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Historia vikinga
Los historiadores consideran que existe presencia humana permanente
en Dinamarca hace unos 120.000 años, aunque las primeras
pruebas de asentamientos que se pueden considerar como concluyentes
datan de una época cercana al año 12.500 a.C. Se
calcula que hasta el Neolítico, allá por el 3.900
a.C, no surgió una sociedad agraria como tal. Sin embargo,
no se puede asegurar que haya asentamientos que se puedan considerar
como aldeas.
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Ya alrededor del año 700 d.C, puede hablarse de un primer
reino de Dinamarca bajo un poder central, que culminó con
la unificación de todos los territorios en el año
987 por parte de Harald I “Diente Azul”. En aquellos
tiempos ya existían poblaciones como Ribe (en el suroeste
de la Península de Jutlandia), a la que se considera la
ciudad más antigua de Dinamarca y tiene la vida normal
de cualquier ciudad pequeña de la región.
Una de las cosas con las que se asocia a Dinamarca en todo el
Mundo son los vikingos. La llamada era vikinga se extiende desde
alrededor del año 800 hasta el 1100 y se caracteriza por
un fuerte poder real. Durante este tiempo, los navegantes vikingos
daneses se hicieron famosos en el mundo y fueron los impulsores
de la conquista de Inglaterra, que tuvo lugar alrededor del siglo
XI. Además, los vikingos daneses alcanzaron en sus expediciones
puntos extremos de las costas europeas y se especula con la posibilidad
de que incluso consiguieran alcanzar el continente americano antes
que Cristóbal Colón.
En la actualidad en Dinamarca todo parece estar al alcance de
la mano. Todo el país tiene apenas 43.069 kilómetros
cuadrados, lo que no le impide tener más de 500 islas y,
por lo tanto, 7.500 kilómetros de costas. No lleva mucho
tiempo atravesarlo de punta a punta: Dinamarca mide unos 360 kilómetros
de norte a sur, unos 400 de este a oeste, y no hay ningún
lugar que diste más de 50 kilómetros del mar. Sin
embargo, esta pequeña superficie puede ser una caja de
sorpresas. Después de llegar, no hay que preocuparse ni
por el transporte -.las rutas son impecables, los aviones puntuales
y los trenes de otro planeta, al menos para los parámetros
del otro hemisferio– ni por el idioma: después de
un amable “Velkommen til Danmark” (Bienvenido a Dinamarca)
dicho en danés, el resto de la conversación puede
seguir fácilmente casi siempre en inglés, con el
alemán y francés como opciones también comunes.
En cuanto al castellano, muchos daneses tienen alguna idea porque
cuando son ellos los que viajan no es raro que elijan pasar sus
vacaciones en España, el país donde encuentran el
sol tan deseado.
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Dinamarca está situada en Europa septentrional, entre
el mar del Norte y el mar Báltico. Se extiende, además,
por el Atlántico norte con las Islas Feroe y Groenlandia,
a las que dedicamos dos fascículos independientes de la
serie Datos sobre Dinamarca. La parte principal de Dinamarca la
constituye la península de Jutlandia, que nace en el continente
europeo y tiene una frontera con Alemania de apenas 68 km. El
resto del país lo integran 406 islas, 78 de ellas habitadas,
con lo que el litoral danés alcanza un total de 7.314 km,
lo que equivale a una sexta parte del perímetro terrestre.
El punto más elevado se encuentra a 173 m sobre el nivel
del mar. En Dinamarca, la distancia máxima desde cualquier
lugar hasta el mar no supera los 50 km. El clima es oceánico
templado, con enero y febrero como meses más fríos
con una temperatura media de 0,0 ºC, y agosto como mes más
cálido con una temperatura media de 15,7 ºC..
Copenhague
Copenhague y Estocolmo son las dos ciudades más cosmopolitas
de Escandinavia. En la capital danesa, los nativos de otros países
saltan a la vista entre las moles rubias descendientes de vikingos,
pero no hay problema a la vista: dio pruebas el segundo hijo de
la reina, Joachim, cuando se casó con Alexandra, una joven
nacida en Hong Kong y de inconfundibles rasgos chinos. No es un
detalle menor en un país donde la primera frase que suele
decirse a los recién llegados en las oficinas de turismo
es que “Dinamarca es un reino, y tiene mucho cariño
por sus reyes”. Ese es uno de los rasgos del feroz orgullo
danés: otro, muy evidente, es la multiplicación
ad infinitum de los colores de la bandera: la cruz nórdica
blanca sobre fondo rojo– en las calles, vidrieras y, en resumen,
en cuanto lugar puedan aplicarse.
