudad
y el precio para un viaje es único. Las principales avenidas
recorren la ciudad en dirección norte-sur, del Arco de
Triunfo hasta el Centro Cívico, intersectadas por otras
avenidas que van del este al oeste. Calea Victorei (la calle de
la victoria), hallada a continuación de la Avenida Kisseleff
es el lugar preferido de los bucarestinos para paseos en las noches
veraniegas.
Esta ciudad, conocida como la pequeña París, fue
famosa por su vida intelectual a principios de siglo y hoy en
día mantiene un gran encanto. Ha sobrevivido con elegancia
al paso del tiempo y, lo que es más difícil en esta
zona del mundo, al paso de la historia: en los años 70
el dictador comunista Ceausescu estuvo a punto de arrasarla para
crear una ciudad más acorde con sus delirios de grandeza.
No lo consiguió y Bucarest ha logrado salvar gran parte
de su herencia secular.
Bucarest ofrece de todo pero en pequeñas dosis: herencia
comunista, reliquias culturales, templos de modernidad... El truco
consiste en perderse por sus calles arrancándoles secretos
como los que durante años escondía el actual Hotel
Hilton, antes conocido como Athenée Palace. Este fue durante
años el hotel oficial del régimen comunista, y era
de sobra sabido que en todas sus habitaciones había micrófonos
escondidos y que una multitud de espías pululaba por sus
salones. Hace un par de años se remozó por completo
eliminado todos micrófonos y de paso a los espías.
Hoy es considerado como el hotel más lujoso de Rumania.
No es el caso del Hotel Bucuresti, en tiempos pasados el segundo
hotel más prestigioso de la ciudad. Sus propietarios no
han hecho nada por rejuvenecerlo y en la actualidad posee un decadente
aire comunista estilo años 60: muros panelados de madera,
pilares de mármol y techos pop-art en el hall de entrada
donde se aburren prostitutas exageradamente maquilladas.
Si hay algo que resulta particularmente agradable para los extranjeros,
es lo bien y lo barato que se come en Bucarest. Si se es medianamente
romántico ¿quién podría rechazar la
idea de cenar rodeado de pan de oro y frescos, escuchando sonatas
de piano a la luz de candelabros?.
Para esto lo mejor es acercarse a Casa Vernescu, un antiguo palacio
en el corazón de Bucarest que transporta al comensal a
una época dorada. En los salones palaciegos se puede degustar
un exquisito solomillo con foie-gras fundido. Si lo que buscamos
es algo más intimo, no hay más que ir al Bistro
Atheneu es el restaurante más popular de Bucarest. Su menú
de cocina tradicional rumana varía todos los días.
La decoración es acogedora y un dúo de violines
ameniza la velada.
No todo es comer o dormir en Bucarest. Durante los años
de comunismo la población no tenía ningún
tipo de entretenimiento por lo que se vivió un florecimiento
del teatro, el ballet y la música. En Bucarest se puede
disfrutar de música clásica y de opera a precios
muy asequibles.
En el Atheneum, un original edificio circular de estilo modernista,
se pueden escuchar todos los días conciertos de muy buena
calidad por un precio mínimo. El edificio es en sí
es una joya: las escaleras de acceso tienen forma de caracola
y la sala de conciertos está decorada con frescos que representan
la historia de Rumania. El edificio de la ópera no es tan
espectacular, pero sería una pena perderse excelentes versiones
de La Bohème, Carmen o La Traviata desde un palco por pocas
monedas.
Aquí encontrará edificios públicos imponentes,
como por ejemplo el Museo Nacional de Historia y el Palacio de
Correos, y hacia el cabo sur de esta avenida está el parque
Cismigiu. La avenida Magheru está paralela a la Calea Victoriei
y en ella se encuentran agencias de turismo y de las compañías
aéreas, cines y hoteles.
Es sorprendente la mezcla ecléctica de estilos arquitecturales
de Bucarest, empezando con la Curtea Veche (el patio viejo), las
ruinas del palacio de Vlad Tepes del siglo XV - el fundador de
la ciudad y al mismo tiempo la fuente de inspiración para
el personaje de Drácula -, pasando por iglesias ortodoxas,
villas en estilo Second Empire, hasta la arquitectura estalinista
pesada del período comunista y el Palacio del Parlamento,
un edificio colosal, con seis mil habitaciones, la segunda como
grandeza en el mundo después del Pentágono.
Merece visitar a Bucarest mismo si no es más que sus museos,
especialmente el Museo de la Aldea al aire libre en el parque
Herastrau, cerca del Arco de Triunfo. Aquí verá
ejemplos de la arquitectura y de la artesanía popular de
toda Rumania, incluso las famosas iglesias de madera del Maramures.
Otros lugares recomendados son el Museo Nacional de Arte, que
se halla en el edificio del antiguo Palacio Real, el Museo Nacional
de Historia, en la Calea Victoriei, que reúne la magnífica
platería del tesoro nacional y la Curtea Veche, con su
iglesia pintada del siglo XVI.
En la cercanía está la espléndida Iglesia
Patriarcal, construida en 1657 y que ahora hace una nota contrastante
a la modernidad de todo el Centro Cívico. Y no den un rodeo
a la iglesia Stavropoleos cerca de la Curtea Veche, verdadera
joya de la arquitectura ortodoxa rumana. Si tiene la suerte de
hallarse en una de estas iglesias durante un bautizo o una boda,
asistirá a una ceremonia inolvidable.
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La vida artística de la ciudad fue siempre a la altura
de su apodo parisino, y hoy está más activa que
nunca. La Opera nacional siempre guarda un repertorio clásico
- Puccini, verdi, Rossini, Mozart.
En el espléndido edificio en estilo neo-clásico
del Ateneo Rumano tienen lugar conciertos internacionales o sostenidos
por la Orquesta Filarmónica George Enescu. Sin embargo,
el precio de los billetes es inferior a los de otros países.
Bucarest está rodeado por bosques y lagos, y los antiguos
palacios y monasterios que se encuentran en este paisaje tan pintoresco
realzan su belleza. El monasterio de torrejón de Snagov
que data desde 1408 es muy apreciada por los bucarestinos que
practican deportes náuticos en el lago.Así podemos
ver que la capital del país ofrece un extenso y rico recorrido
en el cual cada viajero seguramente disfrutará de alguna
actividad afín a sus gustos.
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