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Actualmente la zona arqueológica ocupa una extensión
de 2.5 km cuadrados, y se muestra no sólo como una ciudad
monumental, sino como un sitio donde la pintura de murales permite
descubrir un mundo lleno de figuras míticas, de dioses,
jaguares y demás elementos de la naturaleza que dieron
vida a una gran civilización.
La historia de una ciudad monumental
La cultura que dio origen a este espléndido conjunto arquitectónico,
surgió al inicio de nuestra era y alcanzó su máximo
esplendor entre los siglos III y IV. En el momento de mayor esplendor
la ciudad abarcaba cerca de 20 kilómetros cuadrados en
los que erigía una gran cantidad de templos y habitaciones
con una población aproximada de 200,000 personas. En ese
tiempo, Teotihuacán era el centro de población más
importante de Mesoamérica y actualmente este grandioso
sitio es el más grande y visitado en el continente Americano.
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La sociedad teotihuacana, al parecer, estaba compuesta por estratos
sociales, en los cuales cada individuo se ubicaba dependiendo
de la tarea que realizaba. La jerarquía más alta
la constituían los sacerdotes, mismos que detentaban el
poder. El grueso de la población desempeñaban distintas
actividades, las cuales eran permanentes. Existían comerciantes,
alfareros, agricultores y trabajadores de obsidiana.
El estamento dominante vivía dentro del recinto ceremonial,
ya que éste era un lugar sagrado y restringido a los demás
habitantes. La ciudad estaba dividida en barrios, los cuales albergaban
al resto de la población y estaban ubicados alrededor de
los grandes edificios. Las construcciones en las que vivían
los teotihuacanos estaban hechas de adobe y madera, medían
150 m2 en promedio y eran una especie de apartamentos, en los
que habitaban varias familias. Cada barrio estaba constituido
de acuerdo al oficio o al origen étnico de sus habitantes;
así como existían barrios de artesanos y campesinos,
también los había de mayas y zapotecas, entre otros.
En la época de auge, Teotihuacan comprendió un área
de 20 km2 y tuvo una población entre 150,000 y 200,000
habitantes.
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Las labores diarias empezaban en cuanto salía el sol,
y a menos de que ocurriese alguna actividad ritual, la población
se iba a dormir cuando anochecía; por lo regular, la vida
cotidiana era muy monótona. Existían festividades
religiosas que rompían el tedio y cambiaban la rutina diaria,
pues había que emplear bastante tiempo en los preparativos.
Había gran cantidad de peregrinos y comerciantes de otras
latitudes que visitaban la metrópoli durante todo el año,
lo cual la convertía en un sitio cosmopolita.
Sus dioses
La religión que imperó en Teotihuacan era de tipo
politeísta, y sus principales dioses fueron Tlaloc y Quetzalcóatl.
Tlaloc era el dios de la lluvia, según la cultura mexica,
pero en Teotihuacan, existe la posibilidad de que hubiese tenido
mayores atributos. En algunos estudios, se especula que Tlaloc
pudo haber sido no sólo una deidad relacionada con la lluvia,
sino también con la tierra, pues ambos elementos tienen
que ver con la agricultura, que era la base de todo pueblo sedentario;
estas hipótesis se basan en lo siguiente: Tlaloc es un
vocablo nahuatl que probablemente se deriva de la palabra tlatoa,
que significa "correr" y por eso su relación
con los torrentes de agua, pero la experta Thalma Sullivan explica
que Tlaloc tiene más afinidad con el término tlalli,
que significa "tierra". La representación que
se hace de Tlaloc es la de ser con características antropomorfas
y animales, de ojos grandes y saltones, ataviado con un tocado
de plumas, con la parte superior de su cara en forma de pájaro
y colmillos en la boca, un rasgo distintivo de los dioses. La
figura de Tlaloc se puede observar constantemente en las pinturas
murales, las cuales han servido para poder entender un poco más
del culto religioso.
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Quetzalcóatl era la deidad creadora y su nombre tiene
dos acepciones: La más común de éllas es
la de "serpiente emplumada", pero también se
le puede llamar "el gemelo divino", haciendo referencia
al astro que representa, Venus, y el cual se le consideraba gemelo
por ser estrella de la mañana y estrella de la tarde.