Copenhague –Köbenhavn– está construida
en el este de la mayor isla danesa, Seelandia, que en uno de sus
extremos está casi pegada a Helsinki, la capital finlandesa:
la separa un estrecho de sólo cuatro kilómetros
de ancho. Cuando se sale de Helsinki en ferry rumbo a Copenhague,
una de las primeras vistas es la del brumoso castillo de Elsinor,
donde quiere la leyenda que vague todavía el espíritu
atormentado del príncipe Hamlet.
Copenhague, sin embargo, está muy lejos del tormento: es
una ciudad muy agradable para recorrer a pie, llena de flores,
incluso cuando las plazas todavía están cubiertas
por las últimas nieves, y con un parque de diversiones
famoso en todo el mundo. Tanto que su nombre, Tívoli, se
convirtió en Europa en el sustantivo común de este
tipo de parque de atracciones, con juegos, autos chocadores, montañas
rusas, fuentes y ferias estacionales. Una de las más famosas
es la de Navidad: en diciembre, cuando atardece muy temprano,
los copos de nieve que caen blandamente sobre las marquesinas
iluminadas y los sonrientes Papá Noel crean una atmósfera
cordial y feérica que culmina algunos anocheceres con un
impresionante espectáculo de fuegos artificiales.
La Sirenita
Después de dedicarle el tiempo que merecen al menos dos
museos –la Ny Carlsberg Glyptotek, una joyita que guarda
la colección de arte y antigüedades de los riquísimos
cerveceros Carl y Ottilia Jacobsen, y el Museo Nacional, que ofrece
un importante recorrido por la prehistoria nórdica y la
era vikinga– es momento de ir en busca del mito. La peregrinación
peatonal que lleva a la mayoría de los turistas hacia el
lugar donde se levanta la famosa estatua de la Sirenita, símbolo
de Copenhague, permite atravesar los principales lugares de la
capital en una mañana o una tarde de paseo tranquilo. Se
puede empezar en la Plaza del Ayuntamiento (Radhus), uno de los
principales puntos céntricos y comerciales, y subir al
edificio para apreciar desde lo alto las cúpulas verdosas
de la ciudad. Allí comienza una de las calles más
importantes, la Stroget, que lleva hacia Kongens Nytorv, el corazón
histórico de Copenhague, bordeado de edificios bancarios
y museos. A pocos pasos, junto al canal de donde parten algunos
ferries a Suecia, está Nyhavn, uno de los lugares más
pintorescos y agradables para hacer un alto en el camino, gracias
a sus tabernas y bares, antiguos reductos de mala fama hoy reconvertidos
por obra y gracia del turismo.
Lo que queda por ver aún es mucho: el imponente palacio
de Amalienborg, residencia de la familia real, que cada mediodía
es escenario del tradicional cambio de guardia, la antigua ciudadela
hoy convertida en parque público, y finalmente la Sirenita,
una silueta pequeña y triste que le da la espalda a ese
mar perdido para siempre. Hay quienes se decepcionan, tal vez
esperando una estatua imponente, pero casi siempre enternece esta
figura un poco desvalida recostada sobre un peñasco, especialmente
bella cuando en pleno invierno el mar y los árboles cercanos
a la costa forman un solo manto de hielo blanco que rodea la figura
de “Den lille Havfrue”, el nombre danés de la
Sirenita.
Un detalle barrio por barrio
La City
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El centro de Copenhague, lo que llaman la City, reúne
la mayor parte de las atracciones turísticas de la ciudad.
Podemos delimitar lo que llamamos el centro en una zona de alrededor
de cuatro kilómetros de este a oeste y dos de norte a sur
aproximadamente. Un paseo de punta a punta del centro de la ciudad
nos lleva alrededor de una hora, aunque al turista, con todos
los rincones interesantes que tiene por visitar, le puede suponer
bastante más tiempo.
