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Østerbro
Østerbro es tradicionalmente un barrio de clase acomodada.
Situado al este de la ciudad, en él comienzan los lagos
y en él están también una buena parte de
las embajadas de la ciudad.
Podemos decir que el camino a Østerbro comienza en la estación
de tren de Østerport, que funciona como una especie de
frontera entre el Kastellet y la sirenita y la parte del oeste
de la ciudad. Los lagos comienzan en el barrio, pero no lo atraviesan
del todo, así que no funcionan como límites totales
de la zona.
El primer punto de interés del barrio, y uno de los grandes
puntos de encuentro y referencia de esta parte de la ciudad es
el llamado Trianglen, que no es más que una plaza con una
pequeña construcción circular en el centro que funciona
como cruce de caminos. Allí se separan la calle comercial
de Østerbrogade de la Øster Allé que lleva
hacia el principal estadio de la ciudad y hacia uno de sus parques
más importantes.
La Østerbrogade sigue la norma no escrita de los barrios
que rodean el centro de la ciudad: Una calle comercial principal
alrededor de la cual se desarrolla la mayor parte de la vida del
lugar. Sin embargo, Østerborgade es algo menos bulliciosa
que las calles similares de los otros barrios de la ciudad.
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Si se sigue hacia el norte, uno de los lugares más interesantes
es el Centro de Deportes, que alberga un pabellón y una
piscina cubierta tras una fachada muy atractiva de color blanco
con esculturas. Junto a ellos, también está el curioso
estadio de Østerbro, que sirve como hermano pequeño
del Parken, del que apenas le separan unos metros.
El Parken es el estadio nacional de Dinamarca. Allí juega
todos sus partidos como local la selección nacional danesa
y sirve también como estadio al FC Copenhague. El estadio
es bastante nuevo y moderno y se utiliza también para otro
tipo de espectáculos para los que se cubre debidamente.
A él se llega por Østerbrogade, pero fundamentalmente
por el pequeño paseo de Øster Allé, que le
separa del Fælled Parken.
El Fælled Parken es uno de los parques más importantes
de la ciudad. Tiene un tamaæo considerable para estar dentro
del área de la ciudad y alberga además de praderas
y un lago, pequeños recintos deportivos. El lugar es también
importante, ya que sirve y ha servido para manifestaciones políticas
y sociales y es especialmente popular el encuentro que se organiza
en ella con motivo del primero de mayo.
Tras el parque, y en el límite con el barrio de Nørrebro,
se levanta el enorme complejo del Rigshospitalet, que es el principal
hospital de la ciudad.
Al otro lado del barrio, en el este, después de atravesar
zonas residenciales en las que la tranquilidad es la característica
predominante, llegamos a la orilla del mar. A pocos metros de
la sirenita ha surgido la zona de Langelinie, en la que hay apartamentos
exclusivos y cafés y que pasa por ser una de las más
caras de Copenhague. Frente a los cafés y restaurantes
de la zona se pueden contemplar también los barcos atracados
en esa zona portuaria, entre los que siempre se encontrará
alguno interesante. Frederiksberg es una pequeña ciudad
dentro del área metropolitana de Copenhague. Sin embargo,
tiene una identidad administrativa y unas autoridades propias
que lo convierten, incluso, en el segundo ayuntamiento con más
población del país después del de la propia
ciudad de Copenhague. Sin embargo, pese a esta diferencia, nadie
puede separar Frederiksberg de lo que es la capital en sí.
El barrio tiene como eje principal la calle de Falkoner Alle,
en la que se concentra la mayor parte de la vida comercial de
la zona. A lo largo de esta calle o en las que la cruzan se pueden
encontrar las sucursales de los principales supermercados de la
ciudad, además de la mayor parte de tiendas de informática
y electrónica de la ciudad. La propia gente de Copenhague
tiene la percepción de que los precios son algo más
bajos en las tiendas de aquella calle que en el resto de la ciudad,
aunque es algo que personalmente dudo mucho. Además, en
ella se encuentra uno de los principales centros comerciales de
la capital, Frederiksberg Centre.
