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Islandia significa cosas nuevas y diferentes para ver y hacer,
en cualquier época del año. Cada una, con su atractivo,
características y encanto, ofrece experiencias distintas.
Y no se deje engañar por el nombre Ísland (Tierra
del Hielo): Islandia puede ser sorprendentemente calurosa en verano
cuando el sol brilla casi las 24 horas del día. Y las temperaturas
de enero rondan las 0°C.
Islandia es una isla de 103 km2, con una altitud media de unos
500 m sobre el nivel del mar. Su pico más alto, Hvannadalshnjúkur,
se eleva hasta los 2.119 m, y más de un 11% del país
está cubierto de glaciares, incluyendo a Vatnajökull,
el glaciar más grande de Europa.
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En el año 930, los colonos islandeses fundaron uno de
los primeros gobiernos republicanos del mundo. La antigua Era
de la Mancomunidad, descrita en las sagas islandesas clásicas,
duró hasta 1262 cuando Islandia perdió su independencia.
En 1918, logró su autonomía de Dinamarca, y en 1944,
se fundó la actual República de Islandia. El país
está gobernado por un Primer Ministro que goza de la confianza
del Althingi (el Parlamento) cuyos miembros se eligen en sufragio
universal cada cuatro años. También con un intervalo
de cuatro años se elige al Presidente de la República.
El Presidente actual, el Señor Ólafur Ragnar Grímsson,
fue elegido en 1996, sucediendo en el cargo a la Señora
Vigdís Finnbogadóttir. El Jefe del Estado no desempeña
un papel activo en la política diaria.
Raíces vikingas
Estas primeras imágenes valen para todo el resto del país.
Islandia es así, una nación occidental donde encontramos
todos los gestos y los reflejos que inculcó esta civilización,
pero acomodados a una tierra insólita, como surgida de
un manual de geología y de una historia que empezó
con los temibles vikingos, hace un poco más de 1100 años.
En Islandia se solucionó desde hace tiempo el dilema que
hoy preocupa a Europa: vivir bajo un way of life bien norteamericano,
pero conservando intactos un idioma y las tradiciones culturales
que se encuentran entre las más antiguas del continente
europeo. En realidad, desde la instalación a fines de la
última guerra mundial de la base norteamericana de Keflavik,
cerca del único aeropuerto internacional del país,
se vivió entre los islandeses un curioso proceso: integrar
lo esencial de la cultura norteamericana y vivir en un nivel de
vida aun superior a los norteamericanos, con mayores ingresos
que ellos y mucho mejor distribuidos, pero rechazando todo contacto
directo con estos. Es que, sin duda, los islandeses desconfían
de cualquier intromisión extranjera. Además de padecer
la dominación de los daneses por más de cinco siglos,
lo que ellos llaman su Gran Noche, tuvieron que sortear el proyecto
de comerciantes alemanes de la Liga Hanseática que quisieron
a fines del Medioevo comprar la isla y deportar a todos sus habitantes.
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En Islandia, la historia nunca está lejos, ni siquiera
en los desiertos. Desde hace más de un milenio, cada hecho,
cada familia, está consignada en libros, y por lo tanto
es muy fácil saber qué pasó en cada lugar
del país en cualquier momento de la historia, incluso antes
del año 1000. Si se consigue traspasar la amable barrera
que ponen los islandeses entre ellos y los turistas, en alguno
de los varios idiomas que la gran mayoría maneja –inglés,
danés o alemán y poco de francés, sueco o
hasta italiano– se pueden consultar en las bibliotecas familiares
estos libros gordos, que son una sucesión sin fin de nombres
y fechas y van remontando los antepasados de cada familia hasta
llegar en muchos casos a los primeros colonos noruegos que abordaron
las costas desérticas de Islandia entre los años
880 y 980.
Reikjavik: la ciudad vaporosa
Reykjavík, con sus municipios vecinos tiene una población
de unos 170.000 habitantes y ofrece una interesante mezcla de
cultura cosmopolita y raíces tradicionales de ciudad pequeña.
Las narraciones de antaño dicen que fueron los antiguos
dioses vikingos los que llevaron al primer colonizador de Islandia,
Ingólfur Arnarson, a fijar su hogar en Reykjavík.