Podemos decir que la City es la zona que va desde la estación
central- límite oeste- hasta la estatua de la Sirenita
y el Kastellet- al este-, y desde la zona de los Lagos en el norte,
hasta el barrio de Christianshavn en el sur. Aquí se concentran
casi todos los atractivos de la ciudad.
Comenzando por el oeste, llegamos a la Estación Central,
que es un bonito edificio en el que lo que más destaca
es la decoración y las vigas de madera de los techos del
vestíbulo central. La estación es el punto de referencia
principal de los ferrocarriles daneses, ya que de ella parten
todos los trenes nacionales e internacionales, los regionales
de la isla de Zelanda y los S-Tog de cercanías.
Después de salir de la estación, al otro lado de
la calle se encuentra una de las principales atracciones de Copenhague:
los Jardines Tívoli. Se trata de un parque de atracciones,
situado en el corazón de la ciudad, con 169 años
de vida y una gran tradición. Se trata de un recinto pequeño-
no ocupa más de una manzana del centro de la ciudad-, pero
cuyo interior hace que merezca la pena la visita. El Tívoli
es una combinación de elementos de ocio para todos los
gustos. Allí se pueden encontrar pequeños teatros
y auditorios, en los que, durante los meses de apertura del parque,
hay representaciones culturales de todo tipo y para todos los
públicos; además de jardines por los que pasear
y zonas en las que sentarse a la orilla de un pequeño lago;
y las atracciones propias de cualquier parque como montañas
rusas o tiovivos, entre las que destaca una en la que hay una
caída libre de varias decenas de metros y que, desde lo
alto, tiene una vista privilegiada de la ciudad. El parque posee
también varios restaurantes desde los que se puede disfrutar
de la iluminación nocturna o la vista de las atracciones.
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Es posible que, para quien sólo quiera dar una vuelta
por el parque, no le resulte rentable pasar por taquilla. El precio
de la entrada es de 40 a 55 coronas- depende del día- pese
a que en determinadas épocas del año hay promociones
especiales. Especialmente recomendables son los conciertos de
los viernes por la noche. Precisamente la noche- o la puesta de
sol- es el mejor momento para visitar el parque, ya que las luces
le dan unas vistas espectaculares. De todos modos, el parque sólo
abre desde la primavera al final del otoño y una época
muy reducida alrededor de Navidad. Conviene tenerlo en cuenta.
A la salida del Tívoli se encuentra Rådhuspladsen,
la Plaza del Ayuntamiento, que es el centro neurálgico
de la ciudad. El edificio alrededor del que se organiza todo es
el Ayuntamiento, que bien merece una visita por dentro y, para
el que tenga ganas de ver una buena vista, una subida a su torre
en una de las visitas guiadas que se organizan.
Desde la Plaza del Ayuntamiento, el mejor camino que se puede
seguir es la Strøget, la calle peatonal del centro de la
ciudad que se prolonga hasta Kongens Nytorv, donde están
el Teatro Real y Nyhavn.
La Strøget es la gran calle comercial de Copenhague y,
a su alrededor, se mueve gran parte de la vida de la ciudad. A
lo largo de sus cerca de dos kilómetros se pueden encontrar
las tiendas más exclusivas de la ciudad, grandes almacenes
o las sucursales en la ciudad de las grandes cadenas de ropa europeas.
En ella, y especialmente en las pequeñas calles que parten
de ella o van en paralelo, hay también varios cafés,
bares y discotecas. Además de ser uno de los mejores lugares
de la ciudad para pasear cuando sale un poco el sol- no recomendado
para quien no le gusten las multitudes, por cierto- la zona sirve
también como punto de encuentro improvisado donde puede
aparecer cualquier persona conocida.
Durante su trayecto, la Strøget atraviesa plazas como
la de Nytorv, donde está el tribunal de la ciudad; Højbro
Plads, una de las más bonitas de la ciudad, desde la que
se pueden ver tanto el Parlamento como el edificio de la bolsa,
a las que se puede llegar con un paseo de apenas cien metros,
y de ella sale, además, otra calle comercial y peatonal
que se dirige hacia el norte y que pasa junto a la Rundetårn
o Torre Redonda, un bello edificio desde cuya terraza hay una
maravillosa vista de la ciudad.