Además de esta zona comercial, Frederiksberg es principalmente
un barrio residencial de clase media-alta que, además de
ser muy tranquilo, tiene la ventaja de estar situado muy cerca
del centro de la capital, lo que hace que cualquier desplazamiento
a él lleve apenas unos minutos en bicicleta, o aún
menos si el viaje se realiza en el recién inaugurado Metro,
que resolvió la ausencia de una conexión por ferrocarril
eficaz con la estación central.
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El límite entre la ciudad y Frederiksberg está
marcado por los lagos. A un lado de ellos está el centro
de la ciudad, mientras que al otro se encuentra el barrio en sí.
En su frontera oeste, Frederiksberg comparte con Vesterbro algunos
atractivos como el edificio del planetario- junto a los lagos-
o la fábrica de Carlsberg.
Uno de los caminos más interesantes para llegar al centro
del barrio sale de la calle de Vesterbrogade, que se prolonga
desde la estación central hasta el oeste, y que se bifurca
en una amplia avenida llamada Frederiksberg Allé, que conduce
hasta la entrada del parque del barrio, que en realidad son los
jardines que pertenecen al Palacio de Frederiksberg, del que se
tiene una bonita perspectiva desde alguna de las praderas del
parque. El lugar es especialmente interesante cuando hace buen
tiempo, ya que las praderas se convierten en los mejores espacios
de la capital para tumbarse y disfrutar del sol.
Junto a la entrada al parque se encuentra también el acceso
a la Sociedad Hortícola Danesa, en la que se muestran diversas
muestras de jardines y, al otro lado de la calle, la iglesia octogonal
de Frederiksberg, que data del año 1734.
En esta zona de la ciudad también se encuentra el zoo de
Copenhague, en el que se pueden disfrutar de varios ambientes
y especies exóticas en un reducido espacio de terreno.
También merecen una visita el ayuntamiento, al final de
Falkoner Allé, en la esquina de Allegade con Gammel Kongevej,
que funciona un poco como el punto central del barrio y el Bakkehusmuseet,
en el límite sur, que fue la casa del autor Knud Lyne Rahbek
y conserva objetos de la época dorada literaria de Copenhague.
Amager
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Amager es una auténtica leyenda urbana dentro de Copenhague.
Toda la ciudad está dentro de la costa de la isla de Zelanda...
menos Amager, que no sólo es una isla sino que, en algunos
aspectos, parece un mundo aparte. Se trata de una zona que ha
sido siempre considerada de trabajadores y gente humilde, y que
en los últimos años se ha visto cada vez más
enriquecida con la universidad, los estudiantes que llegan y otros
proyectos urbanísticos.
A Amager se llega desde el centro de la ciudad atravesando los
puentes de Langebro o Knippelsbro. Los dos son puentes levadizos
y, aunque no se levantan casi nunca, no es del todo imposible
encontrarse con una fila de ciclistas o coches esperando pasar
por ellos para dirigirse al centro de la ciudad.
Desde los puentes, se llega siguiendo la calle a Amagerbrogade
que es la calle principal del barrio, alrededor de la cual vive
la mayor parte de sus habitantes, y que concentra casi todos los
servicios de la zona.
De todos modos, a algunas personas les interesará más
saber que no tienen que seguir esta ruta para ir a la universidad
de Copenhague, que queda bastante cerca del puente de Langebro
y del canal, en la zona de Islands Brygge. En el barrio hay también
bastantes residencias universitarias, que le dan un ambiente bastante
interesante.
A esta zona hay que tenerla muy en cuenta en verano, ya que el
ayuntamiento tuvo la fantástica idea durante el verano
de 2002 de habilitar una zona de baño en el propio canal
de acceso gratuito y equipada como si de una piscina se tratase.
La improvisada piscina, junto a un pequeño parque que proporcionó
a los bañistas praderas en las que tumbarse a la misma
orilla del canal, fue un tremendo éxito. Quedaba cerca
del centro, era gratis y la calidad del agua era fantástica.