El gobierno
Aunque muchos expertos, en repetidas ocasiones, han señalado
a Teotihuacan como un Imperio, en los últimos años
se ha comprobado que más bien se tiene que hablar de un
Estado teotihuacano de tipo teocrático.
Tales afirmaciones acerca de la existencia de un Estado teotihuacano
encuentran su fundamento en lo siguiente: En primer lugar, el
ordenamiento y urbanización que presenta la ciudad, nos
habla de una sociedad que debió de haber alcanzado una
organización social perfectamente estructurada, muy diferente
de las de tipo tribal. Las mismas pirámides son un claro
ejemplo de que su construcción no pudo haber sido posible
sin una conducción, planeación, y trabajo jerarquizado.
Los teotihuacanos fueron mucho más que una ciudad-Estado,
lograron un dominio sobre los pueblos cercanos y además
penetraron, de manera notoria, en zonas muy alejadas, como sería
el caso de las ciudades mayas de Centroamérica. Se creyó
que los teotihuacanos habían formado un basto imperio a
base de conquistas militares, sin embargo, las investigaciones
más recientes explican que los habitantes de Teotihuacan
fueron pacíficos, dedicados en mayor medida al comercio,
lo cual ha hecho pensar a los especialistas que el Estado teotihuacano
pudo, a través del comercio, introducirse a regiones recónditas
y así extender su influencia cultural a otros pueblos;
aunque existen evidencias militaristas y posibles sacrificios,
estos pertenecen al periodo final de la urbe.
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Cabe destacar el hecho de que Teotihuacan monopolizara la explotación
y comercio de la obsidiana. Debido al desconocimiento de la metalurgia,
los pueblos mesoamericanos utilizaron a la obsidiana para hacer
objetos punzo cortantes, además de que era un elemento
importante en el rito de Tezcatlipoca; al ser la obsidiana un
producto comercializado por Teotihuacan, gracias a la cernanía
del volcán Navajas, la veta de obsidiana más grande
de Mesoamérica, la importancia de la ciudad fue mucho mayor.
Apogeo y caída
Es durante el periodo conocido como Teotihuacan III (350-650 a.C.
aprox.) cuando esta cultura vive su época de mayor brillo
y prosperidad. A lo largo del horizonte Clásico, junto
con Monte Albán, Cholula, Tikal, Palenque y Copán,
Teotihuacan fue una de las ciudades más importantes de
Mesoamérica.
La decadencia de esta ciudad ocurrió entre el 650 y 750
(Teotihuacan IV). Las causas concretas de la caída de esta
metrópoli son un tanto inciertas y se ha especulado de
que pudo haber sucedido por dos razones: 1)Un desajuste en el
ecosistema, causado por una deforestación en los montes
contiguos a la ciudad, la extinción de la fauna en el valle
y una larga sequía. 2) Una invasión por parte de
pueblos nómadas del norte que devastaron y destruyeron
la metrópoli. Ya para el año 800, la ciudad se encontraba
completamente deshabitada.
Sus construcciones, en detalle
Al hablar de arquitectura teotihuacana, tenemos que empezar explicando
que son el talud y el tablero. El talud y el tablero son dos elementos
arquitectónicos que fueron implementados en Teotihuacan.
El talud no es más que una pared inclinada y el tablero
es una pared horizontal, pero al combinarse, hacen posible la
construcción de grandes edificios. Estos componentes marcaron
la pauta a seguir en la arquitectura mesoamericana.
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Indudablemente, debemos hacer referencia de las pirámides
del Sol y la Luna, las cuales son representativas de los conceptos
arquitectónicos que prevalecen en la zona arqueológica.