Al final de la calle peatonal aparece Kongens Nytorv, una plaza
en la que se juntan varios de los edificios más interesantes
de Copenhague y que supone el centro del recorrido turístico
de la ciudad. En ella están tanto el Teatro Real, como
la sede de la Agencia Europea del Medio Ambiente o los bonitos
edificios del Hotel D´Anglaterre o los almacenes Magasin.
Sin embargo, lo mejor de la plaza se encuentra en Nyhavn, el
Puerto Nuevo, un pequeño canal de unos quinientos metros
alrededor del cual hay inconfundibles edificios de fachadas con
muchos colores diferentes. Es, principalmente, un lugar para turistas,
con restaurantes y terrazas en la calle- bastante caras, por cierto-,
aunque eso no quita que, en cuanto sale un poco el sol, los daneses
se sienten en el borde del canal para tomarse una cerveza o simplemente
para dar un paseo.
Es un lugar ideal para dar una vuelta y hacer las mejores fotos
de la ciudad. Para quien quiera ver Copenhague desde los canales-
que son escasos, pero desde los que se pueden ver algunas de las
vistas más bonitas de la ciudad-, desde allí sale
el barco turístico que recorre tanto el canal que separa
la ciudad de la isla de Amager como los más pequeños
que recorren el barrio de Christianhavn y rodean el Parlamento.
Desde Nyhavn apenas hay diez minutos de caminata hasta Amalienborg,
el palacio donde vive la familia real danesa. Está situado
en una plaza con una estructura simétrica y que está
custodiada por los típicos guardianes daneses del gorro
de piel alto. Si se tiene suerte, se puede coincidir con la ceremonia
del cambio de la guardia que, no es excesivamente espectacular
como en otros países, pero siempre resulta curiosa.
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Si se sigue un poco más hacia el este -alrededor de un
kilómetro- aparecerá la famosa estatua de la Sirenita
que todo el que pase por Copenhague no puede dejar de ver. Durante
el paseo, quedan un lado el museo de la Resistencia, inconfundible
con su vehículo militar a la puerta, y la zona del Kastellet,
una antigua fortaleza militar por la que hoy en día se
puede pasear tranquilamente.
Que nadie se sorprenda cuando vea la estatua de la Sirenita. Desde
aquí advertimos que tiene un tamaño muy reducido.
Es posible acercarse a ella salvando la escasa distancia que separa
la piedra sobre la que reposa la escultura de la orilla, aunque
para el que quiera acercarse demasiado debe tener en cuenta dos
cosas: que las piedras resbalan y una caída desde el pedestal
de la Sirenita tiene como muy probable destino final las aguas
del Báltico; y que hay que tener cuidado con las olas que
levantan los barcos turísticos que pasan cerca del monumento,
porque pueden salpicar al que se atreva a subir en él.
Este que hemos descrito es el paseo turístico por excelencia
de la zona central de la ciudad, sin embargo, a lo largo del camino
hemos dejado de lado otros atractivos que merece la pena tener
en cuenta.
Uno de ellos es el castillo de Rosenborg y los jardines que lo
rodean. El castillo en sí es bastante pequeño y
alberga únicamente una exposición de joyas de la
corona, pero los jardines, pese a no ser demasiado amplios, son
un espectáculo en el centro de la ciudad. Especialmente
durante el verano, cuando cientos de personas descansan sobre
la hierba al sol.
A cinco minutos pie desde el castillo está también
el Jardín Botánico, con unos jardines muy agradables
y un invernadero central digno de visitar.
Cerca de la zona del Parlamento, merece un visita la Biblioteca
Nacional. El edificio tiene dos partes: una antigua, muy tradicional,
de ladrillo; y una ampliación de la década de los
90 a la que se conoce como El Diamante Negro y destaca por sus
formas y sus cristales junto al canal principal de la ciudad.
Por la zona están también situados el Museo Nacional-
visita obligada para quien quiera saber un poco más de
la historia de Dinamarca- y, un poco más al norte, una
catedral que no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados
en el Sur de Europa y que, posiblemente, nos deje un poco fríos.