Habrá que ver si en sucesivos veranos repiten la iniciativa.
Claro que, quien quiera playa de verdad tampoco tiene que salir
de la isla. Al este se encuentra una de las mayores playas de
Copenhague, Amager Strand, que cumplirá con creces las
necesidades de los aficionados a la arena los días de buen
tiempo. Hay bastante espacio y está bien comunicada con
el resto de la ciudad.
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La fisonomía de Amager va a cambiar completamente en los
próximos años. De ser un barrio humilde en el que
todo giraba alrededor de su calle principal, se convertirá
en una de las zonas más desarrolladas de Copenhague. Al
oeste de la isla, en una zona donde ahora sólo hay un parque
y descampados, está planeado construir edificios de oficinas,
viviendas y el mayor centro comercial de Escandinavia. Se trata
de la zona conocida como Ørestad, que incluso con la llegada
del recién inaugurado metro va a alcanzar un auge aún
mayor. De momento, ya cuenta con el centro de congresos de Bella
Center, muy cerca del principal albergue de juventud de la ciudad,
en pleno parque de Amager Fælled.
Pero Amager no es sólo un barrio de Copenhague, sino que
es también el nombre que recibe toda la isla, en la que
existen otros municipios más pequeños como Tårnby,
Dragør o Kastrup.
Precisamente en Kastrup se encuentra el aeropuerto de la ciudad.
No demasiado lejos del centro- en bicicleta no se tarda más
de tres cuartos de hora- y muy bien comunicado tanto con Suecia
como con el resto de Dinamarca.
Alrededores de Copenhague
La zona del norte de la isla de Zelanda es una de las más
atractivas de toda Dinamarca. En ella se pueden encontrar imponentes
castillos, museos conocidos en todo el mundo, residencias de daneses
célebres y fantásticas playas. Su proximidad a Copenhague
y sus buenos accesos hacen que esta zona sea una visita obligada
para todos los que visitan la capital.
Entre los lugares que se pueden visitar en la región están,
además de la ciudad de Helsingør, el castillo de
Hillerød, el museo de arte contemporáneo de Louisiana,
la casa Museo de Karen Blixen o las playas del norte de la isla
en la zona de Gilelleje.
De todos ellos, mi favorito es el castillo de Frederiksborg, en
Hillerød, que funciona también como museo de historia
danesa. Se trata del mayor castillo danés de la época
del Renacimiento, que fue construido por el rey Christian IV en
la primera mitad del siglo XVII. Todo el recinto del castillo
está situado en tres pequeñas islas situadas en
un lago de la ciudad y constituyen un conjunto monumental rodeado
por agua y naturaleza.
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La fachada en la que comparten protagonismo los colores rojo
del ladrillo y verde del tejado, da paso a un interior que, aunque
fue casi completamente renovado después del incendio que
lo asoló en 1859 y que sólo respetó parte
de la capilla del castillo- merece la pena visitar. Dentro de
él es recomendable pasear por las salas de la parte más
baja, que mantienen algo la fisonomía de los tiempos pasados,
visitar la capilla, el gran salón, las habitaciones en
las que se pueden contemplar cientos de pinturas, especialmente
retratos de personajes importantes de la historia danesa y, para
finalizar, se puede dar un vistazo a las salas del piso superior
donde se pone más de manifiesto el carácter de museo
y se puede hacer un pequeño recorrido por los documentos
visuales que presentan la historia danesa más reciente,
incluido un retrato de la Reina Margarita realizado por Andy Warhol.
Después de la visita al castillo, es recomendable darse
una vuelta por los jardines adyacentes y visitar luego el resto
de la ciudad, que durante muchos años fue considerada la
principal ciudad comercial de la región del norte de la
isla de Zelanda.
Después de haber acabado con la visita de Hillerød,
el visitante tiene varias posibilidades para continuar su ruta.