Le dio al lugar el nombre de Reykjavík (Cala de los Humos)
por los vapores geotérmicos que hoy en día calientan
las viviendas y las piscinas abiertas de toda la ciudad. Un bello
río salmonero atraviesa las afueras de la ciudad, donde
hay bonitos parques y áreas naturales para pasear dentro
de la misma ciudad y en los alrededores, hay lugares para practicar
la pesca, la equitación y el golf. Bajo este telón
de fondo natural, Reykjavík también tiene un amplio
programa de las atracciones usuales de una ciudad: Museos de arte,
varios teatros, un teatro de ópera, su propia orquesta
sinfónica y conciertos de música en vivo que satisfacen
todo el abanico de edades y gustos.
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El tiempo tiene otra dimensión en Reikjavik. Esta pequeña
urbe cosmopolita es una parte tan imprescindible de la experiencia
islandesa como el sol de medianoche o el mágico paisaje
esculpido por el hielo y el fuego. Su cercanía a la naturaleza
y su vigorosa vida cultural convierten a Reykjavik en un lugar
de visita ideal cuando uno necesita buscar experiencias revitalizadoras
e inolvidables.
Se la ha denominado la capital más caliente de Europa por
su famosa y enérgica marcha nocturna. Pero Reykiavik no
es sólo clubes y pubs. Esta capital, la más septentrional
del mundo, con una población de 180.000 en su área
capitalina, es una trepidante ciudad cultural donde las corrientes
cosmopolitas conviven con las tendencias tradicionales. Reykiavik
fue Capital Cultural de Europa en el año 2000: un oportuno
reconocimiento de su vibrante vida cultural, con sus numerosos
festivales y asombrosa oferta de eventos artísticos. Reykiavik
hunde sus raíces más de 1100 años en la historia
y es en Reykiavik donde se hallan los antiguos manuscritos que
contienen las sagas y las eddas islandesas, unas de las más
preciosas joyas medievales de la literatura universal.
Reykiavik reúne lo mejor de dos mundos. La calidad de vida
de una sociedad moderna y progresista se complementa con los estrechos
lazos existentes con la bella naturaleza alrededor y dentro de
la misma ciudad. Tanto si le apetece jugar al golf a medianoche,
como montar a caballo, ver ballenas o pescar salmón; no
hace falta ir muy lejos: todo está a mano. Las ciudades
adyacentes de Kópavogur, Hafnarfjörður y Mosfellsbær
ofrecen atracciones complementarias: el centro comercial más
grande del país, un festival vikingo anual o excursiones
únicas para «avistar» elfos.
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Reykiavik es un magnífico lugar de visita, tanto para
el disfrute desenfrenado como para recargar las pilas. Energía,
seguridad, bienestar y diversión son las claves de la experiencia
reykiavikense. Y por sus inagotables fuentes de energía
geotérmica ecológica, la limpieza del aire y del
agua está garantizada. La ciudad también se libra
de graves problemas que afectan a otras capitales, por lo que
la seguridad ciudadana y la buena calidad de vida ofrecen a habitantes
y visitantes una agradable sensación de bienestar y disfrute.
Las piscinas geotérmicas son una cita obligada. Además
del placer de nadar en ellas o descansar en uno de sus pozos calientes
al aire libre, es una de las mejores maneras de conocer de cerca
a los habitantes de Reykiavik. Otra cosa imprescindible es ir
a cenar y disfrutar de las especialidades islandesas, tales como
el exquisito marisco, el cordero de montaña y una inusual
gama de caza —alimentos naturales todos, servidos de modo
creativo en los numerosos restaurantes de primera que hay en la
ciudad. Y para los que les va la marcha nocturna: la famosa movida
reykiavikense está a la altura de su reputación.
A fines de mayo, todavía hay luz a las 2 AM, y desde junio
hasta la mitad de julio no habrá realmente noche: es así
que, después de pasar un largo invierno a oscuras y bajo
la nieve, los islandeses parecen multiplicarse y la habitualmente
pequeña y tranquila capital vive al ritmo de una gran metrópoli.