No podemos olvidarnos tampoco de la Gliptoteca Carlsberg, en la
zona del Tivoli y la plaza del Ayuntamiento, que en mi opinión
es el mejor museo de la ciudad y guarda una impresionante colección
de escultura y pintura.
También conviene visitar, al otro lado del canal principal,
el barrio de Christianshavn, donde es especialmente interesante
el canal que atraviesa una de sus calles principales. La zona
esconde, además, uno de los grandes atractivos turísticos
de la ciudad: Christiania.
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Christiania es una zona alternativa dentro de la ciudad de Copenhague.
Nació en los años 60, con la ocupación de
unos terrenos del ejército y se mantiene con más
o menos polémica hasta hoy. Sus habitantes son lo que queda
de los hippies y consiguen mantener un ritmo de vida ajeno completamente
al del resto de la ciudad dentro de la zona. No pagan impuestos
y no tienen una autoridad determinada. En principio, el barrio
no es una zona turística, sino la residencia de estas personas,
pero los turistas son demasiado numerosos para evitarlos. La curiosidad
de la venta pública de hachís -ilegal en todo el
país, pero con la que la policía hace normalmente
la vista gorda en aquella zona, en la que sólo entra de
vez en cuando- lleva a muchos curiosos al barrio. Pero que nadie
se engañe, Christiania es mucho más que eso. En
ella se pueden encontrar interesantes cafés e, incluso,
un par de clubes como el Loppen o el Opera, en los que se baila
hasta altas horas de la noche o se escuchan conciertos.
Vesterbro
Vesterbro es una zona interesante dentro de Copenhague. Comienza
en la estación central de Copenhague y se prolonga hacia
el oeste de la ciudad en un espacio delimitado por Frederiksberg
al norte y la línea de la costa del sur. Para más
de uno de los que lean estas páginas será un lugar
de residencia, ya que en este barrio está la mayoría
de los hoteles de la ciudad.
Es difícil decir, si no se tiene un plano a mano, dónde
acaba el centro de la ciudad y dónde comienza Vesterbro.
Como gran referencia se tiene a la estación de ferrocarril
y el comienzo de la gran calle de la zona, Vesterbrogade, pero
la vida comercial y la animación del centro se prolongan
unos cientos de metros hacia el oeste de la ciudad.
Vesterbrogade es una calle principalmente comercial. Como Nørrebrogade
en Nørreport, Østerbrogade en Østerbro o
Falkoner Allé en Frederiksberg. Especialmente durante sus
primeros metros tiene un buen número de tiendas interesantes-
especialmente de ropa- y restaurantes de todo tipo.
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A partir de la plaza de Vesterbro Torv la calle se hace algo
más estrecha y, aunque no pierde su carácter comercial,
resulta algo menos atractiva según se va alejando del centro.
La plaza es interesante por la iglesia situada en ella. La fachada
es más interesante que el interior, pero no por ello deja
de ser la más interesante del barrio.
Sin embargo, en Vesterbrogade y sus proximidades hay varios lugares
que son dignos de visitar. El primero de ellos es el Det Ny Teater,
el Teatro Nuevo, que aparece al final de una pequeña bocacalle
y que sorprende por su fachada y su arco sobre la calzada. Se
trata de un edificio inaugurado en 1908 y que en la actualidad
presenta obras de muy alto nivel de calidad.
Un poco más hacia el oeste se encuentra también
la sede del Museo de la Ciudad, que merece una visita si se tiene
tiempo y curiosidad por conocer la evolución de Copenhague
en el pasado. No es un gran museo, pero tiene curiosidades que
a más de uno le resultarán interesantes.
Junto al final de los lagos y ya en el límite con Frederiksberg,
encontramos el pintoresco edificio del planetario Tycho Brahe.
Y ya al final de esta parte del barrio, al otro lado del Søndermarken,
el parque que marca el límite de nuevo con Frederiksberg
y el barrio de Valby, se puede encontrar la fábrica de
cervezas de Carlsberg, en la que se organizan visitas guiadas.
Entre Vesterbrogade y las vías del ferrocarril hay pequeñas
calles tranquilas- salvo una Istedgade que también tiene
cierto movimiento comercial con sectores no tan considerados (como
la prostitución y los sex-shops) como los de la calle principal-
en las que hay numerosos hoteles de calidad media que suponen
una alternativa muy interesante para alojarse en la ciudad, ya
que ni son excesivamente caros, ni están demasiado alejados
del centro. Ya junto a las vías, merece la pena destacar
el centro DGI, con sus piscinas cubiertas, que también
sirve para organizar otros actos culturales y deportivos.