Desde la estación de ferrocarril salen trenes tanto hacia
las playas de Gilleleje, en el norte de la isla, como hacia Helsingør
y, por supuesto, uno cada quince minutos para quien quiera volver
a Copenhague.
Para quien quiera empezar la visita por el norte, y seguir luego
el camino de la costa de vuelta hacia la capital, pueden coger
el tren hacia Gilleleje y, tras un corto camino y si el tiempo
lo permite, disfrutar de las playas de arena blanca que son unas
de las mejores de esta parte del mar Báltico. La línea
de la costa que va desde esta ciudad hasta Helsingør ofrece
bonitas vistas panorámicas en un entorno en el que también
se pueden encontrar interesantes reservas naturales.
Desde la ciudad de Gilleleje se puede tomar el tren que lleva
hasta Helsingør y que discurre paralelo a la línea
de la costa durante gran parte de su trayecto. Allí es
posible bajarse en algunas de las estaciones y disfrutar de la
costa, la naturaleza o de las pequeñas poblaciones como
Hornbæk, por las que atraviesa hasta llegar a Helsingør.
Para quien prefiera en Hillerød coger el tren que le lleva
directamente a Helsingør, por un camino rodeado de bosques,
es recomendable hacer una parada en la pequeña población
de Fredensborg. La ciudad es un pueblo pequeño danés
como tantos otros, pero tiene el atractivo de contar con el castillo
de Fredensborg, una propiedad de la Familia Real danesa construida
a comienzos del siglo XVIII, que actualmente es la residencia
de verano de los reyes de Dinamarca, lo que implica que la mayor
parte del año está cerrado para las visitas. Además,
es una buena idea relajarse con un paseo alrededor del parque
que rodea al castillo.
Una vez visitado Helsingør, lo mejor es continuar el camino
de vuelta hacia Copenhague con el tren o los autobuses que realizan
su recorrido paralelamente a la línea de la costa. Pocos
kilómetros al sur de Helsingør, en la estación
de Humlebæk, nos encontramos con uno de los museos más
interesantes de toda la región: el de Arte Contemporáneo
de Louisiana.
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Curiosamente, el museo no queda en mitad de una ciudad o un núcleo
urbano, sino que hay que desplazarse a las afueras, junto a la
costa para encontrarlo. Eso le garantiza un entorno natural impresionante-
con una pequeña playa incluida- que, especialmente en los
días de buen tiempo, es tan atractivo o más que
los propios fondos del museo. La arquitectura, el entorno y la
distribución del edificio es tan impresionante que atraen
a los visitantes, tanto a los que les gusta y comprenden el arte
moderno como a aquellos más críticos con los estilos
de la colección del museo.
Entre las obras que se pueden encontrar en el museo destacan las
de Alberto Giacometti y las de Alexander Calder. Además,
se pueden encontrar trabajos de autores como Pablo Picasso, Andy
Warhol, Yves Klein o Jean Dubufet, entre otros, dentro de la colección
permanente del museo, que amplía su oferta con exhibiciones
temporales que ofrecen por un corto periodo de tiempo una nueva
imagen y nuevos atractivos al museo.
Siguiendo la costa hacia Copenhague, en la estación de
Rungsted Kyst, nos encontramos la casa-museo de la escritora Karen
Blixen donde la autora danesa de "Memorias de África"
vivió tras su retorno de Kenia y en la que escribió
buena parte de sus mejores obras.
La visita de esta zona de la isla puede concluir en Klampenborg,
ya en las proximidades de Copenhague, en la que se puede visitar
Bakken, el parque de atracciones más antiguo del mundo,
y quien tenga ganas de pasear por los alrededores puede descubrir
en el entorno el pintoresco hipódromo. Con una bicicleta,
además, no es difícil llegar a la zona de Lyngby,
cuyos lagos ofrecen un bonito paisaje alrededor del cual es posible
pasear por un bonito bosque y que, cuando el tiempo lo permite,
ofrecen la posibilidad de tomar un buen baño.