Los bares están llenos a cualquier hora; las calles desbordan
de autos que van y vienen, jóvenes que dan la “vuelta
del vikingo” se visitan entre amigos antes de irse a tomar
cerveza mientras se bañan desnudos en los canales que llevan
el agua caliente a la ciudad, desde las entrañas mismas
de la tierra. Al cruzar los campos de lava en sus modernos y aparatosos
4x4 japoneses, pasarán delante de los invernaderos donde
se cultivan todo el año las bananas y rosas más
boreales del planeta... y cada lugar les hará recordar
de un pasaje de las antiguas sagas, escritas por poetas que eran
también feroces guerreros.
Quizás sea Reykjavík la más desconocida de
las nueve capitales culturales que tiene este año Europa.
Sin embargo, a dos pasos del Círculo Polar Ártico,
la ciudad islandesa despierta cada primavera de su sueño
glaciar para echarse a la calle. Hace del sol de medianoche su
bandera vital.
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Resulta impresionante el movimiento de gente joven que presenta
Reykjavík, teniendo en cuenta que su población no
supera los 140.000 habitantes. No obstante, hablamos de una urbe
que, desde hace años, tiene el índice de natalidad
más alto del Viejo Continente: 2,2 niños por mujer.
Una ciudad que, además, ha sabido conservar sus casas de
madera y sus jardines, sus espacios abiertos y puertas al campo,
pasando de aldea decimonónica a aldea global.
Reykjavík no tuvo el desarrollo industrial que afeó
el perfil de otras ciudad nórdicas, antes de que en sus
hogares se hiciera habitual el uso de Internet y el correo electrónico.
Por tanto, excepción hecha del edificio Perlan, que con
su cúpula acristalada y giratoria representa la mejor arquitectura
de vanguardia, la torre de Hallgrimskirkja -su gran iglesia luterana-
sigue siendo el mirador principal de que dispone. Una atalaya
desde la que contemplar la vida social que el islandés
hace en sus piscinas termales, su pesca del salmón en el
río Ellioaár que atraviesa la ciudad y, en la colina
de la iglesia de Hallgrim, la estatua del Leifur Eriksson, el
marino vikingo que se supone llegó 500 años antes
que Colón a las Américas...
Festejos y ruta 1
En la Biblioteca Nacional de Reykjavík se encuentra el
principal orgullo de la historia islandesa: algunos manuscritos
de las sagas. Durante mucho tiempo estuvieron en Dinamarca, adonde
un letrado islandés los había llevado para salvarlos
del olvido en el siglo XVIII. El día en que ese país
los devolvió a Islandia, se realizó una gran fiesta
nacional de varios días de eventos y festejos. En este
país donde la tasa de libros impresos y diarios leídos
es la más alta del planeta, no es extraño que las
grandes fiestas populares tengan bases literarias y culturales,
aun si conviven con las prosaicas borracheras del sábado
a la noche, otro de los “festejos” típicamente
escandinavos, que llevó a Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia
a fijar un estricto control sobre la venta de bebidas alcohólicas,
en negocios manejados por un monopolio estatal. Tanto, que otro
evento que dio origen a grandes festejos populares fue la legalización
de la cerveza en los bares en los años 90, después
de varias décadas de prohibición.
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Entre una cosa y otra, bien alegres resultan las noches de Reykjavík
y de Akureyri, la otra gran ciudad de la isla, sobre la costa
norte. El ambiente en los bares como Gaukur A Stöng (donde
se gestan las bandas que hacen de Islandia un verdadero semillero
de talentos para el pop; está en las antípodas del
clima que puede hacer puertas afuera. Incluso en pleno verano
las temperaturas máximas no pasan de los 15 grados.
Sin embargo, es muy fácil olvidarlo. Sobre la ruta 1, la
única del país que está asfaltada y que circunvala
toda la isla, tomando la dirección al este de Reykjavík
se llega a Hveragerdi, un pequeño pueblo al borde de un
desierto de lava. En el centro, se levanta un gran centro de compras
mantenido a temperatura tropical: allí, a despecho de la
nieve y el viento que sopla afuera, surgen fuentes que riegan
plantas tropicales, entre ellas las famosas bananas. Como para
no olvidarse, sin embargo, de que el calor no pasa de la puerta,
es un excelente lugar para comprar los famosos pulóveres
islandeses, muy pero muy calientes.