La Pirámide del Sol es una de la pirámides mas grandes
de Mesoamérica, se encuentra a un costado de la Calzada
de los Muertos, de lado este, tiene en su base 225 m., un metro
menos que la pirámide de Keops, en Egipto, y una altura
aproximada de 63 m. Se constituye de cinco cuerpos (cuatro en
talud y uno con talud y tablero) y la cima debió de haber
tenido un pequeño templo, posiblemente con dos aposentos,
el cual, hoy día, está destruido. Por su parte,
la Pirámide de la Luna, en la base, mide 150 m. de oriente
a poniente y 130 m. de norte a sur, tiene cinco cuerpos y, al
igual que la del sol, el templo de la cúspide se encuentra
también demolido.
Otro edificio importante es el llamado Templo de Quetzalcóatl,
que se encuentra dentro de la Ciudadela, llamada así sin
fundamento alguno. El Templo de Quetzalcóatl es una construcción
basada también en la mezcla talud-tablero, con seis cuerpos
de poca altura. Los tableros tienen altos relieves de piedra tallada
que simbolizan las cabezas de Quetzalcóatl y Tlaloc. También
hay cabezas de Quetzalcóatl en los taludes, lo que da la
impresión de que la serpiente repta. Hay que hacer mención
de que la zona arqueológica a tenido un proceso de rescate
y que gran parte de los edificios, tal y como hoy los conocemos,
son reconstrucciones.
Arte mural
Unas de las principales características del arte en Teotihuacan
es la pintura mural, la cual es "austera y distinguida, alegre
y graciosa, e intensamente religiosa."
Los murales teotihuacanos, además del tema religioso,
guardan una relación con temas vinculados con la naturaleza.
Desde montañas, ríos y sitios abundantes en agua
hasta animales terrestres y marinos son elementos peculiares en
estas pinturas. A diferencia de otros pueblos, donde el arte pictórico
estaba reservado sólo para los lugares sacros, los teotihuacanos
pintaron en todo espacio público, por eso es posible encontrar
pinturas murales casi en cualquier parte. El color predominante
es el rojo, pero se encuentra en distintas tonalidades; los pigmentos
eran naturales y se combinaban con baba de nopal para poder tener
una mejor adherencia. Las pinturas murales más importantes
se encuentran en Tetitla, que se localiza a las afueras de la
zona arqueológica.
Donde nació el mundo
El recorrido por Teotihaucán suele ser por la Calzada de
los Muertos, a la Ciudadela, el templo de Quetzalcóat y
Tlaloc pasando por los edificios superpuestos y continuando a
la Pirámide del Sol, y siguiendo a la Plaza de la Luna
para llegar a la Pirámide de la Luna y terminando el recorrido
por los palacios: de Quetzalpapálotl, de los Jaguares y
el de los Caracoles Emplumados.
La leyenda de las pirámides
"Cuando todo en el mundo era tinieblas, se reunieron los
dioses en lo que hoy es Teotihuacán y decidieron poner
luz en este mundo, para lo cual uno de ellos debía arrojarse
al fuego. Fue designado Tecuciztécatl para que se arrojase
y si él no lo hacía, nombraron a Nanahuatzín
como su reemplazo. Los dos fueron a orar en distintos sitios y
luego se presentaron para la prueba. Tecuciztécatl no se
atrevió a lanzarse, entonces Nanahuatzín se lanzó
sin vacilar y al ver esto Tecuciztécatl lo siguió,
convirtiéndose los dos dioses en el Sol y la Luna respectivamente.
Para conmemorar este hecho trascendental, se levantaron las pirámides
en los sitios donde oraron estos dos héroes antes del sacrificio,
de allí el nombre de pirámide del Sol a la pirámide
mayor o Tonatiuh Itzacualli, que significa ´Casa del Sol´,
y a la pirámide menor, Pirámide de la Luna o Meztli
Itzacualli, que significa ´Casa de la Luna´"
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La Pirámide del Sol es una de las obras más importantes
del mundo prehispánico con sus 220 m. por 225 m. de base
y 65 m. de altura. Fue construida a fines del preclásico
superior sobre una cueva natural, cuyas modificaciones indican
que, aún antes de la edificación piramidal, el lugar
tenía relevancia religiosa.
La fachada que da a la Calzada de los Muertos está exactamente
hacia el horizonte donde se pone el sol el 19 de Mayo y el 25
de Julio, día en el cual el cenit solar, se encuentra sobre
la cúspide de la pirámide. Para llegar a la cima
se deben subir 242 escalones; los últimos son más
altos y estrechos.