Al otro lado de las vías del tren, tan sólo merece
la pena destacar la presencia del centro comercial Fisketorvet.
Nada de particular en él, salvo que es uno de los mayores
de la ciudad y el más cercano al centro de sus características.
Nørrebro
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Nørrebro es un lugar pintoresco para visitar. Como todos
los barrios que rodean el centro de la ciudad, comienza en los
llamados lagos, pero nada más llegar a su calle principal,
uno se da cuenta de que ha entrado en un ambiente completamente
distinto de lo que se espera de Copenhague.
Nørrebro es una zona multicultural. Si por algo se caracteriza
en Copenhague es por ser un barrio residencial con una altísima
presencia de inmigrantes, especialmente procedentes de países
musulmanes. Sin embargo, esto no quiere decir que sea una zona
prohibida para los daneses, que también viven en ella de
un modo completamente normal.
Este hecho le da al barrio un ambiente completamente diferente
que el del resto de la ciudad. La gente de Nørrebro se
caracteriza por ser más abierta y tolerante, ya que convive
con muchas otras personas de diferentes lenguas, credos y procedencias.
Es completamente normal encontrar carteles en las calles escritos
tanto en danés como en árabe o en inglés
y en sus tiendas se pueden encontrar toda clase de productos.
El barrio tiene un ambiente especial al que no se puede permanecer
indiferente: o gusta, o se odia. Hay daneses que consideran que
es una zona poco segura y que los extranjeros casi la han robado,
mientras que otros valoran mucho el ambiente internacional y lo
visitan frecuentemente para comprar o, simplemente, para dar una
vuelta.
La calle principal del barrio se llama Nørrebrogade y discurre
desde los lagos hasta la estación del S-Tog de Nørrebro.
Es el eje que recorre el barrio de norte a sur y en el que se
puede encontrar toda la vida comercial- que la tiene y mucha-
del mismo. Junto a las sucursales de varias cadenas de moda o
supermercados, podemos encontrar otras muchas pequeñas
tiendas de frutas, verduras y alimentos procedentes de los países
árabes o mediterráneos. Nørrebro no es la
única zona de la ciudad en la que se pueden encontrar estas
tiendas, pero sí es en la que hay más y mejores.
En ellas podemos encontrar, además de mucha y variada fruta,
cosas que quien viene de España suele echar de menos en
los supermercados tradicionales daneses: desde envases enormes
de diferentes tipos de aceitunas, hasta pistachos y pipas de girasol
pasando con algo tan clásico como las lentejas.
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Además de estos artículos, hay muchas cosas típicas
de otras regiones del mundo que pueden sorprender al que las pruebe.
Personalmente, me gusta dar una vuelta por la zona, comprar fruta,
algunos productos españoles y diversos tipos de pan que
no se encuentran frecuentemente en los supermercados.
Nørrebrogade es el punto de mayor interés del barrio.
Un paseo por ella es una agradable manera de pasar un día
de compras, en el que uno puede pasar de los grandes supermercados
a las minúsculas tiendas en pocos minutos o puede relajarse
en alguno de los cafés o comer en los muchos restaurantes
de comida rápida que la jalonan.
La principal zona verde- por llamarla de alguna manera- del barrio
es el Assistens Kirkegaard, un cementerio situado en la esquina
de Nørrebrogade y Jagtvej, que cruza el barrio de este
a oeste. Los cementerios daneses son algo menos desagradables
que los españoles y están estructurados de manera
que muchos de ellos parecen más un parque que otra cosa.
Para las personas que les gusten los temas "políticamente
incorrectos", igual no es mala idea que le echen un vistazo
a la Ungdomshuset de la Jagtvej, que es una casa ocupada en la
que organizan actos y talleres, algo así como un centro
cultural alternativo. Desde luego, no es un lugar turístico,
sino para quien esté verdaderamente interesado en este
modo de pensar y estos centros sociales, por lo que recomiendo
a los que no lo estén que se conformen en verlo desde fuera.
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