Y si se quiere seguir rumbo al sur de Reykjavík, para comprobar
una vez más que el trópico existe bajo el círculo
polar, el lugar ideal es Blue Lagoon, un pequeño balneario
al aire libre. Se pueden tomar baños en un agua que supera
naturalmente los 40 grados y que brota de una central de procesamiento
térmico gracias a la cual se calefaccionan las casas de
la región. El azul intenso del agua se aprecia más
en verano, cuando no hay tanta condensación y vapor por
la diferencia de temperatura entre el líquido y el aire
exterior. Pero en invierno, es una experiencia inolvidable tomar
un baño en el lago más boreal del planeta, el cuerpo
caliente y la cabeza bajo una tormenta de nieve.
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Saliendo de la oscuridad invernal que mantiene cerrado su aeropuerto
de Keflavik entre los meses de noviembre y mayo: todo resulta
sorprendente en la capital islandesa. Incluso su caprichosa climatología,
que puede incluir vientos racheados, sol radiante y cielos plomizos
en una misma mañana... Frente a ello, hay que atender a
la vieja máxima local: «Si no te gusta nuestro clima,
espera quince minutos a verlo cambiar». Lo único
que allí no cambia es el precio del alcohol, en cualquier
bar o restaurante, muy caro teniendo en cuenta los impuestos estatales
que pesan sobre su importación. Por suerte, para reemplazar
al champagne está la bebida nacional, el brennivin, un
alcohol de vikingo que permitirá olvidarse radicalmente
del frío. En islandés, “Salud” se dice
“Skál!”.
Cultura
Aunque los islandeses se enorgullecen de poder leer sus sagas
medievales «en el original», no son unos nostálgicos
del pasado. La antigua civilización rural ha dado paso
a una exuberante creatividad en los ámbitos de la música,
la literatura, el teatro y las artes visuales. El legado histórico
dejó esto:
- La Orquesta Sinfónica Nacional: Su reputación
está consolidada, tanto en Islandia como en el extranjero.
- Cine: La producción islandesa se hace notar en los
festivales internacionales de cortos y largometrajes.
- Manuscritos: Del siglo XIII, las sagas islandesas son un patrimonio
histórico-literario equivalente a las antiguas iglesias
y catedrales de otras latitudes.
- Un pasado vivo: Folklore y tradiciones de antaño, revividos
hogaño.
- Una cocina innovadora: Productos del mar recién capturados
y cordero de montaña estimulan la imaginación
de los chefs, para mayor placer del paladar de sus clientes.
- La buena mesa: Pescados frescos del día, todo el año.
· Aves: Charranes árticos, frailecillos, alcatraces
y otras raras aves, por millares.
Tierra activa
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Islandia es un verdadero curso de geología. Es una de
las tierras más jóvenes del planeta (una de sus
islas nació literalmente en los años 60, cuando
un volcán surgió del mar y formó una nueva
tierra). La actividad volcánica es muy importante y las
erupciones se repiten con frecuencia. La más mediática
ocurrió en los años 70 en la isla sureña
de Westmann, cuando se tuvo que evacuar en una sola noche a más
de 3000 personas que vivían en la isla, sin sufrir un solo
accidente menor.
También hay numerosas solfataras, pozos donde se “cocinan”
mezclas de rocas en fusión. En cuanto a los géiseres,
son una de las principales atracciones de Islandia. La palabra
pasó a todos los idiomas por el nombre del lugar, Geysir,
donde está el más famoso géiser de la isla,
el Strokkur, que escupe agua hirviendo a varias decenas de metros
de altura. Últimamente el Strokkur (“robusto”,
en islandés) está cansado y hay que volcar jabón
en polvo en el pozo para hacerlo escupir. Se hace cada tanto,
y la noticia es difundida por la radio para que nadie se pierda
el espectáculo.
Energía pura
El islandés de a pie, creativo últimamente en todos
los frentes del arte, del cine a la música, pasando por
la fotografía y el diseño, siempre fue más
industrioso que industrial. Lo prueba, también, la limpieza
de sus principales factorías energéticas, a las
afueras de la ciudad.
Concretamente, la central geotérmica de Svartsengi resulta
ser una de las menos contaminantes que existen. Tanto es así
que, a poca distancia de ella, frente a la Laguna Azul que la
alimenta con vahos, salada y rica en minerales curativos, se han
abierto instalaciones de balneario.