La Pirámide de la Luna está al final de la Calzada
de los Muertos y de Teotihuacán; aunque es más pequeña
que la Pirámide del Sol, mide 150 metros de base y 42 metros
de altura, su cumbre está a la misma altura que la de la
pirámide del sol, frente a ella existe una estructura cuadrangular
con diez pequeños altares.
Debido a que está localizada en una zona más alta,
vale la pena llegar a lo más alto de esta pirámide,
las vistas desde allí son esplendorosas.
La calzada de los muertos: orientada de norte a sur y flanqueada
por una zona residencial probablemente habitada por sacerdotes.
La ciudadela: plataforma cuadrangular de 400 metros, rodeada
por basamentos piramidales con un adoratorio central.
Templo de Quetzalcoatl: denominado así por la ornamentación
de serpientes emplumadas cuyas cabezas emergen de una flor, alternando
con esculturas del Dios Tláloc.
Palacio de los Jaguares: así llamado por los vestigios
de pinturas murales que se observan en las paredes de las habitaciones
que rodean el patio, en su mayoría referidas a ese felino.
La sección de animales mitológicos: es una estructura
baja de dos cuerpos escalonados; en éste sobresalen pinturas
correspondientes a un templo más antiguo, de colores muy
vivos y representaciones zoomorfas de serpientes emplumadas, jaguares
en diversas posiciones, peces alados y reptiles.
Palacio de Quetzalpapalotl: que se supone fue el aposento de
un gran señor o de un supremo sacerdote, sobresalen los
pilares del patio interior adornados con bajorelieves que representan
al animal mitológico llamado quetzal - mariposa, enmarcados
por símbolos acuáticos.
Y la ciudad actual
En San Juan Teotihuacán se localizan el templo y el exconvento
franciscano de San Juan Evangelista, que datan del siglo XVI.
En la Iglesia destaca su hermosa torre y la vieja espadaña,
rematada por merlones en forma de cactus típicos de la
región.
Acolman, templo y exconvento del siglo XVI. Es notable por su
portada de estilo plateresco.
Museo de la Prehistoria de Tepexpan, construido en el sitio donde
se descubrieron los restos del hombre de Tepexpan. Templo de la
Concepción de la Virgen en Otumba, joya del plateresco
mexicano que data el siglo XVI. Otros de los atractivos son sus
dos balnearios: el de San Juan y la Fuente del Sol.
Tianguis
Una buena oportunidad para vivir de cerca una de las tradiciones
más arraigadas en México, como es comprar en el
tianguis que en San Juan Teotihuacán se realiza los lunes.
Asistir es conocer de la gastronomía de México,
sus frutas, sus legumbres y un ambiente singular. Aquí
se pueden encontrar además artesanías y disfrutar
del folklore nacional.
Convento de San Agustín de Acolman
El convento esta abierto al público como museo y es considerado
el ejemplar más puro de estilo plateresco en México;
su magnífica fachada data de 1560. En el interior del templo
se conservan tres retablos dorados y estofados. Sin embargo, todo
el conjunto es sumamente importante, siendo de especial interés
el claustro que conserva interesantes pinturas murales.
Exconvento de Oxtotipac
A 5 km de Teotihuacán se localiza esta joya de la arquitectura
colonial religiosa del siglo XVI, que se caracteriza por sus pequeñas
dimensiones, que contrastan con las de otras construcciones religiosas
de la época. Se dice que bajo los cimientos del convento
miniatura se encuntran los restos de dos importantes gobernantes
chichimecas.
La Guía
Cuándo ir: Para disfrutar de Teotihuacan, lo mejor
es ir temprano, ó a la puesta de sol, cuando les llegue
la luz suave casi a ras del suelo.
Qué comprar: Para llevar un recuerdo de Teotihuacán
existen varios sitios en lo que se vende artesanía. Destacan
las figurillas realizadas de obsidiana, cuarzo, ónix y
malaquita, así como las reproducciones de piezas prehispánicas
en barro.
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