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La zona del sur de Copenhague no es tan conocida ni tiene tantos
atractivos como el norte, pero aún así no deja de
ser interesante hablar de algunos puntos de interés, principalmente
alrededor de la línea de costa que separa la capital de
la ciudad de Køge.
Al suroeste de Copenhague encontramos el barrio de Valby que,
si bien no es atractivo en sí, posee un interesante parque
con zonas verdes en las que se puede pasear, una rosaleda y diversos
centros deportivos, entre ellos un estadio al aire libre y un
campo de fútbol cubierto.
Siguiendo la línea de la costa, merece la pena detenerse
en la playa de Brøndby Strand. Rodeada por un parquecito
pequeño, es una de mis preferidas en la ciudad. No es demasiado
grande, pero es bastante tranquila y casi siempre suele haber
sitio. Hay que destacar que, una vez dentro del agua, se puede
andar casi 200 metros sin que cubra el agua.
Sin embargo, la perla de la zona es la población de Ishøj,
donde se ha trabajado muy duro para atraer a los turistas. Allí
cabe destacar la playa artificial de siete kilómetros que
se construyó en los años 80 y que hoy es una de
las más importantes de la región de Copenhague.
En ella, además de tomar un baño, cabe la posibilidad
de practicar deportes acuáticos como el Windsurf o la vela.
En Ishøj se encuentra también el museo más
importante de la zona: Arken. Se trata de un edificio aislado,
junto al mar, que arquitectónicamente llama mucho la atención
y no lo hace menos con su colección de arte contemporáneo,
que se centra en el arte Nórdico de los años 90.
Ishøj tiene además un curioso parque animal en sus
proximidades con algunas especies exóticas, en un entorno
natural que el ayuntamiento cuida y promociona bastante y que
muy bien puede servir para una agradable excursión en bicicleta.
Desde ahí hasta la ciudad de Køge- que podemos considerar
como el final del área de Copenhague- la línea de
la costa ofrece playas más pequeñas que la de Ishøj,
pero no por ello de peor calidad. Entre ellas, mi favorita es
la de Solrød, algo más abierta y con más
oleaje que las más cercanas a Copenhague.
La bicicleta
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La bicicleta es uno de los principales medios de transporte en
todas las ciudades de la región, y especialmente en Copenhague.
La ciudad está pensada para la bicicleta. Casi todas las
grandes calles de la ciudad disponen de carriles especiales y,
en las que no existen, los conductores respetan al ciclista como
si estuviera conduciendo otro coche, lo que hace cada recorrido
fácil y seguro.
Hay muchas cosas que favorecen el uso de la bicicleta en las ciudades
de la zona: las distancias son relativamente cortas y las cuestas
escasas, con lo que desplazarse de un lugar a otro de la ciudad
no requiere demasiado tiempo o esfuerzo. El único gran
enemigo del ciclista es el tiempo. Pero para quien no le tema,
sin duda la bicicleta será uno de los mayores descubrimientos
de Copenhague.
Para el turista que esté en la ciudad por un corto espacio
de tiempo, es posible alquilar bicicletas en algunas tiendas.
Quizá las más populares sean las de las estaciones
de ferrocarril Central y de Østerbro. Los precios no son
excesivamente caros para un paseo o un fin de semana. Hace no
muchos años, también existían bicicletas
turísticas que ofrecía la ciudad y que funcionaban
como un carrito de supermercado: con una moneda de 20 coronas
que se devolvía cuando se dejaba de utilizar. Sin embargo,
de esas bicicletas quedan ya pocas y, la mayoría de ellas,
son inservibles.
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Además de un eficaz medio de transporte urbano, la bicicleta
es una magnífica alternativa de excursión cuando
el tiempo acompaña. No sólo para excursiones de
un sólo día, sino también para rutas de un
fin de semana o de varias jornadas.