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El término Reykjavík significaba «bahía
humeante», en la lengua vikinga del granjero Arnarson que
la fundó, allá por el año 874, y, en sus
alrededores, siguen también vivos los géiseres,
surtidores de agua hirviendo, cuya denominación responde
al topónimo del lugar donde, en 1930, se comenzaron a usar
con fines hidroeléctricos. Tal vez, el apelativo «geysir»
sea la única voz del actual idioma islandés que
ha trascendido internacionalmente, procedente del antiguo noruego.
En todo caso, muy cerca de allí se halla la catarata Gullfoss,
con sus 32 metros de caída libre, que junto a las también
islandesas de Skógarfoss y Dettifoss figura entre las más
importantes de Europa. Y a unos 40 kilómetros de la capital,
el Parque Nacional de Tingvellir conserva la memoria del antiguo
parlamento islandés, el primero del mundo en constituirse,
hace 1.070 años, junto a la gran falla atlántica
donde se separan las placas continentales de América y
Euroasia.
Excursiones en la Isla
- Glaciar Snaefellsjökull
Julio Verne situó en su cráter el inicio del «Viaje
al centro de la tierra».
- Snaefellsnes
Misteriosa península repleta de más cráteres
y campos de lava.
Reserva Natural de Torsmork
- Bosque de Thor», dios vikingo. Entre sus valles, ríos
y escoria volcánica, se ven auroras boreales.
- Lagos Jökulsárlón
Los icebergs flotan en él a la deriva.
- Glaciar Vatnajökull
El mayor de Europa, ideal para excursiones en 4x4 o sobre raquetas.
Los americanos importan hielo de él para su bourbon.
Maravillas de la Naturaleza
Islandia es una tierra joven, aún formándose. Los
volcanes, los glaciares, las coladas de lava, los acantilados
y las cascadas presentan todos los colores del arco iris, en una
confrontación única con los elementos: el viento,
la luz, el aire transparente, los espacios inmensos. Entre todo
ello podemos destacar:
- Erupciones volcánicas: Hay una cada cinco años
promedio. Las coladas de lava también son espectaculares.
- Caballos: Excursiones desde una hora hasta varios días
le permitirán apreciar el buen carácter y los
cinco pasos del valiente caballito islandés.
- Sol de Medianoche: Blancas noches de hadas, en junio y julio.
- Ballenas: Puede estar casi seguro de avistarlas desde mediados
de abril hasta septiembre.
- Aurora boreal: De septiembre a marzo.
Acción y aventura -para todos los gustos
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El viajero que visita Islandia hoy en día lo hace por
las mismas razones que los vikingos que la descubrieron en el
s. IX: el amor por la libertad. Tanto si gusta de las vastas e
inhabitadas extensiones del paisaje, como de pasear por la ciudad
haciendo amigos, se sentirá libre en Islandia. Y hay un
sinfín de opciones para viajar si, en lugar de venir en
un viaje organizado, decide explorar el país a su aire.
Puede circular por toda la Carretera Nacional Circular de 1.340
km o una parte de ella, o bien salir del camino para contemplar
los fiordos y penínsulas que salpican todo el paisaje del
país.
Se encuentran alojamientos locales que se ajustan a todos los
gustos y presupuestos, desde los hoteles de alta calidad en los
municipios más grandes, pasando por los “hoteles de
verano” (internados habilitados a tal efecto), que ofrecen
camas o habitaciones para sacos de dormir, hasta hostales, hospedajes
en granjas y los cámpings con las comodidades usuales.
El alquiler de coches —de manera ocasional o como parte de
un paquete “Avión y Coche”— se ha convertido
en una de las ofertas favoritas de los últimos años.
Hay una amplia gama de vehículos, incluyendo los 4x4, pero
se advierte a los conductores de no aventurarse en solitario por
caminos donde puedan encontrarse con ríos sin puentes.
Aquellos que gusten del desafío de viajar sobre las dos
ruedas de una bicicleta, comprobarán que las calorías
gastadas bien merecen la pena. Se recomienda a los ciclistas venir
preparados para todas las condiciones atmosféricas, incluso
en verano. Existen varias casas de alquiler que ofrecen buenas
bicicletas de montaña, mientras que, tanto el transbordador
que conecta con Europa como los aviones, las admiten a bordo.
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Los que viajen por cuenta propia deberían siempre tener
presente que, a veces, hay un cortísimo paso entre sentirse
libre y perderse. Los senderistas, los exploradores de glaciares
y los que se aventuren por el interior siempre deberían
informar de sus planes antes de emprender viaje a las zonas deshabitadas.
La conducción de vehículos fuera de las carreteras
está totalmente prohibida —la sensible vegetación
subártica necesita poder desarrollarse libremente y pueden
tardar décadas en repararse los daños causados por
las ruedas de los coches en el delicado manto vegetal.
He aquí la ocasión de hacer ejercicio físico
en plena naturaleza. Todos los deportes se encuentran al alcance
de la mano y según la capacidad de cada uno. Algunas actividades,
como la natación en piscinas de agua geotérmica,
forman parte de la vida cotidiana, otras son una manera ideal
de olvidarse del estrés de la vida actual, y aún
otras le dan la oportunidad de luchar contra los elementos, recuperar
el espíritu de equipo y ver cómo sus preocupaciones
se esfuman. Ente las actividades que se pueden realizar se destacan:
- Motonieves: Fáciles de conducir, hasta las cumbres
de los glaciares.
- Deportes de invierno: De noviembre a abril en el norte. De
enero a abril en el sur.
- Natación y baños en piscinas de aguas geotérmicas:
Relajo y bienestar durante todo el año en piscinas al
aire libre calentadas con agua geotérmica.
- Ráfting: Descensos de ríos turbulentos, con
palpitaciones garantizadas.
- Pesca con caña: Tanto salmón como trucha: el
placer de la pieza cobrada en dura lid.
La Guía
Población: Islandia tiene una población de unos
280.000 habitantes, de los cuales la mitad vive en la capital
Reykjavík y sus ciudades colindantes, en el Suroeste. El
Aeropuerto Internacional de Keflavík se encuentra a unos
50 km de la capital. Las tierras altas del interior están
deshabitadas (e inhabitables) y la mayoría de los núcleos
de población están en las costas.
Lengua: Islandia fue colonizada por gentes de ascendencia nórdica,
en el siglo IX —la tradición sostiene que el primer
colonizador fue el vikingo noruego Ingólfur Arnarson, quien
estableció su hogar donde ahora se levanta la ciudad de
Reykjavík. Los islandeses todavía hablan la lengua
de los vikingos, aunque el islandés moderno ha sufrido
cambios en la pronunciación y, por supuesto, en vocabulario.
Sólo Islandia todavía mantiene otra tradición
vikinga: la costumbre de utilizar nombres patronímicos
en lugar de apellidos. Al nombre de pila de un islandés
o una islandesa le sigue el nombre de pila del padre (o de la
madre), con el sufijo —son (hijo) o —dóttir (hija).
P ej.: Guðrún Pétursdóttir (Guðrún,
hija de Pétur). Miembros de la misma familia pueden, por
lo tanto, tener muchos diferentes “apellidos”, lo cual
a veces causa confusión entre los extranjeros.
- Hora : A pesar de su situación centroatlántica,
Islandia mantiene la Hora del Meridiano de Greenwich todo el
año.
- Visas: Los nacionalizados en los siguientes países
no requieren visado para viajar a Islandia como visitantes.
Sin embargo necesitan pasaporte con validez de tres meses más
allá de su pensada estancia:
Andorra,Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Bolivia,
Brasil, Brunei, Bulgaria, Canadá, Chile, Costa Rica, Croacia,
Chipre, La República Checa, Dinamarca, Ecuador, El Salvador,
Estonia,Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Guatemala, Santo
Vea, Honduras, Hong Kong (aplicable para los poseedores de pasaportes
HKSAR), Hungría, Irlanda, Israel, Italia, Japón,
Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Macao (aplicable
para los poseedores de pasaportes MSAR), Malasia, Malta, México,
Monaco, Los Países Bajos, Nueva Zelanda, Nicaragua, Noruega,
Panamá, Paraguay, Polonia, Portugal, San Marino, Singapur,
Eslovaquia, Eslovenia, Corea del Sur, Espa-a, Suecia, Suiza, Gran
Bretaña (incluyendo: las Islas Bermudas, las Islas Turks
y Caicos, Islas Cayman, Anguilla, Montserrat, las Islas Vírgenes
británicas, St. Helena, Islas Malvinas y Gibraltar), Estados
Unidos de América, Uruguay y Venezuela.