Desde Copenhague se pueden hacer pequeñas salidas de un
día a ciudades como Roskilde (30 kilómetros), Hillerød
(40 kilómetros) o Helsingør (50 kilómetros),
además de recorridos más cortos por la costa hasta
Ishøj en el norte o cualquiera de las poblaciones del norte
o, ya en el interior, por la zona de los lagos cercanos a Lyngby
o Farum. Las posibilidades son múltiples y las rutas quedan
a elección de los ciclistas, ya que en caso de que el tiempo
empeorase o llegase el cansancio, la mayor parte de estas localidades
están bien comunicadas por tren, que permite llevar la
bicicleta.
Para fines de semana se puede combinar el viaje en bicicleta con
la estancia en algún albergue. Desde Copenhague se puede
recorrer la costa hacia el sur hasta los acantilados de la isla
de Møn, atravesar la isla de Zelanda de este a oeste para
volver luego en tren, o dar una ruta que pase por Roskilde, bordee
el fiordo y vuelva a Copenhague por la costa del norte. Mi favorita
para un fin de semana es, no obstante, la que atraviesa Dinamarca
desde la frontera alemana en Padborg, tomando el barco en Sønderborg
hasta la isla de Fionia, durmiendo en Odense (unos 100 kilómetros
la primera jornada) y prosiguiendo al día siguiente con
una viajecito en tren hasta donde uno quiera bajarse para seguir
el paseo. En Suecia, uno puede intentar perderse por el interior
de la región y visitar las zonas de naturaleza, o aprovechar
para recorridos más intensos por la costa.
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Para los más osados quedan empresas más duras en
varias jornadas. En Dinamarca hay varias rutas especialmente atractivas,
como la que cruza las islas de Zelanda y Fionia y sigue paralelamente
a la costa de Jutlandia hasta la frontera alemana y sigue hasta
Flensburg y Hamburgo, o la que cruza todo el país de este
a oeste hasta Esbjerg, o -la más ambiciosa de todas- la
que sigue la costa de Jutlandia hacia el norte hasta llegar a
la punta de Skagen.
La Guía
- Transporte público:
-Calcula bien el número de viajes que vas a hacer antes
de comprar billetes. Si vas a estar pocos días, piensa
si te compensa un bono (klippekort), billetes sueltos o un billete
de 24 horas. Si te vas a quedar en la ciudad a trabajar o estudiar,
haz el mismo cálculo con los bonos y el abono mensual.
El precio de éste es bastante reducido y, si se utilizan
los transportes públicos habitualmente, acaba por compensar.
-Los billetes y bonos son válidos por un periodo de tiempo
que depende del número de zonas, con lo que se puede
aprovechar un mismo billete para varios viajes. Hay que fijarse
en la hora que marca el billete o el bono. A partir de ella
comienza a contar el tiempo.
-La bicicleta es un método de transporte muy eficaz en
una ciudad llana y con cientos de kilómetros de carriles-bici
como Copenhague. Incluso es posible combinarla con otros medios
de transporte locales, regionales.
-Para quien quiera viajar por toda la región, es muy
recomendable el billete turístico del Oresund. Resulta
mucho más económico que comprar los billetes individualmente.
- Tiendas:
-Se pueden ahorrar muchas coronas eligiendo el supermercado
adecuado. Aldi, Fakta y Netto están entre los más
baratos. Netto, sobre todo, está en todas partes. Los
grandes supermercados como Kvickly, Fotex o ISO ofrecen más
variedad y más productos- incluidos ropa, calzado o aparatos
electrónicos-, aunque son un poco más caros. Entre
los más caros están Super Brugsen e Irma.
- Teléfono:
- Para quien vaya por poco tiempo, lo más recomendable
son las tarjetas de teléfono para las cabinas telefónicas.
Se pueden comprar en la mayoría de los "kiosk",
en correos y en las estaciones de ferrocarril. Es interesante
tener una a mano, entre otras cosas porque no todas las cabinas
aceptan monedas. Quien quiera una alternativa un poco más
económica, puede optar por tarjetas prepago que venden
en correos o en las tiendas de ultramarinos de los extranjeros.
Ofrecen mejores precios que las cabinas.
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