- Horario comercial: El horario de oficinas suele ser de 09:00
a 17:00 y de 08:00 a 16:00 los meses de junio, julio y agosto.
El horario comercial es de lunes a viernes de 09:00 a 18:00,
y los sábados de 10:00 a 13:00/14:00/15:00 o 16:00. Algunos
supermercados están abiertos todos los días de
la semana hasta las 23 horas. El horario de los bancos es de
lunes a viernes de 09:15 a 16:00.
- Moneda: La unidad monetaria es la corona islandesa "króna".
Las monedas son de 100, 50, 10, 5 y 1 corona. Los billetes,
de 5.000, 2000, 1.000 y 500 coronas. Todos los bancos islandeses
ofrecen servicio de cambio de moneda y el horario suele ser
de 09:15 a 16:00h, de lunes a viernes.
- Compras libres: Los turistas extranjeros en Islandia, tienen
derecho al reembolso del IVA local. Este reembolso corresponde
a una reducción de hasta el 15% del precio al por menor
siempre que se salga del país antes de los 3 meses posteriores
a la compra. El valor mínimo de la compra debe ser de
4.000 ISK por factura (IVA incluido) y todas las mercancías
(excepto las prendas de lana) deben ser presentadas en la aduana
si la cantidad de las compras supera el importe de 40.000 ISK.
- Clima: Gracias a la influencia de la Corriente del Golfo,
el clima es oceánico, con inviernos suaves y veranos
frescos. De todos modos, el tiempo es inestable y hay que estar
preparado para cualquier circunstancia. Para un viaje en Islandia
se aconseja llevar prendas ligeras de lana, jersey, impermeable,
abrigo y calzado fuerte y cómodo. Los que van con tienda
de campaña o que quieran ir al interior del país
deben llevar buena ropa interior de abrigo, buenos calcetines,
botas impermeables y un buen saco de dormir.
- Sol de medianoche: Durante el verano, las noches son claras
en toda Islandia. En el mes de junio, en el norte, el sol nunca
acaba de ponerse y se organizan excursiones especialmente a
la isla de Grímsey, en el círculo polar Ártico,
para contemplar el sol de medianoche. Recuerde que el sol a
medianoche no calienta como durante el día. Lleve un
jersey.
- Propinas: El servicio y el IVA están siempre incluidos
en los precios en Islandia.
- Transporte: La mayoría de las carreteras montañosas
y carreteras del interior del país tienen revestimiento
de gravilla al igual que muchos tramos de la carretera general
aunque en una gran parte está asfaltada. El revestimiento
de estas carreteras a menudo está suelto, especialmente
en los bordes, por lo que hay que conducir prudentemente y reducir
la marcha al cruzarse con otro vehículo.
Las carreteras montañosas acostumbran a ser estrechas
y no han sido diseñadas para correr. Lo mismo ocurre
con muchos puentes que son tan estrechos que no permiten el
cruce de dos vehículos a la vez. A parte de no estar
asfaltadas, estas carreteras suelen ser tortuosas. Procure pues
correr menos que en la carretera principal. La velocidad máxima
autorizada dentro de los núcleos de población
es de 50km/h; en las carreteras de grava fuera de los núcleos
urbanos es de 80km/h; en las carreteras asfaltadas, de 90km/h.
La mayoría de las carreteras montañosas están
cerradas hasta principios de julio, incluso hasta más
tarde, a causa del deshielo, la humedad y la blandura del terreno
que las hacen impracticables.
Cuando se abren las pistas a la circulación, muchas son
practicables sólo para vehículos todo terreno.
Para algunas carreteras montañosas se aconseja viajar
en convoy de dos o más vehículos. Asimismo, antes
de emprender un viaje al interior, debe procurarse obtener el
máximo de información sobre el estado de las carreteras
a través de una agencia de viajes, una asociación
de excursionismo o del Servicio de Información de la
Administración de Puentes y Caminos tel: +354-1777, diariamente
de 08:00 - 18:00. El folleto "Carreteras de montaña"
se puede adquirir en centros de información de turismo
y en las oficinas del Consejo de Turismo islandés en
el extranjero. Le aconsejamos que lleve siempre mapa detallado
de la región.
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